Argentina ante la incógnita de cómo recuperar la energía perdida

En pocos días más comenzará el invierno en Argentina. Las temperaturas suelen descender a los 5 grados centígrados en promedio, y se presentan algunas marcas bajo cero en los puntos más australes del país. Personas e industrias se preparan para aumentar su consumo de energía, pero a un precio cada vez más caro, sobre todo para los estratos más pobres que consumen garrafas de gas importadas.

Baños de agua caliente, sopas humeantes, autos que funcionan con GNC (Gas Natural Comprimido) y gas para las empresas serán consumos que pesarán en el bolsillo de los argentinos. “Terminaron 20 años de energía abundante, explorada y barata. Y estamos en un momento histórico de escasa energía, importada y cara, por la caída en la producción y la exploración”, resume con crudeza Alieto Guadagni, ex secretario de Energía en 2002 y profesor de Economía de la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT). La gran pregunta en estos momentos, añade, “es cuál es la mejor política que apunte a recuperar el autoabastecimiento perdido”.

Según los últimos datos oficiales, “en 2010 la Argentina poseía 401 millones de metros cúbicos en reservas probadas de petróleo, lo que es equivalente a unos 13 años de consumo de ese momento. En gas, las reservas probadas eran de 359.000 millones de metros cúbicos lo que es equivalente a 9 años de consumo de 2010”, describe Camilo E. Tiscornia, profesor de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Católica Argentina (UCA), y director de C&T Asesores Económicos. Esto significa que las reservas de crudo bajaron al menos un 0,4%, y las de gas disminuyeron un 5,3% respecto del año anterior.

La cuenta de Guadalgi es la siguiente: “Hoy se produce apenas dos tercios del petróleo que se producía a fines del siglo pasado y un 15% menos del gas que se producía en 2004. Serán necesarias inversiones anuales en el orden del 3% del PBI por varios años, es decir, unos 40.0000 millones de dólares. ¿Quién va a poner ese dinero?”, se pregunta el ex secretario de energía.

Argentina importa cerca del 20% del gas natural que necesita en forma de gas natural licuado (GNL), que proviene de gasoductos desde Bolivia. Por otro lado, importa casi el 50% del gasoil para la generación eléctrica y el transporte de Venezuela.De este país llega también el fuel oil para la generación eléctrica, un combustible ineficiente y contaminante. En 2011 significó gastos por 9.300 millones de dólares, un 110% más que en 2010.

Este panorama difícil para el país era un tema postergado por la administración de Cristina Fernández de Kirchner y gobiernos anteriores que, mientras la economía crecía en torno al 8% en promedio y aumentaba el consumo, no resolvía el problema de los subsidios que habían sido instalados en la crisis de 2001, cuando el país declaro´ el default de su deuda soberana. Los subsidios energéticos alcanzan en el presupuesto aprobado para 2012 un monto que asciende a los 16.600 millones de dólares.

En un giro imprevisto, la presidenta anunció el 16 de abril pasado la expropiación del 51% de las acciones de la petrolera YPF, afectando sobre todo a la participación de la española Repsol en la misma. La intención del Gobierno -que acusó a la empresa española de llevarse los dividendos y no reinvertirlos en suelo argentino-, es recuperar el autoabastecimiento y terminar con años de caída en producción e inversión, reconociendo así la existencia de un problema de suministro energético en el país.

Se abre un nuevo capítulo

Argentina tiene que operar sobre la oferta de hidrocarburos y la demanda de hidrocarburos, "maximizando la oferta y minimizando el consumo", describe Guadagni.

En cuanto a la oferta, el especialista marca tres acciones a tener en cuenta: “en primer lugar, el programa de exploración en mar continental donde Enarsa (empresa del Estado) no ha hecho nada, pero sí la angloaustraliana BHP Billiton; en segundo lugar, la exploración en tierra de los recursos convencionales de petróleo y gas y de los no convencionales, como el shale gas, que es costoso y complejo a nivel técnico y ambiental". Él estima que para elevar la oferta mediante una mayor exploración se necesitaría unos 3 años y unos 3.000 millones de dólares. En tercer lugar, Guadagni añade que sería necesario destinar al menos unos 4.000 millones de dólares en hacer nuevas refinerías de gasoil y otros 1.000 millones de dólares en instalaciones portuarias.

Mientras el país se encuentra en dificultades para mejorar su balanza de pagos y gasta cada vez más en importación de combustibles, los expertos creen difícil que la nuevamente estatal YPF (privatizada en 1999) pueda afrontar semejantes niveles de inversión para recuperar el autoabastecimiento.

“Hay rumores de que empresas americanas o chinas estarían interesadas en invertir en Argentina. Pero el gran problema es cómo convencer a un nuevo inversor privado cuando el que estaba (Repsol) fue despojado de la empresa de un modo tan desprolijo. A esto debe sumarse la incertidumbre creciente que hay respecto de la situación macroeconómica del país, que conspira contra cualquier tipo de inversión”, sostiene Tiscornia. Entre otras cosas, la inflación ronda el 30%, según información de organizaciones privadas, y existe lo que se ha denominado el “corralito verde” que prohibe la compra de dólares mediante la intervención gubernamental del mercado de divisas.

