Los siete poderes, de Álex Rovira

“Decía Andersen que los cuentos se escriben para que los niños se duerman, pero también para que los adultos se despierten”. Por eso, el profesor de ESADE, Álex Rovira, ha decidido que su último libro sobre management sea un cuento y no una mera exposición de teorías sobre gestión. Los siete poderes se ha posicionado, en poco menos de dos meses, como uno de los libros de no ficción más vendidos en España, al igual que ocurrió con La buena suerte, la última obra de este autor, que fue traducida a más de treinta idiomas. En esta ocasión, Rovira ha escogido personajes típicos de una historia medieval para explicar siete valores fundamentales que definen al buen líder, pero también necesarios para forjar la personalidad de niños y adultos que han de encarar sin miedo y con éxito los retos diarios de la vida. Rovira explica qué es el coraje, la responsabilidad, el propósito, la humildad, la confianza, el amor y la cooperación a través de una sencilla historia que transmite la idea de que, como decía Schopenhauer, “el destino baraja las cartas, nosotros las jugamos”.

 

La historia comienza cuando Nul, el malo de la historia, secuestra al hijo de un rey bueno y sabio. A falta de un heredero que gobierne justamente el reino de Albor, el soberano elige a un Joven Caballero para que sea su sucesor, pero éste decide intentar primero rescatar al hijo del rey, pese a que todos los que han aspirado primero han fracasado en el intento y nunca han vuelto de la Tierra del Destino. Para completar su gesta, el Joven Caballero cuenta con los consejos de tres caballeros –Cap, Cop y Cor- y de la joven doncella Alma, además de un mago, un búho que le acompaña en su viaje y un niño que le ofrece la inocente mirada de aquellos que no están contaminados todavía por estereotipos, clichés y miedos infundados. Aunque parece que la elección de los nombres carece de importancia, Rovira, explica a Universia-Knowledge@Wharton que los tres caballeros “simbolizan nuestra mente (cabeza – Cap), nuestra acción (golpe – Cop) y nuestros sentimientos (corazón – Cor). Son las voces de nuestro diálogo interior convertidas en personajes de ficción”. Nul representa la pérdida total, la nada, la nulidad, ya que encarna “el miedo que nos bloquea, la angustia que nos paraliza y la paranoia que nos lleva a ver enemigos donde no los hay”. Rovira explica que el personaje malvado es también el espejo de la ambición sin límites, frente a los valores que representan el Joven Caballero y el rey.

 

El soberano encarna la sabiduría que se adquiere con el tiempo y la experiencia y defiende la idea de que “sin retos no podemos crecer. El miedo al fracaso mata la vida […] Si piensas que no puedes, no podrás. Si piensas que no te atreves, no lo harás. Si crees que estás vencido, lo estás […] La mayor derrota no consiste en no superar un reto, sino en no intentarlo siquiera. La batalla de la vida no siempre la gana el hombre más fuerte, el más ágil o el más rápido, sino aquel que cree que podrá hacerlo”.

 

Los consejos de los caballeros van dirigidos a la forma en la que una persona ha de afrontar los retos que se le plantean. Cap está convencido de que “por difíciles que sean las circunstancias que te rodeen, adopta siempre una actitud positiva”. Cop asegura que “la verdadera fuerza está en la acción, en el ensayo y en el aprendizaje a través del error”. Cor va un poco más allá y considera que “con la vida se nos dan dos dones: tiempo y libertad de elegir. Invierte el tiempo inteligentemente, pero sobre todo elige según los dictados de tu corazón. Tu compasión puede regir no sólo tu destino, sino también el destino de muchos, ya que no estamos solos y todo cuanto hacemos afecta directa o indirectamente a los demás. Elige siempre en tu vida el camino del amor, el camino del corazón, ya que no hay hombre a quien el amor no haga valiente y lo transforme en héroe”.

 

“Tuyo es el reto; tuya deber ser la elección. Nadie puede decidir por ti, como nadie puede pensar, aprender ni buscar por ti”. El autor apela así a la responsabilidad de cada uno a la hora de afrontar una actividad, como la del directivo que lidera un equipo para lograr unos objetivos. Aunque el personaje principal es un Joven Caballero, el autor matiza que “cualquiera de nosotros, sea cual sea nuestra edad, género o circunstancias tenemos continuamente una serie de retos que debemos superar si queremos seguir andando con dignidad y con realización el camino de la vida”. Por eso, Rovira define siete poderes, siete valores, que han de guiar este proceso para que concluya con éxito. Sin embargo, el viaje del Joven Caballero a la Tierra del Destino no significa que siempre se pueda conseguir todo aquello que uno se propone. El autor asegura que le gusta definir el destino como “aquello que seguro que te sucede si no haces nada para evitarlo. La Tierra del Destino es una metáfora de la inercia, de la vida en la que no hacemos nada para cambiar, para crear nuevas circunstancias que nos traigan la prosperidad, el bien común, la realización.

