Enron y Andersen: ¿sólo algunas manzanas podridas o todo el cesto?

El escándalo Enron acaba de dar un nuevo giro con la declaración de culpabilidad de Michael Kopper, antiguo director de gestión del departamento de finanzas internacionales de la empresa. Ahora parece ser que los fiscales utilizarán pruebas proporcionadas por Kopper para acusar y procesar a otros ejecutivos de rango superior en Enron, entre los que se encuentra el antiguo vicepresidente financiero Andrew Fastow y tal vez los antiguos vicepresidente ejecutivo Jeffrey Skilling y consejero delegado Kenneth Lay.

A medida que se aprieta el lazo alrededor de más cuellos empresariales de Enron, surge no obstante la cuestión de porqué la propia Enron no es acusada de delito. Después de todo, el Departamento de Justicia ha acusado y finalmente declarado culpable a la auditora de Enron, la empresa Arthur Andersen LLP. ¿Es posible que se encuentre culpable a toda una empresa auditora por un delito relacionado con el contrato de auditoría, mientras que el cliente para el cual se realizó la auditoría no sea culpable de nada?

La respuesta a esta cuestión saca a colación algunas de las corrientes legales que subyacen en la historia de Enron, y muestra el poder absoluto que tienen los fiscales del estado para decidir acerca del futuro, tanto de empresas como de ejecutivos, una vez es evidente que se ha cometido un delito.

En primer lugar, un breve resumen de los hechos: en otoño de 2001 se desveló que Enron había sido el único importador en todas las transacciones registradas en su memoria del balance de resultadosy los inversores empezaron a conocer los conflictos de intereses internos. Con la cotización de sus acciones desplomándose y sus intereses empresariales colapsándose alrededor de todo el mundo, en diciembre de 2001Enron se declaró en quiebra.

A medida que se iniciaban investigaciones sobre Enron, sus auditores de Arthur Andersen iniciaron un programa urgente de destrucción de documentos relacionados con las labores de auditoría realizadas para la empresa. Posteriormente Andersen declaró que estaba simplemente deshaciéndose de papeles irrelevantes y sin importancia relacionados con Enron. Pero los fiscales lo interpretaron de otra manera e iniciaron una investigación independiente sobre si personal de Andersen había obstruido a la justicia al deshacerse de documentos relacionados con Enron. Finalmente los fiscales acusaron a la empresa Andersen en su totalidad, utilizando como principal testigo al socio de la oficina de Andersen en Houston, David Duncan, el cual declaró ser culpable de obstrucción para no tener que enfrentarse en solitario a un juicio.  En junio un jurado acusó a Andersen, la cuál, abandonada por la mayoría de sus clientes, procedió a su disolución. (La empresa matriz con base en Ginebra, Andersen Worldwide, continúa operativa y esta semana hizo una tentativa oferta de 60 millones de dólares para llegar a acuerdos en los casos judiciales derivados del caso Enron).

Ahora vienen las últimas noticias del caso Enron. El vicepresidente financiero Michael Kopper fue declarado culpable de varios cargos de fraude en títulos y otros delitos relacionados. Al igual que Duncan, Kopper será el principal testigo en una segunda ronda de acusaciones.

Pero al contrario que en el caso de Andersen, esta vez el objetivo no es la propia Enron, sino sus directivos.  ¿Por qué en un caso se persigue a la empresa y en el otro a las personas físicas?

“Existe algo de literatura en temas de ética empresarial”, apunta el profesor de estudios legales de Wharton Thomas Dunfee,  “que distingue entre una manzana podrida y un barril estropeado. La cuestión es, ¿bajo qué circunstancias una empresa pasa de ser una buena organización con algún que otro granuja a ser, en esencia, un barril estropeado porque existe cierta masa crítica de manzanas podridas o porque otros factores externos hayan perjudicado la calidad del barril?”

Para Dunfee, se puede especular con que “el gobierno ya había decidido mucho antes que Andersen era un barril estropeado, pero todavía no ha llegado a tal conclusión respecto a Enron. En Enron, se podría afirmar que Fastow y otros son manzanas podridas. Pero no está claro si han contaminado a la organización. Puede que en Enron se hayan aprovechado de algunos individuos que dependían y confiaban en ejecutivos como Fastow, y que no se dieron cuenta de hasta qué punto Fastow, Koper y otros podían estar haciendo negocios en beneficio propio”.

