Madre y trabajadora: Dos actividades difíciles de compaginar en Alemania

Anke Merz dejó su trabajo como gerente de marca global en Procter & Gamble, en Londres, en diciembre de 2002, tras siete años en la empresa. Le encantaba trabajar, pero quería volver a Alemania para estar cerca de su marido, que se había quedado en el país mientras ella pasó más de tres años en el extranjero.

 

Trece meses después, en enero de 2004, Merz dio a luz a su hijo Alexander y escogió ser ama de casa por un tiempo. Merz, de 38 años, planea volver a trabajar en algún momento, aunque sabe que no será fácil. No es que considere que sea difícil encontrar una posición a tiempo completo, dada su experiencia laboral; lo que ocurre es que Merz encontrará dificultades para encontrar un lugar donde puedan cuidar a Alexander, que ya ha cumplido tres años, mientras ocupa un puesto de trabajo exigente que requiera flexibilidad y viajar frecuentemente.

 

Miles de mujeres se ven reflejadas por la misma situación que pasa Merz. Aunque el gobierno alemán proporciona a los ciudadanos buenos permisos para que se dediquen a asuntos de familia, ser una madre trabajadora en Alemania es más difícil que en otros países industrializados, según profesores de Wharton y escuelas de negocios alemanas. Esto se debe, en parte, al hecho de que la cultura todavía es muy estrecha respecto a la idea de que las madres no se queden en casa cuidando de los hijos pequeños. Tal y como dice una vieja expresión alemana, la responsabilidad de las mujeres es “Kinder, Küche und Kirche” (niños, cocina e iglesia). Pero la principal razón para que las madres enfrenten dificultades se debe a que no hay demasiada infraestructura para el cuidado profesional de los niños orientada a las madres trabajadoras. Históricamente, el sistema educativo alemán ha sido estructurado para que los niños y las niñas- desde el jardín de infancia hasta la enseñanza media- salgan del colegio al mediodía. Ésta es todavía la costumbre en muchos lugares.

 

La falta de una infraestructura que ayude al cuidado de los niños se debe en parte al gobierno, según explica Katja Seim, una profesora alemana de Empresa y Políticas Públicas de Wharton. “Hasta hace muy poco tiempo, las leyes alemanas estaban orientadas a permitir a la mujer quedarse en casa cuidando de un número grande de hijos por periodos más largos de tiempo, en lugar de poner a su disposición un sistema de cuidado de niños pequeños. Las estadísticas demuestran que la tasa de natalidad es más baja entre las mujeres con títulos universitarios. Ser madre y trabajar sale muy caro”.

 

La canciller Angela Merkel, sin hijos, ha reconocido que facilitar la vida profesional de las madres es un asunto nacional porque el país ha estado experimentando una tasa de natalidad decreciente desde mediados de los sesenta, un problema que ha aumentado en los últimos años. El 1 de enero se puso en marcha un programa del gobierno que ofrece incentivos financieros para fomentar que las mujeres tengan hijos, pero todavía está por ver el éxito de este programa.

 

Sin comedores

La época en la que Nicolaj Siggelkow, profesor de Gestión de Wharton, asistía a la escuela primaria y secundaria en Alemania, en los setenta y ochenta, llevaba una vida típica en una familia alemana tradicional. “Cuando fui al colegio en Hamburgo, el colegio empezaba a las 8 de la mañana y terminaba a la 1:30, recuerda. Iba a casa y comía, y mi madre estaba allí, y a menudo mi padre venía a casa para comer todos juntos. Ésta era la comida principal del día. Luego hacíamos los deberes. El colegio duraba la mitad del día. En el mío, no había cafetería o comedor”.

 

“El sistema de educación pública no ha cambiado desde entonces”, añade Siggelkow. “Sería estupendo si hubiera actividades de tarde en los actuales colegios. Pero es un movimiento lento en esa dirección. Todo el sistema no está preparado para esto”, añade.