 

Por otro lado, hay personas que son arquitectos de destino y que son capaces de transformar radicalmente su vida y la de los demás mucho más allá de lo que nos podríamos imaginar si tenemos en cuenta cuáles eran sus circunstancias de partida. Los arquitectos de destino son creadores de buena suerte y funcionan desde la aplicación de las siete actitudes que definen los siete poderes”. Aun así, este profesor de ESADE matiza que “no cualquier reto es afrontable. Pero muchos retos que nos parecen imposibles no lo serían si nos atreviésemos a hacerles frente y nos quedaríamos pasmados de ver la capacidad que tenemos las personas para llegar a mucho más allá de lo que, de entrada, nos podemos imaginar”.

 

Para poder enfrentar esos retos, ya sean empresariales o de cualquier otra índole, es necesario reunir siete valores que no todo el mundo posee o a los que no se les presta la suficiente atención: coraje, responsabilidad, propósito, humildad, confianza, amor y cooperación. Rovira asegura que “todos son fundamentales y normalmente no puede existir uno sin el otro. Además, el orden en el que aparecen en el libro no es baladí y obedece a una lógica. El primero es el coraje, ya que sin él es imposible crear nuevas circunstancias, salirnos de lo conocido y atrevernos a crear una nueva realidad. Sin la responsabilidad no podemos aprender de nuestros errores y hacer de la vida un proceso de mejora continua. Para perseverar, avanzar y crecer es necesaria la visión y la voluntad que se encarnan en el poder del propósito. La humildad es imprescindible si no queremos vernos cegados por la vanidad y perder, rápidamente, todo lo conseguido. Sin confianza no es posible construir ningún proyecto sólido y estable, ya que es ella la que actúa como un firme agente de cohesión de las relaciones personales. Pero sin el poder que nace del amor y que se encarna en la acción que busca el bien común no existiría los demás poderes, creo que éste es, sin duda, el más importante de todos. Finalmente, la cooperación es la consecuencia natural de los seis poderes anteriores”.

 

Coraje

Rovira asegura que “el coraje no es la simple ausencia de miedo, sino la conciencia de que hay algo por lo cual merece la pena arriesgarse. El coraje convierte la amenaza en oportunidad”. En su viaje a la Tierra del Destino, el Joven Caballero descubre que la actitud con la que uno se enfrenta a los retos también es muy importante, ya que “tanto el optimista como el pesimista acaban muriendo, la diferencia reside en cómo han vivido la vida y, por tanto, en cómo encaran la muerte”. Cuando el protagonista del cuento tiene que enfrentarse a un gigantesco dragón, aprende la lección de que no es más valiente aquel que se lanza a una batalla perdida de antemano, sino el que piensa y medita hasta entender cuál es la naturaleza de su enemigo.

 

Responsabilidad

El autor de los Siete poderes define la responsabilidad como “la capacidad de dar respuesta a los errores, cambios, fracasos y crisis que se nos presenta en la vida. El verdadero éxito no es posible a menos que seas responsable y vivas todo revés como una gran oportunidad de aprendizaje”. El Joven Caballero deberá tomar duras decisiones durante su aventura para poder pasar a la siguiente prueba y rescatar al hijo del rey. Cuando se presenta una oportunidad, hay veces en las que el propio instinto indica que algo no va bien, que pasa algo raro. La responsabilidad lleva a cada uno a sopesar las distintas posibilidades y aprender que no siempre el camino más rápido es el correcto, ya que los atajos pueden llevar directamente a una trampa de la que es muy difícil escapar. No sólo hay que ser responsable con los demás, sino también con los principios personales y los valores que uno cree defender a favor de una causa, aunque, a veces, induzcan al error. Las sabias palabras del rey explican el poder de este valor: “Si viviera mi vida sintiéndome infalible, siempre culparía a otro; no podía enmendar mis errores y nada aprendería ni cambiaría. Vería en el otro al enemigo que causa mis males cuando yo, en esencia, soy causa de la buena o mala suerte que nace de mis actos”.

 

Propósito

Para Rovira, el propósito es “voluntad y entrega para lograr que un sueño se haga realidad. Más hace el que quiere que el que puede”. Este valor está íntimamente relacionado con la responsabilidad, ya que “la verdadera realización, el verdadero éxito, no es posible a menos que tengas la libertad de fracasar. Sólo quien se atreve a fracasar estrepitosamente es capaz de hacer realidad sueños que en apariencia son imposibles”. Durante su viaje, el Joven Caballero aprende que “para llegar, hay que empezar”, es decir, hay veces en las que “no nos atrevemos a hacer muchas cosas no porque sean difíciles. Más bien son difíciles porque no nos atrevemos a hacerlas”, asegura el autor.

