Microfinanzas en la encrucijada

En opinión de los participantes en la Conferencia de Finanzas de Wharton de este año, la concesión de créditos a la gente pobre de los países menos desarrollados es un negocio que en estos momentos se encuentra en un momento crítico.

Por un lado, las fundaciones y otros grupos no gubernamentales han demostrado al sector privado que prestar dinero a estos segmentos de población puede ser un buen negocio. Además, en su opinión únicamente el sector privado cuenta con el capital suficiente para poder hacer esto a gran escala. No obstante, también advierten que la mera búsqueda de beneficios podría excluir a algunos de los habitantes del mundo más necesitados -en especial aquellos que viven en áreas rurales remotas-, y por tanto la misión sería un estrepitoso fracaso. Mientras, como indicador de que las microfinanzas forman efectivamente parte de la agenda global, el economista Muhammad Yunus, fundador del Banco Grameen de Bangladesh, recibía el 12 de octubre el Premio Nobel de la Paz.

La Conferencia de Finanzas, que este año llevaba por título “Creating Value in a Global Economy” (“Creando valor en una economía global”), se centró en el estado de lo que el moderador Keith Weigelt, profesor de Gestión de Wharton, denominó con ironía “el lado bueno del capitalismo”.

Breve historia de las microfinanzas

Vinay Chawla, segundo secretario de economía en la Embajada Estadounidense de Jordania, describía las microfinanzas como “un sector relativamente joven incluso a pesar de existir desde hace más de 30 años”. Durante la celebración del panel y una entrevista posterior, Mariama Ashcroft, responsable de las políticas y el impacto del sector en Africa Women’s World Banking (WWB) explicaba que la corta historia de las microfinanzas podía además dividirse en dos fases, siendo el año 2000 el punto de inflexión.

En los 90 “las ONGs (organizaciones no gubernamentales) estaban haciendo microfinanzas principalmente como misión social … contando con el apoyo de las donaciones y las subvenciones”. La única empresa de carácter completamente comercial era el Banco Grameen de Bangladesh, que operaba gracias a un acuerdo especial suscrito con el gobierno.

Pero a partir del año 2000, explicaba Ashcroft, “los préstamos institucionales crecieron enormemente. Ahora es el método de la gente pobre para acceder a los créditos. Esto supone una gran transformación de los paradigmas, con efectos tanto positivos como negativos. Se conceden más préstamos a la gente pobre, ayudando así a que creen más negocios rentables”. Asimismo, “algunas de estas grandes instituciones ahora están más dispuestas a compartir su experiencia y conocimientos … No obstante, hay instituciones que sufren presión para obtener beneficios … que se han dirigido a los segmentos no-tan-pobres, a gente que tiene avales, para tener más seguridad”.

Aunque resulta complicado disponer de estadísticas fiables, hay evidencia a todos los niveles de que las microfinanzas están creciendo drásticamente. Según el Microcredit Summit Campaign Report, 3.000 instituciones de microcréditos habían logrado llegar a 92 millones de clientes, dos tercios de los cuales “podían considerarse los-más-pobres-entre-los-pobres cuando se les concedió su primer crédito”. (Las microfinanzas incluyen los microcréditos así como otros servicios relacionados, como los seguros y las cuentas de ahorro). Asimismo, también ha crecido el número de instituciones –como el WWB con sede en Nueva York-, que asesoran a las agencias microfinancieras. CitiBank está asociado con WWB para la formación de los gestores de las instituciones microfinancieras.

La Asamblea General de Naciones Unidas designaba el 2005 como el Año Internacional del Microcrédito. Mientras, en Estados Unidos cada vez es mayor el interés por el tema. Weigelt señalaba que el interés de Wharton en los microcréditos había comenzado “hace unos tres años a iniciativa de los estudiantes”. La cuestión fundamental, decía Weigelt, es “cómo compaginar tus dos objetivos: rentabilidad y responsabilidad social”.