 

Martin Hoegl, catedrático de Liderazgo y Recursos Humanos en la escuela de negocios WHU-Otto Beisheim, en Vallendar, Alemania, no cree que “exista un sentimiento cultural general en contra de las madres trabajadoras”, señalando que la antigua Alemania Oriental, bajo el régimen comunista, contaba con altos niveles de mujeres trabajadoras, principalmente porque el gobierno las incentivaba a que trabajaran.

 

“Sin embargo, la infraestructura parece ser un gran problema”, dice Hoegl. “A pesar de que el gobierno proporciona beneficios financieros y exenciones de impuestos a los padres, las guarderías para niños muy pequeños -a partir de los seis meses- son muy raras. Alguien casi necesitaría contratar los servicios de una niñera a tiempo completo, lo que no es económicamente posible para muchas familias o madres solteras”.

 

Hoegl añade que es muy atípico encontrar abuelos “dispuestos y disponibles para hacer de empleados a tiempo completo”. Pero incluso en los casos en los que los abuelos están disponibles, depender de ellos “reduce enormemente la movilidad geográfica de la pareja para encontrar trabajo en otro lugar”, señala.

 

En general, las empresas encuentran grandes dificultades para conseguir que las madres se queden en sus trabajos – debido en parte, irónicamente, a los generosos programas del gobierno para los padres. “En las sociedades post industriales como Alemania, observamos que algunas mujeres y hombres escogen libremente tomar tiempo libre para sus hijos, especialmente si su situación financiera se lo permite”, señala Hoegl. “Esto está apoyado por leyes antiguas de baja maternal y garantizando el trabajo de los empleados por bastante tiempo después del nacimiento. Todo esto hace que sea más difícil que las empresas puedan conservar mujeres altamente productivas en sus filas a medida que deciden comenzar una familia”.

 

Martin Moehrle, director de aprendizaje global de Deutsche Bank, en Frankfurt, discrepa con Hoegl en algunos puntos. Moehrle asegura que no habría que desestimar la presión cultural para que las madres se queden en casa con los niños, al menos durante los primeros años. “Mi impresión personal es que no se trata solo de un problema de infraestructura sino también de una mentalidad y una cultura típicamente alemanas”, dice Moehrle. “Las madres trabajadoras tienen mala conciencia si, después de un periodo de tiempo relativamente corto, su recién nacido es cuidado en una guardería o por una niñera. Existe una idea generalizada de que esto no sería bueno para el desarrollo de los niños”.

 

Moehrle añade que este punto de vista lo tienen un gran porcentaje de mujeres, no solo hombres. Además, dice que un gran número de mujeres han aparecido en programas de TV y escrito libros hablando de cómo escogieron deliberadamente quedarse en casa a cuidar de los hijos, y esto no significa que estén desfasadas con los tiempos modernos”.

 

A la manera francesa

Si algunas mujeres en Alemania todavía encuentran dificultades en esa área, la situación en otras naciones europeas es bastante diferente.

 

“Hasta hace unos 20 años, las mujeres en Alemania solían quedarse en casa, tenían hijos y dejaban que el marido fuera el encargado de traer el pan a casa”, comenta Christian Schneider, un alemán gerente de un Grupo Multinacional de Asesoría e Investigación del Centro de Recursos Humanos de Wharton. “Compare esta situación con Suecia, por ejemplo, donde el movimiento de igualdad entre hombres y mujeres sucedió mucho antes. Suecia fue uno de los países pioneros en la adopción del permiso de paternidad. Se instituyó la flexibilidad. Y Suecia se encargó de que hubiera suficientes guarderías, colegios de preescolar y de jornada completa que permitieran cuidar de los niños para que la gente, las mujeres en particular, pudieran trabajar a tiempo completo”.

 

Schneider comenta que Francia está trabajando más que otros gobiernos europeos para proporcionar centros de cuidados de niños de carácter estatal. “Incluso más que en los países escandinavos, la política familiar se percibe en Francia como algo de lo que es responsable el gobierno. Esto incluye un cuidado adecuado de los niños. Dentro de la Unión Europea, Francia ofrece la mayor variedad de servicios de cuidado de niños a los padres”, discute.

