Ken Lay de Enron: Capitán de un Titanic moderno

El profesor de Gestión de Wharton Michael Useem recuerda el día en que Sherron Watkins, antigua vicepresidente de Enron que dio la voz de alarma sobre la situación de la empresa, hacía una presentación memorable en un seminario sobre liderazgo. Ella comparaba a Enron con el Titanic, y afirmaba que su ex consejero delegado, Kenneth Lay, podría considerarse en cierto modo el capitán de un barco condenado al naufragio.

 

“El barco ha recibido un golpe en la proa y el agua está entrando a borbotones”, explica Useem recordando los comentarios de Watkins. “El capitán sabe que algo va mal, pero se asegura que la banda siga tocando y que los vasos de cocktail estén llenos mientras el barco se está hundiendo”.

 

Parecida fue la historia relatada por los fiscales federales –aunque menos poética y empleando un lenguaje legal-, en la presentación formal de cargos el 8 de julio en Houston, Texas. El gobierno alegaba que Lay y otros ex directivos de Enron -incluyendo a Jeffrey Skilling, que sucedía a Lay como consejero delegado, y a Richard Causey, ex director de contabilidad-, conspiraron para engañar a los accionistas, a las entidades reguladoras y al público en general.

 

Useem y otros profesores de Wharton creen que la orden de arresto de Lay, que fue esposado para ser conducido al juzgado, era algo esperado desde hace tiempo. Sin embargo discrepan sobre por qué los investigadores que estaban detrás del caso necesitaron un tiempo inusualmente largo –más de dos años–, antes de presentar cargos. También dicen que Lay está caminando sobre la cuerda floja en el ámbito de las relaciones públicas al tomar la extraordinaria decisión de defenderse a sí mismo públicamente concediendo, por ejemplo, una larga rueda de prensa o apareciendo en el programa de televisión de la CNN Larry King Live. Expertos de Wharton subrayan que Lay debe ser considerado inocente hasta que se demuestre que es culpable de las acusaciones que se le imputan. Sin embargo, están de acuerdo en que, incluso en caso de ser absuelto, durante los meses previos al colapso de la empresa a finales de 2001 su liderazgo en Enron era más que cuestionado.

 

“De todas formas nada parecía indicar que [los investigadores] estuviesen tomándose su tiempo; simplemente era un hueso difícil de roer”, dice Useem, director del Center for Leadership and Change Management de Wharton. “Mirases donde mirases, no había pistolas humeantes, ni documentos, nada escrito y sí mucha autoridad delegada a los subordinados de Lay. En consecuencia, fue complicado encontrar pruebas definitivas”.

 

Thomas W. Dunfee, profesor de Responsabilidad Social Empresarial y abogado, dice: “Alguien podría sostener que cuanto más tiempo mejor para que el gobierno pueda atar todos los cabos de su caso más importante: encontrar qué tipo de declaraciones podrían apoyar las acusaciones, la naturaleza de los registros y todo eso.”

 

Thomas Donaldson, profesor de Estudios Jurídicos y, al igual que Dunfee, experto en ética empresarial, reconoce que el caso Enron es complejo pero afirma que las investigaciones “definitivamente fueron demasiado largas. Se podría especular que el motivo por el que llevaron tanto tiempo fue no sólo que los fiscales tuvieran que conseguir la cooperación de un considerable número de personas, sino también porque, incluso ahora, no fueron capaces de conseguir lo que querían. Estoy sorprendido de que el caso se base principalmente en datos que conocíamos desde el principio y en cosas que pasaron cuando Enron estaba hundiéndose.”

 

Efectivamente, la acusación se basa en cosas que Lay presuntamente hizo cuando salieron a la luz los trucos contables y complicadas asociaciones -conocidas como “entidades con propósitos especiales”-, que dejaron al gigante energético en enormes dificultades financieras. La empresa finalmente se hundió y arrastró con ella a Arthur Andersen, que era su empresa auditora.

