Sol y sombra para la industria hotelera brasileña

El sector del turismo y de la industria hotelera registraron un crecimiento considerable hasta 2001, cuando los atentados del 11 de septiembre, la crisis argentina y la incertidumbre generada por la elección de Luis Inacio Lula da Silva como presidente de país, en 2002, golpearon esta industria. Además, la pérdida de poder adquisitivo de la población brasileña como consecuencia de las sucesivas crisis financieras y la retracción de la economía –el PIB apenas creció un 0,5% en 2003, según el Instituto Brasileño de Geografía y Estadísticas (IBGE)– terminaron por construir un difícil escenario para aquellos que apostaron por el despegue del mercado turístico brasileño.

 

“El proceso de reducción de la demanda perjudicó principalmente al segmento hotelero, que explota el turismo de negocios en los grandes centros urbanos como São Paulo”, afirma Ricardo Mader Rodrigues, socio de la consultora HIA (Hotel Investiment Advisors). Las numerosas inversiones de grupos internacionales hoteleros en las principales ciudades del país, como Meliá, Renaissance, Intercontinental, Fasano y Sofitel, en Saõ Paulo; Ouro Minas, en Belo Horizonte; Sheraton, en Porto Alegre; Blue Tree Cabo, en Santo Agostinho; y Summervile, en Pernambuco; además de cinco proyectos de lujo en la Costa del Sauípe, en Bahía, se tradujeron en una aumento de la oferta de camas por encima de la demanda, manteniendo el índice de ocupación por debajo de lo deseado.

 

“Este dato es cierto. Hubo esa explosión de oferta, específicamente de hoteles”, señala el profesor Marcello Chiavone Pontes, coordinador del área de Marketing de la FAAP-MBA (Fundación Armando Alvares Penteado–Master in Business Administration). “Pero creo que el descenso (de la industria) no está relacionado únicamente con la crisis. El boom fue muy grande… Pasó mucho tiempo sin que hubiera inauguraciones de nuevos hoteles y, de repente, fue un boom enorme. En realidad, la crisis es una parte de la historia, la otra es que tenemos un exceso de oferta”, añade.

 

Por lo tanto, asegura que las expectativas de inversiones en hoteles urbanos destinados al turismo empresarial surgirán sólo a medio y largo plazo. Aunque señala como excepción la ciudad de Río de Janeiro, donde los turismos de diversión y negocios se conjugan de una manera singular, especialmente si se tiene en cuenta que la capital carioca será la sede de los Juegos Panamericanos en el año 2007.

 

Las primeras señales de recuperación

Por otra parte, la economía brasileña empieza a dar señales de recuperación. En el primer semestre de 2004, el PIB ha crecido un 5,3% en comparación con el mismo período del año pasado. Aún así, los menos optimistas no ven cambios importantes en las perspectivas de la industria hotelera: “Todavía, hay algunas zonas en Brasil que eventualmente recibirán importantes inversiones, pero no al ritmo que lo hacían antes”, dice Marcello Chiavone.

 

Pero no todo es pesimismo. A pesar de la disminución de las inversiones en el ramo hotelero, éstas no cesaron totalmente, tal y como indica el informe de la ABIH. “En todo el país se pueden observar inversiones. Tenemos un mapa de inversiones en hoteles, de iniciativas ya concretas, en plena construcción para 2004, 2005, 2006 y 2007. Éstas suman un total de 142 hoteles, o 6.124 millones de reales en inversiones, la construcción de 44.751 apartamentos, lo que generará 59.602 empleos indirectos y 14.901 empleos directos. Estos proyectos están localizados en su gran mayoría en la región sudeste, porque el interior del Estado de São Paulo está siendo muy codiciado por todas las grandes empresas, tanto brasileñas como extranjeras”, señala Eraldo Alves da Cruz, presidente de la ABIH (Asociación Brasileña de la Industria de Hoteles).

 

Dar un golpe de timón

Para el profesor de la FAAP-MBA, revertir el cuadro actual de inversiones relacionadas con el sector de turismo depende de un cambio profundo de la estructura del país orientada hacia este sector.  En su opinión, es necesario colocar el turismo como una política de Estado, como una prioridad.  Brasil nunca ha colocado esto como prioridad”, señala. “Lo más caro Dios ya lo hizo para nosotros: la costa, las playas, la vegetación, las diversas configuraciones y opciones. Ahora, es indispensable hacer la infraestructura: el Estado tiene que priorizar”, añade.

 

Por otra parte, Eraldo da Cruz considera que la administración del sector del turismo está mucho mejor que antes. “El turismo, hoy en día, está descentralizado, el Ministerio de Turismo está organizado. Antes no teníamos un Ministerio de Turismo específico, estaba unido al de Deportes. Hoy contamos con un ministerio fuerte, representativo. Veo con muy buenos ojos lo que se está haciendo y entiendo que tenemos la oportunidad de progresar mucho”, señala el dirigente de la ABIH.

 

Se debe recordar que la restricción a la expansión del mercado hotelero en los grandes centros urbanos afecta muy negativamente a las economías locales. São Paulo, por ejemplo, recibe alrededor del 34% del total de turistas que vienen desde el extranjero a Brasil, principalmente desde Europa y desde Estados Unidos. Hoy en día, la capital paulista es el segundo destino turístico más visitado, cediendo el primer lugar a Río de Janeiro, por razones obvias. En São Paulo también se celebran, entre otros eventos, cerca del 76% de todas las ferias y exposiciones de productos industriales, comerciales y de servicios, congresos científicos, convenciones empresariales, etc. A pesar de estas cifras, las restricciones al desarrollo del sector acaban afectando el buen desempeño de ese mercado de enorme potencial.