 

Entre los tipos más frecuentes de guarderías en Francia son las que se ocupan de los niños menores de 3 años. No hay cobertura para los ciudadanos por parte del gobierno a este tipo de centros, y el coste varía de 395 a 450 dólares al mes, dependiendo del tipo de comunidad en la que viven los padres, según Schneider. Para los niños de tres a seis años, existen colegios conocidos como écoles maternelles, que son gratuitas y voluntarias. Sin embargo, como forman parte del sistema nacional educativo, los padres tienen el derecho legal de usarlas.

 

“Los dos tipos proporcionan, si es necesario, cuidado todo el día”, explica Schneider. “En Francia, el papel determinante del gobierno en el cuidado infantil- y el sistema escolar en general- se percibe como algo normal. De hecho, se espera que sea así. Esto permite a las mujeres francesas integrarse completamente en el mercado laboral. Francia tiene la tradición más antigua- desde 1881- de jornada escolar completa en Europa. Actualmente, todos los estudiantes de los colegios franceses, desde preescolar a educación secundaria (lycée), asisten a colegios cuya jornada dura todo el día.

 

Aunque la media jornada de los colegios todavía predomina en Alemania, está creciendo el sentimiento público en apoyo de los colegios a jornada completa, señala Schneider. Actualmente, cerca de 1.600 colegios de este tipo funcionan en Alemania, con la mayor concentración de ellos en Berlín (Alemania oriental), y en Renania del norte-Westfalia y Renania-Palatinado (Alemania occidental), según las cifras del gobierno.

 

La deseada escuela a tiempo completo

El creciente sentimiento en Alemania hacia los colegios de jornada completa puede estar relacionado con el hecho de que un estudio actual sobre la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico – llamado el Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes, PISA (según sus siglas en inglés)- muestra que los estudiantes de los países que cuentan con colegios de jornada completa, como Finlandia, Suecia y Canadá, tuvieron mejores puntuaciones que los estudiantes del sistema de media jornada, según Schneider.

 

También es importante señalar que en Francia y Suecia, los colegios de preescolar duran todo el día, una jornada no cubierta en Alemania. Dentro del país germano, existe una gran diferencia en el número de horas que los centros preescolares permanecen abiertos: en Alemania occidental, sólo el 16% de los centros preescolares tienen clases todo el día, mientras que en el Este esta cifra es de 71%. Éste es un reflejo de las diferencias culturales entre el Este y el Oeste de Alemania”, señala Schneider. “El Este tiene una larga tradición de mujeres trabajadoras, con niños a cargo de centros para su cuidado de carácter gubernamental”.

 

Merz, la ex gerente de marca de P&G, apunta que si una madre quiere empezar a trabajar cuando su hijo tiene, digamos, tres meses, la madre podría solicitar una plaza en un Tagesstätte, una guardería de carácter privado con pocas plazas disponibles. Si no, tendría que contratar una Tagesmutter, una niñera que no duerme en casa. Por norma general, ambos ofrecen servicios hasta las 4:30 o 5 p.m. Algunos podrían cuidar de un niño algunas horas más, pero el coste es mayor. Si la madre es una profesional y trabaja muchas horas, lo que no es extraño, tendría que contratar a otra persona para cubrir el tiempo extra. Una au pair o niñera proporciona mayor flexibilidad, pero sus servicios pueden ser muy caros. A los 3 años, todos los niños alemanes tienen el derecho legal de poder acceder a un centro de preescolar, pero, de nuevo, estos colegios no son de mucha ayuda para las madres trabajadoras porque están abiertos solo la mitad del día.