Es demasiado pronto para saber cuál será el resultado de la investigación del Departamento de Justicia sobre Enron, pero el caso ha recibido un gran impulso gracias que Kopper decidió confesarse el 21 de agosto culpable de estafa y blanqueo de dinero. Además de comprometerse a devolver 12 millones de dólares obtenidos gracias a dudosas asociaciones no registradas en los libros, Kopper también ha accedido a testificar acerca de comisiones fraudulentas de Fastow. Según los artículos de prensa, el gobierno también está investigando a otros individuos involucrados en Enron, desde el ex-tesorero hasta amigos y familia de Andrew Fastow.

Dunfee sugiere que la decisión del gobierno de acusar a Arthur Andersen como empresa podría ser consecuencia de “los errores sistemáticos en tantas y tan diferentes auditorías” cometidos por Andersen, entre los que se incluyen los de Waste Management Inc., Global Crossing, Sunbeam y The Baptist Foundation. “Puede que en algún momento Andersen haya decidido cambiar de filosofía, dejando de ser considerada una de las mejores compañías respecto a sus ética y valores”, para convertirse en una empresa a la que Enron, cuya auditoría realizó Andersen, pudo presionar para que despidiese a uno de sus auditores, ya que cuestionó las asociaciones no oficiales y otras prácticas de contabilidad creativa. “Al aprobar el despido del escéptico auditor el sistema interno de control de calidad de Andersen pareció desquebrajarse”, explica Dunfee. “Puede ser que en consecuencia el gobierno haya empezado a ver a Andersen como un barril malo”.

William Laufer,profesor de estudios legales y director del Zicklin Center for Business Ethics (Centro Zicklin de ética empresarial) también cree que el comportamiento específico de Andersen ha jugado un papel relevante en la sentencia. “Andersen cometió la equivocación de no asumir la responsabilidad de sus delitos y de no cooperar. Esto fue lo que realmente provocó que los fiscales decidiesen acusar a la entidad”. Para Laufer, Andersen “es un buen ejemplo de una empresa que no siguió las recomendaciones preventivas de los expertos legales que básicamente aconsejan a las corporaciones como Andersen que sacrifiquen a aquellos trabajadores con mayor culpa a cambio de” algo de indulgencia.

Cuando una organización coopera y asume la responsabilidad por sus delitos, como explica Laufer “a menudo todo suele acabar con un acuerdo creativo o una sentencia significativamente atenuada. Así, los fiscales tienen mucho menos incentivos para acusar a la empresa ya que las multas o sanciones serán muy pequeñas”.

Laufer califica a la acusación del Departamento de Justicia en el caso Andersen como “extraordinaria, dada la gran dimensión, diversificación y rentabilidad de la empresa. Es un caso tremendamente inusual teniendo en cuenta que más del 95% de las empresas sentenciadas en los juzgados federales cada año son de pequeño tamaño, de propiedad privada y/o familiar y de menos de cincuenta empleados. Las actuaciones del Departamento de Justicia contra Andersen constituyeron claramente una acusación simbólica, conducidas en parte por temas acerca de la justicia y legitimidad en los mercados”.

Al igual que en Enron -dice Laufer-, existen una serie de cuestiones válidas sobre el uso de leyes penales para demandar a empresas en quiebra. “Esto mismo surgió en el caso Sabre Tech en Florida. Sabre Tech era una empresa que suministraba botellas de oxigeno defectuosas a la compañía aérea ValuJet; en 1996 uno de sus aviones sufrió un accidente en el que murieron todos los pasajeros. Sabre Tech fue acusada de delito y procesada en un juzgado federal. Así, los fiscales del estado en Florida también quisieron acusar a la empresa pero ya era insolvente. La pregunta que surgió en ese momento fue: ¿Qué papel deberían tener las leyes penales con una compañía en quiebra?

Los fiscales –señala Laufer-, “se encuentran mucho más cómodos demandando penalmente a particulares”. En todos se albergan las mismas preguntas metafísicas acerca de cuál es el significado de demandar por lo penal a una entidad ’sin vida’. Algunos de los mejores académicos en derecho penal creen que las leyes penales no deberían aplicarse a las empresas. Una cosa es pensar en una persona física con la conciencia que la legislación penal requiere, y otra muy diferente –sostienen algunos-, imputar o atribuir intencionalidad y actuación a una entidad, lo cual no tiene sentido alguno”.

Dicho todo eso, Lauffer añade que “hasta ahora los fiscales han sido considerablemente lentos con las acusaciones individuales en el caso Enron, lo cual sugiere que la historia de Enron aún no ha terminado”.