 

En opinión de Ricardo Mader, la única manera de revertir esta situación “es a través del crecimiento acelerado de la economía y una redistribución de renta más justa”.

 

Dos caras de la moneda

Otro problema que juega en contra del ímpetu inversor en los sectores dependientes del turismo en el país es la mala imagen de Brasil en el exterior después de la divulgación, a través de prensa, del incremento de la violencia contra los turistas y la población local, principalmente en Río de Janeiro, puerta de entrada de la mayor parte de los turistas extranjeros que llegan a Brasil. Aunque las estadísticas no muestran un retroceso significativo del número de visitantes extranjeros a raíz del problema de la violencia, si continúa así podría afectar enormemente a los resultados del sector hotelero y del turismo como un todo, según los analistas.

 

A pesar de las malas noticias, datos del Banco Central brasileño muestran que los turistas extranjeros han dejado en Brasil, de enero a octubre de 2004, 2.590 millones de dólares, un 32,02% más que durante el mismo período de 2003.

 

“Entiendo que estamos manejando muchas perspectivas. Los números invitan al optimismo. El turismo externo y el interno han aumentado. Los indicadores de desembarque de extranjeros en Brasil de la INFRAERO (Empresa Brasileña de Infraestructura Aeroportuaria)  muestran un crecimiento de un 15% de 2003 a 2004.  En los vuelos chárteres no regulares hubo un aumento de un 110% en los desembarques. Entre los desembarques domésticos en el país, hubo un aumento del 18%.  Entonces, hay que creer –y yo creo que la economía de Brasil está en plena expansión-, que la continuidad de este proceso va a existir y que el turismo va a mejorar”, afirma Eraldo Alves da Cruz.

 

El turismo de masas por buen camino

El sector hotelero volcado hacia el turismo de masas está dando señales más positivas, según evalúa Ricardo Mader.  En este sector, inversores europeos de grupos hoteleros medianos, en su mayoría portugueses y españoles, vienen apostando por el crecimiento del turismo brasileño, comprando hoteles que ya existen o sino implementando nuevas unidades principalmente en la región nordeste.

 

“A pesar de la caída que sufrió el turismo mundial –y también el brasileño- después de los atentados del 11 de septiembre, y de las crisis económicas argentinas y de transición política en Brasil en 2002, parece que el turismo vuelve a recobrar fuerzas en nuestro país, lo que es una esperanza”, dice la experta en turismo, Maria Aparecida Andrade de Oliveira.

 

Ricardo Mader, aunque mostrando cierto escepticismo, también demuestra optimismo frente a los desafíos del mercado de turismo: “Veo buenas perspectivas más adelante, mientras que este crecimiento de la economía que vemos hoy en día sea sustentado en los próximos años”. Como ejemplo cita las inversiones que se están haciendo en la implantación de hoteles más populares volcados hacia el turismo de negocios, clasificados como de tres estrellas. “En este sector todavía hay buenas inversiones y lanzamientos”.

 

Esta expectativa se ve corroborada ante los resultados de un estudio divulgado en el Boletín de Desempeño Económico del Turismo de la EMBRATUR (Instituto Brasileño de Turismo), de octubre de 2004.  Según la encuesta, entre los empresarios del sector hotelero consultados, el 55% dice que aumentarán las inversiones en los próximos 12 meses, el 30% mantendrán las contribuciones, y apenas el 15% quiere reducir sus desembolsos.

 

Filones por explotar

Uno de los segmentos que aún tiene mucho recorrido, según Marcello Chiavone, es el de los complejos turísticos.  “Tenemos todo el litoral del Nordeste –que ya cuenta con varias unidades- pero existen otras regiones, como otras áreas del Nordeste, el Norte, la Amazonía, el Pantanal, Lençois Maranhenses, las mesetas…”, indica el profesor.

 

Por su parte, Eraldo da Cruz recuerda otro sector de la industria hotelera que ha demostrado un buen desarrollo en la actualidad. “Yo diría que la gran estrella del momento es el hotel económico, que es el establecimiento que más se parece a la población brasileña, aquel que no tiene lujo, mensajero, etc., pero permite una estancia de una persona de clase media baja sin lastimar su bolsillo. En Brasil hay 40 millones de personas que viajan y apenas el 16% de ellas se quedan en hoteles. Si solamente el 16% permanece en hoteles, tenemos un 84% para trabajar. En ese 84%, debido al poder adquisitivo, la única solución es colocarlos en hoteles más económicos”.

 

Los expertos coinciden en afirmar que el futuro del sector en Brasil pasa por que el crecimiento de la economía brasileña sea sostenido y sustentable, y que haya una conjugación de esfuerzos para elevar las condiciones disponibles del turismo brasileño. De esta manera, no se cerrarán las puertas a un segmento económico que garantiza alrededor de un millón de empleos directos e indirectos, que moviliza una recaudación bruta en torno de 2.000 millones de dólares al año y que cuenta con un patrimonio inmovilizado de alrededor de 10.000 millones de dólares.

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