Enseñar finanzas en la escuela debería ser un juego de niños

“Mejorar la enseñanza financiera básica tanto en la educación primaria como en la secundaria es esencial para sentar las bases de cierta cultura financiera que evite que los jóvenes tomen malas decisiones financieras cuyas consecuencias tengan que sufrir unos cuantos años después”. Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal, 2001.

 

Cuando estaba en sexto grado, Ned S. tuvo su primer contacto con el mercado de valores. Como parte de un proyecto de la clase de Matemáticas en la Germantown Friends School de Filadelfia, Ned y sus compañeros de clase “invirtieron” en Bolsa para ver si podían ganar unos dólares. Ned y su socio compraron acciones de Aramark, Comcast, Microsoft, Wal-Mart y una empresa energética por entonces desconocida que más adelante ocuparía las primeras planas de las noticias: Enron.

 

Después de gestionar su cartera durante todo un año, Ned y su socio terminaron prácticamente con la misma cantidad de dinero que tenían al comienzo. “Algunos valores subieron y otros bajaron”, recuerda Ned, que este año pasará a noveno curso. Los dos socios habían comprado acciones de Enron justo después de que la empresa se hubiera declarado en quiebra con la esperanza de que las acciones se recuperasen. Pero no fue el caso.

 

¿Qué aprendió Ned gracias a este ejercicio? “Intenta no comprar acciones muy turbulentas; compra las que sean más estables. No asumas grandes riesgos y puede que ganes algo de dinero”.

 

Éste es sin duda un mensaje muy valioso para un niño de su edad. Ned probablemente no lo sabía, pero este proyecto constituía su primera participación formal en un programa para mejorar la cultura financiera. 

 

Las escuelas, empresas y organizaciones sin ánimo de lucro de todo el país, incluyendo a los profesores de Wharton, afirman que ayudar a niños y adolescentes a aprender los rudimentos del libre mercado, el espíritu empresarial, el crédito, el gasto, el ahorro y la inversión constituye uno de los temas más importantes – y a menudo más relegado– de la educación de los jóvenes. Aunque hay muchos sitios donde los chicos pueden aprender sobre el dinero y los negocios, normalmente éstas no son materias que se incluyan en los planes de estudios de las escuelas. A menudo son los padres los que tienen que tomar la iniciativa y matricular a sus hijos en programas de cultura financiera básica.

 

Mucho me temo que la mayoría de los jóvenes “son básicamente analfabetos en cultura financiera”, afirma Laura Levine, directora ejecutiva de la Jump $tart Coalition for Personal Financial Literacy (Coalición Jump $tart para la alfabetización financiera personal) un grupo de apoyo con sede en Washington D.C., entre cuyos miembros se incluyen 140 empresas, asociaciones educativas, agencias gubernamentales y educadores financieros sin ánimo de lucro.

 

“Creo que [el analfabetismo financiero] es un problema grave para el país”, sostiene Dede DeRosa, directiva del Lincoln Financial Group que contribuyó al desarrollo del programa The Value of Money (El valor del dinero) dirigido a las escuelas primarias. “Todos los padres con los que he hablado parecen compartir esta misma inquietud”.

 

La paga de los adolescentes y las tarjetas de crédito

La última encuesta realizada por Jump $tart para comprobar los conocimientos financieros básicos de unos 4.100 estudiantes de último curso de educación secundaria arrojaba tanto buenas como malas noticias. Las buenas noticias eran que, en promedio, los estudiantes que habían participado en la encuesta 2004 respondieron correctamente el 52,3% de las preguntas, porcentaje que supera el 50,2% del test anterior. Las malas noticias eran que el 65,5% de los estudiantes habían suspendido el examen, mientras que sólo el 6,1% sacaba una nota más allá del mero aprobado. El test está diseñado para evaluar los conocimientos básicos sobre el gasto, el papel del crédito, el ahorro y la inversión.