Los participantes en el panel ofrecieron una serie de sugerencias para fortalecer las microfinanzas, incluyendo una mayor transparencia y eficiencia en los sistemas financieros a nivel mundial, un uso más sofisticado de la tecnología en los propios pueblos, y la promoción de leyes para detectar prácticas abusivas en el mundo desarrollado para que no acaben instalándose en el mundo en desarrollo.

Olvídate del servicio de habitaciones

Asimismo, los participantes señalaron otra sugerencia tradicional que no se circunscribe a las microfinanzas: conseguir a la gente adecuada en el sitio adecuado. El capital humano en esta área “es un enorme reto”, decía Andree Simon, director asistente de la oficina ejecutiva de FINCA (Foundation for International Community Assistance), una red internacional de instituciones microfinancieras con 450.000 clientes y 130 millones de dólares en carteras de préstamos.

“Simplemente no hay mucha gente con la formación y experiencia necesarias para trabajar en áreas rurales”, sostenía. “No puedes coger a un empleado en la banca comercial y llevártelo al Congo. No hay mucha gente que esté dispuesta a trabajar en Kabul. Implica ir a sitios que te ponen los pelos de punta. Tu preocupación no puede ser el servicio de habitaciones”.

Chawla puso el ejemplo más evidente de innovación tecnológica describiendo su trabajo por diversos pueblos de la India. En el año 2000, antes de unirse al Foreign Service, se tomó un año sabático en el sector privado para trabajar con Swayam Krishi Sangam (SKS), la réplica del Banco Grameen en el sur de la India. Con SKS dirigió un proyecto para desarrollar un sistema de pago de créditos con tarjetas inteligentes gracias al cual la organización y su consejero delegado ganaron el premio TIME Top 100. “Siempre hablo de la tecnología como pilar de la eficiencia”, explicaba. “Las reuniones en los pueblos, en lugar de llevarnos una hora, duraban media hora. Y nuestros costes se redujeron a la mitad”.

Las instituciones microfinancieras “necesitan una plataforma técnica robusta”, decía Simon, y deberán desarrollar tecnologías más sofisticadas para “apoyar las tareas auxiliares. La capacidad para llegar a las áreas rurales será la clave del éxito de las microfinanzas en los próximos años”. Esto es particularmente difícil para los prestamistas comerciales, decía Ashcroft, porque es en las áreas rurales donde puede ser más complicado proporcionar el servicio. En África un banco que busque recortar costes en un entorno económico benigno posiblemente considere la opción de prescindir de algunas filiales de las zonas rurales.

No obstante, la actividad crediticia de los bancos comerciales e instituciones microfinancieras cada vez se concentra más en los individuos en detrimento de los grupos, como por ejemplo las cooperativas de los pueblos. Asimismo el tamaño de los créditos ha aumentado y ahora su impacto puede ser mayor. Hay créditos para financiar la educación … créditos en los que hay que evaluar la liquidez. Ahora hay más créditos para construir casas, no para repararlas o mejorarlas. Creo que es un cambio positivo. Pero aún así será necesario conceder préstamos a grupos”. En su opinión, cualquier prestamista “es capaz de hacer un análisis de riesgos en el ámbito rural”.

A Ashcroft, natural de Gambia, también le preocupa que los préstamos para incrementar el comercio puedan acabar perjudicando a los pequeños agricultores de África, ya que pueden subvencionar las importaciones agrarias competidoras.

Prácticas de captación abusivas

Los participantes en el panel señalaban otros hechos indicativos de que el campo operativo de las microfinanzas responde a diferentes niveles en diferentes áreas. Los préstamos individuales dieron comienzo en Latinoamérica en los 90, mucho antes de convertirse en algo habitual en otras áreas, explicaba Ashcroft. Bancosol de Bolivia fue el primer banco comercial que se transformó en ONG. Por el contrario, en opinión de Weigelt, los bancos de Oriente Medio “a menudo no cuentan con ningún mecanismo para valorar los riesgos y esto les hace más dependientes de las subvenciones”.

