Las claves del juicio de Enron

Los fiscales en el caso Enron necesitaron cuatro largos años para unir todas las piezas y llegar hasta lo más alto en la jerarquía de la empresa. Gracias a sus esfuerzos, los ex-ejecutivos Kenneth Lay y Jeffrey Skilling se enfrentan a un juicio federal penal con jurado popular que posiblemente dure más de cuatro meses.

 

¿Cómo va a ser capaz de exponer cada uno de los litigantes esta compleja historia que comprende exóticos productos derivados, contabilidad fuera de los libros y extrañas subsidiarias con nombres tan variopintos como Raptor? Los expertos sostienen que deberían aplicar una de las máximas aprendidas a partir de otros casos de fraudes corporativos: cuanto más sencillo mejor.

 

“Creo que la mejor estrategia de la acusación sería centrarse en aquellos temas sencillos que el jurado pueda comprender, fundamentalmente que estos individuos son unos mentirosos. Todo el mundo sabe qué es un mentiroso”, explica William C. Tyson, profesor de Derecho y Ética Empresarial de Wharton. Tyson añade que como las pruebas están del lado de la acusación, la complejidad del caso favorece a la defensa. Pero, además, la defensa debería intentar transmitir al jurado una imagen clara y sencilla. “La estrategia de los abogados defensores es encontrar gente que diga buenas cosas sobre Enron y lo que pasó en la empresa”, sostiene Tyson.

 

Ya está sobradamente probado que en Enron se cometieron actividades fraudulentas, pero lo que el Estado tiene que demostrar es que Skilling y Lay estuvieron involucrados en actividades de las que ellos acusan a sus subordinados, explica Robert E. Mittlestadt Jr., ex vice-decano del programa de educación para ejecutivos de Wharton y en la actualidad decano de la W. P. Carey School of Business de la Universidad Estatal de Arizona. Pero el Estado cuenta con el sentido común de su lado y la defensa lo tiene muy difícil, añade. “Va a ser muy duro para la defensa sostener que los dos ejecutivos de mayor antigüedad no eran responsables de lo que ocurría”.

 

Enron, empresa de Houston suministradora de energía que floreció en los 90 hasta convertirse en la séptima corporación del país. En diciembre de 2001, se declaraba en bancarrota, después de descubrirse que la empresa había ocultado deudas enormes y exagerado sus informes de beneficios. Parte del caso se basa en las “entidades con objetivos especiales”, un tipo de empresa subsidiaria creada por el director financiero de Enron, Andrew Fastow, para hacer desaparecer la deuda de los libros de Enron.

 

Fastow es uno de los cerca de 30 ex-ejecutivos de Enron que se han declarado o han sido declarados culpables de varios delitos. Ahora, en el juicio que ha comenzado el 30 de enero, Fastow y otros muchos van a declarar contra el ex-presidente Lay y el ex-director ejecutivo Skilling.

 

“Creo que la mejor estrategia de los fiscales podría ser recalcar que una procesión de testigos testificará que se realizaron actividades fraudulentas en Enron, y que algunos de esos mismos testigos estuvieron involucrados”, sugería David Skeel, profesor de la Escuela de Derecho de la Universidad de Pennsylvania.

 

Los fiscales acusan a Lay y Skilling de haber participado en un elaborado fraude contable debido al cual los accionistas, incluyendo miles de empleados de Enron, perdieron miles de millones de dólares. Mientras, Lay y Skilling protegían sus participaciones vendiendo miles de dólares en acciones antes de que Enron se declarase en bancarrota. Lay se enfrenta a siete cargos de fraude y conspiración, y Skilling se enfrenta a 31 cargos de fraude, conspiración, tráfico de influencias y engaño a los auditores. Si son declarados culpables de todos los cargos, cada hombre podría ser sentenciado a décadas de prisión.

 

Mentiras, no contabilidad

En un caso tan complicado, la fiscalía hace muy bien en presentar el caso “cuanto más sencillo, mejor”, sostiene John Coffee, profesor de Derecho financiero en Columbia University. Los fiscales, señala, han obtenido resultados menos-que-satisfactorios en otros famosos casos de fraudes corporativos, donde fue habitual tanto que los jurados se disolviesen al no lograr un acuerdo entre sus miembros como las condenas. “Creo que han aprendido la lección y ya se notan cambios en sus exposiciones de apertura (opening statements). Se percibe un deseo general de modernizar radicalmente el caso”. Los fiscales están oportunamente diciendo a los miembros del jurado “No se trata de contabilidad, sino de mentiras”, dice Coffee.

 

En las exposiciones de apertura, la defensa afirmó que estos dos hombres no hicieron nada malo y que ellos mismos fueron víctimas de Fastow y de otros dos ex-ejecutivos que estaban llenándose los bolsillos. El colapso de la empresa, en opinión de los abogados defensores, fue causado por un pánico injustificado entre los inversores – antiguamente algo muy habitual en los bancos-, después de descubrirse las primeras irregularidades contables.

 

Pero Mittlestaedt señala que será complicado para la defensa sostener que Fastow ejercía de ejecutivo ambicioso mientras Lay y Skilling permanecían en la sombra, considerando que el consejo de administración votó pasar por alto el conflicto de intereses para que Fastow pudiese crear sus entidades con objetivos especiales –las cuatro empresas Raptor-, con las que ganó millones. “No puedes decir que no sabían que sucedía algo raro o que algunas de las oscuras prácticas empresariales entraban de lleno en temas de conflicto de intereses”.

