Argumentos a favor de la responsabilidad social corporativa

En el reciente Foro Económico Mundial celebrado en Davos, Suiza, uno de los temas tratados obtuvo un apoyo inusualmente unánime: la necesidad de que las diferentes organizaciones, tanto del ámbito público como privado, se involucren más en la lucha contra la pobreza y las enfermedades.

Parte de este movimiento para lograr una mayor conciencia social se dirige directamente hacia las grandes empresas, cuyos recursos son necesarios para solucionar problemas específicos como la pandemia causada por el SIDA en África o la falta de vacunas para los niños en los países en desarrollo. Asimismo, los detractores de este movimiento de responsabilidad social corporativa alegan que la principal obligación de una empresa es responder frente a sus accionistas, no frente a la sociedad. [Es mejor] que distribuyan dividendos a sus accionistas, y después decidan qué hacer con el dinero, incluyendo la donación para causas benéficas.

El mes pasado, el profesor de Derecho de Wharton Nien-hê Hsieh abordaba este tema durante el seminario titulado “Multinational Corporations (MNCs) and the Ethics of Assistance,” (Multinacionales y la ética de las ayudas), en el que señalaba que existen dos principios que pueden justificar la responsabilidad social de las corporaciones: el auxilio y la equidad.

Cuestión de supervivencia

Hsieh introducía el tema como si se tratase de un “reto de gestión” y planteaba la siguiente cuestión: “¿Es posible que los directivos atiendan a las llamadas de ayuda de modo que no se debilite la empresa como negocio y su naturaleza lucrativa?” Hsieh señalaba que las peticiones de ayuda que reciben las multinacionales son el resultado de varios factores clave. Las multinacionales a menudo operan en países caracterizados por una pobreza extrema. “Los ingresos anuales de las cinco mayores empresas duplican el PIB (producto interior bruto) de los 100 países más pobres del mundo”, explicaba Hsieh. “Por eso es normal que la gente se pregunte ¿por qué las multinacionales no hacen algo más para ayudar a los que más lo necesitan?”. Desde la perspectiva de los ciudadanos de países sacudidos por la pobreza, parece que las empresas parecen estar “en una buena situación para hacerlo”.

Son muchos los que piden la ayuda de las multinacionales, desde activistas hasta defensores de una reforma económica mundial. Para ilustrarlo, Hsieh mostraba una lista con las demandas de los activistas a las empresas farmacéuticas durante en la Decimoquinta Conferencia Internacional sobre SIDA celebrada en Tailandia en julio de 2004:

  • Reducción inmediata del precio de los medicamentos anti-VIH/SIDA hasta niveles asequibles para la población de los países en desarrollo.
  • Eliminación de todas las reducciones de precios de carácter privilegiado.
  • Permiso para que los gobiernos puedan emplear licencias obligatorias, importaciones paralelas u otros mecanismos para proteger la salud pública.
  • Garantías para que los países en desarrollo reciban un flujo ininterrumpido de donaciones sin limitaciones temporales arbitrarias.

No sólo los activistas hacen peticiones para que las multinacionales hagan algo más para satisfacer las necesidades de los habitantes de los países en desarrollo. Por ejemplo, Hsieh señalaba en líneas generales los esfuerzos del Secretario General de Naciones Unidas Kofi Annan para persuadir a los líderes empresariales a que se unan a la iniciativa Global Compact, cuyo objetivo es que las empresas respeten y promocionen la lucha a favor de los derechos humanos, laborales y medioambientales. Annan mencionaba estos objetivos por primera vez durante la conferencia de Davos de 1999, y volvía a reiterarlos nuevamente en Davos 2004: “En tan sólo unos pocos años el entorno dominante ha pasado de creer la prácticamente inevitabilidad de la globalización a tener una enorme incertidumbre sobre la propia supervivencia de nuestro orden mundial“, manifestaba. “Esto es un reto para Naciones Unidas. Pero también obliga a la comunidad empresarial a preguntarse cómo puede contribuir a mejorar las cosas”.

Como estrategia para hacer frente al “reto de gestión”, Hsieh proponía tomar ejemplos reales de ayudas y preguntarse cómo podrían justificarse de una manera consistente con el objetivo lucrativo de toda empresa. En opinión de Hsieh, aquí es donde entran en juego los principios de auxilio y equidad.

El principio de auxilio en funcionamiento

Durante su presentación, Hsieh hablaba sobre la crisis VIH/SIDA, centrándose sobre todo en el África Sub-sahariana y señalando los siguientes hechos:

  • El año pasado el número de nuevos infectados de VIH ascendía a tres millones de personas.
  • Se estima que hoy en día hay 25 millones de personas infectadas de VIH.
  • Dos tercios de los infectados mundialmente por el VIH viven en el África Sub-sahariana, que tan sólo representa el 10% en términos de población mundial.
  • En los siete países más meridionales de África el ratio de prevalencia es del 17% o superior, mientras que en Botswana y Swazilandia superan el 35%.
  • El año pasado fallecieron 2,2 millones de personas a causa del SIDA, esto es el 75% de los tres millones de fallecimientos que se produjeron en todo el mundo.

