NAFTA y la Unión Europea: El impacto de los acuerdos comerciales sobre los países en desarrollo

Las similitudes entre Polonia y Argentina eran notables.

En el momento de la caída de la Unión Soviética, estos dos países eran fuente de inspiración en sus respectivas regiones. Ambos tenían una amplia población católica de aproximadamente 36 millones de personas. Ambos estaban introduciendo reformas de libre mercado. Y después de décadas de gobiernos autoritarios, ambos estaban poniendo en marcha sistemas democráticos.

Argentina parecía una apuesta más segura. Su democracia estaba más avanzada y ya había puesto en marcha algunos programas de privatización. Los polacos empezaron de cero. Luego, en 2001 Argentina soportó varias crisis económicas severas de las que aún no se ha recuperado. Mientras, Polonia ha seguido experimentando un fuerte crecimiento económico.

Hace unos años, el profesor de Gestión de Wharton Gerald McDermott, cuyas investigaciones se centran en el estudio de las instituciones internacionales, empezó a escuchar una broma que circulaba por Latinoamérica: si quieres que tu país se enriquezca, únete a la Unión Europea. McDermott empezó a cuestionarse si detrás de la broma había algo de verdad y se planteó examinar los bloques comerciales internacionales y clubes políticos como programas de desarrollo institucional, comparando las diferencias entre la integración en la Unión Europea de los países del antiguo bloque soviético, el impacto de NAFTA en México, y el efecto de MERCOSUR –el acuerdo de libre comercio entre Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay- sobre Argentina y Brasil.

En el artículo titulado “International Integration Regimes as Development Programs: A Comparison of EU and NAFTA Accession Processes” (“Regímenes de integración internacional como programas de desarrollo: una comparación entre los procesos de adhesión de la UE y NAFTA”), McDermott y los otros dos coautores -Laszlo Bruszt, profesor de Ciencias Políticas en el Instituto Universitario Europeo, y Vanesa Sánchez, recientemente graduada en el programa Wharton Scholars para adultos-, sugieren que los marcos de integración económica tienen un fuerte impacto sobre el crecimiento de los países en desarrollo.

El artículo examina en primer lugar una variedad de indicadores de desarrollo económico y gobernabilidad, mostrando que los países de Europa del Este están obteniendo mejores resultados que sus homólogos en Latinoamérica. Además, estos países –Polonia, Hungría, la República Checa, Eslovaquia y Eslovenia-, están experimentando una mayor calidad de desarrollo económico, incluyendo la concentración de empresas de alta tecnología y negocios basados en la innovación. “Los países latinoamericanos estaban en medio de un charco cuando los países del Este que acaban de incorporarse a la UE empezaron a prosperar”, dice McDermott.

Después, estos investigadores empezaron a observar las características de ambos procesos de integración económica internacional vigentes en cada región: la Unión Europea y NAFTA.

Según explica McDermott, NAFTA es básicamente un acuerdo comercial cuyo objetivo es liberalizar el comercio entre sus estados miembros. En lo que respecta al desarrollo económico, la teoría de NAFTA es que la liberalización del comercio al final provocará una distribución más equitativa de la riqueza que fomentará la democracia. “Con NAFTA, la teoría es que si proporcionas a los actores buenos incentivos económicos, entonces esos actores públicos y privados de países menos desarrollados harán todo lo posible para mejorar su situación”.

80.000 páginas de regulación

Al principio la economía mexicana respondió ante el nuevo régimen comercial, sostiene McDermott. México experimento un desplazamiento de su productividad y un significativo incremento de sus exportaciones. “Luego, a finales de los 90, todo volvió a la calma”. Los análisis del Banco Mundial sobre la economía mexicana, añade McDermott, sugieren que el país no ha sido capaz de desarrollar la capacidad para innovar y que su economía está basada principalmente en la producción de bienes baratos con destino a la exportación.

Mientras, en Europa los nuevos estados democráticos solicitaban su adhesión a la UE; además de abrir los mercados, la UE obliga a los solicitantes a poner en marcha nuevas instituciones sociales y políticas. Además, la UE se compromete a prestar apoyo financiero a los nuevos miembros que hayan cumplido dichos requisitos. Entre 2007 y 2013 la mayoría de los países obtendrá entre el 2 y el 4% de su PIB en ayudas, dice Bruszt señalando que esto es más que lo que recibieron los países con el Plan Marshall tras la Segunda Guerra Mundial. “El sistema de integración europea está basado en las instituciones políticas y mecanismos que reducen la probabilidad de que los beneficios y costes de la integración sean distribuidos de forma desigual”.

Bruszt describe toda la maquinaria reguladora que los nuevos miembros de la UE deben implementar, la cual fija estándares para todo, desde normas laborales o de seguridad hasta la regulación de la competencia, la banca y los mercados financieros. En total los miembros de la UE deben cumplir 80.000 páginas de regulación.

