Wi-Fi: ¿Deberían participar las ciudades en el negocio de la banda ancha?

En la ciudad de Filadelfia se está llevando a cabo un novedoso experimento: proporcionar acceso de alta velocidad inalámbrico a Internet en toda su área urbana, que comprende unos 350 kilómetros cuadrados de extensión. Otras ciudades estadounidenses siguen muy de cerca los resultados del experimento, ya que pretenden poner en marcha iniciativas similares. A pesar de que aún falta más de un año para que la ejecución final del proyecto de Filadelfia, en algunos círculos han surgido intensos debates sobre si las ciudades deberían involucrarse en el negocio de la banda ancha.

Algunas de las cuestiones son: Los servicios de banda ancha, ¿es mejor que los gestione el sector privado o el público? Las redes inalámbricas de banda ancha, conocidas como Wi-Fi, ¿contribuirán a que las personas con menor capacidad adquisitiva tengan acceso a Internet? El acceso a Internet, ¿deberíamos empezar a considerarlo otra infraestructura urbana más, como puedan ser los postes de teléfono o las calles?

Grandes ciudades versus pequeñas ciudades

Aún se desconoce la respuesta a dichas preguntas, y eso es precisamente, en opinión de expertos de Wharton, lo que hace tan interesante el caso de Filadelfia, la primera ciudad de gran tamaño que pone en marcha un proyecto de acceso inalámbrico de banda ancha a gran escala. “Hasta que las ciudades no instalen Wi-Fi será prácticamente imposible saber qué va a ocurrir”, comenta el profesor de Derecho de Wharton Dan Hunter.

El 7 de abril, John Street, alcalde de Filadelfia, anunciaba la creación de una organización sin ánimo de lucro para construir una red de banda ancha inalámbrica en toda su área urbana. El ayuntamiento está estudiando diferentes ofertas de empresas tecnológicas para construir la red, y también diferentes precios de venta al por mayor para los suministradores de servicios de Internet comprendidos entre 10 y 20 dólares por usuario. El servicio posteriormente se vendería a los residentes, y los usuarios de rentas bajas disfrutarían de descuentos. 

Aunque el plan de Filadelfia para construir una red Wi-Fi tiene carácter de asociación público-privada, entre los proveedores de banda ancha, como por ejemplo Verizon y Comcast, han surgido ciertos recelos y tensiones, ya que les preocupa perder clientes. En noviembre del 2004, el Estado de Pennsylvania aprobaba una ley que obliga a los ayuntamientos que están considerando la posibilidad de establecer una red inalámbrica a consultar en primera instancia a las empresas ya introducidas en el negocio, como por ejemplo Verizon. Estas empresas se convertirían en la primera opción en cualquier proyecto inalámbrico de banda ancha con carácter municipal posterior al 1 de enero de 2006 que cobre tarifas. Así, Filadelfia y Verizon firmaron un acuerdo por separado para hacer posible que el proyecto siguiera adelante.

A pesar de los posibles obstáculos, la tecnología Wi-Fi ha generado bastante interés en ciudades de todo el país.

A nivel nacional, es difícil generalizar acerca de los proyectos municipales, dado que cada uno es diferente, comenta el profesor de Políticas Públicas y Empresa de Wharton Gerald Faulhaber. De hecho, ciudades tan dispares como Nantucket, Massachusets, o San Francisco, California, ya disfrutan del acceso inalámbrico a Internet a través de la banda ancha o están considerándolo. Faulhaber establece algunas diferencias entre las grandes ciudades como Filadelfia, que ya disponen de suministradores de banda ancha, y zonas rurales, como Glenwood Springs, Colorado, menospreciadas por las empresas que ofrecen acceso a Internet de alta velocidad. “Para las comunidades pequeñas que tienen problemas para conseguir la banda ancha, los proyectos municipales son una excelente idea”, comenta Faulhaber. “Para ciudades más grandes los problemas son otros”.

Faulhaber no comparte la idea de que las redes de banda ancha municipales sean otra infraestructura más, como las calles. La gran diferencia es que los ciudadanos tendrán que pagar por el servicio de banda ancha, y eso lo convierte en un negocio que puede estar sujeto a interferencias políticas. Faulhaber no cree que las grandes ciudades puedan ser más eficientes que las empresas privadas a la hora de suministrar redes.