 

“Al contrario de lo que se pudiera pensar, todavía se vuelve más difícil cuando los niños entran al colegio”, dice Merz. “Los colegios de primaria finalizan a las 12 o la 1 pm. Solo unos pocos colegios proporcionar (a los niños) comida y supervisión a la hora de hacer los deberes, pero todavía sigue siendo raro. Si quieres que tu hijo haga otras actividades, como música, ballet o deporte, tienes que organizarlo de forma privada”.

 

Algunas de las mayores empresas alemanas-Deutsche Bank, Siemens, Volkswgen, etc- empiezan a llenar la laguna dejada por los servicios de guardería y ya ofrecen locales propios para cuidar de los niños mientras las madres trabajan, dice Schneider.

 

La brecha de género

Alemania ha progresado a la hora de cerrar la brecha de las diferencias de oportunidades entre los sexos, pero Merkel ha dicho que es necesario lograr mayores avances. Las estadísticas parecen apoyar este punto de vista.

 

Según un estudio de 2006 del World Economic Forum, con sede en Suiza, Alemania ocupaba el noveno lugar entre 58 países industrializados y emergentes en una escala cuyo objetivo era medir hasta qué punto las mujeres habían alcanzado el mismo grado de igualdad que los hombres. En comparación, Francia ocupa el lugar 13 y EEUU el 17, mientras que los países escandinavos ocupaban las primeras posiciones.

 

La puntuación total tomaba en cuenta cinco categorías: la participación económica, oportunidad económica, poder político, preparación académica, y salud y bienestar. El lugar ocupado por Alemania refleja, en parte, el hecho de que el país solo ocupaba el sexto lugar en el segmento de mujeres con poder político y décimo en salud y bienestar. Pero Alemania ocupaba el lugar 28 en oportunidad económica, y 20 en participación económica y 34 en preparación académica.

 

Según estadísticas recogidas por el gobierno alemán, 11,6 millones de mujeres de entre 15 y 64 años estaban trabajando en 2004, el último año en el que existen datos disponibles. De estos 11,6 millones de mujeres, 7,4 eran mujeres trabajadoras. Solo el 5% de las mujeres dijeron que querían ser amas de casa a tiempo completo. Y un informe divulgado en 2006 por el Ministro Federal de Asuntos Familiares, Tercera edad, Mujeres y Jóvenes- también citando datos de 2004- dice que el 45% de todos los empleados en el sector privado eran mujeres. De todos los empleados pertenecientes al sector público, 63% eran mujeres.

 

Las mujeres están representadas correctamente en los puestos intermedios: el 41% de las posiciones en este segmento, en el sector privado, están ocupados por mujeres, 47% en el sector público. (El titular del ministerio de familia, Ursula von der Leyen, es una madre trabajadora con 7 hijos).

 

Solo el 24% de todas las “posiciones administrativas de nivel senior” en el sector privado eran ocupadas por mujeres en 2004, ante el 41% del sector público, de acuerdo con el ministerio. Esta institución, sin embargo, no definió el término “administración de nivel senior”, por tanto no se sabe exactamente que posición del ranking ocupan esas mujeres en las empresas que trabajan. En las empresas alemanas, que no usan títulos como vice-presidente senior, los miembros de los consejos de administración tienen una posición equivalente, por norma, a los ejecutivos de nivel senior en EEUU.

 

El número de mujeres en los consejos de las mayores empresas alemanas de capital abierto es muy pequeño o nulo. “Entre las 30 mayores empresas del índice DAX, no había una sola mujer en sus respectivos consejos en 2000, y no creo que eso haya cambiado”, dice Schneider. “El principal problema de Alemania en lo que respecta a la alta gerencia es que las mujeres que trabajan en grandes empresas no llegan a la cima”.

