La dudosa satisfacción de tener una vivienda en propiedad

Durante generaciones tener una vivienda en propiedad ha sido la base del sueño americano, el fundamento de una familia feliz y la garantía de seguridad financiera a largo plazo. Ahora, un nuevo estudio pone en duda esa idea tan arraigada. De acuerdo con Grace Wong Bucchianeri, profesora de Activos Inmobiliarios de Wharton y autora del estudio en cuestión, aunque los dueños de viviendas se sientan muy felices con sus casas, tienen también más problemas, pasan menos tiempo con los amigos y pesan más en comparación con aquellos que pagan alquiler y viven en inmuebles de tamaño similar.

Investigaciones anteriores sobre el estado de ánimo de los dueños de vivienda propia mostraron que ellos se sentían orgullosos y satisfechos de asociar su nombre a una conquista. Según Bucchianeri, sin embargo, cuando se establece el control sobre una serie de variables, el concepto de vivienda propia parece no proporcionar una felicidad mayor que la experimentada por alguien que rellena un cheque para el pago del alquiler.

En un estudio titulado “¿Sueño o desilusión americana? Beneficios particulares y externos de la vivienda propia” [The American Dream or The American Delusion? The Private and External Benefits of Homeownership], Bucchianeri analiza los datos relativos a cerca de 600 mujeres de Ohio y los compara a los registros fiscales y del censo para evaluar de qué modo la casa en propiedad afecta al estado de ánimo y los sentimientos de las personas, así como sus interacciones sociales. “Los dueños de vivienda propia presentan unos resultados más positivo, pero si tomamos en cuenta las características básicas como renta, estética del inmueble y salud, esa ventaja desaparece”, explica Bucchianeri. “Eso significa que nuestra percepción de que los propietarios de inmuebles se encuentran en una situación mejor que quien paga alquiler se debe, según todo indica, a observaciones informales. Tal impresión puede no sostenerse cuando los datos se analizan al detalle”.

Infelicidad e hipotecas subprime

La investigación de Bucchianeri es particularmente importante hoy en día, puesto que el estallido de la burbuja inmobiliaria ha desgastado mucho, tanto desde el punto de vista financiero como psicológico. Tras la crisis de las hipotecas subprime, Bucchianeri dice que sus descubrimientos podrán ayudar a futuros compradores a analizar con más detenimiento la motivación para la compra de un inmueble. No se debe pensar exclusivamente en la posesión del bien en sí, considerado uno de los principales ingredientes para alcanzar una vida con sentido y de éxito. Quien paga alquiler tal vez no tenga tanta libertad y flexibilidad en la vida. Además de eso, a largo plazo, quien vive de alquiler está expuesto a ciertos riesgos financieros. “Pero constatamos que la vivienda propia también presenta riesgos”, añade.

Es interesante resaltar que la investigación de Bucchianeri se basa en datos de 2005 reunidos, por lo tanto, antes del colapso del sector inmobiliario. Incluso en un periodo de optimismo, en que la vivienda propia era percibida como una inversión financiera, la investigadora constató que la mera posesión de ese tipo de bien no representa necesariamente la realización de un sueño. “En general, encontré pocos indicios de que los dueños de una vivienda sean más felices en uno de los siguientes factores: satisfacción de vida, estado de ánimo en general, sentimientos, emociones y afecto en casa”, observa Bucchianeri. “De media, el dueño de un inmueble residencial tiene más momentos de tristeza (que de alegría) proporcionados por la casa y por el hogar”.

Bucchianeri, que es dueño de una vivienda desde 2005, dice: “Sé que tener una casa trae consigo cosas no muy agradables. No creo que se trate de una experiencia para todo el mundo. Digo eso tanto en el plano financiero como emocional”.