No obstante, profesores de Políticas Públicas también señalan que la banda ancha inalámbrica con carácter municipal es un experimento que merece la pena, en especial si puede lograr que las minorías y la gente de menor poder adquisitivo accedan a Internet. “No puede ser malo”, sostiene Joel Waldfogel, profesor de Políticas Públicas y Empresa de Wharton. “Desde el punto de vista de las políticas públicas, la banda ancha podría estar disponible para gente que ni siquiera sabe que la quiere”.

Además, según señala el profesor de Políticas Públicas y Empresa Betsey Stevenson, el acceso a la banda ancha inalámbrica puede generar “externalidades positivas” para las ciudades, como por ejemplo más gente caminando por los barrios, un mejor entorno empresarial y una mejor imagen general. “Si un café decide ofrecer a sus clientes acceso a la banda ancha inalámbrica gratis, entonces es más probable que la gente vaya a ese café. Así pues, uno de los posibles motivos por el que las ciudades quieren disponer de banda ancha inalámbrica es que mejora el atractivo del centro de un modo imposible de lograr por cualquier otro negocio”.

El problema del huevo y la gallina

En opinión de Dianah Neff, jefa del departamento de tecnología del ayuntamiento de Filadelfia, una buena razón para instalar Wi-Fi a gran escala es acortar las distancias digitales. El proyecto tiene que ver con la revitalización de los barrios, con estimular el desarrollo económico y acercarse a los segmentos de población con menor poder adquisitivo. Aunque las empresas privadas suministrarán el servicio, los usuarios menos pudientes abonarán menores tarifas. El objetivo de Neff es ofrecer servicios de banda ancha al precio de las llamadas telefónicas. “Cada comunidad tendrá diferentes razones [para ofrecer la banda ancha inalámbrica], pero para nosotros éste es un modo de atraer los negocios a los barrios, conectar los niños con los colegios y ofrecer mayores conocimientos prácticos”.

Waldfogel sugiere que Neff está intentando resolver el problema del huevo y la gallina, y acabar de una vez con todas con las diferencias en el acceso digital. “Desde un punto de vista estrictamente de mercado, si no hay demanda es el final de la historia”, explica Waldfogel. “Pero también existe el dilema del huevo y la gallina. ¿No hay demanda o más bien el alto coste de la banda ancha supone una barrera?”

No obstante, según Faulhaber la cosa no resulta tan sencilla. “Las diferencias digitales son más complicadas de lo que pensamos”, dice sosteniendo que Filadelfia podría lograr sus objetivos repartiendo descuentos para subvencionar el servicio de banda ancha. “No es un problema de la oferta. Es un problema de la demanda. Cuando la gente lo quiera, lo comprará. En Filadelfia la banda ancha está disponible para la mayoría de la población”.

El profesor de Políticas Públicas y Empresa de Wharton Justin Wolfers  cree que las diferencias digitales se desvanecerán con el tiempo, pero señala que los proyectos municipales pueden de alguna manera acelerar el proceso. “Los ordenadores son simplemente productos de consumo duradero, y tal y como ha sucedido con otros (radios, televisiones, lavadoras), los segmentos con rentas más altas los adoptan primero y los menos pudientes después”, explica. “Mientras esto ocurre las diferencias percibidas suelen disiparse. El problema real no es tanto las diferencias digitales, sino las diferencias en rentas y en riqueza que causan las diferencias de acceso al mundo digital”.

Ésta es la razón por la que Neff considera que la red Wi-Fi es sólo el comienzo. Según el plan empresarial de la ciudad, cuando la entidad sin ánimo de lucro que construye la red empiece a generar cash flow durante el cuarto y quinto año, empezará a distribuir ordenadores entre los menos afortunados. Stevenson sostiene que la falta de ordenadores obstaculizará todo esfuerzo encaminado a reducir las diferencias en el acceso a Internet entre pobres y ricos: “Si en Filadelfia se regalasen ordenadores portátiles se acabaría muchísimo más rápido con dichas diferencias”. En el fondo, si el proyecto ofrece acceso de banda ancha en los barrios pobres y consigue que las minorías se conecten a Internet, habrá merecido la pena, añade Waldfogel.

Cheryl Leanza, directora legislativa del National League of Cities, un grupo de presión con sede en Washington, D.C., afirma que rechazar los proyectos de banda ancha de los ayuntamientos sería tener muy poca vista a largo plazo. Los costes para instalar una red de ese tipo no son excesivamente altos y podría generar beneficios económicos y sociales. “Tenemos que dejar que estas ciudades experimenten”, añade. “Después veremos los resultados y diseñaremos un plan a largo plazo. Lo peor sería no intentar hacer nada”.

