¿Es la renta básica universal una buena idea?

¿Y si todo el mundo pudiera recibir un ingreso garantizado, estuviera trabajando o no? Esa es la idea detrás de la renta básica universal (RBU) que está ganando terreno en todo el mundo. Funcionarios del Gobierno, algunos ejecutivos de la industria de la tecnología, filántropos y académicos de todos los continentes defienden la idea como una forma de combatir la creciente desigualdad de riqueza y proporcionar un nivel mínimo de ingresos, ya que las nuevas tecnologías van a destruir puestos de trabajo en el futuro. Sin embargo, la eficacia y la viabilidad del programa están lejos de haber mitigado los debates. Hay que superar obstáculos políticos para que se convierta en realidad.

Este año, la RBU fue un tema candente en el Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, después de la discusión en 2016 sobre un “mundo sin trabajo”. En enero, Finlandia ha puesto en marcha un programa piloto que dará 560 euros por dos años a 2.000 adultos en paro en lugar de beneficios sociales. Estas personas tienen derecho a la renta incluso si encuentran trabajo. El Gobierno de la India también apoyó la idea. La provincia de Ontario, Canadá, también tiene previsto poner en marcha un programa piloto; el año pasado, los suizos sometieron la RBU a un referéndum en que finalmente fue rechazada.

En EE.UU., algunos pesos pesados de Silicon Valley apoyan la idea. En una reciente Cumbre de Gobierno Mundial en Dubai, Elon Musk, consejero delegado de Tesla, dijo que la tecnología autónoma dará lugar a altos niveles de desempleo y, por tanto, “será necesario” algún tipo de RBU. Pierre Omidyar, fundador de eBay, está poniendo a prueba la idea en Kenia, mientras que Y Combinator, una incubadora de empresas de nueva creación de tecnología, está poniendo en marcha un programa piloto en Oakland, California. Otros, sin embargo, como Bill Gates, uno de los fundadores de Microsoft, aún no están convencidos de la idea. Gates dice que los países, incluido EE.UU., no pueden permitirse ese lujo y que, por tanto, los gobiernos deben centrarse primero en ayudar a los pobres, los ancianos y los discapacitados.

La idea de Sam Altman, presidente de Y Combinator, es un ejemplo de fervor desinteresado detrás de la RBU. “Creemos que todos deben tener suficiente dinero para satisfacer sus necesidades básicas, sea cual fuera el caso, sobre todo si hay suficientes recursos para hacer esto posible”, escribió Altman en un blog. “Creemos que un nivel mínimo de seguridad económica va a dar a la gente la libertad para seguir sus estudios o su formación, encontrar o crear un mejor trabajo y planificar su futuro”.

La RBU tiene algunas justificaciones prácticas y filosóficas, como explica Matthew Bidwell, profesor de Gestión de Wharton. Desde el punto de vista de la filosofía, “un argumento es que todos nos beneficiamos de las inversiones en la sociedad realizadas por las generaciones anteriores. La riqueza de todos nosotros se encuentra respaldada por los avances tecnológicos y la creación de instituciones en el pasado. La RBU permite que los beneficios de la sociedad sean compartidos por todos”.

En términos prácticos, añade Bidwell, “la RBU es más simple de introducir que otras formas de ayudas sociales, ya que no requiere la comprobación de la falta de recursos para que la persona sea candidata a recibirlo. Otras formas de beneficios sociales también pueden reducir el incentivo para trabajar, ya que los beneficios son eliminados a medida que aumenta la renta recibida. La RBU no tiene este problema”.

Aunque el debate sobre la concesión de una renta garantizada dura ya con algunos años ─cinco grandes experimentos se realizaron en EE.UU. y Canadá en los años 60 y 70 con resultados mixtos─ la idea resurgió en los últimos años con el aumento de los temores de que la tecnología del vehículo autónomo, la inteligencia artificial y la robótica puedan acabar con un gran número de puestos de trabajo. No hay consenso sobre el tamaño de la repercusión, pero una estimación de 2013 en la Universidad de Oxford muestra que el 47% de los empleos en Estados Unidos están en riesgo de ser automatizados en 20 años.