 

Mientras los fiscales describían rompecabezas contables y llamaban a Enron “una bomba de relojería”, la defensa afirmaba que las prácticas empresariales de Enron eran “muy habituales” y afirmaban que “la quiebra no es un crimen”. Pero en opinión de Skeel, “la defensa de Lay y Skilling se basa en que, excepto en un par de ocasiones, Enron nunca hizo nada ilegal. Esto no encaja bien con todos los detalles relatados por los testigos sobre la agresiva contabilidad de Enron y su disposición a romper las normas”.

 

Ante la interminable lista de testigos que presenta la fiscalía, en su exposición de apertura los abogados de la defensa sugirieron que muchos de estos individuos están cooperando con la esperanza de ver reducidas sus sentencias por los cargos presentados contra ellos en este mismo caso. “Desde mi punto de vista, la mejor estrategia de la defensa es señalar que muchos de los testigos de la fiscalía tienen un interés directo –reducir sus sentencias-, por retratar a Enron como una empresa envuelta en actividades delictivas”, dice Skeel. Además, muchos de los testigos de la fiscalía no trabajaron directamente con Lay y Skilling, así que “resulta difícil que demuestren que Lay y Skilling estaban violando las leyes”. La defensa debería también “repetir que Lay y Skilling generaron un clima de innovación en el que simplemente no se estaban cometiendo delitos”. No obstante, señala Skeel, podría ser complicado para la defensa afirmar que estos dos hombres no violaron ninguna ley y al mismo tiempo eran los que daban el visto bueno”.

 

En una de las exposiciones de apertura, al subrayar las supuestas mentiras de los abogados defensores, uno de los fiscales puso en marcha una cinta con los consejos que Skilling había dado a los empleados de Enron el 15 de marzo de 2001, explicando la reorganización de 240 empleados que habían trabajado en la unidad de banda ancha de la empresa. “Las oportunidades de ingresos que habíamos visto en este mercado han desaparecido”, decía Skilling. Luego los fiscales ponían una cinta grabada ocho días más tarde, cuando Skilling explicaba a un grupo de inversores que la unidad de banda ancha “iba bien” y que la recolocación de los empleados era “una buena noticia”.

 

El argumento del barco que se hunde

Para contrarrestar la evidencia de las pruebas, la defensa posiblemente empleará el argumento del barco que se hunde, esto es, que los altos ejecutivos simplemente estaban haciendo lo que se espera que hagan los líderes en caso de crisis, dice Tyson. “Algunas personas creen que los ejecutivos tienen cierta manga ancha para decir verdades a medias y poder mantener así el barco a flote. No estoy de acuerdo con la excepción del barco que se hunde, pero esa es una estrategia que la defensa podría utilizar”.

 

En opinión de Coffee, esta estrategia podría funcionar mucho mejor para Lay que para Skilling. “Lay es un caso mucho más difícil” para los fiscales, señala. Lay había hecho muchas declaraciones públicas que ahora parece que eran excesivamente optimistas, pero si se hubiese recurrido a un consejero delegado exterior para rescatar la empresa, posiblemente hubiese hecho lo mismo y no habría sido acusado de fraude. “Se espera lo mismo de un consejero delegado que de un capitán de un barco: sofocar el pánico”.

 

Skilling lo pasará mucho peor con esta estrategia, sugiere Coffee. Aunque lleva en la empresa desde 1990, Skilling fue ascendido de presidente y director operativo a consejero delegado apenas cinco meses antes de renunciar al cargo. Su brusca dimisión en agosto de 2001, unos meses antes de la declaración de bancarrota de diciembre, sugiere que era consciente que la empresa estaba en crisis y por tanto sus afirmaciones ante los inversores eran más bien mentiras deliberadas, sostiene Coffee.

 

Además, el Estado afirma que Skilling vendió 62 millones de dólares en acciones de Enron antes de que la bancarrota redujese su valor a prácticamente cero. “Creo que intuitivamente resulta evidente ante la mayoría de los miembros del jurado que si eres el consejero delegado y dimites de repente, después de haber permanecido en el cargo apenas seis meses, y luego vendes miles de dólares en acciones, todo ello es perfectamente consistente con el argumento de que estabas al tanto de que la empresa estaba en peligro mortal”, señala Coffee.

 

Los abogados defensores lo tendrán muy difícil para evitar que los acusados no vayan a prisión y el Estado cuenta con una oportunidad única para demostrar su inflexibilidad ante los crímenes “de guante blanco”. “Este juicio es realmente importante porque se podrá comprobar si se puede o no implementar la Ley Sarbanes-Oxley, y si el Estado puede hacer que asuntos complejos parezcan lo suficientemente sencillos como para que cualquiera pueda comprenderlos”, dice Mittlestaedt refiriéndose a la ley “de limpieza” aprobada tras el colapso de Enron.

 

No obstante, el pasado junio los fiscales perdieron un juicio por fraude contra Richard Scrushy, consejero delegado de HealthSouth, recuerda Mittlestaedt. “No he hablado con una sola persona que pensase que Scrushy era inocente. Si el resultado es el mismo en el juicio Enron, se generaría una profunda falta de confianza en la capacidad para ganar casos complicados de robo… Y eso no va a ayudar a la imagen pública del capitalismo”.

 

“Es importante ganar porque es un caso que está en todos los medios”, añade Tyson. “Este es el caso determinante. Se ha trabajado mucho para llegar aquí. Si los fiscales lo pierden, va a parecer que todo ha sido en vano”.

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