Guadagni señala que “el tesoro no tiene plata. Y cargarle éste costo a los consumidores es complejo desde el punto de vista político. La gran pregunta es cómo hará el Gobierno para movilizar la inversión privada”.

Del lado de la demanda, habría que disminuir el consumo “con más estructura eléctrica porque la Argentina es uno de los países que más utiliza gas cuando en otros países es al revés”, dice Guadagni. De hecho el país tiene la mayor flota mundial de automotores a gas, las familias utilizan intensamente gas por redes, gran parte de la generación eléctrica funciona con gas y la industria petroquímica está basada en este insumo.

Según estudios del INTI (Instituto Nacional de Tecnología Industrial) es posible obtener ahorros cercanos al 20% del consumo en combustibles y energía eléctrica en casi cualquier instalación, sin realizar inversiones. La eficiencia energética –explica el INTI- puede materializarse mediante la modificación de comportamientos humanos y el uso de tecnologías, equipos y artefactos más eficientes. Mario Ogara, responsable del sector Energía del INTI, señala que numerosos países han puesto en práctica el concepto de ALD (Administración del Lado de la Demanda), "aquellos que han comprendido que es absolutamente necesario fomentar la reducción de consumos por medio de diferentes acciones, entre las que figuran programas gubernamentales, el establecimiento de marcos regulatorios, la vigencia de tarifas promocionales, campañas públicas de concientización, formación y entrenamiento de recursos humanos, asistencia técnica y desarrollo de equipos y artefactos más eficientes".

Seguridad jurídica y política

Los expertos señalan que para lograr que lleguen capitales de inversión, que requieren muchos años para amortizar los esfuerzos económicos, se necesita un horizonte de previsibilidad económica, política y jurídica.

“Esencialmente, un mejor marco regulatorio que dé los inventivos adecuados a los productores", opina Tiscornia, quien explica que en el marco de la política oficial de subsidios al consumo doméstico, los productores locales de hidrocarburos reciben precios muy inferiores a los internacionales. Por el contrario, el Gobierno convalida los precios internacionales a los productores externos cuando debe pagar las importaciones correspondientes". Además de solucionar este reajuste, "que es una cuestión específica del sector energético, habría que mejorar el clima de inversión general, ya que, a lo largo de los últimos años, la Argentina se volvió cada vez menos previsible, sobre todo, por la creciente intervención discrecional del Estado en la economía”, añade. Argentina arrastra cerca de ocho años de inconsistencia en la difusión de datos oficiales desde que se intervino el INDEC (Instituto Nacional de Estadísticas y Censos), y los datos estadísticos dejaron de ser reales.

Respecto de la legislación, Guadagni señala que “hay que cambiar el libreto porque la vigente es de 1968, cuando estaba el presidente de facto Juan Carlos Onganía. Hay que mejorar parámetros básicos respecto de la tecnología que se va a utilizar, el marco económico y los aspectos jurídicos para no caer en el capitalismo de amigos, es decir, contrataciones directas sin licitación como pasó con áreas de algunas provincias que se destinaron a los amigos del ex presidente Néstor Kirchner".

Según datos de Guadagni, “hoy se produce apenas dos tercios del petróleo que se producía a fines del siglo pasado y un 15% menos del gas que se producía en 2004. Este es un hecho nuevo en la historia de los hidrocarburos en Argentina, que desde su descubrimiento en 1907, no había registrado ninguna década con caída en la producción”.

Compás de espera

El Congreso argentino aprobó el 3 de mayo la expropiación de las acciones de YPF y Cristina Kirchner designó a Miguel Gallucio al frente de la petrolera. Un técnico con experiencia, según dicen en el sector. Ahora el 51% de las acciones pertenece al Estado, y el 49% se divide entre las provincias (25%), el Grupo Petersen (25,4%), Repsol (6,4%) y un 1,7% flota en el mercado. Todavía se espera que el Ejecutivo español reaccione ante los foros internacionales, económicos y políticos para lograr una compensación por el daño causado a Repsol.

Mientras tanto, dadas las restricciones de oferta que enfrenta el país, Tiscornia señala que “cada invierno suele ser más complicado que el anterior. Hace ya varios años que se implementan numerosos cortes de abastecimiento, sobre todo a las industrias, para enfrentar la escasez, lo que volverá a hacerse este año; sin embargo, la intensidad de los cortes puede moderarse este año dado que en la actualidad la actividad económica local está estancada. Por otro lado, volverán a aumentar las importaciones de energía para mejorar el abastecimiento, con el consiguiente costo fiscal".

Quizás, analiza Guadagni, hay que mirar al país vecino, Brasil, “donde los recursos son de la Nación y no de las provincias como acá. Ellos tienen una agencia nacional de petróleo donde se presentan las estatales de los países más importantes del mundo para invertir. Acá nunca el Gobierno transitó por una idea de futuro para orientar el país”.

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