“Los acuerdos comerciales tienen poco peso”, añade MdDermott. “El libre mercado tiene importantes efectos positivos y negativos, pero sólo tienen cierto alcance. Para que todas las partes involucradas consigan beneficios significativos, la liberalización del comercio de bienes, servicios y capitales debe ser complementada con una mayor integración institucional, política y social. El comercio abre las economías, pero si no lo acompañas del resto de medidas a largo plazo no se verán los benéficos del comercio”. Por ejemplo, la integración económica incluye sistemas reguladores comunes para mercados como la comida, el trabajo, el capital, etc.; la integración social incluye los flujos de trabajadores y la migración así como el mayor desarrollo de intercambios educativos y culturales; y la integración política incluye la creación de entidades supra-nacionales que elaboren leyes y regulen varios ámbitos y que sean gobernadas por representantes de todos los estados miembros.

Otra importante diferencia en estos dos marcos de integración es la capacidad de los países en desarrollo, denominados en el artículo “hermanos pequeños”, para aprender de sus “hermanos mayores” cuyas economías están muy desarrolladas.

De acuerdo con el artículo, “el éxito relativo de los países ex-comunistas es el modo en que la UE y sus hermanos mayores han experimentado con una variedad de mecanismos de cumplimiento y condicionalidad para mejorar el proceso de creación de instituciones de sus hermanos pequeños”. Por “mecanismos de cumplimiento y condicionalidad” los autores entienden los sistemas de supervisión y asistencia técnica que la UE emplea para asegurar que los miembros candidatos cumplen los criterios de adhesión, utilizan las ayudas financieras correctamente y desarrollan instituciones e infraestructuras superiores. Por el contrario, México aparece rezagado debido a la falta de institucionalización del aprendizaje y supervisión dentro del marco de NAFTA. “El objetivo de NAFTA no va más allá del libre comercio”, dice Bruszt. “Cuando nuevos miembros se unen a la UE, se convierten en miembros de la maquinaria política”.

Como miembros de esa maquinara, los “hermanos pequeños” han de cumplir las condiciones de adhesión, que son supervisadas por otros miembros del club UE. Este compromiso concede a las economías emergentes la oportunidad de ver desde dentro cómo operan los sistemas económicos de éxito. Así aprenden a crear y gestionar sus propias instituciones, dice Bruszt.

“Piensa en ello como si se tratase de un programa en 12 etapas”, sugiere McDermott. “Los grandes y avanzados miembros de la UE están cogiendo de la mano a sus hermanos pequeños y les ayudan a levantarse para poder ser buenos miembros del club. No quieres como miembro a un desahuciado”.

Capitalismo: dos puntos de vista

El artículo reconoce que existen dificultades asociadas con una integración a la europea. “El primer reto consiste en el estrés que semejante modelo de desarrollo provoca en la capacidad institucional presente y recursos financieros de los hermanos mayores. Esto hace que la cuestión del compromiso político se convierta en un tema fundamental, ya que la provisión de recompensas políticas y económicas normalmente la hacen los hermanos mayores”, se puede leer en el artículo. Tal y como McDermott señala, “una cosa es que las democracias avanzadas quieran que sus países vecinos gocen de estabilidad y prosperidad, y otra comprometerse a asumir los costes económicos y a compartir el poder después de haber fracasado en el desarrollo de las necesidades sociales internas”.

En segundo lugar, el artículo sostiene que “otro posible obstáculo podría ser la naturaleza de las condiciones y la determinación de los países. Las estrictas demandas de la UE podrían ser consideradas anti-democráticas o paternalistas, y los homólogos americanos podrían pensar que las condiciones de la UE conducen a la creación de instituciones que son, para su gusto, demasiado intervensionistas”. Por ejemplo, la UE obliga a los países candidatos a armonizar sus instituciones y leyes con las de la UE en 31 ámbitos políticos. Aunque Estados Unidos cuenta con grandes instituciones y burocracias para regular mercados (por ejemplo los mercados de capital, seguridad alimenticia, seguridad para el consumidor, relaciones laborales, medioambiente, etc.), sigue considerando que dichos temas no deberían estar relacionados de modo alguno con los vínculos comerciales y que las regulaciones de México deberían ser dictadas desde dentro y elaboradas de acuerdo con las señales del mercado.

¿Por qué son tan diferentes los enfoques adoptados ante los países en desarrollo en los principales programas de integración? Bruszt afirma que el enfoque menos “intervensionista” de Estados Unidos surge, tal vez, de una profunda fe en el capitalismo libre. Por el contrario, en Europa entran directamente en conflicto dos puntos de vista sobre el capitalismo. Uno está basado en el libre mercado, un enfoque similar al de Estados Unidos. El otro es que el capitalismo debe ser moderado por un estado altamente regulador y por protecciones sociales. “Este debate lleva vigente en Europa desde hace mucho tiempo”.

