¿Quiere controlar su diabetes? Existe una aplicación para hacerlo

Durante el primer Simposio de Salud Conectada anual de la Universidad de Pensilvania, profesores de la institución y empresarios pasaron el día mostrando nuevas herramientas móviles que los pacientes podrán usar para comunicarse con su médico, monitorizar su progreso respecto a las metas de salud pretendidas e interaccionar con otras personas que pasan por dificultades médicas semejantes. Esa es la esencia del movimiento de salud conectada, la nueva tendencia que utiliza aparatos móviles, aparatos inalámbricos y webs para establecer un puente entre pacientes y personas que desean mantenerlos saludables. El simposio terminó con una cuestión provocativa planteada por Ralph Muller, consejero delegado del sistema de Salud de la Universidad de Pensilvania: "¿Los consumidores quieren estar tan conectados?"

Los empresarios creen que la respuesta a esa pregunta es un sonoro "¡pues claro que sí!" Pero los desafíos son numerosos: la FDA [Food & Drug Administration, agencia que aprueba la comercialización y el uso de alimentos y medicamentos en EEUU] está preparando el lanzamiento de directrices para la regulación de las aplicaciones médicas móviles que podrán exigir a algunas empresas que soliciten de entrada la aprobación de sus productos antes de lanzarlos al mercado. Aunque las empresas consigan pasar por los obstáculos regulatorios, crear aparatos que sean atractivos para quienes son contrarios a la tecnología, como es el caso de los ancianos, no será nada simple. "Creo que el gran desafío, tan pronto como la tecnología haya sido creada y aprobada, consistirá en seguir de cerca el cambio de comportamiento en las poblaciones de alto riesgo", observa Kevin Volpp, profesor de Gestión de sistemas médicos, que también habló en el simposio. Respecto a los pacientes, es decir, si ellos quieren, o no, estar conectados, dice Volpp, "hay quién quiere y quien no quiere, pero eso forma parte del desafío".

Aunque los primeros esfuerzos en el sector de salud conectada se hayan preocupado por conservar el bienestar general —empresas como Fitbit ofrecieron una variedad de gadgets y aplicaciones inalámbricas por medio de los cuáles las personas podían monitorizar los ejercicios que tenían que hacer, etc.— las innovaciones más recientes tienen como objetivo grupos específicos de pacientes. En especial, están dirigidas a personas con enfermedades crónicas que necesitan vigilancia diaria, como insuficiencia cardiaca, diabetes y obesidad.

Wellframe, por ejemplo, una empresa de Boston, usó una tecnología desarrollada en Harvard y en el MIT, Instituto de Tecnología de Massachusetts, para crear lo que el fundador y consejero delegado de la empresa, Jacob Sattelmair, llama "portero digital para pacientes con enfermedades crónicas, que les proporciona orientación para que sepan siempre lo que tienen que hacer". Sattelmair, que habló en el simposio de la Universidad de Pensilvania, dice que la empresa, fundada en 2012, está haciendo las pruebas iniciales de su primer aparato en pacientes que están recuperándose de ataques cardiacos.

En general, este tipo de pacientes deben pasar por sesiones de rehabilitación varias veces a la semana. Allí aprenden a hacer ejercicios para el fortalecimiento del músculo cardiaco. Pero ellos suelen faltar con frecuencia a las sesiones porque el horario de las mismas entra en conflicto con el trabajo o por otras razones, observa Sattelmair. "Tuvimos entonces la idea de usar la tecnología para ampliar el alcance del programa, para hacerlo más accesible a un número mayor de pacientes, y así reducir el coste unitario derivado de su aplicación", dice Sattelmair.

A los pacientes se les receta una aplicación que les da tareas diarias que serán realizadas durante el periodo de convalecencia y cuyo objetivo es disminuir el riesgo de que tengan otro ataque al corazón. La aplicación recuerda a los pacientes el horario de tomar los medicamentos, usa el acelerómetro del teléfono para monitorizar e informar del volumen de actividad física que los pacientes están haciendo. "No pensamos en la tecnología como sustituto del cuidado humano; en realidad, ella lo aumenta", dice Sattelmair.

