Los máximos del petróleo devuelven a la opción nuclear el protagonismo en el mercado energético mundial

Al mismo tiempo que el hombre empezó a depender energéticamente de los combustibles fósiles en general y del petróleo en particular, comenzó a ser consciente de que, tarde o temprano, iba a ser necesario buscar fuentes de energía alternativas porque los recursos de estos materiales se agotarían. A pesar de ser conscientes de este problema, los avances en la búsqueda de alternativas no han sido del todo satisfactorios.

Hoy, a la problemática del agotamiento de los recursos fósiles los expertos señalan que se han unido otros retos energéticos a nivel mundial: el acusado incremento de la demanda global, debido sobre todo a la irrupción de importantes economías en vías de industrialización, como las de China y la India; la elevada concentración de las reservas finales de hidrocarburos en áreas de inestabilidad geoestratégica, y la consiguiente competencia que se desatará para acceder a estos recursos; además de la obligación, tal y como señala el protocolo de Kyoto, de ir reduciendo las emisiones de gases de efecto invernadero para no provocar un importante y desastroso cambio climático.

La última tensión política
Desde enero de 2000 y hasta mediados de julio de 2006, el petróleo se ha encarecido un 235%. La aceleración ha sido más acusada en los últimos tres años, en los que el barril del crudo se ha revalorizado más de un 55%, según datos recogidos por la agencia Bloomberg.

Los precios se han vuelto a tensionar con fuerza recientemente, después de que Israel decidiera atacar Líbano como represalia por la captura de sus soldados por parte de la milicia proiraní libanesa Hizbulá. Tanto el West Texas, de referencia en Estados Unidos, como el Brent, el de referencia en Europa, han llegado a tocar máximos históricos por encima de los 80 dólares por barril.

Los analistas sitúan el precio del oro negro sobre los 80 dólares durante el verano aunque si el conflicto se complica, la cota podría llegar aún más lejos. 

Aunque ni Israel ni Líbano producen petróleo y Siria lo hace en pequeñas cantidades, el mayor temor del mercado es que el conflicto involucre a Irán, el segundo mayor socio de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), y aliado político, ideológico y financiero de Hizbulá. “Los que están implicados en todo lo que hace Hizbulá en el Líbano son los iraníes. Les dan armas, les dan dinero y les alimentan ideológicamente”, ha declarado el ministro de Transporte y ex titular de Defensa israelí, Shaul Mofaz.

Irán podría responder a un ataque bloqueando el flujo de petróleo a través del estrecho de Ormuz, en el Golfo Pérsico por el que se estima que cruzan alrededor de 16 millones de barriles de petróleo al día,  de los 84 millones que se consumen diariamente. En ese hipotético caso, algunos analistas no descartan que la cotización llegue a los 100 dólares o incluso a los 130 dólares.

Factor económico clave
“A corto plazo, el precio del petróleo se ha convertido en uno de los factores clave para la evolución cíclica de la economía mundial. Cada una de las tres últimas recesiones mundiales (1980-1982, 1991-1993 y 2001-2002) fue provocada, por lo menos en parte, por un fuerte aumento previo en el precio del petróleo”, señala Paul Isbell, investigador principal de Economía Internacional, Real Instituto Elcano.

Isbell considera que “aunque la economía mundial ha aguantado bien la subida de precios de los últimos tres años, sigue siendo vulnerable a una nueva escalada, lo que provocaría un rebrote de la inflación, empujando al alza los tipos de interés, y terminando con el robusto crecimiento actual”

En este contexto, se ha reabierto un debate sobre la energía nuclear que, en países como España, había sido paralizada, e incluso, se había decidido no utilizarla. Son muchas las voces que proponen el relanzamiento nuclear como freno al cambio climático y al incremento de precios del petróleo.

El comisario europeo de Asuntos Económicos, Joaquín Almunia, ya ha reconocido este año que aunque siempre había estado en contra, consideraciones estratégicas sobre la independencia energética de la Unión Europea aconsejan revisar la posición de desechar este tipo de energía, que, en su opinión, debe promoverse con convencimiento en todo el Viejo Continente.