John C. Coffee, profesor de derecho de Columbia University Law School, está de acuerdo en que la decisión del Departamento de Justicia en el caso Enron de perseguir a personas físicas en lugar de a la empresa podría estar basada en motivos prácticos. El hecho es que “Enron estaba en quiebra. No tiene mucho sentido acusar a una empresa insolvente y en quiebra, ya que todo lo que consigues es imponer sanciones que van a ser pagadas con los fondos pertenecientes a los acreedores”. Cuando el caso de una empresa despierta la atención pública, se dan ciertos motivos para que los accionistas se hagan responsables: Por ejemplo, una sanción impuesta a una empresa es indirectamente una sanción impuesta a sus accionistas, y en consecuencia puede que supervisen de más cerca a los directivos y busquen otros más honrados”. Pero una vez que una empresa está en quiebra, estos incentivos desaparecen. “Los acreedores persiguen, y consiguen, la parte que les corresponde de una entidad en quiebra que posiblemente no va a ser significativamente reorganizada”.

“Tampoco hemos visto todavía la acusación del gobierno a WorldCom, empresa que está igualmente en quiebra”, añade Coffee.

La investigación Enron -dice-, se está llevando a cabo ”de la manera clásica en la mayoría de las investigaciones, donde el gobierno empieza desde la base de la pirámide hasta llegar a la cima intentando llegar a aquellos ‘poco’ culpables que posean evidencias suficientes como para incriminar a los que están por encima. A estos efectos, lo que realmente determinó el juicio contra Arthur Andersen fue el hecho de ser considerado –erróneamente-, un caso muy claro.  El gobierno pensó que [los empleados de Andersen] cooperarían, facilitarían pruebas al estado y proporcionarían información útil sobre las irregularidades contables. No resultó ser así. El gobierno solo consiguió el cargo mínimo [por obstrucción].

El Departamento de Justicia también puede optar por la estrategia racional -apunta Coffee-, de decidir “utilizar sanciones penales cuando las sanciones de menor rango hayan fallado. En el caso de Arthur Andersen, la empresa acababa de ser severamente disciplinada un año antes por Securities and Exchange Commission, SEC en el caso Waste Management.  En aquella ocasión SEC creyó haber encontrado flagrantes violaciones y disuadido a Arthur Andersen de futuras infracciones”. Después de que la situación de Enron saliera a la luz, “los fiscales podían decir ‘de nuevo Andersen está involucrada’. Estas sanciones civiles no funcionaron’ Además, Arthur Andersen era bastante solvente”.

El gobierno puede que esté tomándose su tiempo en el caso Enron para asegurarse de que hace acopio de toda la evidencia posible, añade Coffee. “Si se demanda prematuramente, se restringe la capacidad de conseguir evidencia adicional para la acusación. Quedó demostrado con Arthur Andersen… Con el caso Enron el gobierno ha hecho muchos progresos, como por ejemplo involucrar a Kopper, lo cual es el resultado de una difícil negociación y duro trabajo.”

Si Enron no hubiese sido insolvente, explica Coffee, “creo que tarde o temprano habría sido demandada. Todavía lo puede ser, pero no tiene sentido alguno reclamar indemnizaciones a una organización en quiebra.

Cómo citar a Universia Knowledge@Wharton

Close


Para uso personal:

Por favor, utilice las siguientes citas para las referencias de uso personal:

MLA

"Enron y Andersen: ¿sólo algunas manzanas podridas o todo el cesto?." Universia Knowledge@Wharton. The Wharton School, University of Pennsylvania, [02 enero, 2003]. Web. [17 December, 2018] <https://www.knowledgeatwharton.com.es/article/enron-y-andersen-solo-algunas-manzanas-podridas-o-todo-el-cesto/>

APA

Enron y Andersen: ¿sólo algunas manzanas podridas o todo el cesto?. Universia Knowledge@Wharton (2003, enero 02). Retrieved from https://www.knowledgeatwharton.com.es/article/enron-y-andersen-solo-algunas-manzanas-podridas-o-todo-el-cesto/

Chicago

"Enron y Andersen: ¿sólo algunas manzanas podridas o todo el cesto?" Universia Knowledge@Wharton, [enero 02, 2003].
Accessed [December 17, 2018]. [https://www.knowledgeatwharton.com.es/article/enron-y-andersen-solo-algunas-manzanas-podridas-o-todo-el-cesto/]


Para fines educativos/empresariales, utilice:

Por favor, póngase en contacto con nosotros para utilizar con otros propósitos artículos, podcast o videos a través de nuestro formulario de contacto para licencia de uso de contenido .

 

Join The Discussion

No Comments So Far