 

En una conferencia sobre delegación de decisiones en el área económica a los profesionales del sexo femenino celebrada el pasado febrero, Merkel llamó la atención sobre la ausencia de mujeres en los consejos de administración. También subrayó la necesidad de ayudar a un mayor número de mujeres a moverse a los puestos administrativos e ingresar en la fuerza de trabajo de manera general. Una necesidad especial, declaró, es proporcionar centros para el cuidado de niños menores de 3 años. “En los últimos diez años, se ha vuelto una idea generalizada en la sociedad que los niños mayores de 3 años deberían tener derecho, por ley, a una plaza en la guardería”, dijo la canciller a los presentes. “Ahora la discusión se centra en los niños menores de tres años y qué tipo de cuidados debemos proporcionarles”.

 

Libertad de elección

“Existe un principio que es aceptado por todas las partes – la libertad de elección-”, apunta Merkel. “Los países deberían ser capaces de decidir cómo y en qué medida desean conciliar la vida profesional y familiar cuando los niños todavía son pequeños. Libre elección significa libertad de elección. La libertad de elección presupone la existencia de una elección que debe ser hecha. Si hay espacio para sólo el 7% de los niños de menos de tres años en los estados federales del Oeste, muchos padres no tienen elección. En los estados federales del Este, la situación es un poco mejor. Prácticamente el 40% de los niños de la misma edad cuenta con el apoyo de instituciones especializadas, garantizando a los padres una mayor libertad de elección”.

 

Merkel también subrayó que el 40% de las mujeres alemanas con un título universitario no tienen hijos. “No podemos permitir que esa situación persista. Tenemos que pensar en alguna solución. Soy la última persona en pensar que hay soluciones simples. Pero no creo que más gente piense en empezar una familia a menos que haya instituciones que puedan cuidar de los niños y que la conciliación entre trabajo y familia esté asegurada”.

 

La canciller quedó satisfecha al observar que el 28% de las personas que trabajan por cuenta propia en su país son mujeres. “Al mismo tiempo, la presencia de mujeres en los consejos de administración es una rareza en las treinta empresas más grandes del país, conocidas por formar parte del DAX. Alguien podría decir que están desfasadas en relación a la realidad política del país. Como se ve, esto sigue siendo un gran desafío para nosotros. Algunas cosas pueden tardar mucho tiempo, pero no debemos dejar de insistir”.

 

Hoegl, profesor de la Escuela Otto Beisheim, cree que las empresas pagan un precio alto siempre que profesionales preparadas y experimentadas abandonan el empleo para cuidar de los hijos. “Perderlas provoca, por norma general, una ruptura en el planteamiento de recursos humanos”. Además, añadió que “esas mujeres se llevan conocimiento y una experiencia valiosa cuando salen de la empresa. Sustituirlas requiere entrenamiento y práctica. Cuando vuelven al trabajo, también necesitan ser entrenadas en los eventos ocurridos en su ausencia. Todo esto es fuente de muchos trastornos y acarrea muchos costes. Lo mismo se aplica, naturalmente, si el padre es quien abandona su trabajo”.

 

Moehrle, del Deutsche Bank, observa que las políticas de gobierno en cuanto a madres trabajadoras se refiere- a pesar de todos los beneficios que proporcionan- tienen un lado perverso: no ayudan mucho a esas mujeres a seguir con su ascenso profesional.

 

“El sistema alemán permite a la mujer tomar tres años de permiso por maternidad no remunerada. Después de eso, su vuelta al antiguo trabajo está garantizado”, dice Moehrle. “Creo que eso es errado porque perjudica la carrera de la mujer. Las investigaciones muestran que, en caso de un trabajo de ventas, es posible volver relativamente deprisa a su antigua productividad y desempeño. Pero si se tiene una carrera dinámica por delante con 30 años y te tomas dos o tres años fuera del trabajo, es posible que la carrera profesional no vuelva a ser la misma. Ése es un periodo de formación. En esa etapa crítica, puede ser perjudicial para que la mujer ascienda a escalones superiores de la gerencia”.