En Europa occidental, Finlandia ha liderado la vuelta a lo nuclear con una planta de 1.600MW que fue aprobada por el parlamento finlandés en 2002 y que estaría en funcionamiento antes del final de la década.

Alternativa al petróleo
La decisión de Finlandia está animando a otros países europeos a relanzar proyectos nucleares. En el Reino Unido, el reciente saneamiento económico de British Energy (gestor de las plantas nucleares británicas) ha abierto la posibilidad de nuevas construcciones. En Suecia se está avanzando en el modelo de gestión de residuos nucleares con vistas a mantener la presencia nuclear en su mix energético. En países sin centrales nucleares como Italia y Portugal se debate la conveniencia de invertir en esta energía.

Para Juan Carlos Martínez, profesor del Instituto de Empresa, “la alternativa al petróleo es la energía nuclear, el carbón y las renovables. El carbón es muy abundante y no está localizado sólo en lugares conflictivos, pero contamina mucho, con una importante emisión de CO2 a la atmósfera, algo que choca con el protocolo de Kioto. Las renovables son fenomenales de cara a la contaminación pero todavía están muy poco desarrolladas. Sólo nos queda la nuclear que hoy está de moda, entre otras razones, porque ya se ha olvidado la catástrofe de Chernóbil y porque en la década de los Noventa la ignoramos por el bajo precio del petróleo”. Martínez considera que la energía nuclear posee la ventaja frente al petróleo de que “asegura una producción estable, que pueden controlar los propios países propietarios de las centrales sin depender de terceros, con unos costes que apenas varían y que, además, no emite CO2 a la atmósfera”.

Paul Isbell añade que la energía nuclear es uno de los vehículos para “conseguir mejorar la seguridad del suministro con unos costes más estables y para añadir flexibilidad al sistema energético nacional” de cada país.

El presidente de Estados Unidos, George Bush, defendió el pasado mes de mayo la opción nuclear y afirmó que por “el bien de la seguridad económica y nacional, EEUU debe avanzar drásticamente con la construcción de más centrales”.

Aunque Francesco Sandulli, del Departamento de Organización de Empresas de la Universidad Complutense de Madrid, no ve muy creíble la apuesta de Bush hacia la energía nuclear. “Que el presidente estadounidense es favorable a la energía nuclear es cierto solo en parte. El gobierno de Estados Unidos y más concretamente la comisión nacional de la política energética apuesta por modelos de generación de energía eléctrica en los que la energía nuclear juega un papel secundario. Las previsiones de generación de energía eléctrica en Estados Unidos en función de la naturaleza de la planta, según el Annual Energy Outlook 2006 with Projections to 2030, de la Energy Information Administration, el carbón será la principal fuente de generación de energía en 2030 y la Energía Nuclear crecerá comparativamente muy poco”.

Asia apuesta por el uranio
En la actualidad, las 442 centrales instaladas en el mundo aseguran el 24% de la producción de electricidad de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). En diez países europeos la energía nuclear supone más del 30% del consumo de electricidad. En España, las nueve centrales que están operativas producen la cuarta parte del consumo eléctrico, mientras que en Francia este porcentaje llega al 80% con sus 59 nucleares.

Mientras Europa y Estados Unidos se plantean la posibilidad de mirar de nuevo hacia la opción nuclear, Asia parece haberse pronunciado de forma más decidida por este tipo de producción energética. En la actualidad hay 32 plantas en construcción en todo el mundo, de las que 19 están situadas en países asiáticos. Esta región está experimentando un fuerte crecimiento económico y tiene un nivel elevado de dependencia energética exterior, por lo que está apostando por la energía nuclear como vía de diversificación.

China, el país donde más está aumentando la demanda de energía, apuesta decididamente por las nucleares. Prueba de ello es que, en los próximos 15 años, proyecta construir cuarenta centrales con las que espera obtener una capacidad de generación de 40 millones de kilowatios. Este reto viene avalado por los propios expertos, que piden a Pekín que frene el crecimiento del consumo de petróleo y recurra al carbón y a la energía nuclear.

