¿Qué hay detrás del Premio Nobel de Edward C. Prescott?

“Me encanta crear modelos y estructuras con las que después puedo jugar”, dice Edward C. Prescott. “Los economistas crean sus propios mundos. Con nuestra economía artificial somos como pequeños dioses, deseando ver qué es lo que ocurre”.

 

El mes pasado Edward C. Prescott y Finn E. Kydland ganaban el Premio Nóbel en Economía de 2004 por dos importantes artículos de los que son coautores y que supusieron un gran avance en el campo de la macroeconomía dinámica. Tal y como comentaba la Real Academia Sueca de las Ciencias, el trabajo de Prescott y Kydland “no sólo ha transformado la investigación económica, sino que también ha tenido una profunda influencia sobre la práctica de la política económica en general y la política monetaria en particular”.

 

Es más, los dos artículos citados por la Academia Sueca acabaron por completo con la teoría macroeconómica keynesiana, cambiando el modo en que los economistas piensan sobre el diseño de la política económica y las causas de los ciclos económicos. El primero de los dos artículos seleccionados por la Academia Sueca, titulado “Rules Rather Than Discretion: The Inconsistency of Optimal Plans” (Normas en lugar de discreción: la inconsistencia de los planes óptimos), fue publicado en 1977 en The Journal of Political Economy. El segundo artículo, “Time to Build and Aggregate Fluctuations” (Hora de modelizar y agregar fluctuaciones), aparecía en Econometrica en 1982.

 

Desde hace mucho tiempo Prescott y Kydland son respetados por haber combinado con gran éxito la teoría económica y la economía aplicada. Sus trabajos conjuntos se han centrado en las interacciones entre la teoría y las estadísticas agregadas de toda sociedad, tales como el nivel del desempleo, la inflación o la productividad.

 

Prescott, profesor de economía en el W.P. Carey School of Business de la Arizona State University, ha sido consejero de las investigaciones de la Reserva Federal de Minneapolis durante 23 años. Kydland es profesor de Economía en Carnegie Mellon University y en la Universidad de California, Santa Bárbara. De hecho Kydland fue en principio estudiante de postgrado del profesor Prescott en Carnegie Mellon.

 

Durante los años comprendidos entre la “Gran Depresión” y principios de los 70 reinó la teoría económica keynesiana. John Maynard Keynes argumentaba que la política monetaria podía -y debía- utilizarse para estabilizar la economía y para mantener bajo el nivel de desempleo. Por aquél entonces el supuesto fundamental que se manejaba era que la inflación y el desempleo estaban inversamente correlacionados, de modo que cuando uno subía, el otro bajaba. En la ecuación de demanda y oferta, la clave consistía en saber gestionar el lado de la demanda. Si el desempleo era alto, un banco central debería, por tanto, poner en marcha una política monetaria expansiva para luchar contra el desempleo, aumentando por ejemplo la oferta monetaria o reduciendo el tipo de interés de los fondos federales de un día para otro. Sea cual fuese la estrategia elegida, se lograría que los préstamos fuesen más baratos y se fomentaría que las empresas hiciesen inversiones en capital, tales como la construcción de nuevas fábricas o el desarrollo de nuevas tecnologías, que a su vez impulsaría el empleo.

 

Los años 70 supusieron un varapalo para la teoría macroeconómica keynesiana, que afirmaba que el nivel de inflación y de desempleo no podía ser alto simultáneamente. Pero eso fue precisamente lo que ocurrió, y todo esfuerzo para luchar contra la alta inflación fracasó. Si a todo esto le añadimos la crisis del petróleo de 1973 y la consiguiente recesión mundial, tenemos como resultado un montón de grietas fundamentales en la teoría económica keynesiana donde las decisiones tradicionalmente se tomaban desde arriba hacia abajo.

 

Economistas como Milton Friedman y Edmund Phelps ya habían expresado su escepticismo sobre algunos aspectos de la teoría keynesiana, pero fue Robert Lucas, profesor de Economía en la Universidad de Chicago y Premio Nóbel en 1995, el que proporcionó el marco teórico que demostraba sus carencias fundamentales. En varios artículos de los años 70, que culminaban en un artículo de 1976 que se conoce como la “crítica de Lucas”, Lucas dejaba muy claro que ninguna política monetaria que no hubiese tenido en cuenta el comportamiento variable de los individuos al intentar tomar por sí mismos decisiones óptimas era viable. Tal y como explicaba Lucas, estas pequeñas decisiones, que incorporan información sobre la economía y las expectativas sobre las decisiones políticas futuras, tienen una gran influencia sobre la economía global.