Bucchianeri dice que su investigación podrá servir para contrarrestar la creencia ampliamente extendida de que la casa propia es sinónimo de incontables beneficios personales y sociales. La investigadora destaca que en una encuesta de 2003 hecha por Fannie Mae, un 74% de los entrevistados dijeron que “poseer algo” es motivo para adquirir una casa. La autora resalta que sin un análisis más detallado, las cuestiones relativas a políticas públicas como, por ejemplo, el mantenimiento de la deducción fiscal sobre los intereses de la hipoteca, u otros programas específicos del sector de la vivienda, podrán verse perjudicados en virtud de informaciones incompletas o equivocadas. “Esa visión romántica de la casa propia está conectada a beneficios privados y externos de peso que están separados de los beneficios de consumo específicos de la casa propia”, señala el estudio.

Bucchianeri exploró tanto las medidas subjetivas como objetivas para determinar los beneficios particulares de la casa propia y de la implicación cívica. Buena parte de la investigación consiste en una encuesta del bienestar, del perfil demográfico y del consumo del tiempo según informaciones proporcionadas por las mujeres entrevistadas en el condado de Franklin, Ohio, que incluye la ciudad de Columbus, la mayor del Estado. Los entrevistados dividieron sus actividades en diversos periodos, o episodios, del día a día. A continuación, relataron el grado de intensidad de diez sentimientos vividos en cada parte del día según si se sentían impacientes, competentes/confiadas, tensas/estresadas, felices, deprimidas/tristes, interesadas/concentradas, cariñosas/amigables, tranquilas/relajadas, irritadas/nerviosas. Bucchianeri contrastó esos datos con los datos de otra investigación y con medidas específicas como, por ejemplo, el historial de impuestos sobre la propiedad, para valorar la calidad de la vivienda y así controlar las diferencias existentes en la calidad de sus construcciones.

La investigadora analizó también la intensidad de las emociones producidas en cada episodio para, según eso, elaborar una medida neta de estado de ánimo de cada entrevistada en la investigación hecha en Ohio a lo largo de todo el día. Además de los datos de los episodios, las entrevistadas tuvieron que responder a preguntas más amplias sobre el nivel general de satisfacción de vida. Se les pidió también que respondieran en qué medida se sentían alegres o tristes a consecuencia de factores diversos de sus vidas como el vecindario, instalaciones físicas de la casa, hogar, hijos, familia y actividades comunitarias.

Alegría frente a sufrimiento

En su análisis, Bucchianeri se concentró en las respuestas individuales y en las preguntas sobre satisfacción en general, principalmente aquellas más relacionadas directamente con la investigación sobre la casa propia como, por ejemplo, el nivel de alegría o de descontento derivado de las instalaciones físicas y del hogar propiamente dicho. Bucchianeri usó datos del censo de 2000 para contabilizar factores como educación, renta familiar y precios medios de vivienda que le permitieron añadir otros controles y así obtener datos según los cuáles sería posible decir si la casa propia hace a las personas más felices y más satisfechas con sus vidas.

A primera vista, los descubrimientos realizados reflejan la percepción tradicional de que, en general, los dueños de casa propia tienden a sentirse más satisfechos con sus vidas y también con los vecinos y la familia. Pero, aún antes de hacer cualesquier ajuste en los datos, quedó claro que los propietarios de viviendas propias se sienten también insatisfechos con su casa en la misma proporción e importancia a la satisfacción que la casa propia les proporciona. La investigación de Bucchianeri muestra que aún después de aplicados los controles relativos a la inseguridad financiera —citada con frecuencia en la investigación anterior como principal factor negativo para los propietarios de vivienda—, éstos relatan un nivel de insatisfacción mayor asociado a la de su casa. La investigación tiende también a refutar teorías según las cuales los dueños de casa propia son más felices porque disfrutan de mayor autoestima y de una percepción mayor de control sobre sus vidas.

