La cuestión de la privacidad online

Cuando Google anunciaba hace dos años su servicio de correo electrónico Gmail, mucha gente pensó que la empresa estaba de broma. Después de todo, Google ha sido la comidilla de muchos chistes, como por ejemplo cuando declaraba su intención de crear un centro de investigación en la luna.

 

Es más, la propuesta parecía ridícula. Nadie creyó que los consumidores tolerarían el plan de Google de revisar sus correos electrónicos y luego enviarles publicidad basándose en los contenidos de sus mensajes. Obviamente Google no estaba de broma. Dos años más tarde, Gmail tiene decenas de millones de usuarios y se siguen introduciendo nuevas características.

 

Pero en opinión de los participantes en la Conferencia sobre Tecnología 2006 de Wharton, la desconfianza inicial mostrada por los consumidores subraya el espinoso problema de la privacidad en Internet. Los consumidores dicen que quieren privacidad online, aunque a menudo se comportan de un modo contradictorio, enviando por ejemplo información personal y fotos a páginas web públicas. Las empresas insisten en que protegerán la privacidad, pero a veces no lo consiguen. Y a todo el mundo le preocupa una mayor regulación por parte del Gobierno; de hecho, a alguna gente le preocupa más el abuso potencial del Gobierno que el abuso potencial de las corporaciones. “En un mundo en que te ponen una multa de tráfico con una foto y pueden entrar en tu casa sin una orden judicial, lo que Google haga con mi información personal no me preocupa”, sostenía Gil Brodnitz de Accenture durante la conferencia.

 

El debate sobre la privacidad online no es un mero ejercicio filosófico. Las empresas recopilan montones de información sobre los visitantes de sus páginas web y sobre el modo en que navegan sus clientes por la Red. Tal vez, a tu mujer o a tu marido le puedas ocultar qué páginas visitas, pero no se lo puedes ocultar a Google o Yahoo. Y todos los niveles de Gobierno han mostrado un renovado interés por este tipo de información. Por ejemplo, en marzo Google llegaba a dos acuerdos con el gobierno estadounidense con relación a dos casos de privacidad. En el primer caso, el juez dictaminó que la empresa debía proporcionar a la Federal Trade Commission todos los contenidos de las cuentas Gmail de sus clientes, incluyendo los mensajes borrados. En el segundo caso, el juez sentenció que la empresa tenía que dar al Departamento de Justicia 50.000 direcciones web de su base de datos para la elaboración de un estudio sobre pornografía infantil online. No obstante, en este segundo caso el juez rechazó la demanda del Gobierno para acceder a las palabras clave empleadas por los clientes en sus búsquedas, algo que fue considerado una pequeña victoria por la empresa.

 

“Derechos perpetuos sobre los contenidos”

Cuando no existen normas federales claras, los navegantes de la Red no tienen garantía de que las empresas vayan a proteger la información de sus usuarios, afirmaba la conferenciante Wendy Seltzer, profesora visitante de Brooklyn School of Law. Por ejemplo, en el caso de la pornografía, Google optó por declararse en rebeldía, mientras Yahoo, AOL y MSN acudieron a declarar. “Si no hay leyes fuertes que nos protejan, todo lo que tenemos es la palabra de la empresa, y la publicidad y los hechos no siempre van de la mano”, señalaba. “Cualquier cosa que se recopile bajo leyes de privacidad poco claras es algo a lo que el Gobierno puede tener acceso”.

 

Es más, muchas empresas, en especial las pioneras en la Red, están intentando desempeñar el papel de guardianas de la información de los clientes. “Intentamos ser muy explícitos sobre los datos que recopilamos y sobre cómo los almacenamos; hacemos que los clientes conozcan los beneficios de ello”, explicaba Bradley Horowitz, director de desarrollo de tecnologías del grupo de investigación y mercados de Yahoo. “Hacemos que sepan que si nos dejan enviarles anuncios, accederán a contenidos más relevantes. Si somos vigilantes y explícitos”, los usuarios pueden tomar aquellas decisiones que más satisfagan sus necesidades.

 

Pero incluso las empresas más cuidadosas a veces fallan. Por ejemplo Yahoo fue muy criticada cuando modificó los términos del acuerdo con los usuarios de su división Geocities, afirmaba el conferenciante Declan McCullagh, que cubre temas de privacidad online para CNET News.com. La empresa “reclamaba derechos sobre todos tus contenidos a perpetuidad. Era ir demasiado lejos. Fue la acción de un abogado con un entusiasmo excesivo. Los competidores simplemente decían Ven con nosotros. No vamos a hacer una película basada en tus contenidos”.

 

A pesar de este incidente, McCullagh sugería que la mayoría de las quejas por problemas de privacidad en la Red proceden no de los consumidores, sino de “fundamentalistas de la privacidad y políticos, que siempre están intentando que sus nombres salgan en los periódicos”. Por ejemplo, después de que Google lanzase Gmail se introdujo una ley en California para prohibir sus servicios. McCullagh sostenía que los consumidores aceptan las garantías existentes siempre y cuando crean que están consiguiendo mejores precios o programación a cambio de desvelar detalles personales.

 

El conferenciante Steve Johnson, director ejecutivo de Choicestream, con sede en Cambridge, Massachussets, que hace software de personalización para páginas web, está de acuerdo. “Hay dos tipos de perfiles: el que le gusta al consumidor y el que no le gusta. Los consumidores aborrecen no tener control, ser observados con el llamado spyware o ser incapaces de abandonar una página. Pero les gusta ver que pueden descargar información o ser observados por una fuente de confianza como Amazon o iTunes”.