Haciendo negocios

Filadelfia considera que su red es una manera de contribuir a reducir las diferencias digitales entre pobres y ricos, pero para las ciudades de menor tamaño que se introducen en el negocio de la banda ancha se trata de una cuestión de supervivencia. Una de esas ciudades es Glenwood Springs, Colorado, con una población de 9.000 habitantes, situada en un valle atravesado por un río entre Aspen y Vail. Problema: Los suministradores de los servicios de banda ancha Qwest y AT&T -cuya unidad fue más tarde adquirida por Comcast-, no consideraban que instalar líneas de fibra óptica a través de montañas para llegar hasta una pequeña ciudad fuese rentable.

Así, en 2001 la ciudad decidió ofrecer sus propios servicios de banda ancha e instaló cables de fibra óptica utilizando la red eléctrica (la ciudad también dirige la compañía eléctrica). Glenwood Springs ahora ofrece servicios de banda ancha, tecnología de transmisión de la voz a través de Internet (VoIP), recuperación de desastres y servicios inalámbricos. Actúa como mayorista para pequeños proveedores de servicios de Internet, que a su vez venden el acceso al público. Para Faulhaber, el argumento para que las ciudades rurales creen redes de banda ancha con y sin cable tiene incluso más peso, ya que se trata de una necesidad económica. “Si la ciudad es pequeña, no hay ninguna otra opción, entonces es una buena idea”.

En opinión de Paul Braunschweig, responsable de los temas de la banda ancha en Glenwood Springs, el esfuerzo realizado por la ciudad en el fondo fue un tema de desarrollo económico. “Somos proveedores de pequeños negocios y clientes locales”, dice Braunschweig. “En realidad se trata de que los negocios se queden en nuestra ciudad”. Bruce Munroe, director de sistemas de la información en Glenwood Springs, añade que la ciudad jugó sus cartas cuando toda la baraja ya había sido repartida. “Aquí arriba teníamos un vacío de servicios y utilizamos todo lo que estuvo en nuestra mano para resolverlo”. Munroe está de acuerdo con Faulhaber; no todos los proyectos municipales funcionarán. “La cuestión es si los ayuntamientos pueden hacerlo mejor, o al menos igual de bien, que los proveedores de banda ancha ya establecidos. Si abordan el tema con mentalidad de ente público no llegarán muy lejos”.

Pensar como una empresa significa que Glenwood Springs se ha centrado en los servicios inalámbricos de un modo ciertamente limitado, señala Munroe. “Los servicios inalámbricos suponen un bono”, sostiene añadiendo que la tecnología Wi-Fi no ofrece mucho valor a sus clientes empresariales. “Los servicios inalámbricos presentan diversos problemas y la red se puede degradar con rapidez”.

Los beneficiarios reaccionan

A nadie debe sorprender que los esfuerzos de los ayuntamientos hayan encontrado durante años diversos obstáculos en el ámbito legislativo, comenta Munroe.

Cuando Glenwood Springs propuso por primera vez un servicio de banda ancha en 2001, por parte de AT&T y Qwest la ciudad obtuvo por el rechazo respuesta, a pesar de no estar interesadas en ofrecer dicho servicio. “Cuando empezamos nos comentaron que para ellos no era rentable ofrecer esos servicios”, dice Munroe. “Pero también añadieron Y vosotros tampoco lo podéis hacer. No había interés alguno en el tema hasta que nosotros dijimos que lo íbamos a hacer”. Glenwood siguió adelante de todas formas después de que el ayuntamiento aprobase un plan de servicios municipales basado en conseguir retener los negocios en la ciudad. “Estábamos protegiendo nuestra base económica”, explica Munroe, el cual señalaba que los negocios se estaban yendo porque no tenían un acceso rápido a Internet

Neff sostiene que el argumento de que estos servicios perjudicarán a los suministradores de banda ancha se cae por sí solo, ya que los menos pudientes no pueden permitirse un acceso a Internet de alta velocidad, aunque sea en forma de paquete que incluya teléfono y televisión por cable. “No nos metimos en esto para robar clientes a los demás”.

Según Faulhaber, no está nada claro cual será el impacto sobre los proveedores de banda ancha del país, pero por el momento aconseja no deshacerse del servicio existente y adoptar la red municipal inalámbrica. El principal motivo es que las redes inalámbricas aún se mueven en un mundo no regulado; puede haber un motón de frecuencias pasando al mismo tiempo. Esto significa que las interferencias de los teléfonos digitales y otros aparatos deterioran la calidad de la red. “No te deshagas del servicio Comcast todavía”, sugiere.