La prueba de viabilidad inicial de la empresa se hizo con pacientes de 40 a 80 años que usaron la aplicación durante varios meses. "Tuvimos tasas altísimas de participación y un feedback excelente tanto de los pacientes como de los médicos", dice. Durante la prueba, más del 80% de los pacientes participaron "activamente" en el programa de recuperación, lo que significa que hicieron más de la mitad de sus tareas diarias. La empresa espera presentar el cien por cien de los resultados de la prueba durante una conferencia sobre convalecencia cardíaca programada en los próximos meses.

Según Sattelmair, todavía no se han desarrollado sistemas de pagos para aparatos como el de Wellframe, pero él cree que las compañías de seguros acabarán uniéndose a las filas de los que apoyan la salud conectada. "Son numerosos los cambios en las pólizas que han llevado a los proveedores de asistencia médica a volver a pensar en la manera de ofrecer sus servicios", inclusive con multas para los hospitales con tasas elevadas de readmisión, además del aumento del número de ACOs [Accountable Care Organizations, es decir, asociaciones de médicos y hospitales] formadas por redes de proveedores que reciben pagos "agregados" de compañías de seguros según la calidad de la asistencia prestada, explica Sattelmair. "No esperamos que los cambios sucedan de la noche a la mañana, pero creemos que hay cambios bastante sustanciales en marcha".

Crear un camino para la riqueza

En 2009, la Universidad de Pensilvania recibió financiación del National Institute of Health para lanzar Way to Health, una serie de estudios que monitorizan la eficacia de las herramientas digitales de salud, además de incentivos económicos para la mejoría de los resultados en el área de la salud. "Usamos aparatos como podómetros, glucómetros, aparatos para la medición de la presión arterial", dice Volpp, que gestiona el programa en asociación con el profesor de Gestión de asistencia médica de Wharton David Asch. "Estamos realmente interesados en probar maneras que nos permitan mejorar la participación de los pacientes de alto riesgo". El comportamiento que los investigadores están intentando incentivar consiste en el abandono del tabaco, pérdida de peso y consumo programado de medicamentos.

Aunque solamente se hayan terminado algunos estudios hasta el momento, los primeros resultados muestran que la tecnología y los incentivos tangibles constituyen una excelente combinación. En un estudio, por ejemplo, realizado en el Children's Hospital of Philadelphia (CHOP), los trabajadores con sobrepeso fueron invitados a participar en uno de los tres programas de pérdida de peso de la institución. Los participantes del primer grupo tenían que cumplir metas de pérdida de peso y recibieron recordatorios electrónicos que les avisaban de las citas semanales para pesarse. En el segundo grupo, las personas participaban en las citas para pesarse y recibían un pago electrónico de US$ 100 si alcanzaban los objetivos propuestos. Los del tercer grupo recibían el mismo incentivo financiero, y además: eran colocados en grupos de cinco empleados e informados de que si cada uno de los miembros del grupo (que permanecían en el anonimato) alcanzaba su peso ideal, todos se repartían una recompensa de US$ 500.

"Constatamos que el incentivo dado al grupo tenía un impacto mucho mayor sobre la pérdida de peso de las personas", dice Volpp. El estudio, publicado en abril en los Annals of Internal Medicine, mostró que el incentivo dado al grupo generaba una pérdida de peso 3,2 Kg. mayor que el grupo cuyo incentivo era individual.

