Los planes de pensiones empresariales se quedan solos ante el peligro

En 1985 la Financial Accounting Standards Board, FASB (Junta de Normas de Contabilidad Financiera) examinó varios temas relacionados con la contabilización de las pensiones de prestaciones definidas y realizó el siguiente comentario: “El modo de cuantificar los costes y registrar las obligaciones de los planes de pensiones de prestaciones definidas ha sido fuente de controversia en el ámbito contable durante muchos años”. Ahora, casi dos décadas después, son todavía temas polémicos, ya que empresas como General Motors o IBM echan a perder miles de millones de dólares en obligaciones asociadas a planes de pensiones de prestaciones definidas infra-financiados. Algunos académicos de Wharton y otros expertos se preguntan si las normas de la FASB y el propio Internal Revenue Code han podido jugar un papel significativo en toda esta disputa.

 

Las cuestiones surgidas acerca de la contabilización de los planes de pensiones han llevado a varios académicos de Wharton y otros expertos a preguntarse si las normas promulgadas por la FASB y el propio Internal Revenue Code han podido jugar un papel significativo en toda esta disputa.

 

En general, un plan de prestaciones definidas está basado en una fórmula que indica exactamente la prestación que un empleado puede esperar tras su jubilación. A diferencia de otros fondos de pensiones, el importe desembolsado por alguien con un plan de prestaciones definidas no depende normalmente de los resultados obtenidos por los fondos invertidos, lo cual significa que la empresa promotora es por lo general responsable de cualquier diferencia que surja entre la cantidad necesaria para poder cumplir con las obligaciones del plan y la cantidad de la que se dispone para ello.

 

Por el contrario, los planes de contribuciones definidas -como los planes 401(k)-, sólo tienen en cuenta la cantidad de dinero con la que se ha de contribuir, y no han generado el mismo debate. En un plan de contribuciones definidas, un empleado normalmente puede diferir una parte predeterminada de su salario –sujeta a restricciones legales y de otro tipo- a un plan con ciertas ventajas fiscales. Aunque el empleador pueda igualar parte, o la totalidad, de la contribución del empleado, es éste el que soporta el riesgo de la pérdida de la inversión.

 

Las promesas son la base de la polémica sobre las prestaciones definidas, en particular la promesa por parte de las empresas, conocidas como empresas promotoras, de pagar ciertas prestaciones a los jubilados. Utilizando el valor presente neto y otras estimaciones, los actuarios de seguros advierten a las empresas promotoras sobre la cantidad de activos (normalmente inversiones) que necesitarán en el período actual para poder hacer frente a sus obligaciones de pensiones futuras. Las obligaciones efectivamente se basan en el número de personas que tengan planes, su edad y otros factores, mientras que el valor en dólares de los activos necesarios para los fondos se basa en factores como la tasa de rendimiento esperada.

 

En opinión de Olivia S. Mitchell, profesora de gestión de riesgos y seguros de Wharton y directora ejecutiva del Pension Research Council de Wharton, una “tormenta perfecta” de circunstancias está azotando el valor de los planes de pensiones de las corporaciones y la capacidad de financiación de los mismos por parte de los promotores.

 

“En primer lugar, muchos fondos de pensiones corporativos se han invertido en Bolsa, y todo lo que ha ocurrido en el mercado de valores durante los dos últimos años ha reducido en un 10-15% las carteras de planes de pensiones estadounidenses”, señala Mitchell. “Los bajos tipos de interés también están teniendo un efecto negativo sobre los planes de pensiones de prestaciones definidas, ya que normas contables como la declaración número 87 de la FASB exigen que las obligaciones de estos planes se valoren de acuerdo con el tipo de interés actual. En consecuencia, las empresas que han promocionado planes de pensiones de prestaciones definidas han visto como el pasivo ha crecido rápidamente a medida que disminuyeron los tipos de interés, algo similar al incremento del precio de los bonos a medida que bajan los tipos de interés”.

