Las empresas extranjeras en México se adaptan a la era Trump

Las relaciones bilaterales entre México y Estados Unidos no atraviesan su mejor momento, tras la llegada a la Casa Blanca de Donald Trump. El anuncio del presidente de Estados Unidos de ‘castigar’ a las empresas norteamericanas que inviertan en su vecino del sur en lugar de dentro de sus propias fronteras, la renegociación del Nafta o la creación de un muro que separe ambos países ha generado incertidumbre sobre el futuro de la economía mexicana, muy dependiente de la estadounidense.

En este contexto, España ha mostrado un firme apoyo hacia México, tanto desde un punto de vista institucional como empresarial. Una corriente que se ha visto también entre las principales economías europeas. Hace unos días, los ministros de Exteriores de España y Alemania, Alfonso Dastis y Sigmar Gabriel, respectivamente, anunciaron su intención de viajar juntos a México para estrechar los lazos bilaterales a ambos lados del Atlántico. Desde la perspectiva corporativa, las grandes compañías españolas también han mostrado su intención de mantener sus inversiones en el país azteca. Entre las compañías del Ibex 35 (índice bursátil que agrupa a las mayores 35 firmas por capitalización), suman más de 7.000 millones de euros comprometidos en proyectos para los próximos años. De esta forma, se perpetúa una tendencia en la que España se ha convertido en el segundo inversor en México, sólo por detrás de Estados Unidos, con cerca de 40.000 millones de euros en los últimos quince años, según datos del Instituto Español de Comercio Exterior (ICEX).

Sin embargo, los expertos no están tan convencidos de que este apoyo sea tan firme como parece. “No considero que las empresas españolas hayan apoyado explícitamente a México en este momento particular; sus decisiones para exportar o implantarse en otros países dependen de las expectativas de las empresas respecto a su competitividad y respecto a la generación de resultados en los diferentes mercados internacionales”, apunta Beatriz Iñarritu, profesora de Economics and Internacional Policy Issues y European Union en Deusto Business School. En una línea muy parecida se expresa Juan Carlos Martínez Lázaro, economista de IE Business School, que considera que estamos ante “una gran incertidumbre para invertir en México” y considera que es el momento de “esperar para ver en qué se concretan las políticas anunciadas por Trump”.

Economía ‘tocada’

Martínez Lázaro explica que la propia economía mexicana ya estaba sufriendo en los últimos meses, antes incluso de la llegada del presidente estadounidense. Es más, el profesor de IE Business School recuerda que los avisos de Donald Trump provocaron la depreciación del peso, pero la divisa prácticamente ya se ha recuperado. Sin embargo, la economía azteca ya adolecía de otros problemas propios, como el conocido como ‘gasolinazo’ (incremento del precio de los carburantes de hasta un 20%), que ha disparado la inflación. Esta situación, según los expertos, ya había puesto sobre aviso a las empresas extranjeras para que actuaran con cautela en el país a la hora de plantear inversiones.

Aunque la incertidumbre pesa sobre la situación de México y el posicionamiento que deben tomar las empresas internacionales, en lo que sí están de acuerdo todos los expertos es a la hora de señalar que las reglas de juego han cambiado. Para empezar, porque el 80% de las exportaciones del país azteca iban destinadas a Estados Unidos. Hasta ahora, muchas de las compañías españolas que se instalaban en México lo hacían tanto por el coste de la mano de obra como por la oportunidad de entrar en el mercado estadounidense (también en el canadiense, aunque en menor medida).

“Es cierto que, en gran parte, el interés de muchas empresas españolas en México se centra en la demanda de Estados Unidos. Importantes sectores industriales estadounidenses (automoción o bienes de equipo) mantienen plantas productivas en México porque los costes de producción (mano de obra, auxiliares, materia prima o transporte) son más bajos y de ahí que muchas empresas españolas se hayan implantado en México para indirectamente suministrar a clientes de EEUU”, reconoce Iñarritu. En su opinión, habrá que esperar a conocer el alcance de las medidas proteccionistas de la nueva Administración norteamericana: si volverán las fábricas a Estados Unidos y si incrementará los derechos arancelarios para la producción en México. Por su parte, Martínez Lázaro no cree que “se vayan a retirar masivamente las inversiones norteamericanas de México”, pero aun así considera que las empresas españolas que tuvieran pensando desembarcar en el país azteca con las miras puestas en EEUU paralizarán temporalmente sus planes.

