La posición de Obama y McCain sobre el comercio global

Aunque no sea un tema tan comprometido como la guerra de Irak o el precio de la energía, los diferentes puntos de vista de John McCain y Barack Obama en temas de comercio global podrían -en opinión de varios profesores de Wharton-, no sólo reflejar sus divergencias en materia económica, sino también las diferentes actitudes de los candidatos ante temas de relaciones exteriores.

Normalmente, en temas de comercio los candidatos siguen las predecibles líneas marcadas por sus partidos. El republicano McCain es un defensor del libre comercio y estaría a favor de nuevos acuerdos comerciales bilaterales. Por su parte, el demócrata Obama es más prudente y propone una revisión de los acuerdos comerciales actuales y de sus efectos sobre el medioambiente y sobre los trabajadores estadounidenses.

Según el profesor de Derecho de Wharton Philip Nichols, la amenaza de Obama para abandonar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte con México y Canadá (más conocido como NAFTA ó North American Free Trade Agreement), podría suponer serios problemas en las relaciones de Estados Unidos con sus más cercanos aliados. Por su parte, McCain es un fiel defensor del libre comercio y ha sugerido que la existencia de acuerdos comerciales con Oriente Medio sería una buena estrategia para conseguir una paz duradera. “A simple vista parece que McCain es obviamente el candidato pro comercio y Obama es el candidato anti-globalización”, dice Nichols.

El debate presidencial sobre el libre comercio en el actual contexto global no es tan sencillo, sostiene Nichols. De hecho, tras la Guerra Fría el mundo ha entrado en una era en que las relaciones complejas entre jugadores de gran tamaño –como la Unión Europea, el Este Asiático y economías emergentes como Brasil, India y China-, están sustituyendo a las alianzas fraguadas durante el viejo orden mundial, donde Estados Unidos y sus aliados estaban enfrentados a la Unión Soviética y los suyos.

El modo de pensar de McCain y sus asesores procede de la época de la Guerra Fría; es muy probable que el candidato demócrata no esté muy abierto a nuevas estructuras globales que de alguna forma aminoren la influencia de Estados Unidos, sugiere Nichols. “Obama y sus asesores –aunque no están especialmente versados en temas de comercio-, proceden de una nueva era y un nuevo modo de pensar. Esto es importante porque Estados Unidos posiblemente sea en estos momentos una de las naciones menos respetadas del mundo. Hemos logrado ofender a prácticamente todo el mundo que quería ser nuestro amigo; muchos de los asesores de McCain son responsables de ello. No existe ninguna señal evidente de que McCain esté interesado en apartarse de las políticas seguidas en los últimos ocho años”.

En opinión de Nichols, Obama “para bien o para mal” es respetado en el resto del mundo y, a partir de esa buena voluntad, podría crear nuevas alianzas económicas y geopolíticas que fuesen apropiadas para el nuevo orden mundial y que generasen beneficios sostenibles en temas económicos y de seguridad. “Para la gente de todo el mundo es un modelo a seguir; podría conseguir arrinconar toda forma de pensamiento propia de la Guerra Fría. Obama podría representar el modo de que la gente adopte nuevos puntos de vista sobre el comercio”.

No obstante, Nichols es muy crítico con la amenaza de Obama de reabrir NAFTA, aunque en su opinión tal vez se trate simplemente de una pose del senador de Illinois durante las primarias. “Obama ha sido muy consistente, incluso como senador, en sus críticas a NAFTA”, explica Nichols. “NAFTA es imperfecto. Debería ser un acuerdo mucho más amplio, pero la amenaza de abandonar NAFTA no tiene ningún sentido. Tenemos que reconstruir las relaciones con nuestros vecinos más cercanos, no pulverizarlas”.

Durante su estancia en el Senado, McCain ha apoyado sistemáticamente los acuerdos de libre comercio, incluyendo NAFTA, que fue una pieza central de la presidencia del demócrata Bill Clinton. Mientras, Obama votó en contra del Tratado de libre comercio de América Central y la República Dominicana, pero apoyó un acuerdo de libre comercio con Omán; asimismo se opuso a futuros acuerdos con Corea y Colombia. Ambos candidatos prometen una revisión de la asistencia y formación de los trabajadores estadounidenses para ayudar a aquellos que pierdan sus empleos como consecuencia del comercio exterior.