 

Mitchell explica que este problema puede haber sido exagerado en muchos casos por la utilización de tasas de descuento excesivamente optimistas. “Bajo la declaración número 87 de la FASB, las empresas y sus actuarios de seguros tienen cierto margen a la hora de determinar la tasa de descuento utilizada para valorar el pasivo de las pensiones. Y en algunos casos puede que se hayan aplicado valores poco reales. Es más, cualquier empresa que maneje el supuesto del 9% o más, probablemente no sea vista con buenos ojos por la Securities and Exchange Commission, (SEC o Comisión del Mercado de Valores de Estados Unidos)”.

 

Mitchell señala que la tercera cuestión que daña la financiación de los planes de pensiones es el hecho de que algunos promotores de planes de pensiones sencillamente no están obteniendo beneficios. “Este es un gran problema en el sector automovilístico, siderúrgico y aéreo”, añade. “Aunque la empresa matriz empiece a entrar en números rojos, seguirá enfrentándose a gastos asociados a planes de pensión infra-financiados que alcanzan los miles de millones de dólares”.

 

Así, Mitchel señala varios ejemplos, como el plan de pensiones de United Airlines, con una necesidad de financiación de 4.000 millones de dólares; el sector aéreo en su totalidad, con obligaciones infra-financiadas que se estiman en 19.000 millones de dólares. “En el sector automovilístico, el pasado año General Motors tuvo que contribuir a sus pensiones con 2.000 millones de dólares, y puede que tenga que contribuir con 14.000 o 17.000 millones de dólares hasta 2007”, añade Mitchell.

 

¿Pueden seguir las empresas recibiendo estos golpes? Mitchell cree que la crisis de los fondos de pensiones podrían exacerbar el abandono a largo plazo de los planes tradicionales de prestaciones definidas y asimismo podría originar otras preocupaciones.

 

Por ejemplo, Inglaterra ha adoptado la declaración número 17, la cual obliga a las empresas a valorar sus fondos de pensiones según su valor de mercado –el enfoque de mercado- en lugar de según sus valores históricos. Además, el British Accounting Standards Board (Comité Británico de Normas de Contabilidad) parece estar intentando convencer a la International Accounting Standards Board, IASB (Junta Internacional de Normas Contables) para que apruebe una exigencia similar.

 

“El resultado final ha sido que en Europa muchas grandes empresas han eliminado sus pensiones de prestaciones definidas. Cada vez en mayor medida las empresas se decantan por planes tipo 401(k), los cuales se han vuelto muy populares en Estados Unidos durante las dos últimas décadas”, comenta Mitchell. “A pesar de que así se puede proteger a los promotores frente al riesgo de la infra-financiación, el riesgo de los mercados de capital se traslada a los trabajadores que, al igual que sus equivalentes estadounidenses, están preocupados por su futuro”.

 

En consecuencia -añade-, hay una creciente demanda de productos de inversión que incluyan garantías, como pueden ser las rentas vitalicias o los fondos de valor estable. “Por ejemplo, en Alemania, los planes de contribuciones definidas deben garantizar el principal, mientras que en Chile es obligatorio que los planes de pensiones ofrezcan una tasa de rendimiento garantizada. Estos planes son muy atractivos para aquellos adversos al riesgo, pero el trade-off de tales garantías puede que sea una menor tasa de rendimiento”.

 

En Estados Unidos un informe reciente elaborado por Deloitte & Touche examinó 80 empresas medianas y grandes: el 40% de las encuestadas afirmaba que en 2003 sus gastos asociados a las pensiones aumentarían más del 50%. Otras 20% esperaban incrementos del 26-50%, mientras que el 16% de las encuestadas creían que estos gastos subirían entre un 11 y un 25%.

 

Según dicho informe, la “enorme restricción en la financiación” está conduciendo a más de 4 de cada 10 empresas a realizar -o considerar realizar- cambios fundamentales en sus planes de prestaciones definidas. El informe señala que el 12% “ya han decidido de hecho hacer algunos cambios y que el 31% está evaluando otras alternativas posibles”, incluyendo los planes de participación en los beneficios.

 

“Las empresas que modifican sus planes de pensiones debido exclusivamente a la volatilidad de la Bolsa y los altos gastos actuales podrían estar cometiendo un terrible error”, comenta David Hilko, uno de los portavoces del grupo de empleados de la oficina de Chicago de Deloitte & Touche. “Las estrategias de reclutamiento y de retención deberían aportar beneficios”.