 

Humildad

“La humildad nos permite ver las cosas como son, sin las deformaciones que genera la lente de la vanidad. La vanidad ciega, la humildad revela”. De esta forma define el autor el cuarto poder. Si de algo se le ha acusado durante décadas a los grandes directivos y empresarios es de falta de humildad. Para el autor, “las personas verdaderamente poderosas tienen una gran humildad. No tratan de impresionar; sus principios no son objeto de exhibición gratuita y permanente, su presencia es inspiradora y eleva el espíritu. Invitan, indican y ofrecen, pero no manipulan ni hacen uso de la coacción, la amenaza o la agresividad para lograr sus fines. Saben definir una dirección y un sentido. Son íntegros y coherentes. Predican con el ejemplo. Conocen y reconocen al otro. Y, por encima de todo, escuchan”. Camino a unas altas montañas, su siguiente prueba, el Joven Caballero asegura que “demasiado a menudo las personas se sienten cómodas con la vanidad. ¿Qué ocurriría si nos librásemos de ella? En primer lugar, dejaríamos atrás las falsas ideas de grandeza que conducen en muchos casos a la propia destrucción. En segundo lugar, aprovecharíamos la energía disponible para entregarnos a lo que realmente importa: cultivar la excelencia y ayudar a quienes nos rodean a percibir sus cualidades, virtudes y a brillar”.

 

Confianza

Rovira considera que “la confianza es lo que nos permite asumir retos aparentemente imposibles y superarlos. La confianza es la fuerza que nos eleva hacia los anhelos”. Como el resto, este valor está relacionado con los otros poderes anteriormente mencionados. Es necesario conocerse a uno mismo, identificar fortalezas y debilidades, al igual que se hace con un competidor, pero lo importante es seguir adelante y tener confianza en uno mismo. “¡Fracasaréis si seguís donde estás! ¡Sin arriesgaros no avanzaréis en la vida!”, le grita una pared de piedra al Joven Caballero cuando se encuentra ante un abismo al que podría caer si intenta cruzar. Su aventura habría terminado si no hubiese confiado en que podría pasar al otro lado y continuar su camino, aunque esto tampoco implica que haya que lanzarse a misiones suicidas. Hay que ser realista ante los retos, pero aquellos “que dicen que algo es imposible no deberían interrumpir ni molestar a los que trabajan para hacer ese algo posible”, asegura Rovira. “¡Sin arriesgarnos, nos encadenamos a nuestro propio miedo al fracaso!”.

 

Amor

En opinión del autor, “el mayor de los poderes es el amor, que se manifiesta en la acción conjunta de las personas que combinan sus talentos para hacer que los sueños individuales y colectivos se hagan realidad en pos del bien común. De él nacen todos los demás poderes”. El amor está fuertemente ligado con la pasión en realizar una hazaña o enfrentarse a un reto. “Los arquitectos del destino, creadores de poder, trabajan para desarrollar posibilidades y circunstancias, y evitan caer en el recurso fácil de la queja estéril, la amenaza gratuita o el victimismo permanente, que destruyen la fuerza interior”, asegura el rey del cuento. El amor por los demás empuja al ser humano no sólo a hacer cosas por bien común, sino a poner todo el empeño posible en ellas. El monarca, desde la experiencia y la sabiduría de la vejez, apunta: “Observa y verás que todos los seres humanos que han hecho grandes realizaciones coinciden en un aspecto: no creían en al casualidad. Creían en la fuerza de la voluntad. Estaban convencidos de que las cosas no sucedían gracias a golpes de suerte, sino por una compleja relación causa-efecto, en la que ellos decidían ser siempre causa”.

 

Unión y cooperación

“Cualquier poder, si no se basa en la unión, es débil. Sin cooperación no hay progreso ni prosperidad”, asegura. En su opinión, no hay que entender el poder como una ley para dominar a los demás, sino como un proceso de excelencia personal y de servicio al otro. Esta unión es consecuencia del anterior poder, el amor. A lo largo de su aventura, el Joven Caballero descubre la posibilidad de hacer cosas inimaginables si todos unen sus fuerzas y trabajan como un equipo. La figura del líder adquiere aquí especial relevancia como catalizador de ese equipo que ha de cooperar para superar cualquier reto.

 

Y como todo cuento, colorín colorado, esta historia se ha acabado. Y aunque casi todos fueron felices y comieron perdices, como en las mejores novelas de intriga, el autor ha creado un mundo mágico con un sorprendente final. ¿Conseguirá el Joven Caballero rescatar al hijo del rey? o ¿tendrán que acudir más caballeros a la Tierra del Destino? Los siete poderes presenta, desde la inocencia de un cuento para niños, las claves para que cada uno emprenda su propia aventura y reúna el coraje para tomar las riendas de un destino que sólo a él le pertenece.

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