La 3G vuelve a sonar en Europa

La buena acogida de los servicios multimedia entre los usuarios europeos ha devuelto a la actualidad el interés por la telefonía móvil de tercera generación (3G). Con casi tres años de retraso, las mayores operadoras ya han empezado a probar entre sus grandes clientes la nueva tecnología, conocida como UMTS. La comercialización a gran escala en Europa podría llegar a finales de año o principios del próximo, sin embargo algunos expertos todavía ven demasiadas incertidumbres, tanto por el lado de la oferta como por la demanda.

 

Se le esperaba para agosto de 2001, pero todavía no ha llegado. Se le señalaba como la gran revolución de los servicios de telecomunicaciones, pero aún no ha aportado nada nuevo. Se trata de la telefonía móvil de tercera generación, conocida como UMTS por sus siglas en inglés (Universal Mobile Telephony System), una tecnología que cuando esté desarrollada definitivamente permitirá acceso a Internet a alta velocidad y videoconferencias a través del aparato telefónico.

 

Joan Enric Ricart, profesor de Dirección General del IESE, considera que el retraso de la tercera generación “se ha producido debido a una conjugación de elementos. Por una parte, la propia disponibilidad de los terminales se retrasó, la tecnología no estaba desarrollada y se necesitaban grandes inversiones en infraestructuras. Esto coincidió con la crisis de las empresas de telecomunicaciones por el pinchazo del boom tecnológico. Además, suponía invertir en una tecnología que no estaba muy clara la demanda”, comenta.

 

La euforia creada en 2000 en torno a la tercera generación llevó a las mayores operadores de telecomunicaciones europeas a una carrera feroz por hacerse con las licencias que los gobiernos europeos subastaron. En Alemania, el reparto costó a las compañías del sector 50.500 millones de euros, mientras que en Reino Unido la cifra alcanzó los 37.500 millones de euros. Se pensaba entonces que ese era el precio a pagar y a las empresas que se quedaban fuera de las licencias se les consideraba como las grandes perdedoras del futuro.

 

Sin embargo, pocos meses después empezaron a sucederse los anuncios de compañías anunciando el retraso, casi sin fecha, de la puesta en marcha de la telefonía de tercera generación. Tal como recuerda Ricart, “la reacción de las empresas fue empezar a negociar con los gobiernos para reducir sus obligaciones, para que les permitieran compartir las infraestructuras e ir retrasando los plazos para la puesta en funcionamiento del nuevo sistema”.

 

El momento más crudo para el sector llegó en el segundo semestre de 2002, cuando las operadoras comenzaron a valorar como cero las enormes inversiones que habían realizado sólo dos años antes. La primera en hacerlo fue la española Telefónica, la mayor operadora de telecomunicaciones de España y América Latina, que en pleno verano anunció la provisión de casi 5.000 millones de euros en sus resultados por toda su inversión en UMTS. Pocos meses antes, la firma ya había congelado sus actividades en Alemania y había anunciado el retraso de su entrada en Italia. 

 

El impulso multimedia

La situación ha dado un nuevo giro en los últimos meses. A finales del año pasado, Telefónica anunció la inversión de 1.000 millones de euros hasta 2005 para desarrollar su red de UMTS, y recientemente llegó a un acuerdo con Ericsson, el fabricante de redes de telecomunicaciones sueco, para que, junto a la alemana Siemens, sea uno de sus proveedores de esta tecnología. Además, la compañía ha comentado que ya está haciendo pruebas con sus grandes clientes y ha confirmado que los servicios entrarán en fase comercial durante 2004.

 

La buena acogida de los servicios multimedia, junto con la insistencia de los gobiernos europeos para la puesta en marcha del sistema, ha sido decisiva para la vuelta del UMTS a los titulares de prensa. La demanda de terminales móviles con cámara, pantallas en color y sonidos polifónicos se ha disparado en la parte final de 2003 y especialmente en la campaña navideña. El banco de inversión Goldman Sachs estima que los móviles multimedia suponen ya casi un 15% del parque total de celulares en Europa.