 

Se han presentado 11 cargos contra Lay. Se afirma que ayudó a falsear los informes financieros para dar una imagen falsa y optimista sobre la salud de la empresa durante los meses previos a la solicitud de bancarrota presentada en diciembre de 2001 para protegerse contra sus acreedores. La solicitud se presentaba precisamente cuatro meses después de la repentina dimisión de Skilling como consejero delegado el 14 de agosto de 2001, dimisión que sorprendió a los inversores y levantó sospechas. El puesto de consejero delegado dejado por Skilling fue ocupado por Lay, que 16 años antes había fundado la empresa y que, según la acusación, asumía el “liderazgo” del complot. En los meses siguientes Lay dio los pasos pertinentes para inflar el precio de las acciones de Enron, y poder así beneficiarse de la compraventa de acciones, y mintió sobre la situación financiera de Enron al público en general, a los analistas bursátiles y a los empleados de la empresa, según la acusación.

 

Watkins declaraba ante una comisión del senado en febrero de 2002 que había conocido a Lay el 22 de agosto de 2001 y que le había proporcionado informes redactados por ella misma para ayudarle a comprender los problemas de la empresa. Watkins testificaba que había esperado que Lay llevase a cabo una minuciosa investigación, pero no lo hizo.

 

Lay, de 62 años, ha negado todos los cargos. Durante la rueda de prensa, celebrada unas horas después de que se declarase no culpable, explicaba ante los periodistas que era responsable de todo lo que pasara en Enron, pero que él no había cometido ningún crimen. También afirmaba que aunque aceptaba la responsabilidad, “eso no significa que sepa todo lo que pasa en Enron”. En una entrevista del 12 de julio con King, de la CNN, Lay defendía una vez más todo lo que había hecho y afirmaba que había dado instrucciones al bufete externo de abogados de Enron para que investigase sobre lo que Watkins le había contado durante su encuentro. También declaraba que creía que la situación financiera que Enron era buena los meses antes de que se declarase en quiebra acogiéndose al capítulo 11 [de la ley de quiebras de Estados Unidos].

 

Según el gobierno, aunque Lay sabía que Enron iba a anunciar enormes pérdidas en el tercer trimestre de 2001, en el transcurso de un chat a través de la Red celebrado el 26 de septiembre, dijo a los empleados que había recomendado a los directivos adquirir acciones de Enron. A Lay también se le acusa de animar a los empleados a comprar acciones de Enron en un momento en que él las estaba vendiendo. Lay admitía ante King que, efectivamente, él vendió acciones, pero únicamente porque tenía que hacer frente a algunas deudas de bancos que le habían prestado dinero y que tenían las acciones como garantía. Lay declaraba que él todavía tenía un millón de acciones de Enron en el momento en que la empresa se hundió, y también opciones para comprar seis millones más.

 

La acusación del 8 de julio también implicaba a Lay en un caso que ya está en marcha contra Skilling y Causey, en el que ambos se han declarado no culpables. Otro personaje clave en este caso, el ex director financiero de Enron, Andrew Fastow, se declaraba en enero culpable de dos acusaciones de conspiración y el gobierno espera que colabore como testigo. Fastow admitía haber creado “entidades con propósitos especiales” y haberse embolsado millones de dólares. Su mujer, Lea, que trabajaba como asistente de tesorería en Enron, también fue declarada culpable en relación con este caso y el 12 de julio empezaba a cumplir su condena de un año de cárcel.

 

Los profesores de Wharton creen que el comportamiento de Lay durante los meses previos al colapso de Enron, en caso de ser cierto, demostraría un estrepitoso fracaso de liderazgo.

 

“El Titanic es una buena analogía: el capitán del barco tiene que estar buscando icebergs”, dice Donaldson. “Uno habría esperado que un hombre que estaba amparado por su propia gente hubiese ayudado a salvar a los pasajeros cuando el barco chocó. Lay parece haber hecho justamente lo contrario. Para ir más allá en la analogía, tiró los chalecos salvavidas en su erróneo y egoísta deseo de que la cotización de las acciones siguiese alta … Para que el precio de las acciones se mantuviese, dijo cosas que no eran ciertas sobre la salud de la empresa”.

 

Ussem sostiene que Lay debería haber sabido qué estaba pasando. “Hay pruebas [como la dimisión de Skilling o el informe de Watkins] de que por agosto de 2001 él sabía que la empresa estaba en serias dificultades y por tanto el argumento previo no puede utilizarse como defensa. Desde luego hay muchas pruebas para demostrar que en septiembre de 2001 Lay era consciente de todo o bien debería haberlo sido”.