Sin embargo, Peter Cappelli, profesor de Gestión de Wharton y director del Centro de Recursos Humanos de la institución, dice que todavía no hay evidencia de que la robótica se traducirá en desempleo masivo. Kent Smetters, profesor de Economía de la empresa y Políticas públicas de Wharton, dice que “la evidencia muestra que la robótica es complementaria al trabajo e induce a un aumento en los salarios de los trabajadores cualificados. Aunque la robótica está reemplazando algunas funciones menos especializadas, la respuesta más eficaz no es matar a la gallina de los huevos de oro, sino asegurarse de que existen programas de entrenamiento que pueden ampliar las capacidades disponibles”.

“Demasiado cara”

Desde la perspectiva de los economistas, el programa no es factible. “La gente ponderada de izquierda y conservadores con títulos en economía son casi todos contrarios a la idea”, dice Smetters. Laura Tyson, economista y ex funcionaria del Gobierno de Clinton, dijo que “la RBU para EE.UU. es algo tan extravagante como el muro de Donald Trump en la frontera con México: el costo sería prohibitivo y no resolvería el problema que pretende resolver”. La RBU beneficiaría a los trabajadores de mayores ingresos y distraería de problemas inmediatos como el estancamiento de los salarios y la pobreza persistente. En lugar de eso, EE.UU. debe ampliar los beneficios de los programas existentes, tales como Medicaid, por ejemplo, dicen los críticos.

Al mismo tiempo, el economista conservador Martin Feldstein dice que la renta universal sería “demasiado cara”. Feldstein, que trabajó para el Gobierno de Reagan, dice que pagar por el programa sin aumentar el déficit requeriría “duplicar el impuesto sobre la renta de las personas”. Una RBU para pagar a todos los americanos US$ 10.000 al año costaría cerca de US$ 3.000 millones, dice. A los economistas conservadores no les gusta porque afectaría el crecimiento económico, añadió.

“Los argumentos a favor de una RBU proceden de los políticos de izquierdas que lo consideran una manera de simplificar la redistribución de la riqueza que hace el Gobierno, así como de los políticos liberales que les gusta la idea de la redistribución”, añade Smetters. Sin embargo, “debido a los costes que representa, en general, se perdería la capacidad de llegar a los pobres al diluir el gasto entre todas las personas, por lo cual no agrada a los economistas liberales. Al final, cualquier propuesta seria tiene que tener sentido desde el punto de vista matemático, no veo que esto se apruebe en EE.UU. a lo largo de mi vida”, dice.

Otra dificultad es que para ofrecer un nivel significativo de la RBU, los impuestos tendrían que ser lo suficientemente altos como para costearla. Con bajos impuestos no se sostiene.

“La RBU sería entonces demasiado baja, lo que dejaría a los que dependen de ella en la miseria, o muy alta y acompañada de una mayor cantidad de impuestos, superior a lo que estamos acostumbrados a pagar”, dice Bidwell. “Sería muy difícil para mí imaginar que podría haber apoyo político en EE.UU. para este tipo de aumento de impuestos radical”. Sin embargo, Bidwell añade que la RBU puede funcionar en algunas naciones ricas con tasas de impuestos elevadas.

En lugar de una RBU para ayudar a los pobres, Feldstein recomienda un plan de “impuesto de renta negativo” defendido por dos economistas ganadores del Premio Nobel, el conservador Milton Friedman y James Tobin, economista de Yale, más a la izquierda. La idea de ambos es que las familias compuestas de personas menores de 65 años reciban ingresos suficientes para mantenerlos alejados de la pobreza si no tienen otros ingresos. La financiación disminuirá a medida que su renta vaya en aumento. Feldstein dice que esta es “la mejor manera de llegar a la simplicidad, la inclusión y a un costo moderado para el contribuyente”.

Estados Unidos nunca adoptó el plan de “impuesto de renta negativo” por temor a que una familia de cuatro pudiese ganar los suficiente atrayendo así a otros a solicitar el beneficio, según el New York Times. Sin embargo, el Congreso aprobó una versión modificada de dicho impuesto en forma de Crédito Fiscal para la compensación recibida [EITC, por sus siglas en Inglés], donde sólo aquellos que estaban trabajando podrían recibir el beneficio. Smetters está a favor de este plan, que cuenta con el apoyo de ambas partes y es “muy eficaz en la redistribución, y no tiene demasiada burocracia”, a diferencia de lo que ocurre con otros programas de ayuda.