NAFTA y UE: diferentes enfoques

El profesor adjunto Gerald McDermott, profesor de Economía Internacional en Moore School of Business, Universidad de Carolina del Sur, también señala la importancia del comercio sobre las relaciones internacionales como factor clave en el debate. McDermott ha realizado diversas investigaciones sobre el desarrollo de las instituciones políticas, económicas y sociales relacionadas con NAFTA, y sobre los acuerdos comerciales necesarios para que los países puedan acceder a la UE. Sus investigaciones muestran que el sistema europeo ha tenido mucho más éxito que NAFTA a la hora de utilizar el comercio para fomentar un crecimiento económico estable y continuado entre sus estados miembros, ya que exige el desarrollo de nuevas instituciones relacionadas con 31 políticas, incluyendo la protección medioambiental, la regulación de los mercados de capitales o la seguridad alimenticia.

“NAFTA se está anquilosando estrepitosamente porque no se está produciendo ningún desarrollo institucional ni integración institucional de los países involucrados”, explica McDermott. “Ese es un problema muy serio. Estados Unidos considera que el comercio es algo que está totalmente separado de los aspectos internos de nuestra política económica, de la política y de la geopolítica”.

La Unión Europea exige que los nuevos países miembros empiecen a crear los cimientos institucionales que sostengan el crecimiento económico antes de permitirles incorporarse a su ámbito comercial. “El proyecto de la UE es principalmente un proyecto político, y uno de sus beneficios es la expansión económica”, señala McDermott. “En cuanto a NAFTA, no hay nada relacionado con la creación de capacidad. Existe muy poca integración o coordinación institucional”.

McDermott cree que es poco probable que McCain piense en el comercio en términos generales, mientras que la campaña de Obama –con notable preocupación sobre los estándares laborales y medioambientales-, indica cierta disponibilidad a vincular los sistemas políticos con el comercio. No obstante, aún es muy pronto para averiguar si únicamente se trata de una estratagema política para arañar votos en los estados muy industrializados o para apoyar legítimamente la existencia de unas fuertes instituciones económicas para desarrollar el comercio con países vecinos.

“Las señales que se pueden observar en el grupo de Obama muestran que son indudablemente mucho más conscientes de las implicaciones geopolíticas del comercio; hay gente muy seria vinculada a la campaña que piensa ser proactivo y lanzar iniciativas en Latinoamérica y el Sudoeste Asiático”, dice McDermott. “No existe ningún indicio de que el grupo de McCain vea las cosas de forma integrada. Por un lado tienen una cosa llamada comercio y les gusta. Luego hay otra cosa llamada seguridad, que es lo prioritario”.

En opinión de McDermott, una de las causas por la que los mercados mundiales están en declive es que durante los últimos ocho años Estados Unidos ha dado un paso atrás a la hora de asumir un papel de liderazgo en la integración económica global. En consecuencia, las multinacionales, bancos de inversión y gestores financieros se mueven en un terreno de incertidumbre. “Eso genera pesimismo y también volatilidad. El mundo no espera que adoptemos el papel de prestamista de último recurso, sino que espera que Estados Unidos, como mayor economía mundial, adopte un papel de liderazgo en la evolución de los mercados. Con NAFTA y en la Organización Mundial de Comercio no se ha observado liderazgo alguno porque en esta última administración los asuntos internacionales se circunscribían estrictamente al ámbito militar”.

Después de décadas de liberalización comercial tras el final de la Segunda Guerra Mundial, las elecciones a la presidencia de este año se van a producir en un momento de incertidumbre de los regímenes comerciales globales debido al fracaso en julio de la Ronda Doha de la Organización Mundial del Comercio. Los acuerdos propuestos por Estados Unidos con Corea y Colombia también han sido rechazados en el Congreso.

El profesor de Empresa y Políticas Públicas de Wharton Howard Pack sugiere que el fracaso de la Ronda Doha se debió a diversos desacuerdos sobre el comercio agrario, aunque también influyeron otros temas relacionados con las peticiones de China, Brasil y la India para reivindicar su mayor estatus económico.

Las disputas se centraron básicamente en la política agrícola, la cual, en opinión de Pack, preocupa más en Europa que en Estados Unidos. Estados Unidos no estaba dispuesto a dar la espalda a sus incondicionales aliados de la OTAN en Europa para obligarles a abrir los mercados agrarios hasta el nivel que Brasil y sus aliados deseaban.