 

Prescott, que recibió formación de estadística, agradece a Lucas y Phelps por haber conseguido que se interesase en la economía. “Me gustó el lenguaje del equilibrio general -con modelos y personas, con posibilidad de substitución y pensando sobre qué están haciendo todas esas personas en su entorno, endeudándose y ahorrando sabiendo que en cualquier intercambio o contrato hay siembre alguien a cada lado”, explica Prescott.

 

(Un modelo de equilibrio general se refiere a una modelización de la economía que tiene en cuenta todos sus aspectos, y en la que los individuos, empresas e instituciones como el banco central toman las decisiones que en ese momento consideran más inteligentes y apropiadas. La substitución se refiere a las decisiones que toman los individuos, como por ejemplo la decisión de gastar dinero ahora o de ahorrarlo para el futuro).

 

Prescott, influenciado desde el principio por el trabajo de Lucas, llegaba a Carnegie Mellon como estudiante de postgrado en 1963, el mismo año en que Lucas se incorporaba a dicha universidad como profesor asociado. Tras conseguir su doctorado cuatro años más tarde, Prescott empezaba a dar clase en la Universidad de Pennsylvania. Lucas y Prescott empezaron a trabajar juntos y publicaron en 1971 un artículo llamado “Investment Under Uncertainty” (Inversión bajo incertidumbre) y en 1974 otro titulado “Equilibrium Search and Unemployment” (Búsqueda del equilibrio y desempleo).

 

Mientras tanto, en 1971 Prescott volvía a Carnegie Mellon. Durante los siguientes tres años en Carnegie Mellon, “Lucas y yo tuvimos muchos estudiantes de postgrado excepcionales”, dice Prescott. “Creo que yo no los asusté tanto como Lucas”.

 

Uno de esos estudiantes fue Kydland, y Prescott enseguida se convirtió en su director de tesis. Después de lograr su doctorado en 1973, Kydland, que era noruego, volvió a su país para dar clases en la Norwegian School of Economics and Business Administration en Bergen. Asimismo hizo todas las gestiones para que Prescott visitase su universidad durante el año académico 1974-75. Esa primavera escribían su artículo sobre la inconsistencia temporal, que fue publicado dos años más tarde. Su artículo sobre los ciclos económicos se escribía en el verano de 1980, cuando tanto Kydland como Prescott ya estaban de vuelta en Carnegie Mellon.

 

El problema de la inconsistencia temporal
En el artículo “Rules Rather Than Discretion” de 1977, Prescott y Kydland afirmaron que las decisiones políticas de las autoridades monetarias son a menudo inconsistentes en el tiempo. Esto significa que los cambios en política monetaria que tienen por objetivo remediar un problema inmediato como el desempleo, a menudo tendrán ramificaciones involuntarias que actúan en contra del objetivo perseguido de reducir el desempleo.

 

Cuando un gobierno anuncia un remedio para un problema a corto plazo, los individuos y las empresas ajustan su comportamiento y toman nuevas decisiones en base a dicha información. Esas decisiones cambian el panorama económico, reduciendo los incentivos que en un principio tenía el gobierno para efectuar cambios de política económica. Así, si dada determinada situación económica un gobierno tiene capacidad para poner en marcha la política que desee, pero no puede cumplir las promesas que hace, se tendrá que enfrentar a lo que Prescott y Kydland denominaron un problema de credibilidad. Para contrarrestar esto, es mucho más inteligente que el banco central se centre en objetivos de largo plazo y no interfiera en la economía de una manera demasiado agresiva intentando impulsar el empleo o estimular la demanda en el corto plazo.

 

Este fue un “artículo fundamental”, dice Amir Yaron, profesor de Finanzas de Wharton. “Demostraron que la política que lleve hoy el banco central tiene ramificaciones [ya que] la gente se anticipa a lo que el banco central vaya a hacer en el futuro, y por tanto a lo que la gente haga, y eso tiene un efecto sobre lo que ocurrirá en el futuro que se retroalimenta. El artículo dejaba bien claro que el concepto de ser consistente con tu política a lo largo del tiempo, en contraposición a pensar únicamente en cuál es el óptimo en este momento, es realmente importante”.

 

Sin embargo, el artículo sobre la inconsistencia temporal de Prescott y Kydland no estaba inicialmente pensado para demostrar lo que acabó demostrando. Ambos tenían la esperanza de encontrar cierto equilibrio entre la teoría del control -que representaba un enfoque más tradicional y activista ante la política monetaria-, y la crítica de Lucas. No obstante, lo que encontraron fue que en su modelo las mejores políticas no eran consistentes en el tiempo. Al final se dieron cuenta de que no se trataba de un problema, sino que era la “línea de salida”, explica Prescott.