 

¿No será pedir demasiado que los adolescentes –preocupados como están por el sexo opuesto, la música, los deportes, los juegos de ordenador y otras prioridades de la edad– tengan unos mínimos conocimientos sobre dólares y centavos? “No lo creo”, afirma Levine señalando que los jóvenes están tan interesados como cualquier adulto en ganar dinero, gastarlo y conservarlo. Jump $tart, añade Levine, “quisiera que se introdujesen materias financieras en el proceso educativo desde el jardín de infancia”.

 

Jump $tart, partidaria de la introducción de cursos de alfabetización financiera en las escuelas públicas así como de un mayor esfuerzo educativo por parte de los padres en el hogar, sostiene que existe un interés creciente en impartir cursos que versen sobre el dinero. Además señala que los legisladores estatales están dispuestos a ayudar en esta área, y que el Congreso de Estados Unidos ha establecido una nueva comisión para la alfabetización financiera, la Financial Literacy and Education Comisión (Comisión para la alfabetización y educación financiera), para coordinar las iniciativas educativas de las agencias federales.

 

Otra encuesta realizada en 2004 por la Fundación Allstate y por Junior Achievement (JA) -la mayor organización del mundo dedicada a formar a los jóvenes sobre los negocios, la economía y la libertad de empresa-, ofrece ciertas claves adicionales sobre el modo en que los jóvenes de edades comprendidas entre 13 y 18 años entienden el dinero. La encuesta de JA sobre finanzas personales encontraba que el 67,6% de los encuestados creían afectar las decisiones de compra de sus hogares. Alrededor del 35% afirmaron recibir una paga; de éstos, el 58,4% declaraba que la paga era de 20 o menos dólares semanales. Los adolescentes de mayor edad recibían pagas de menor cuantía ya que podían ganar dinero por sí mismos. La encuesta también revelaba que el 27,4% de los jóvenes de 18 años y el 12,9% de los de 17 años tenían tarjeta de crédito, mientras que el 15,5% poseía acciones. Además, tan sólo el 48,7% de los estudiantes creía que la Seguridad Social seguiría teniendo la misma estructura para cuando ellos tuviesen 65 años.

 

Darrell Luzzo, vicepresidente educativo senior de JA, afirma que la opinión de los estudiantes acerca de la Seguridad Social debería servir como llamada de atención. “Existe cierto pesimismo respecto al futuro de su seguridad financiera”, señala Luzzo. “Espero que esto sea un incentivo para que los chicos adquieran más conocimientos financieros”.

 

No hay una única definición de lo que significa que un chico o chica no sea un analfabeto financiero. Pero en términos generales, para Luzzo implica que los adolescentes “sean capaces de ejercer de una forma efectiva sus responsabilidades diarias como consumidor”. Uno de los programas de JA es un curso online para estudiantes de secundaria -titulado JA Personal Finance y financiado por la Fundación Goldman Sachs–, cuyo objetivo es ayudar a los jóvenes a comprender las partes esenciales de una nómina y el significado de las deducciones; cómo hacer un presupuesto; los principios básicos del ahorro y de la inversión; el papel de los tipos de interés en la economía; cómo descifrar el extracto de una tarjeta de crédito; o el papel que juegan las políticas aseguradoras –salud, propiedad, incapacidad o vida– a la hora de gestionar el riesgo.

 

Puede que los cursos de alfabetización financiera todavía no formen parte de los planes de estudios de la mayoría de las escuelas primarias y secundarias del país, pero existen muchos otros programas y publicaciones para ayudar a que los niños aprendan sobre el dinero.

 

El cerdito-hucha

El programa Value of Money de Lincoln Financial enseña desde el jardín de infancia hasta cuarto grado a los niños de familias con alto poder adquisitivo conocimientos sobre el ahorro, el gasto, la inversión y la donación de dinero. Se subrayan tanto aquellos valores asociados con el presidente Abraham Lincoln -honestidad, integridad y justicia-, como temas de gestión elemental del dinero. A cada alumno se le entrega un cerdito-hucha de plástico con cuatro compartimentos: gasto, ahorro, donación e inversión. Cada compartimento tiene una ranura a través de la cual el niño puede meter monedas. La hucha es transparente para que pueda ver cómo va creciendo su dinero. El cerdito ha sido un gran éxito entre los niños, e incluso algunos adultos ya se han pedido uno.