Los participantes en el estudio se pesaban en una balanza electrónica que los fotografiaba cuando se pesaban, no sólo para verificar su identidad, sino también para darles un feedback visual inmediato de su progreso, dice Volpp. La tecnología ayudó a acelerar la pérdida de peso, añade, pero él cree que fue la combinación de la balanza, de los incentivos financieros y de la presión social lo que marcó la diferencia. "La tecnología por sí misma tiene un papel limitado", resaltó. "En general, observamos que las personas con enfermedades de alto riesgo, y que no son controladas debidamente, no recurren mucho a la tecnología. Es preciso que haya una estrategia de implicación para que ellas la utilicen".

En otro estudio de Way to Health, que será publicado entre junio y septiembre, Judd Kessler, profesor de Economía empresarial y Políticas públicas de Wharton, planea usar una combinación de tecnología y una variedad de incentivos sociales y económicos para intentar determinar la mejor manera de hacer que los pacientes no abandonen la rutina de los medicamentos. El estudio usa un frasco de píldoras con un transmisor de bluetooth insertado en la tapa que transmite una señal a la plataforma de Way to Health cada vez que el frasco se abre (se deduce, entonces, que el paciente ha tomado el medicamento).

El objetivo del estudio, dice Kessler, no consiste sólo en determinar lo que funciona mejor como incentivo para crear en el paciente el hábito de tomar medicamentos, sino consiste también en determinar los métodos más eficaces para que las personas creen nuevos hábitos y permanezcan fieles a ellos, inclusive después del fin de la intervención. Los miembros de un grupo —el brazo de "control" de la prueba— recibirán sólo el frasco con el transmisor. Otro grupo recibirá el frasco, un e-mail, una conexión telefónica o un mensaje de texto recordándole que debe tomar las píldoras. Un tercer grupo recibirá todo eso más un informe semanal sobre su progreso en la rutina de tomar el medicamento. Otro grupo de participantes recibirá US$ 1 cada día que tome su medicamento según las instrucciones. El último grupo —nominado "feedback amigo"— no recibirá incentivo monetario. En lugar de eso, designará a un amigo o miembro de la familia que recibirá una copia del informe semanal sobre su progreso. "La idea es que si el paciente es mi padre, él pueda recomendarme, o a mi hermano, para que uno u otro proporcione feedback amigo sobre su situación. Seguiremos su rendimiento de forma semanal. Podemos llamarle para incentivarlo a mejorar, o para felicitarle", dice Kessler.

Kessler dice que está sobre todo interesado en observar la dedicación con que la persona encargada del feedback amigo desempeña su función. "Mi investigación está preocupada por las fuerzas sociales de los diferentes tipos de comportamiento", dice. "Se trata, por lo tanto, de la adhesión a la rutina de tomar medicamentos, pero el estudio va más allá y se preocupa también por la práctica de cosas que sean beneficiosas para la sociedad". La investigación anterior mostró que las fuerzas sociales pueden tener un gran impacto en un escenario de cuidados médicos, dijo.

Vencer las dificultades

Los empresarios que están intentando vender plataformas de salud conectada se enfrentan a varios desafíos. En mayo, la FDA advirtió a una empresa india, Biosense Technologies, que su aplicación estaba considerada un aparato médico, por lo tanto tenía que ser sometida a la autoridad regulatoria. La empresa comercializa uChek, que analiza tiras de prueba de orina aprobadas por la FDA, pero solamente para la interpretación visual directa. Cuando el móvil se usa para analizar las tiras, el aparato requiere un permiso aparte para ser utilizado como aparato médico, informó la agencia en su carta a Biosense.

Hasta el final del año, la FDA espera divulgar las directrices que esclarecerán qué aplicaciones móviles necesitan obtener permiso del organismo. Una primera versión dice que los aparatos de diagnosis, como es el caso del producto de Bionsense, tendrán que recibir la aprobación dada a aparatos médicos. El documento dice que la FDA podrá supervisar las aplicaciones cuando sean preparadas para reunir informaciones sobre pacientes específicos y usarlas para ayudar a los médicos en tareas como el cálculo de la dosis de los medicamentos.