 

La llegada de las novedades multimedia está dando un nuevo impulso al negocio. Por ejemplo, los ingresos por estos servicios de las tres operadoras de móviles que operan en el mercado español, Telefónica Móviles, Vodafone España y Amena suponen ya más de 1.200 millones de euros, un 10% de los ingresos totales, y las compañías esperan que esta cifra se duplique en menos de dos años.

 

Para Iñigo Herguera, profesor del departamento de Economía Cuantitativa de la Universidad Complutense de Madrid, “es seguro que estamos ya en la antesala de la tercera generación del móvil. Sin embargo, todavía hay muchas incertidumbres. sobre todo, por el lado de la demanda. Puede que los consumidores no valoren tanto los avances como lo hacen las operadoras de telecomunicaciones”, comenta.

 

Primeros intentos

La experiencia fallida de Hutchison Wampoa en Europa parece confirmar esta teoría. El 3 de marzo de 2003 la compañía asiática lanzó comercialmente la tecnología en Reino Unido adelantándose al resto de operadoras y una semana más tarde puso a la venta los móviles. Un mes después tenía 20.000 clientes activos, lo que se consideró un buen impulso inicial, pero tras ocho meses sólo tenía 50.000 clientes, con los que apenas había obtenido unos ingresos de 11,5 millones de euros.

 

En opinión del profesor de la Complutense, “una cosa es que los clientes digan que están dispuestos a pagar más y otra cosa es que finalmente lo hagan. La clave para el negocio será qué servicios se ofrecen y a que precio. El problema hasta ahora es que los servicios son escasos y los terminales muy grandes y muy pesados”. Con esta opinión coincide su colega del IESE: “Es necesario que los terminales bajen de precio, que sus aplicaciones y los servicios de los que vamos a disfrutar sean más claros”.

 

Un acontecimiento importante en este sentido se producirá en febrero en Japón, donde el gigante de las telecomunicaciones DoCoMo lanzará al mercado el primer terminal con un tamaño, peso y duración de la batería similares a las de los teléfonos actuales. Según Herguera, es lógico que “todo el mundo se fije en Japón, donde DoCoMo se adelantó con el i-mode” (un sistema que permitía al usuario pagar sólo por aquellos contenidos de Internet que utilizaba y no por el tiempo de conexión). Sin embargo, el profesor advierte de que “el sector de la telefonía móvil allí no es comparable con el europeo, ya que en Japón conviven sistemas tecnológicos distintos, algo que en Europa no pasa todavía”. En su opinión, para que la tecnología de tercera generación llegue de verdad el mercado potencial “tiene que tener un gran tamaño. Lo que interesa es poder llegar a cuatro millones de clientes, de la noche a la mañana”.

 

En Europa, los servicios de moda están siendo los conocidos como GPRS (General Packet Radio Services), también denominada tecnología de “segunda generación y media” y que se asienta del protocolo tecnológico “GSM” (Global System for Mobile). El tirón de estos servicios ha sido precisamente, según Joan Enric Ricart, otro de los factores que ha retrasado el lanzamiento de la tercera generación, ya que “no requería nuevas inversiones y además permitía educar al consumidor”. Herguera coincide con esta idea y va más allá: “El creciente interés por los terminales multimedia en los últimos meses demuestra que el éxito del GPRS todavía no ha sido explotado del todo y, por eso, las compañías todavía no quieren tocarlo”.

 

Cambio en el modelo de negocio

Herguera explica que “para las compañías se trata de un cambio radical en el modelo de negocio que al final podría perjudicarles. Hasta ahora, con la tecnología GSM, todo el negocio era para la operadora. Desde que un cliente iniciaba la llamada hasta que colgaba. Sin embargo, con la llegada de Internet por móvil, tendrán que compartir los beneficios con otras compañías. Por ejemplo, para reservar una habitación de hotel tendrás que repartir tu negocio con el de una asociación de cadenas hoteleras. De este modo, “se rompe la cadena de valor y las operadoras corren el riesgo de convertirse en simples transportadoras de información. Además de tener que cambiar el volumen de negocio, la competencia será más intensa”.