 

Al final del curso se invita a los padres al aula. Se simula una conferencia de prensa en la que se presenta al responsable del plan financiero, de forma que padres e hijos puedan “comenzar una conversación sobre el dinero que continuará en el ámbito del hogar”, afirma Laura Dambier, vicepresidenta de soluciones productivas e iniciativas estratégicas de Lincoln Life & Annuity y co-fundadora del programa junto con DeRosa.

 

De las ocho clases de 45 minutos impartidas una vez por semana, la mitad corren a cargo del maestro habitual de los niños; de la cuarta a la octava semana éste es sustituido por responsables de planificación financiera de Lincoln. El programa se implantaba como experiencia piloto entre estudiantes de tercer y cuarto grado de Shaker Heights, Ohio, durante el curso escolar 2003-04, y se espera poder aplicarlo también en escuelas de Baltimore, Chicago, Fénix y Washington D.C. para el curso 2004-05. DeRosa, vicepresidente senior y jefe de operaciones de Lincoln Life & Annuity, afirma que la empresa tiene previsto en los próximos años impartir el curso entre niños y adolescentes de menor poder adquisitivo.

 

El curso de Lincoln ya está empezando a dar sus frutos. Tal y como escribía un niño llamado Jack en una carta de agradecimiento a los profesores, “nos habéis enseñado que Aberham [sic] Lincoln fue muy honesto y caminó hasta una casa que estaba muy lejos sólo para devolver un centavo”.

 

Segunda división

Algunos programas de alfabetización financiera y empresarial están destinados a jóvenes con menor poder adquisitivo. Cada verano se imparte en Wharton el programa de 4 semanas de duración Leadership, Education and Development Program in Business, LEAD (Programa de liderazgo, educación y desarrollo). Creado en 1980, el programa introduce en el mundo de los negocios a 30 estudiantes con talento pertenecientes a grupos minoritarios que están a punto de empezar su último año de secundaria. Estos estudiantes reciben una beca, viven en el campus de la universidad, asisten a clases impartidas por los profesores de Wharton, elaboran planes de negocio, visitan empresas como McNeil Laboratories -que ayudan a financiar el programa-, y realizan presentaciones ante ejecutivos. Los adolescentes además conocen al decano de Wharton, Patrick Harker, y a otros altos cargos de la universidad.

 

“Lo que tratamos de hacer es que los estudiantes con talento se interesen por la educación y los negocios”, afirma Anne Greenhalgh, directora de programa de liderazgo de Wharton y profesora asociada de Gestión de empresas. Animamos a los estudiantes a realizar estudios relacionados con la empresa. El programa LEAD ha ido creciendo a lo largo de los años y ahora se ofrece en otras 10 escuelas de negocios de Estados Unidos. En total, alrededor de 6.600 estudiantes han pasado por él. 

 

En Baltimore, T. Rowe Price, la empresa de fondos de inversión, patrocina un programa de alfabetización financiera llamado New Song Investment Academy (Academia de inversión nueva canción). El programa forma parte de un proyecto más ambicioso para revitalizar a través de iniciativas relacionadas con la educación y la formación en el empleo la una vez próspera comunidad afroamericana, conocida como Sandtown-Winchester. El nombre New Song Academy hace referencia un proyecto en las escuelas públicas de hace nueve años dirigido a los chicos con menor capacidad adquisitiva.

 

Sandtown-Winchester está tan lejos de Wall Street como uno pueda imaginar. Es un lugar donde el conocimiento que los jóvenes tienen sobre los negocios se limita al supermercado de la esquina y la tienda de licores, explica Jacqueline Hrabowski, vicepresidenta de relaciones con la comunidad en T. Rowe Price. La mayoría de los padres no tienen cuenta corriente y pagan sus facturas mediante giros postales. La renta media anual del vecindario es de unos 15.000 dólares.