 

Una cuestión crítica

Una cuestión clave en este caso –y en general para todo tema de gobernabilidad corporativa-, es si Lay (y por extensión otros consejeros delegados) puede decir honestamente que a pesar de ser responsable del colapso de Enron, no sabía que era lo que estaba pasando. “Puede haber circunstancias en las que podría ser una defensa legítima”, dice Dunfee. “Las empresas de contabilidad han demostrado que al contratar a gente inteligente, en algún momento te pueden utilizar. Cuando Sherron Watkins acudió a él y le dijo, Hay un problema real con estas entidades con propósitos especiales, Lay salió del bufete de abogados y pidió un informe. Pero parece ser que simplemente se limitó a estudiar las investigaciones del bufete, cosa que suele ser un problema en estos casos”.

 

Es difícil creer, añade Dunfee, que Lay no fuese consciente de lo que estaba ocurriendo en la empresa. En algún momento, cuando hay demasiado humo a tu alrededor “pides a alguien que encuentre la causa de todo ese humo. El caso de Enron puede ser descrito como un caso de “fallo con múltiples cuidadores”. Los contables fallaron, el bufete falló, el comité de auditoría del consejo falló, el consejo de administración falló”.

 

Tal y como Donaldson explica, “la gente simplemente aborrece a los poderosos líderes de las organizaciones que dicen Yo no soy responsable de eso; fueron todos esos los que lo hicieron. Pero tenemos que estudiar cuidadosamente dicha afirmación. ¿Cómo es posible que Lay acepte responsabilidades pero no haya hecho nada malo? Alguien es negligente no sólo por hacer algo indebido, añade Donaldson, sino también por no haber hecho algo para poner fin a una ilegalidad. “Supongamos que Lay no conocía los detalles de las entidades con propósitos especiales. Él debería haberlo sabido, y es responsable de saberlo. El hecho de que no lo supiera es una forma de negligencia y debería ser responsable por ello.”

 

Una acción arriesgada

En opinión de Ussem, Lay se arriesgó al convocar una conferencia de prensa el día en que fue arrestado, ya que su decisión podía haber sido interpretada como un signo bien de fortaleza o de debilidad. “Si realmente refleja su confianza en que él no ha hecho nada malo, entonces sus valientes declaraciones en una conferencia de prensa reflejan su fortaleza interna. Pero por el contrario, si la rueda de prensa se hace tan sólo para utilizar a los medios de comunicación en su lucha contra los fiscales, podría ser un signo de debilidad y anticipar su fracaso en los tribunales”.

 

Donaldson cree que es difícil predecir si el gobierno ganará este caso contra Lay, pero la imagen de Lay puede ayudar. “Si se tratase de cualquier otra persona en la misma situación, sería más difícil [obtener una condena]. Lay se ha convertido en una figura con ansias de popularidad, y en estos casos es más fácil convencer al jurado, o a los jueces, para que lo condenen. Yo creo que [convocar una rueda de prensa] forma parte de la estrategia de Lay para acallar algo de esa publicidad. Por ese motivo intenta sonreír y poner su mejor cara dada su mala situación.”

 

Dunfee sugiere que los fiscales tendrán dificultades para explicar de un modo sencillo a los miembros del jurado las oscuras transacciones contables y asociaciones de las que se acusa a Lay. “Son temas complejos”, señala. Es todo un reto para gobierno no “perder completamente la atención del jurado ni confundirlo… sospecho que la selección de jurado será extraordinariamente importante en este caso”, incluso eligiendo a personas con ciertos conocimientos sobre el mundo de los negocios.

 

Si Lay hizo las cosas de las que se le acusa, Donaldson sostiene que es importante que sea condenado y “no absuelto en base a cualquier triquiñuela legal”. Pero añade que incluso si Lay es absuelto, los recientes escándalos de Enron y otras empresas ya han transmitido un fuerte mensaje a los ejecutivos: sus reputaciones pueden ser mancilladas para siempre si tienen un comportamiento delictivo o poco ético.

 

“La importancia de este caso radica tanto en las imágenes emitidas como en la sentencia,” explica Donaldson. “Cuando ves a Lay camino del juzgado, cuando ves imágenes de él con las manos esposadas detrás de la espalda, si eres consejero delegado te darán más que pensar”.

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