 

Un ejemplo que los autores utilizaron en su artículo tenía que ver con los seguros frente a inundaciones. Claramente un gobierno no querría subvencionar los seguros frente a inundaciones en un área propensa a sufrirlas porque fomentaría que la gente construyese en dicha zona. Sin embargo, si el gobierno declara que no subvencionará los seguros contra inundaciones, pero cuando se produce una rescata a todos aquellos que la hayan sufrido, entonces los individuos esperarán el rescate y construirán de todos modos en las áreas de riesgo. La solución por tanto es prohibir construir en las áreas propensas a las inundaciones.

 

Richard Rogerson, profesor de Economía de William P. Carey School of Business de Arizona State University, explica el dilema de la inconsistencia temporal en términos incluso más sencillos. Los padres que amenazan con castigar a sus hijos a menudo muestran un problema de inconsistencia temporal. Un padre que desea promover cierto comportamiento puede decir a un niño que no haga algo o le castigará. “Así espera influenciar su comportamiento”, dice Rogerson. “Pero el niño se da cuenta de que el padre no quiere castigarlo, así que sabe que si lo hace de nuevo no le castigará. Así pues, la política del padre es inconsistente en el tiempo y no puede lograr el objetivo perseguido”.

 

Según el argumento de Prescott y Kydland, los individuos están mejor cuando las intenciones de la Reserva Federal son claras, consistentes y creíbles. Si la Reserva Federal tiene capacidad para modificar su política, el resultado será siempre inferior al óptimo porque habrá más incertidumbre sobre la inflación, los salarios, el tipo de interés, el desempleo, etc. Esto podría llevarnos a “distribuciones aleatorias” para el nivel de dichas variables, en el lenguaje empleado por Prescott y Kydland.

 

“Las distribuciones aleatorias no son algo bueno, ya que la gente es adversa al riesgo, y este riesgo afecta negativamente a su bienestar”, dice Prescott. “Si hay demasiada incertidumbre respecto a los precios, todos los contratos mutuamente beneficiosos y de largo plazo no podrán llegar a realizarse”.

 

Así, Prescott ilustra dicha afirmación con un ejemplo personal. En 1981, cuando Prescott se mudó a Minneapolis tuvo que vender su casa en Pittsburgh y comprar una en Minneapolis. Pero por aquél entonces había una enorme incertidumbre sobre cuál sería el nivel futuro de los tipos de interés. “Los mercados de hipotecas estaban virtualmente cerrados, así que para vender mi casa tuve que conceder una hipoteca al comprador. Tuvimos que hacer algo similar aquí en Minneapolis”, dice Prescott. “Unos años más tarde, cuando el sistema se estabilizó de nuevo, conseguí una hipoteca normal y corriente. Pero existe mucho riesgo al conceder una hipoteca, y yo soy adverso al riesgo”.

 

Las investigaciones de Prescott y Kydland sobre la inconsistencia temporal desplazaron el foco de atención hacia cómo fortalecer los bancos centrales y hacerlos más independientes para asegurar su credibilidad frente a cambios económicos en el corto plazo. “Una vez que te das cuenta de que la credibilidad es importante, aumenta la necesidad de que las instituciones resuelvan o minimicen el problema de la inconsistencia temporal”, explica Rogerson.

 

A la luz de sus investigaciones, muchos bancos centrales de todo el mundo se han comprometido a seguir una política a largo plazo –implícita o explícita- para mantener baja la inflación. Por ejemplo, la política de Estados Unidos en pro de una inflación baja tiene carácter implícito. Desde principios de los 90 numerosos países, incluyendo Nueva Zelanda, Suecia y el Reino Unido, han instaurado políticas específicas para alcanzar la inflación objetivo que el banco se haya comprometido a mantener. Muchos de estos cambios realizados por bancos centrales de diversas partes del mundo son el resultado directo o indirecto del trabajo de Prescott y Kydland en ésta área, señala Rogerson.

 

Realidades en el lado de la oferta

El segundo artículo influyente de Prescott y Kydland mencionado para la concesión del Premio Nóbel es “Time to Build and Aggregate Fluctuations”. Este artículo puso la teoría keynesiana patas arriba al demostrar que los ciclos económicos eran causados por shocks por el lado de la oferta, y no por shocks en la demanda agregada de la sociedad.

 

Una de las piedras angulares de la teoría keynesiana era que una economía que funcionase bien no debería sufrir ciclos económicos, ni alta inflación, ni desempleo persistente. “Así pues, la presencia de ciclos económicos es síntoma del mal funcionamiento de la economía”, dice Rogerson. “Esa idea impregnó durante muchos años todo pensamiento económico, y estaba profundamente arraigada. De hecho, si una economía está en recesión, alguien debería ponerle remedio”.