 

Voluntarios de T. Rowe Price y Rouse Company, una promotora inmobiliaria, van a las escuelas una vez a la semana y enseñan a estudiantes de varios cursos los principios básicos sobre cómo ahorrar dinero, elaborar un presupuesto, o las diferencias entre acciones, bonos y certificados de depósito. Para enseñar cultura financiera, New Song no utiliza datos ficticios. Sus voluntarios utilizan materiales ya existentes de organizaciones como Junior Achievement y el National Council on Economic Education (Consejo nacional de educación económica), conocido como Nee-cee.

 

“También les enseñamos habilidades para la vida cotidiana”, afirma Hrabowski. “Si ganas cierta cantidad de dinero al año, ¿cuánto cuesta la vida? Les hacemos comparar el coste de un apartamento frente al de una casa: Si tienes estos ingresos, ¿qué puedes hacer con ellos?”

 

Los voluntarios insisten mucho en la relación existente entre el nivel educativo y la probabilidad de tener mayores ingresos. Son demasiados los niños que quieren ser atletas profesionales cuando sean mayores. “La [baja] probabilidad de que lleguen hasta ese nivel no es en realidad lo que les han contado”, sostiene Hrabowski.

 

Entrando en “la senda empresarial”

No obstante, la mayoría de los programas de alfabetización financiera están dirigidos a jóvenes que no son pobres. 

 

Wharton ofrece un programa de verano de cuatro semanas de duración llamado Leadership in the Business World, LBW(Liderazgo en el mundo de los negocios) que inicia a alumnos a punto de cursar el último año de secundaria en los principios básicos del liderazgo empresarial. LBW, que acaba de cumplir su sexto año de vida y cuesta 4.950 dólares en concepto de alojamiento, pensión completa y matrícula, tiene carácter internacional. Los 60 estudiantes de la clase del verano de 2004 procedían de 18 países diferentes. Entre otras actividades, en el LBW se forman equipos que compiten unos contra otros en un juego de bolsa y forman parte en una simulación empresarial que dura todo un día en la que las empresas compiten entre sí. 

 

“Es necesario que piensen en márgenes y beneficios, en sus ventajas competitivas, operaciones, cómo manejar los costes, las necesidades de los clientes, cómo van a trabajar en equipo y quién va a tomar las decisiones”, afirma Greenhalgh.

 

Los participantes en los programas LEAD y LBW tal vez tengan más cultura financiera que otros estudiantes de secundaria. Todos los adolescentes que solicitan ser admitidos en estos programas ya tienen una predisposición hacia los negocios, explica Greenhalgh, y algunos proceden de familias cuyos padres han tenido éxito en los negocios. Pero esto no quiere decir que no tengan nada que aprender. Tal y como escribía un chico algo ingenuo en una evaluación del LBW, “resulta interesante ver cómo los beneficios se ven mermados por los impuestos y otros costes”.

 

Julian y Tina Krinsky gestionan varios programas de verano y campamentos por todo el país de materias tan diversas como tenis, golf o cocina. No obstante, uno de ellos consiste en iniciar a los niños en el mundo de los negocios. El programa, llamado The Business Track (La Senda Empresarial), tiene lugar en Haverford College, cerca de Filadelfia. Julian y Tina afirman que adquirir cierta cultura empresarial a una edad temprana puede suponer un importante estímulo para niños que muestren interés en hacer de los negocios su carrera, en especial si sus padres no pertenecen a dicho ámbito. También afirman que programas como los suyos ofrecen la clase de educación que normalmente no se encuentra en las escuelas públicas.

 

“Los chicos que proceden de familias cuyos padres tienen algún negocio ya tienen cierta ventaja con respecto a los demás”, señala Tina Krinsky. “Escuchan cosas en la mesa a la hora de cenar. Ven a su padre o a su madre en el trabajo. No creo que las escuelas estén haciendo todo lo que deberían [para enseñar cultura financiera]. A menudo se ven limitados por los planes de estudios y necesitan mucho tiempo hasta reaccionar. Nosotros intentamos ir por delante en muchos sentidos”.