McDermott recuerda que después de la caída del Comunismo, muchos académicos predecían que, si se entraba en un periodo de recesión económica, las poblaciones de Europa del Este acabarían adoptando un estado más socialista. Ahora, 17 años más tarde, Bruszt dice que el entusiasmo pro-democracia y libre mercado que podía respirarse en las calles de Praga y Berlín Oeste sigue -en su mayoría -prevaleciendo. El mayor temor en aquellos momentos, dice McDermott, “era que la democracia y el capitalismo no fuesen compatibles, ya que amplios segmentos de la sociedad, a menos a corto plazo, podrían experimentar significativas carencias sociales y económicas y podrían utilizar ese entorno políticamente liberalizado para oponerse a las reformas”.

En opinión de McDermott, el enfoque europeo ante la integración económica parece responder, al menos parcialmente, a temas de moralidad y tal vez cierta dosis de culpa. Alemania, uno de los miembros más ricos y poderosos de la UE, fue enérgico demandando ayuda y aceptación para los países de Europa del Este. “Alemania proclamó Europa es todo Europa. El único motivo por el que los países post-comunistas no eran parte de Europa fue la Segunda Guerra Mundial y el Muro de Berlón”.

Además, dice McDermott, a los países de Europa Occidental les interesa por temas de seguridad y dada la proximidad que las poblaciones de sus vecinos en desarrollo estén contentas en sus propios países.

La prosperidad del turismo en Europa Occidental y las nuevas democracias emergentes también ha desempeñado un papel positivo en el enfoque adoptado por Europa ante sus “hermanos pequeños” en comparación con los países latinoamericanos en la esfera económica de Estados Unidos. “Creo que la tremenda cercanía fue importante en el proceso. Europa Occidental ha podido conocer a sus gentes de forma gradual”, dice McDermott. “No significa que los franceses conozcan y adoren a los polacos, pero sí que hay más interacción entre ellos”.

Otra característica geopolítica –el enorme tamaño de Estados Unidos-, podría haber desempeñado un papel relevante a la hora de adoptar un enfoque diferente de integración económica en Europa y el continente americano, sugiere McDermott. “La Unión Europea está compuesta de varios países, e incluso el mayor de ellos es de tamaño medio. Estados Unidos siempre va a tener una relación asimétrica con el resto del mundo, en especial con el resto del continente americano. Estados Unidos es un gigante. ¿Por qué querría compartir algo con alguien? No necesita compartir.

Más adelante, en el artículo se sugiere que podría haber modos de sortear semejante desequilibro.

“El proceso de integración europea no tiene un mero interés económico o filantrópico”, dice McDermott. “Es política real en un mundo multilateral. Los principales países de la UE quieren estabilidad económica, social y política. Fortaleciendo de manera activa las instituciones de los vecinos del Este a cambio de tener voz política y asistencia económica, los principales miembros de la UE consiguen un continente mucho más coherente y un club mucho más fuerte para competir en el mundo.

“El excesivo énfasis concedido por Estados Unidos a los aspectos económicos y la expansión de los mercados ha mutilado su capacidad para configurar la geopolítica”, añade McDermott. “Por todos estos motivos prácticos, NAFTA y el desarrollo institucional de México están congelados. Para conseguir una mayor integración económica es necesaria una mayor integración institucional, harmonización y modernización, y estas son importantes cuestiones políticas. ¿Quieren, por ejemplo, los mexicanos una mayor intervención de Estados Unidos y Canadá en sus vidas a cambio de asistencia técnica y económica? ¿Estaría Estados Unidos dispuesto a financiar una parte importante del desarrollo de infraestructuras e instituciones en México y compartir gradualmente con mexicanos y canadienses el poder para gobernar estos programas?”

Tal y como señalan los autores en el artículo, “Es importante reconocer cuáles son las condiciones necesarias para motivar las reformas, así como los mecanismos de cumplimiento para implementarlas. En cuanto se reconocen estos mecanismos, se pueden incluso replicar; con un poco de suerte, gracias a la abundancia de organizaciones y asociaciones de ayuda internacional que existe hoy en el mundo alguna decidirá ayudar a Latinoamérica a experimentar el mismo crecimiento institucional que los países del Este que acaban de incorporarse a la UE han logrado”.

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"NAFTA y la Unión Europea: El impacto de los acuerdos comerciales sobre los países en desarrollo." Universia Knowledge@Wharton. The Wharton School, University of Pennsylvania, [02 mayo, 2007]. Web. [14 December, 2018] <https://www.knowledgeatwharton.com.es/article/nafta-y-la-union-europea-el-impacto-de-los-acuerdos-comerciales-sobre-los-paises-en-desarrollo/>

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