 

En definitiva, Herguera considera que uno de los mayores problemas es básicamente de actitud por parte de las compañías del sector: “Para que se lance de verdad el UMTS, las operadoras se tendrán que decidir a hacerlo. Al final, el sector está compuesto por unas cuantas compañías que funcionan como un oligopolio. Todas se están mirando una a otra para ver quien da el primer paso y posteriormente lanzarse todas”.

 

Ricart cree que “las operadoras van a intentar alargar en el tiempo las obligaciones de despliegue de esta tecnología. Los que tienen licencia tienen la posibilidad de seguir adelante. Pero en estos momentos están esperando a ver qué pasa, poniendo la casa en orden. El retorno de esta aplicación todavía no está claro. Sus aplicaciones y la demanda tampoco”.

 

El profesor del IESE afirma que “la clave del éxito del UMTS está en que hayan ‘killer applications’ que den valor a esta herramienta. Pero hasta ahora nadie tiene muy claro dónde está esa aplicación y qué puede justificar que cambiemos de tecnología, sobre todo a nivel masivo”.

 

A pesar de la desconfianza en el futuro inmediato de esta tecnología, Herguera no tiene dudas de que el UMTS marcará los próximos años en las telecomunicaciones: “Cuando se lance de verdad, la tercera generación va a suponer una enorme revolución, que supondrá la canibalización del resto de fórmulas. No sólo de otros sistemas como el GSM, sino también de la línea fija porque el acceso a Internet se realizará a través del teléfono móvil”.

 

Optimismo en bolsa

Los analistas bursátiles están esparciendo el optimismo en torno al sector en este comienzo de 2004, después de que las operadoras de telefonía móvil han subido cerca de un 8% más que las tradicionales en el último medio año.

 

También están mandando mensajes optimistas los grandes fabricantes de equipos de telecomunicaciones, como Nokia, líder mundial en la venta de teléfonos móviles. La compañía finlandesa se ha disparado en bolsa cerca de un 20% desde que comenzó el nuevo año, tras elevar sus previsiones de ventas por la fuerte demanda de terminales con cámara, fundamentalmente. Los expertos del banco de inversión Merrill Lynch consideran que la compañía se va a beneficiar en los próximos meses del mayor incremento del gasto en equipos de tercera generación de sus principales clientes, entre los que se cuentan la operadora británica mm02 y la alemana T-Mobile, filial de Deutsche Telekom.

 

Los analistas del banco Goldman Sachs consideran probable que los servicios UMTS no lleguen al mercado generalista hasta principios de 2005, pero tienen confianza en que, “en bolsa, el tren de la tercera generación saldrá de la estación en 2004, porque el mercado anticipará hacia el segundo semestre el crecimiento de los ingresos”.

 

Sin embargo, Ricart todavía ve nubes adicionales que podrían dificultar el despegue de la tecnología de tercera generación: “Una tecnología que puede frenar el UMTS es la expansión del Wifi –que permite la conexión a Internet sin cable a través del ordenador portátil desde determinados espacios previamente habilitados-. No es exactamente lo mismo que el UMTS pero te soluciona parte de los problemas de acceso a Internet. Un sistema que me permita entrar a Internet a través del móvil ya no parece tan interesante”, opina.

 

Este profesor recuerda que “una tecnología que se retrasa puede acabar siendo sustituida por otra, aunque no es probable que esto se produzca”. También le parece compleja esta posibilidad a su colega Herguera: “Los gobiernos están potenciando ahora el uso de estas tecnologías y no les interesa que llegue una nueva sin que se haya obtenido rentabilidad por las últimas. Hay que tener en cuenta las enormes inversiones que han supuesto para las grandes compañías el UMTS”. Todo un dineral. Hasta ahora, el coste de la factura del UMTS para las principales compañías del sector ha sido superior a los 240.000 millones de euros, lo que se corresponde con casi el 40% del Producto Interior Bruto (PIB) de una economía como la española. “A las firmas les interesa que la tecnología se introduzca poco a poco”, sentencia.

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