Ryan Sysko, uno de los fundadores y consejero delegado de WellDoc, de Baltimore, y que también participó en el simposio de la Universidad de Pensilvania, dijo a la audiencia que su empresa pasó más de dos años buscando la aprobación de la FDA para su primer producto, una aplicación de medición de diabetes que los pacientes usan para interaccionar con sus médicos y para gestionar sus medicamentos, pruebas de glucosa y estilo de vida. Son los médicos los encargados de prescribir la aplicación así como prescribirían un medicamento, por eso la empresa buscó la aprobación de la FDA cuando lanzó el producto en 2005.

"Lo que le interesa a la FDA es que su empresa esté al día con los controles, y que tenga sistemas de calidad y patrones de procedimientos operacionales que gobiernen la mayor parte de las cosas que hace", dice Sysko. "Creo que esa es la mayor inversión que las pequeñas empresas pueden hacer. Fue sin lugar a dudas lo que sucedió con nosotros. En nuestro caso la tardanza fue tan grande porque, en parte, nuestros procesos no estaban lo suficientemente maduros, y había deficiencias en la aplicación. Para la FDA también era todo muy nuevo".

Quitando las dificultades propias de la regulación, los inventores de aparatos para el segmento de salud conectada aún están aprendiendo donde se puede aplicar mejor esa tecnología. Usarla para incentivar el comportamiento saludable de los ancianos puede ser un desafío, dice Jason Karlawish, profesor de Medicina de la Universidad de Pensilvania e investigador del Centro de Bioética y del Leonard Davis Institute of Health Economics. "Aún hay trabajo por hacer en esa área. Creo que si se analizan los grupos por edad, se verá que los más mayores tienden a responder mejor a las ideas de placer que enfatizan la tranquilidad y el disfrute, mientras que los grupos más jóvenes tienden a pensar más en el futuro y son receptivos al entusiasmo", dice Karlawish.

Karlawish concluyó recientemente un estudio sobre la diferencia entre las recompensas económica y emocional en la motivación de ancianos para la realización de ejercicio. En el estudio, algunos participantes recibieron la descripción de un programa de caminar que era "emocionalmente neutro" y no prometía ningún premio financiero, dice. Otros participantes recibieron un mensaje más positivo acerca del programa, pero que tampoco prometía ninguna recompensa financiera. El tercero y el cuarto grupos recibieron uno de los dos mensajes además de una recompensa financiera si alcanzaban los objetivos propuestos. "Parece que no hubo ninguna diferencia significativa entre la promesa de dinero y el mensaje estrictamente positivo y de carácter emocional", observa Karlawish.

Por lo tanto, ¿hasta qué punto los pacientes están dispuestos a estar conectados con el sistema de asistencia a la salud? ¿Van a embarcarse en esas nuevas tecnologías si el movimiento de la salud conectada llega al punto de permitir que estén en contacto constante con su médico? Según los especialistas de la Universidad de Pensilvania, nadie sabe, de momento, las respuestas a esas preguntas.

En un estudio ya concluido y que ahora está siendo revisado para su publicación, dice Volpp, pacientes con control precario del azúcar en la sangre y de la presión arterial recibieron información de su progreso, además de tener la oportunidad de comunicarse electrónicamente con su médico. "El programa tuvo excelentes resultados, pero es difícil saber cuanto de esos resultados se debe al contacto con el médico y cuanto se debe al feedback diario", dice Volpp. A fin de cuentas, añade, todos los inventores de aparatos para la salud conectada deben conocer las limitaciones de la tecnología. "La tecnología es capacitadora. El principal desafío consiste en cambiar el comportamiento de las personas".

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"¿Quiere controlar su diabetes? Existe una aplicación para hacerlo." Universia Knowledge@Wharton. The Wharton School, University of Pennsylvania, [24 septiembre, 2013]. Web. [11 December, 2018] <https://www.knowledgeatwharton.com.es/article/quiere-controlar-su-diabetes-existe-una-aplicacion-para-hacerlo/>

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