Cappelli añade: “La mayoría de los países ya trabaja con la idea de una red de seguridad en forma de renta”. Por ejemplo, los pagos de la Seguridad Social en los Estados Unidos son una forma de ingreso garantizado. “El problema es la cantidad y las condiciones para la elegibilidad de la misma. En EE.UU., la importancia del trabajo para los que todavía se pueden dedicar a él es esencial, por lo tanto, no veo perspectivas de un ingreso garantizado para aquellos que pueden trabajar normalmente”, dice. “Lo que puede crecer en EE.UU. es la idea de los créditos fiscales por remuneración recibida, en el que se complementa el ingreso de las personas que trabajan pero no ganan lo suficiente para vivir”. Bidwell señala que “la gente tienen razón en preocuparse acerca de cómo la automatización está cambiando el mercado de trabajo, y las implicaciones para la desigualdad. No estoy seguro, sin embargo, de que la RBU sea la solución”.

Vincular la RBU al EITC

Benjamin Lockwood, profesor de Economía empresarial y de Políticas públicas de Wharton, está a favor de la idea de ofrecer un ingreso básico garantizado, el cual, dijo, es un término mejor que la RBU. “Parece que estamos de acuerdo ─tal vez tácitamente─ como país, sobre la importancia de no permitir que nuestros ciudadanos mueran de hambre o a la intemperie en épocas de grandes dificultades, o al pasar por un período de transición en la vida, etc.”

En la actualidad, EE.UU. ya proporcionan ayuda a los que ganan poco dando a estas personas cosas como cupones de alimentos, subsidios de vivienda y varios créditos fiscales reembolsables. “Desafortunadamente, esto ha dado lugar a un mosaico de programas que no es fácil solicitar, y son difíciles de manejar, por lo que a menudo no llegan a las personas que más los necesitan”, dice Lockwood. “La sustitución de algunos de estos programas ─excepto Medicaid─ por una renta básica garantizada simplificaría y reafirmaría el parche de nuestra red de seguridad actual”.

La garantía de un ingreso “es parte de la respuesta”, dice Lockwood. “En el momento en que la automatización o la globalización vuelvan obsoletas las habilidades, la existencia de una red de seguridad puede ser muy útil. Actualmente, muchos trabajadores desplazados se jubilan temprano, otros recurren a los seguros de invalidez. Una renta básica sería proporcionar apoyo sin impedir que los que la reciben adquieran nuevas habilidades y busquen otro trabajo”. Lockwood agregó que el Gobierno también debe animar a la gente a aprender nuevas habilidades y volver a entrar en la fuerza de trabajo, ya que esto da lugar a la interacción social y promueve la autoestima.

Al igual que Cappelli, Lockwood está a favor de un EITC ampliado ─él investigó formas de mejorarlo─ pero prefiere combinarlo con una renta básica garantizada que “efectivamente aumente los salarios y estimule el crecimiento”. Para él, la operación se llevaría a cabo de dos maneras: “en primer lugar, el trabajador desplazado se sentirían más seguro y motivado para invertir en el desarrollo de habilidades en otras industrias, lo que aumenta la posibilidad de conseguir un trabajo y un sueldo más alto, en lugar de jubilarse antes de tiempo, de recurrir a los seguros de invalidez o simplemente recortar el gasto. En segundo lugar, las empresas y los responsables políticos dudarían menos tiempo para adoptar y fomentar las tecnologías que ahorran mano de obra, tales como los camiones autónomos, por ejemplo, si estuvieran seguros de que el trabajador tiene una red de seguridad. Esto tendería a fomentar el crecimiento económico”.

En los países en desarrollo, una renta básica sería beneficiosa, especialmente para las personas en una situación financiera precaria. “Hay una creciente evidencia de que la concesión de dinero permite la adquisición de recursos útiles que la gente puede utilizar cuando lo estimen pertinente. Por lo tanto, el dinero es a menudo más eficaz y genera un “retorno de la inversión” mayor que otros tipos de ayuda internacional”, dice Lockwood. Al final, “es una señal de que incluso una pequeña renta básica puede tener como resultado un inmenso bien”.

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