 

The Business Track pone a los estudiantes en contacto con el espíritu empresarial, la contabilidad, el marketing, el análisis de mercados financieros y la gestión deportiva. Los estudiantes comienzan el día leyendo y debatiendo sobre artículos del Wall Street Journal, hacen visitas a empresas y reciben clases tanto de profesores como de profesionales del mundo empresarial.

 

No sólo ganar dinero, sino también conservarlo

En el Money Camp en Santa Barbara, California, se hace hincapié en proporcionar a los jóvenes las habilidades necesarias para llegar a ser financieramente independientes.

 

“Lo que hace que nuestro programa sea diferente es que el primer día hablamos sobre nuestras convicciones, sobre lo que significa el dinero y cómo se debe pensar sobre el dinero”, afirma Elisabeth Donati, directora general de esta organización sin ánimo de lucro. “Primero hablamos sobre cómo ganarlo, cómo hacerlo crecer, cómo invertirlo, hablamos sobre los tabúes, sobre lo que significa el dinero, sobre qué es la independencia financiera. Hacemos que los chicos se hagan una idea visual del tema, esto es, de qué significa levantarse pobre y qué significa levantarse sabiendo que tienes un montón de dinero”.

 

Donati sostiene que es importante que los niños y los adolescentes se den cuenta de que si no toman conscientemente la decisión de ser financieramente independientes, nunca lo serán. “Si coges a un niño que no sabe que existen otras alternativas, aunque le des todas las habilidades financieras del mundo nunca será capaz de elegir dicha opción por sí mismo”. A lo que añade: “Lo importante no es cuánto dinero ganas, sino con cuánto consigues quedarte”.

 

Donati afirma que la definición de independencia financiera del Money Camp es muy directa: “Cuando dado el estilo de vida que has elegido, tus ingresos mensuales superan los gastos, entonces eres financieramente independiente”. El campamento resalta la importancia de la liquidez y fomenta que los chicos aprendan a medir la riqueza en tiempo, no necesariamente en cantidades. 

 

En un ejercicio se enseña a los alumnos que, al comprar ciertos artículos –que Donati llama “porquerías inútiles”– es probable que terminen malgastando su tiempo y su dinero. A todos los chicos les atrae por ejemplo la idea de comprarse un coche nuevo, pero Donati les muestra que puede ser un despilfarro inútil. Alguien que gane 10 dólares a la hora tiene que trabajar 700 horas para comprar un modesto coche de 7.000 dólares. Al comprar ese coche -les dice a los chicos-, “simplemente acabas de tirar a la basura 700 horas de tu tiempo de trabajo”. Es más, Donati va un poco más allá en sus argumentos y les explica que los coches nuevos pierden gran parte de su valor nada más salir del concesionario.

 

Poco después de haber creado el Money Camp hace tres años, Donati y sus colegas se dieron cuenta de que los padres con pocos conocimientos financieros a menudo constituían un obstáculo para que sus hijos adquirieran conocimientos sobre la materia. 

 

Donati comenta el caso de una pareja “que eran como niños pequeños. Ganaban dinero suficiente, pero no sabían como gastarlo o cómo hablar del tema entre ellos. La mujer decía Para mi un presupuesto es como un agujero negro. Me hace sentir como si no pudiera gastar el dinero, y cada vez que hacemos un presupuesto, acabo gastando más”. Donati explicaba a la mujer que elaborar un presupuesto es simplemente “una herramienta que te permite lograr otros objetivos, no una manera de restringir el gasto”. Otro defecto de muchos padres era que no dejaban a sus hijos formar parte de sus vidas financieras. Como para alcanzar cierto grado de alfabetización entre los niños es necesario que los adultos tengan algunos conocimientos, el siguiente paso para el Money Camp fue ofrecer también programas para ellos.

 

El periodismo financiero y el “anti-libro de texto”

La gente que ayuda a los jóvenes a adquirir cierto grado de alfabetización financiera dice que, aunque es conveniente ponerles ejemplos con los que se puedan sentir identificados, no es necesario rebajar los contenidos.