A corto plazo, digamos dos años, Faulhaber considera que los suministradores de banda ancha comercial perderán unos cuantos clientes a favor de los ayuntamientos. En el caso de Filadelfia, donde las tarifas mayoristas estarán comprendidas entre 10 y 20 dólares, sería comprensible que los clientes se cambiasen si pueden ahorrar unos cuantos dólares al mes. No obstante, será lo que ocurra después lo que determinará si los clientes se quedan. “Esta red, ¿será dirigida como el SEPTA, el problemático sistema de transporte de Filadelfia?”, se pregunta Faulhaber. “Si el servicio es irregular, la gente volverá a Verizon y Comcast.” Faulhaber sostiene que alrededor del tercer y cuarto año de cualquier proyecto municipal inalámbrico se observará como los clientes vuelven a los proveedores comerciales.

Neff reconoce que ofrecer cuentas de banda ancha va más allá de la competencia de la ciudad, pero el plan de Filadelfia es asociarse con empresas privadas para administrar cuentas. En cualquier caso la situación parece estar del lado de las ciudades. “En todo el país se debate la misma cuestión: si ofrecer o no estos servicios”, comenta Leanza de National League of Cities. “La decisión dependerá de las necesidades de la comunidad, pero todavía no he visto ningún argumento legítimo para rechazar dicha opción”.

A medida que estos proyectos vayan avanzando con los años, tendremos que estar atentos a los acontecimientos. Por ejemplo, Faulhaber cree que algunos asuntos políticos podrían cobrar una importancia excesiva durante los primeros años. Si estas redes inalámbricas se convierten en fuentes de ingresos para las ciudades, los ayuntamientos posiblemente no se mantendrán al margen ni permitirán que se introduzcan en el mercado nuevos proveedores con tecnología de nueva generación. “Todas las ciudades están necesitadas de ingresos. Si estas redes generan ingresos, entonces las ciudades seguirán explotando la situación para proteger sus franquicias”, comenta Faulhaber. “Cualquier ayuntamiento puede gravar con impuestos las nuevas infraestructuras o eludir las nuevas tecnologías. Las ciudades pueden erigir barreras fácilmente”.

Las nuevas tecnologías son también un tema a tener en cuenta en el futuro. Aunque hoy en día las redes inalámbricas pueden ser consideradas muy avanzadas, prácticamente se puede garantizar que en 10 años estarán anticuadas. Las ciudades ¿actualizarán constantemente las redes? En el plan empresarial de Filadelfia -por lo menos hasta ahora-, hay un montón de fondos reservados para mantener y actualizar la red.

Munroe añade que si las ciudades gestionan las redes del mismo modo que lo haría una empresa –buscando nuevas oportunidades y captando mayores cuotas de mercado–, los servicios se actualizarán. De hecho, Glenwood Springs ha incorporado otras áreas además del tradicional negocio de acceso a Internet.

Y también están las consecuencias no intencionadas que todo esto traerá consigo. Si se crean trabajos para gestionar las redes municipales, ¿se producirá una caída de puestos de trabajo en el sector privado en la misma cuantía? Munroe reconoce que los proyectos municipales pueden desestabilizar el equilibrio económico. Las ciudades tendrán que sopesar esos riesgos. “El tema es complejo”, comenta Munroe añadiendo la cuestión fundamental es si el sector público debería competir con el privado en la prestación de servicios a empresas.

Aunque desconocemos la respuesta a esta pregunta, Hunter afirma que el coste de la tecnología Wi-Fi es lo suficientemente bajo como para que no se convierta en una pesada carga. Cubrir toda el área urbana de Filadelfia con acceso Wi-Fi tan sólo costará 10 millones de dólares. “No se corren grandes riesgos y los resultados pueden ser extraordinarios”, dice Hunter. “Parece ser una inversión social que merece la pena”.

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"Wi-Fi: ¿Deberían participar las ciudades en el negocio de la banda ancha?." Universia Knowledge@Wharton. The Wharton School, University of Pennsylvania, [15 junio, 2005]. Web. [28 November, 2020] <https://www.knowledgeatwharton.com.es/article/wi-fi-deberian-participar-las-ciudades-en-el-negocio-de-la-banda-ancha/>

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"Wi-Fi: ¿Deberían participar las ciudades en el negocio de la banda ancha?" Universia Knowledge@Wharton, [junio 15, 2005].
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