 

El artículo sobre ciclos económicos de Prescott y Kydland mostraba que los shocks reales del lado de la oferta –como el incremento del precio del petróleo o los huracanes en Florida o la invención de una nueva tecnología-, son los principales responsables de los ciclos económicos en una economía que funcione bien. “Los ciclos económicos no son por tanto el resultado del mal funcionamiento de la economía”, dice Rogerson. “Se trata más bien de una respuesta de la economía ante los shocks que le golpean, y los responsables del diseño de las políticas económicas deben por tanto pensar de otro modo sobre los ciclos económicos”.

 

Cuando Prescott y Kydland escribieron su artículo, creían que los ciclos económicos se debían a los shocks por el lado de la demanda, como la caída de la confianza de los consumidores, lo cual significaba que la política monetaria podría jugar un papel importante para suavizar los ciclos económicos y aliviar dichos shocks. “Prescott y Kydland presentaban un punto de vista radicalmente diferente del mundo”, dice Yaron de Wharton. “Si los shocks vienen por el lado de la oferta, no hay mucho que la Reserva Federal pueda hacer para suavizar los ciclos haciendo uso de la política monetaria. Fue toda una revelación”.

 

Además de cambiar el curso de las investigaciones sobre ciclos económicos, ese artículo también fue relevante por ser pionero en el empleo de una técnica denominada calibración. Prescott y Kydland anticipaban una metodología con la que los macroeconomistas podían evaluar los modelos en términos cuantitativos. “Su modelo tenía un objetivo explícito para los procesos dinámicos, los shocks y la optimización [individuos que toman decisiones en base a factores cambiantes de la economía con el fin de lograr sus objetivos], los cuales se incorporan de forma cuantitativa”, dice Yaron. “Antes, conceder a los shocks [como el desarrollo de una nueva tecnología] un papel específico en un modelo y simultáneamente dejar que los agentes optimicen no era algo que se pudiese ver en macroeconomía”.

 

“Su método de calibración mostraba cómo es posible tomar modelos formales y abstractos y utilizarlos para hablar sobre cosas en el mundo real, así cómo cuantificar lo que está ocurriendo en el modelo”, añade Rogerson.

 

Un artículo posterior de Prescott, cuyo coautor es Rajnish Mehra, profesor de Finanzas de University of California, Santa Bárbara, también fue el origen de una vasta literatura económica. El artículo de 1985, titulado “The Equity Premium: A Puzzle”, (La prima de las acciones: un rompecabezas), identificaba el siguiente enigma: a lo largo de los 90 años que daban a su fin en 1978, en términos reales las acciones habían proporcionado un rendimiento medio anual por encima en más de seis puntos porcentuales de la de los Bonos del Tesoro. La magnitud de tal diferencial, señalaba el profesor, no podía ser explicada apropiadamente por los modelos existentes.

 

Hay algunas “respuestas candidatas”, pero ninguna de ellas es 100% satisfactoria o aceptada, dice Yaron, que sostiene que “la contribución de Prescott y Mehra consiste en mostrar por qué la prima de las acciones era un enigma e introducir cierta disciplina en cómo deben evaluarse las explicaciones alternativas”.

 

Prescott considera que la economía es una “ciencia basada en los instrumentos”, y que, hoy en día, los economistas disponen de más herramientas que nunca para resolver los problemas. “Es una época dorada y hay grandes problemas que deben ser tratados”, observa. A pesar de haberle sido otorgado el Premio Nobel, Prescott sigue interesado en los grandes temas sociales.

 

“Me gustaría saber por qué Latinoamérica se ha quedado atrás en su desarrollo económico”, señala Prescott. “Durante los últimos 100 años o más, se ha situado un 75% por detrás del líder. ¿Por qué no se ha recuperado?” Otro problema es cómo una nación puede establecer un sistema de pensiones que no fracase. “Se hacen promesas, la gente ahorra y luego las promesas no se cumplen ante la sociedad”, dice Prescott. “Después de la Segunda Guerra Mundial, en Europa existían muchos fondos de pensiones que se financiaron en su totalidad, pero se retuvieron para hacer frente a gran parte de la deuda pública. Había mucha inflación y el valor de esos activos cayó. Esos fondos de pensiones no pudieron hacer realidad las promesas que se hicieron a la gente”.

 

Cuando Prescott vuelva de Estocolmo con su Premio Nobel bajo el brazo, todas estas cuestiones –y otras- probablemente le estén esperando.

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