 

Krishnan M. Anantharaman, editor jefe deWall Street Journal Classroom Edition, es el responsable de seleccionar los reportajes para esta revista de 24 páginas que se publica mensualmente durante el curso escolar. Anantharaman afirma que prácticamente todos los artículos de la revista Classroom Edition se eligen de entre las páginas del Journal (una columna la escribe un colaborador externo). Aunque puede modificar la longitud y estructura de las historias para ajustarse al espacio disponible en la revista, el artículo no se retoca en exceso para hacerlo más accesible o más apetecible para los estudiantes de secundaria. 

 

“Leo el Journal todos los días”, afirma Anantharaman. “Con la práctica he aprendido a saber qué artículos pueden ser interesantes. Tienen que estar relacionados de alguna forma con la vida de un adolescente. Considero que en cierto modo todas las historias del Journal son educativas. El truco reside en encontrar aquellas con las que los adolescentes realmente se sientan identificados”.

 

Uno de los artículos recientes de la Classroom Edition era una historia titulada Indecency on the Airwaves (Indecencia en las ondas), sobre el intento de la Federal Communications Commission (Comisión federal de comunicaciones) de regular los programas algo picantes de la televisión y la radio. También recuerdo un artículo sobre el crecimiento en las ventas de vehículos todo terreno y el incremento en los accidentes con este tipo de coches, otro con un análisis histórico de los déficits del presupuesto federal u otro con un estudio sobre la reputación de las empresas titulado A Black Eye for Big Business (Mal ojo para los grandes negocios). Todas las historias están acompañadas de ilustraciones a color. “Nos consideramos el anti-libro de texto”, afirma Anantharaman. “La economía es mucho más interesante de lo que muestran los libros de texto”.

 

La Classroom Edition, que comenzaba a publicarse en 1991, llega cada mes a 750.000 estudiantes de más de 5.000 institutos. Diversas empresas, organismos y particulares patrocinan cerca de un tercio de las suscripciones. La Classroom Edition viene con una guía del profesor que ayuda a los docentes a iniciar debates sobre los temas abordados en los artículos. 

 

Anantharaman comparte la idea de otros expertos en educación financiera de que las carencias de los padres son uno de los motivos por los que hay tantos jóvenes que son financieramente analfabetos. “Como adultos, sentimos la responsabilidad de educarles. Primero deberíamos empezar por nosotros mismos”, afirma. “Hay muchos adultos que no saben nada sobre el dinero y que no lo gestionan bien… Los chicos reciben mensajes erróneos en base a lo que hacen sus padres: abusar de las tarjetas de crédito, utilizar financiación al cero por ciento para [comprar] muebles o un segundo vehículo”.

 

Anantharaman cuenta que la mayor parte de su familia vive en la India, donde hasta hace muy poco sólo los ricos tenían acceso al crédito. “Ahora en la India los tipos de interés han bajado del 20% al 5%”, continúa, “y cualquiera puede financiar la compra de un coche o de una casa y gastar por encima de sus posibilidades”.

 

Ned, el joven inversor de Filadelfia, es probablemente un buen ejemplo del típico caso al que se enfrentan los educadores en cultura financiera. Es cierto que Ned disfrutó de su experiencia de comprar acciones en la escuela secundaria. También quiere tener una cartera de acciones cuando sea mayor; de hecho, ya tiene algunas acciones de verdad de Wal-Mart regalo de un abuelo. Y sí, ha aprendido el valor de guardar algo de dinero para los tiempos difíciles. Pero la verdad es que ya no piensa en la Bolsa. Y sus amigos tampoco están interesados en el mercado de valores ni en nada que tenga que ver con las finanzas, sino en el resto de cosas que pueden hacer con su tiempo. 

 

Tal y como dice Ned, “en sexto curso, lo de la bolsa fue muy divertido, pero después te olvidas de ella”.

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"Enseñar finanzas en la escuela debería ser un juego de niños." Universia Knowledge@Wharton. The Wharton School, University of Pennsylvania, [06 octubre, 2004]. Web. [21 July, 2019] <https://www.knowledgeatwharton.com.es/article/ensenar-finanzas-en-la-escuela-deberia-ser-un-juego-de-ninos/>

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