Dobles alianzas

Desde un punto de vista más político, todos coinciden a la hora de señalar que no hay inconveniente a la hora de tomar partido y seguir apostando por incrementar la presencia en México. “El apoyo de España a México difícilmente puede suponer alguna desavenencia con Estados Unidos”, asegura Robert Tornabell, catedrático de Banca de ESADE. Para Martínez Lázaro, se trata de rutas diferentes y ajenas entre sí, ya que las políticas de Trump van dirigidas a las compañías estadounidenses. Tornabell reconoce que hay sectores que pueden verse más afectados, como la industria auxiliar de la automoción que se instaló en la frontera y suministraba a las fábricas de coches de México y a las de EEUU (en Michigan) y que ahora está perdiendo facturación. Sin embargo, se trata de redefinir las estrategias, como ha hecho Grupo Gestamp, enfocado en los componentes metálicos de automóviles, “que ha sido el más ágil, asociándose con un grupo japonés para suministrar a los fabricantes nipones que llevan años con plantas en territorio de Estados Unidos, como Toyota o Hyundai”.

Al final, el catedrático de Esade está convencido de que “lo inteligente, y eso va a producirse, es ser un aliado de los dos países”. La profesora de Deusto hace hincapié en que “tanto México como Estados Unidos están considerados como prioritarios por el ICEX y es por ello que los dos cuentan con su respectivo Plan Integral de Desarrollo de Mercado, aunque pendientes de ser actualizados respecto al análisis de 2015”. En ambos casos, el Gobierno español identifica sectores de oportunidad para el comercio y para la inversión, además de plantear una hoja de ruta institucional, comercial (acceso al mercado y eliminación de obstáculos, promoción e imagen y apoyo financiero), de inversión, así como acciones específicas de información y formación para empresarios.

Tornabell recuerda que “lo inteligente es lo que hacen BBVA y Santander. Están en los dos mercados: en EEUU captan las remesas de emigrantes que se transfieren a México y, en éste, conceden financiación. La industria española tiene grandes oportunidades en México y firmas como Repsol, Técnicas Reunidas o Tubacex lo están haciendo con talento”. Martínez Lázaro, de IE Business School, también considera que ambas regiones no son excluyentes. Es más, considera que la presidencia de Trump puede ser una gran oportunidad para las compañías españolas en EEUU, ya que entre otras iniciativas, las inversiones que se realicen dentro de sus fronteras contarán con rebajas de impuestos corporativos (dentro de un plan fiscal de mayor calado), además del plan de mejora de infraestructuras norteamericano, que podrán aprovechas las constructoras españolas, fuertemente internacionalizadas y con experiencia en este mercado, en el que desembarcaron hace años.

Incertidumbre

Aun así, este camino no está libre de competencia, ya que otros países están tomando rápidamente posiciones. El catedrático de Esade apunta a que, por ejemplo, “Alemania, en pocos meses, ha trasladado sus inversiones de México a territorio de Estados Unidos. Lo hizo BMW y Audi VW. Según la federación de la industria alemana han creado más de 400.000 nuevos puestos de trabajo y reexportarán a otros países desde Estados Unidos”. Otro ejemplo son Bayer y Basf, dos empresas de química que han invertido en Estados Unidos, después de los anuncios de las políticas de Trump.

Para añadir más incertidumbre a las empresas, Beatriz Iñarritu recuerda que “la política comercial y de inversiones de España respecto a terceros países se enmarca en la política de acuerdos negociados por la UE” y que requieren la ratificación de las instituciones comunitarias y nacionales. Este es el caso de los conocidos como CETA, acuerdo con Canadá, o el TTIP, con Estados Unidos. La profesora de Deusto señala que “actualmente, la UE Y México se encuentran en proceso de negociación para actualizar su Acuerdo Global del año 2000. El resultado de estas negociaciones será, lógicamente, de vital importancia para las empresas con intereses en este país”. Por ese motivo, a la hora de replantear las estrategias de inversión, además de esperar a que se concreten los anuncios de Donald Trump, se impone la cautela hasta saber en qué se concretan las negociaciones entre Europa y México.

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