 

Además, es menos probable que los consumidores intenten distorsionar su identidad mintiendo sobre ellos mismos al registrarse en una página web si creen que sus detalles serán utilizados en su propio favor, explicaba Johnson. “Si estás dispuesto a compartir tus datos personales con el The New York Times, consigues las revisiones de los libros más importantes. Así que no tienes ningún incentivo para mentir”. En muchos casos, mentir no sirve para nada de todos modos, sostenía Ravi Aron, profesor de Gestión de las Operaciones y la Información de Wharton. Las empresas que examinan el comportamiento de los usuarios al navegar por la Red pueden crear perfiles por grupos de edad basándose en las páginas que visitan y los servicios que utilizan. “Los suministradores pueden averiguar si mientes cuando afirmas que eres una abuelita de 85 años y tu comportamiento no se corresponde con dicha edad”, explicaba.

 

Aceptando el trade-off de la privacidad

En cierto sentido el debate sobre la privacidad en la Red muestra cierta amnesia sobre prácticas empresariales habituales y sobre el comportamiento normal de los consumidores, afirmaba Brodnitz de Accenture. “Hace años que la gente proporciona información personal sobre sus créditos para conseguir mejores condiciones en sus préstamos. Darán información a cambio de una mayor calidad o de un mejor servicio. Capital One empezó a ofrecer intereses inferiores al 19,1% evaluando a otra clase de información”.

 

Incluso antes de Capital One, muchas empresas de servicios financieros ya disponían de grandes cantidades de datos sobre los ingresos, deudas, historiales de compra y preferencias personales de sus clientes. El emisor de una tarjeta de crédito sabe por ejemplo los lugares que sus clientes visitan y el tipo de restaurantes que les gusta. Básicamente los consumidores renuncian a su privacidad a cambio de la comodidad de la tarjeta de crédito.

 

Brodnitz también sugería que las empresas se preocupan demasiado por el posible lado negativo de la protección de la privacidad. Por ejemplo les preocupa que la mayoría de los clientes rechacen recibir publicidad basada en su información personal. Pero a los consumidores, señalaba, les gusta la idea de privacidad más que su propia seguridad. “Todo el mundo quiere una póliza de privacidad, pero nadie se molesta en leerla. Las empresas deben darse cuenta de que la gente quiere tener capacidad para salirse aunque luego no lo haga”.

 

La protección de la privacidad no es únicamente un obstáculo para ganar dinero, añadía Brodnitz. También supone oportunidades. Las empresas que ya ocupan posiciones de confianza -como bufetes de abogados o firmas de corretaje-, podrían presentarse a sí mismas como protectores de la información privada. Los consumidores podrían autorizarles emitir juicios sobre cuándo y hasta qué punto debería revelarse su información privada.

 

Pero este tipo de negocios posiblemente no llegue a existir a menos que las leyes federales clarifiquen la multitud de leyes de protección a la privacidad vigentes en Estados Unidos. En todo caso, el mare mágnum de leyes actuales puede entorpecer y encarecer los negocios, afirmaba Seltzer de Brooklyn Law School. “No tenemos una legislación que comprenda todas las leyes de privacidad de datos, y las empresas, por tanto, tienen que desenvolverse en un enredo de leyes estatales y federales”.

 

En el ámbito federal, las empresas deben enfrentarse a una variedad de leyes que protegen la privacidad en diferente grado. “La información sobre temas sanitarios está altamente regulada por [la Health Insurance Portability and Accountability Act]”, señalaba Seltzer. “La información financiera goza de alguna protección, y la Federal Trade Commission puede perseguir prácticas comerciales engañosas”. Por ejemplo, ChoicePoint –proveedora de servicios de identificación y verificación de credenciales con sede en Georgia-, “debido a una brecha en su seguridad, tuvo que llegar a un acuerdo con la Federal Trade Commission valorado en 15 millones de dólares, incluyendo 5 millones en concepto de compensación a los clientes”.

 

Sin una legislación federal, los casos individuales básicamente se reducirán a meros contratos. Poseer el perfil online de una persona, esto es, su identidad y comportamiento cuando navega por la Red, y la capacidad de la empresa para utilizarlo depende del consentimiento que haya dado cuando se registró en las páginas web. “La gente debería tener mucho cuidado al firmar estas cosas”, advertía Setzner. Las cláusulas aceptadas inconscientemente pueden hacer mucho daño.

 

La protección online que se brinda en Estados Unidos, a pesar de todo lo rudimentaria que pueda parecer a veces, está a años luz de la ofrecida en otras partes del mundo, en especial en mercados en desarrollo como la India. Obviamente la India se ha convertido en uno de los principales receptores del outsourcing de tecnologías de la información, lo cual significa que parte de la información de los consumidores acabará inevitablemente allí. Y no está muy claro qué compensación recibiría un consumidor estadounidense si su información personal se extraviase por ejemplo en Bangalore.

 

“Posiblemente, al final se convierta en un tema político”, reconocía McCullagh de CNET. “Los datos se pueden filtrar o extraviar en cualquier parte del mundo. Pero siempre y cuando el país tenga un sistema legal que funcione deberíamos incluir en nuestros contratos cláusulas para dichos casos”.

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