 

“Realizar cambios ahora no solucionará el tema de la financiación”, añade Hilko. “Las empresas aún deben compensar esos enormes déficit bajo las normas del Internal Revenue Service, IRS. Es más, los gastos de las prestaciones a menudo aumentan a corto plazo cuando las empresas cambian de planes, lo cual simplemente sería algo a añadir a la actual crisis de gastos”.

 

¿Cuál es la solución? Siguiendo con su analogía de la “tormenta perfecta”, Mitchell señala que un incremento del 10-15% en la Bolsa y un modesto aumento de los tipos de interés podría significar “una crucero tranquilo” para los planes de prestaciones definidas y para las percepciones de los promotores de estos planes de jubilación.

 

Mientras tanto, el problema puede llegar a ir más allá de los efectos directos derivados de las subidas y bajadas de la Bolsa. El profesor de contabilidad de Wharton Wayne R. Guay señala que las directrices para la elaboración de los informes no reflejan con exactitud los cambios en el valor de los activos de los planes de pensiones. “Los actuales principios de contabilidad generalmente aceptados distorsionan la cuantía de los gastos (o ingresos) reconocidos en la cuenta de resultados”, añade. “La contabilización de los activos y pasivos de los planes de pensiones sigue realizándose de una manera extraña y podría verse beneficiada por algunos cambios”.

 

Guay señala como el tratamiento actual de los activos y pasivos -a través de una variedad de maniobras técnicas-, obliga a las empresas a aplazar una parte de los beneficios o pérdidas del período actual relacionados con las pensiones, lo cual conduce a que se “suavicen” los resultados anuales. 

 

“Esta suavización en la contabilización de las pensiones surge del hecho de que los gastos en los planes de pensiones son demasiado elevados en caso de resultados inesperadamente altos de la Bolsa, ya que sólo se puede reconocer una parte de la diferencia entre el rendimiento actual de los activos y la tasa de rendimiento esperada; y esta diferencia será muy pequeña en caso de que la Bolsa obtenga unos resultados pobres”, explica. “Ahora mismo estamos en un período de resultados inusualmente bajos. A finales de los 90 tuvimos un período de resultados inusualmente altos”.

 

Guay compara el principal tema de discusión -el tratamiento contable concedido a ciertas partidas- con las preguntas que han ido surgiendo sobre otra polémica –la contabilidad de las stock options– y afirma que “si los analistas y demás interesados se tomasen el tiempo necesario para leer detenidamente las notas a pie de página descubrirían qué es lo que pasa en la empresa. Si no las leen, entonces se llevarán sorpresas”.

 

Como norma general, la FASB -añade Guay-, cree que informar a través de las notas a pie de página es normalmente “inferior” a registrar esos mismos datos directamente en las cuentas de resultados y el balance. “Muchos académicos no están convencidos de estas diferencias”, comenta Guay. “Creo que los costes en los que tendrían que incurrir los negocios y las instituciones que determinan las normas contables para modificar la contabilización de las pensiones podrían perfectamente superar los beneficios de trasladar dicha información desde las notas a pie de página a los informes financieros”.

 

A medida que en el ámbito contable nos dirigimos hacia la elaboración de normas de carácter global, se podría pensar que la FASB estaría interesada en el enfoque de mercado que la IASB ha adoptado. Pero según Pat Durbin de FASB, la organización no debe precipitarse.

 

“Durante el pasado año hemos oído ciertos rumores, procedentes de diferentes medios, acerca de la contabilización de los fondos de pensiones”, señala. Pero en diciembre, aunque varios miembros sugirieron introducir el tema de las pensiones, y otros relacionados con la jubilación, en la agenda de la FASB, la junta directiva lo rechazó. “Miembros de la junta pidieron al personal más definición respecto a los temas a tratar y cuáles deberían ser los más importantes. Se trata definitivamente de un paso adelante hacia la convergencia internacional, pero la contabilización de las pensiones no está en la lista de prioridades de la junta”.

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