En Haití, añadía Simon, no hay un sistema nacional de identificación y, por tanto, resulta imposible empleando métodos tradicionales seguirle la pista a los clientes que pudieran tener múltiples préstamos en diferentes agencias. “Tienes que aceptar la palabra de la propia persona que pide el préstamo”. En respuesta, las instituciones microfinancieras desarrollaron su propio sistema de identificación “para prevenir duplicidades”. Pero se debería prestar mayor importancia al desarrollo de departamentos crediticios por todo el mundo.

Algunos participantes también hacían referencia a otra decisión difícil para las agencias que apoyan las microfinanzas: ¿deberían centrarse en las grandes instituciones -con mayor capacidad para captar capitales en estos momentos- o bien dedicar más recursos y atención a los pequeños bancos e instituciones microfinancieras para que pueda ser mayor el número de participantes? “¿Queremos centrarnos en los segmentos altos de población para que puedan llegar más arriba” o trabajar en los segmentos inferiores, preguntaba Shannjit Singh de la Fundación Grameen. “La respuesta no es obvia”, añadía. Singh es analista financiero en el Growth Guarantees Program de la Fundación, una iniciativa de avales para préstamos valorada en 31 millones de dólares que contribuye a que las instituciones microfinancieras con alto crecimiento de todo el mundo obtengan condiciones de financiación competitivas de los bancos comerciales internacionales y locales.

La propuesta de Ashcroft pasaba por un mayor apoyo a las pequeñas organizaciones. “Debemos empezar a dejar a un lado a estas grandes organizaciones”, decía. “Hay instituciones pequeñas que están pasando por grandes dificultades pero cuentan con un potencial enorme”. Singh advertía que aún se necesitará dinero subvencionado “para las nuevas organizaciones de reciente creación que tengan asociado mucho riesgo”. Y Simon hacía un llamamiento para captar incluso más fuentes de capital. “Existen 9.000 fondos de inversión en el mundo”, explicaba. “Las microfinanzas aún son un fenómeno muy pequeño”.

Simon y otros participantes subrayaban la necesidad de asegurar que la expansión de los microcréditos no iba a dar al traste con la misión social de los mismos. “Me temo que al final los bancos comerciales van a introducirse en el ámbito de los microcréditos y conceder pequeños préstamos”, decía Simone Balch, vicepresidenta de Developing World Markets, un banco de inversión comprometido únicamente con proyectos sociales que ha conseguido captar 250 millones de dólares en todo el mundo al poner en contacto a los mercados de capital y las instituciones financieras.

Éste es un tema que también preocupa a Ashcroft. “Las grandes instituciones dicen que van a hacer microfinanzas y lo que de hecho hacen es conceder créditos con costes muy elevados a los consumidores”, explicaba. “Están presionando a los clientes con estos créditos … y empleando métodos de captación que son abusivos … Necesitamos que los bancos comerciales participen en las microfinanzas, como mayoristas y como minoristas. Es el único modo de poder contribuir a mejorar los enormes niveles de pobreza del mundo”. Pero “tenemos que hacerlo bien y de manera responsable”.

Tal y como explica Simon, en Latinoamérica se ha planteado el problema del exceso de carga crediticia. “Es algo malo para las instituciones microfinancieras y también para sus clientes … Implica una mayor diligencia en el estudio de los clientes y su historial”.

Las organizaciones comerciales, añadía Simon, están deseando formar asociaciones con instituciones microfinancieras que ya cuenten con una base establecida de clientes. Pero “tienes que tener cuidado con qué gente te asocias”. Efectivamente obtener beneficios y ser sostenible son dos objetivos fundamentales, pero tal y como Simon recordaba, “el verdadero motivo por el que estamos en este negocio es ayudar a la gente a salir de la pobreza. Lo mejor para nuestro negocio será proporcionar servicios adicionales a nuestros clientes … Mi lado económico me dice que si los clientes acuden a ti es porque estás ofreciéndoles algo valioso para ellos. Pero mi parte social me recuerda que tenemos una misión que cumplir”.

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