Pack cree que todo esfuerzo para vincular el comercio con las condiciones medioambientales o laborales supone un nuevo modo de proteccionismo apoyado por algunos trabajadores organizados. “Desde el punto de vista de los sindicalistas estadounidenses, lo que quieren es socios comerciales para que adopten los mismos estándares laborales y medioambientales que existen en Estados Unidos … pero excluyendo el comercio internacional básico”.

Pérdida de empleos en Estados Unidos

Es habitual que en los debates sobre el libre comercio los candidatos se acaben centrando en las pérdidas de empleo. No obstante, en opinión de Pack la liberalización normalmente beneficia a los consumidores y a la economía en su conjunto a través de menores precios de los productos importados. Pero la gente que pierde sus empleos debido a la mayor competencia de otros países siente las consecuencias directamente y posiblemente traslade su descontento al ámbito político. Aquellos que se benefician gracias a los nuevos empleos relacionados con la importación o a un mayor poder adquisitivo posiblemente no consideren el comercio global como una prioridad cuando acuden a las urnas. Lo mejor sería continuar con el libre comercio y contar con políticas –como políticas de formación o subsidios de recolocación-, para ayudar a aquellos que se hayan visto desplazados, explica Pack. “En mi opinión, a medida que la campaña se vaya desarrollando, en los temas económicos el comercio será secundario en comparación con la energía o cuestiones sobre el desastre financiero”.

Según Pack, McCain comparte la misma agenda sobre el libre comercio que Clinton y el Presidente George W. Bush; no obstante, es posible que al final Obama también adopte esa misma postura. “Esto es una campaña electoral; lo que hagan una vez alcanzada la presidencia podría ser completamente diferente. Pero no estoy del todo seguro”.

Durante la campaña electoral, es muy probable que en temas de comercio ninguno de los candidatos exponga una agenda detallada; el comercio es un campo de minas peligroso en el ámbito político, dice la profesora de Gestión de Wharton Heather Berry. Los detalles sobre los regímenes comerciales globales son recónditos, complicados y fácilmente malinterpretados incluso por votantes inteligentes, explica Berry. La mayoría de los candidatos suelen eludir el tema siempre que sea posible para evitar ofender a los votantes, ya que a través de fragmentos de entrevistas en los medios resulta muy complicado transmitir fielmente tu postura.

“El comercio es un tema muy interesante porque ningún partido está completamente a favor o en contra del libre comercio. No resulta fácil utilizar dicho tema en tu beneficio y fácilmente puede causarte problemas porque siempre resulta un tema complicado”, explica Berry. “En año de elecciones, después de las primarias los candidatos no suelen ser muy específicos”. Así, Berry señala que durante la campaña primaria entre Obama y la senadora Hillary Clinton, estos dos demócratas cambiaban su enfoque de los temas dependiendo de si estaban en un estado proclive a la pérdida de empleos, como por ejemplo Ohio. En opinión de Berry, dicho comportamiento podría surgir de nuevo en la campaña general.

Votantes con razón de causa

En opinión de Berry, independientemente del nivel de detalle que adopten los candidatos, los votantes podrían desarrollar un marco para evaluar los temas comerciales leyendo estudios objetivos sobre el impacto del comercio. Es fundamental comprender el problema para poder así evaluar si las soluciones propuestas por los candidatos tendrán algún impacto. “Si el problema es la pérdida de empleos, ¿es consecuencia de NAFTA o es resultados de los avances tecnológicos o del menor crecimiento económico?”, pregunta Berry. “¿Qué problema hay con el comercio? ¿Qué soluciones se proponen? ¿Cuáles son las alternativas? Los votantes y los candidatos deberían basarse en análisis serios sobre el impacto del comercio antes de considerar la posibilidad de modificar los acuerdos comerciales existentes”.

Asimismo, en opinión de Berry los votantes deberían considerar el potencial cataclismo provocado por una modificación de los acuerdos comerciales. Uno de los participantes podría desear reabrir un acuerdo, pero en cuanto se abren las renegociaciones, éstas se convierten en una calle de doble sentido: Los socios podrían a su vez demandar cambios que empeorarían la posición inicial del país. “Cuando decides renegociar también estás abriendo las puertas al debate de otros posibles temas del interés de tus socios”, advierte Berry. “La reapertura de un acuerdo puede poner en peligro algunos de los beneficios logrados”.

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