En general, el propietario de casa propia tiende a dedicar menos tiempo a actividades de ocio o con los amigos, tiene mayor volumen de experiencias negativas durante ese periodo, tiene menos placer en su implicación amorosa y las demás relaciones y suele disfrutar menos de la compañía de otras personas, según muestra el estudio. Bucchianeri señala que tales resultados no respaldan la percepción de que los propietarios de casa propia son individuos “gregarios”, pero tampoco los muestran excesivamente ocupados con el trabajo doméstico. De media, ellos gastan menos tiempo en ocio —cerca de tres puntos porcentuales— en comparación con el entrevistado medio de la muestra, que pasa un 13,4% del tiempo en ocio activo.

Sobre todo, el propietario medio pesa, en general, 5,5 Kg. más, según la investigación. El estudio no encontró diferencia significativa en la calidad del sueño, utilización de píldoras para dormir o de medicación antidepresiva.

Casa propia y participación social

Además de analizar esos beneficios particulares, o individuales, Bucchianeri examinó también los aspectos cívicos de ser propietario. Una vez más, constató que a diferencia de la percepción tradicional, los dueños de inmuebles residenciales no son muy diferentes de aquellos que alquilan un inmueble en lo que concierne a la participación cívica o social. El estudio señala que el descubrimiento más espectacular en lo referente a la interacción social es que los propietarios de casa propia pasan, de media, de un 4% a un 6% menos del tiempo interaccionando con amigos y vecinos y tienen una gama mayor de sentimientos negativos al interaccionar con otras personas. Al mismo tiempo, esos individuos pasan un tiempo semejante al de los no propietarios con sus cónyuges, y menos tiempo con los padres y parientes. “De momento, los resultados son contrarios a la idea de que quien posee casa propia tiene una vida familiar más activa o mejor. En realidad, hay indicios de vida social menos activa y menos agradable”, señala Bucchianeri.

En relación a la casa propia, participación cívica y interacción social, Bucchianeri comparó indicadores como trabajo voluntario, satisfacción o sufrimiento derivados de actividades en la comunidad y sufrimiento de origen político, pero no encontró diferencias significativas entre propietarios de vivienda. La investigadora constató también poca diferencia entre propietarios e inquilinos respecto a la participación religiosa o a la satisfacción derivada de ella.

Al examinar la participación cívica de los propietarios en relación a la tasa de casas propias en el vecindario de las entrevistadas, Bucchianeri constató que la existencia de indicios de tasas más elevadas de propietarios en los grupos de perfil demográfico y de renta familiar de las entrevistadas tenía como resultado un menor grado de insatisfacción con los vecinos. “En los resultados obtenidos, constaté que si el individuo estuviera rodeado de personas que, como él, también poseen casa propia, eso hace que esa persona disfrute de su vecindario y contribuye a una actitud positiva”, observa Bucchianeri. La investigadora añade que tales descubrimientos muestran que mirar la condición de propietario frente a la de inquilino, en ese contexto, puede ser una estrategia demasiado limitada. “Tal vez fuera más interesante analizar la mecánica de ese fenómeno para captar el tipo de interacción que tiene lugar entre los propietarios”.Bucchianeri observa que, a pesar de las evidencias de que los propietarios de vivienda propia no parecen vivir en una especie de sueño, los resultados encontrados tenderían a un sesgo ascendente de resultados positivos para ellos. La casa propia puede tener también como resultado nuevas posibilidades de descontento que Bucchianeri estudiará en el futuro, inclusive la satisfacción o el descontento que sienten los propietarios como resultado de su situación relativa a la vivienda. La autora dice que es difícil obtener datos sólidos, “pero creo que, en general, a las personas les gustan vivir en códigos postales donde el valor de las viviendas está por encima de la media, porque se sienten reflejadas en su aura”.

Bucchianeri advierte que su investigación no debe ser utilizada como argumento contra la adquisición de una vivienda propia, así como la idea abstracta del sueño americano no debe ser utilizado como un respaldo generalizado para la compra de vivienda propia. Las personas deberían pensar bien en lo que pretenden obtener con la adquisición de una vivienda”, dice. “Es realmente difícil, pero es preciso pensar más al respeto en vez de aceptar simplemente la creencia popular y, a causa de ella, adquirir un inmueble”.

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