La India cuenta con seis centrales nucleares en funcionamiento a las que se unirán, a corto plazo, otras dos, más dos adicionales entre 2007 y 2008. Su programa nuclear es ambicioso, pues pretende alcanzar los 20.000 MW instalados en el año 2020.

Puntos débiles
Pero la energía nuclear no está exenta de problemas. “El primero es el dinero, se necesitan inversiones muy fuertes para construir y para mantener en niveles altos de eficiencia las centrales nucleares. El segundo problema es la gestión de los residuos que tecnológicamente no está nada resuelta”, asegura Francesco Sandulli.

De cara al futuro, los expertos ven poco probable que la energía nuclear se convierta en la sustituta del petróleo. Martínez cree que puede ser “una energía de transición” entre, los combustibles fósiles, principalmente el crudo, y las energías renovables que tomarán el protagonismo absoluto “nunca antes de 2050, o incluso mucho más allá”.

“¿La energía nuclear sustitutiva del petróleo?”, plantea Sandulli. “Claramente la respuesta es negativa, los usos que se hacen de la energía atómica son muy distintos de los del crudo. ¿Veremos coches con motores nucleares? Probablemente no”, augura.

En esta línea se manifiesta Paul Isbell, que sitúa la clave en el hecho de que la energía nuclear sólo se utiliza para generar electricidad y no sustituye al petróleo en la que es su mayor utilidad: crear combustibles que se utilizan en los medios de transporte. Aunque añade que si en un futuro finalmente la pila de hidrógeno se afianza como alternativa para los automóviles, la gran cantidad de electricidad que se necesita para crearla podría ser generada por la energía nuclear. “Si llega a ser factible en un futuro, cualquier generador de electricidad sería muy bueno”, mantiene.

Producción eléctrica
Isbell recuerda, además, que “prácticamente no se utiliza petróleo para generar electricidad”, el único punto en el que la energía nuclear podría sustituir de forma directa al petróleo.

A pesar de ello, Marcel Coderch Collell, Secretario de la Asociación para el Estudio de los Recursos Energéticos (AEREN), habla en su artículo ‘El espejismo nuclear a la luz de la situación energética mundial’, de la hipotética posibilidad de incrementar progresivamente el parque de reactores hasta conseguir que en 2030, aproximadamente, buena parte de la electricidad mundial que está previsto generar con combustibles fósiles fuera de origen nuclear.

Según apunta Coderch, ello ahorraría enormes cantidades de gas natural y de carbón, y también bastante petróleo –con la consiguiente disminución de las emisiones- y podría forzar a la baja, o por lo menos no contribuir al alza, de los precios de los recursos fósiles y extender en el tiempo su disponibilidad.

Pero argumenta que esta oportunidad sería inviable por las dificultades logísticas y financieras que supondría un programa de construcciones nucleares de esa envergadura (construir antes de 2030 más de 4.500 reactores tipo de 1GWe para sustituir 1.511 GWe de carbón y 3.011 GWe de gas y petróleo, además de 146 reactores para renovar el parque actual y otros 72 para cubrir el incremento eléctrico previsto) y por la cantidad de combustible (uranio) que haría falta para alimentar un parque de reactores de tal magnitud.

Sandulli apuesta por el camino de la eficiencia energética como la primera solución a la dependencia del crudo. El profesor de la Complutense opina que “se deberían destinar millones de euros a la mejora de la eficiencia energética en usos residenciales e industriales”.

Sandulli considera que “se debe fomentar el uso de las energías renovables, pero es más importante trabajar en el desarrollo de energías renovables eficientes desde el punto de vista económico”. Y advierte: “Mientras no se consigan estas energías renovables eficientes, no tendrá sentido basar nuestro desarrollo económico en ellas ya que supondría una importante pérdida de competitividad frente a países como China o India con modelos económicos basados en energías tradicionales, contaminantes pero mucho más baratas”.

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