 

Deutsche Bank tomó algunas medidas que van más allá de las políticas gubernamentales, según informa Aletta von Hardenberg, gerente de diversidad del banco. Si una madre vuelve a su trabajo después de pasar una temporada con un hijo en casa y encuentra difícil conciliar el tiempo en la oficina con los quehaceres del hogar, podrá gozar de un periodo sabático de seis meses concedido por el banco. “También hacemos workshops con los padres sobre el periodo de permiso y discutimos con ellos sobre su futuro horario de trabajo. Tenemos también actividades de jardín de infancia para los niños de más de tres años”, explica Hardenberg. “Este verano tenemos servicio de guardería para niños menores de tres años. Además, trabajamos con una agencia para ayudar a los empleados a encontrar otras opciones de cuidado de niños si lo necesitan”.

 

“Dinero paterno”

De acuerdo con los observadores, gobierno y empresas tienen pocas elecciones excepto llevar adelante esfuerzos que garanticen a las madres que trabajan más oportunidades para mantener un buen empleo si así lo desean. Esto se explica, en parte, por el hecho de que Alemania necesita nuevas generaciones. La tasa de natalidad del país es baja: 1,37% niños por mujer; en Francia, por ejemplo, tiene una tasa de 1,9%; y Suecia, 1,75.

 

Desde el 1 de enero, las mujeres alemanas que trabajan tienen derecho a un incentivo financiero del gobierno que les permite quedarse un año en casa para cuidar de los niños. Las mujeres que escogen esta opción obtienen 1.800 euros- cerca de 2.370 dólares- al mes en Elterngeld, o “dinero paterno”.

 

Los incentivos financieros representan un cambio drástico en la política familiar tradicional de la Unión Demócrata Cristiana (partido de Merkel), y su partido hermano, la Unión Social Cristiana, con base en Bavaria. Conforme al artículo del Internacional Herald Tribune, durante años los partidos buscaron que las madres con preparación escolar se quedaran en casa y dependiesen del hombre para su manutención. Aún así, Merkel y Von der Leyen están intentando modernizar el partido para volverlo más atrayente para la mujer trabajadora”.

 

El Elterngeld tiene un atractivo más, ya que dan a los padres mayores posibilidades para ayudar a las madres que trabajan: si el padre del niño quiere quedarse en casa durante dos meses en una cierta etapa cuando la madre vuelve al trabajo, la ayuda concedida se extenderá otros dos meses y puede alcanzar el total de 25.200 euros, o unos 33.235 dólares.

 

Hoegl señala que los esfuerzos del gobierno son admirables, pero no atacan como deberían el problema de la falta de guarderías. “El gobierno parece estar comenzando una ofensiva en lo que se refiere a la conciliación de las actividades del trabajo y del hogar, en lugar de concentrarse en periodos prolongados de permisos maternales”, dice. “El principal impulso para eso, sin embargo, parecen ser las bajas tasas de natalidad en Alemania y los ya enormes problemas demográficos que afectan a los sistemas de seguridad social. El gobierno parece empeñado en favorecer el subsidio financiero para que las familias tengan más hijos. La escasez de guarderías para recién nacidos, sin embargo, persiste sin grandes mejoras”.

 

Aún así, hay un cierto optimismo que considera que se atenderá el tema. “Habrá presión política y de la sociedad para que las mujeres, madres y profesionales, sean contratadas, porque no tenemos alternativas”, airea Moehrle. “Una falta de recursos humanos en veinte o treinta años significa que los empleados tendrán que buscar más flexibilidad de horario y distribuir las tareas de acuerdo con ello. Los que creen que las mujeres deben quedarse en casa para cuidar de los hijos, creo que habrá un gran número de ellas que trabajarán desde casa para disponer de horarios más flexibles. Pero soy optimista, porque éste era un tema del que nadie se preocupaba hasta hace 5 años. Hoy en día hay un debate intenso”, señala.

 

Merz también se muestra optimista en relación al surgimiento de otras instituciones de apoyo a la infancia. Confía en que las cosas cambiarán: “Estoy convencida de que la próxima generación de madres gerentes tendrá una vida más fácil. Además, tengo la impresión de que llegué cinco años adelantada a ese debate”, sentencia.

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