A continuación Hsieh exponía los siguientes ejemplos de asistencia prestada por tres empresas farmacéuticas:

  • Diflucan Partnership Program (Programa de asociación Diflucan): Pfizer dona el fungicida Diflucan para tratar infecciones oportunistas sufridas por personas infectadas con VIH/SIDA en países con ratios de prevalencia del 1% o superior.
  • Positive Action (Acción positiva): En colaboración con el Centre for African Family Studies (Centro para estudios familiares africanos), GlaxoSmithKline persigue incrementar la participación de las personas infectadas con VIH/SIDA en los debates políticos tanto nacionales como internacionales.
  • African Comprehensive HIV/AIDS Partnership (Asociación africana de comprensión frente al HIV/SIDA): En colaboración con la Fundación Gates en Botswana, Merck destina 50 millones de dólares y sigue donando antivirales Cirxivan y Stocrin mientras dure esta cooperación.

En opinión de Hsieh, estos ejemplos de ayuda empresarial pueden ser justificados haciendo referencia al “reto de gestión” siempre y cuando se aluda al principio de auxilio. Este principio ha sido definido por un buen número de filósofos (incluyendo a Thomas M. Scanlon, profesor de Filosofía de Harvard a quien Hsieh cita a continuación): “Si se te presenta una situación en la que tienes la oportunidad de evitar que ocurra algo malo, o aliviar las penurias de alguien, tan sólo haciendo un ligero (o incluso moderado) sacrificio, entonces sería erróneo no hacerlo”. Para ilustrar la explicación del principio de auxilio, Hsieh citaba el caso de un niño ahogándose, ejemplo que hizo famoso Peter Singer, un brillante y en ocasiones controvertido filósofo y profesor de Bioética de la Universidad de Princeton. “Supongamos que voy caminando junto a una piscina poco profunda y veo un niño que se está ahogando”, explica Hsieh. “La mayoría de nosotros estará de acuerdo en que tengo la responsabilidad moral de salvar a ese niño, aunque ello suponga mojarme. Lo que subyace debajo de esta responsabilidad es el principio de auxilio, a saber: cuando se me presenta la oportunidad de prevenir un gran mal a cambio de un pequeño coste para mí mismo –principalmente mojarme–, entonces debo actuar para prevenir dicho mal”.

En el caso de las farmacéuticas que prestan ayuda, los tres ejemplos cumplen los requisitos para estar justificados como situaciones de auxilio: La necesidad es urgente (requiere acción inmediata); las empresas están en situación de poder aliviar esa necesidad; y el sacrificio en el que incurren es moderado. Como el propio Hsieh ha escrito: “En el contexto de la epidemia de VIH/SIDA, en especial en un lugar como el África Sub-sahariana, hay buenos motivos para pensar que la prestación de ayuda por parte de las empresas farmacéuticas puede justificarse en base al principio de auxilio”.

Justificar la prestación de ayuda haciendo referencia al principio de auxilio refleja la idea de Hsieh de que las empresas puede “priorizar” las peticiones –en lugar de “equilibrarlas”– en respuesta a las demandas de ayuda. Para encontrar cierto equilibrio es necesario que el directivo sopese los intereses de los diferentes grupos interesados de la empresa, mientras que para priorizar los directivos deben pensar de forma secuencial: una vez que se atiende una petición, se puede pasar a la siguiente, y resulta perfectamente legítimo que algunas peticiones se consideren más importantes que otras. A diferencia de lo que ocurre en caso de equilibrar, al priorizar se protege a la empresa porque, al igual que en los casos de auxilio, existe un “límite intrínseco de la cantidad de ayuda requerida”, y no resulta “necesario modificar el objetivo último de toda empresa con ánimo de lucro”.

Cuestión de responsabilidad

La presentación suscitaba numerosas preguntas, la mayoría de ellas relacionadas con la aplicación del principio de auxilio en caso del directivo, el accionista o la propia empresa.

Un participante señalaba que las empresas “no son simples transeúntes. Los propietarios de la empresa tienen obligaciones, pero la empresa no”. Otro participante preguntaba “¿Por qué tienen que ser las empresas? ¿Por qué no debería ser el individuo el que compre los productos farmacéuticos y luego los regale? ¿Por qué hay que donar físicamente los medicamentos?” A lo que otro participante respondía “¿Por qué se debería pensar que una empresa no tiene obligaciones? ¿O capacidad para hacer lo que quiera?”

Otros plantearon cuestiones sobre la imagen de una empresa que proporciona auxilio y asistencia. El caso de un individuo que proporciona auxilio –como el caso del niño que se ahoga– se considera totalmente distinto al de una empresa. Si una empresa presta ayuda, ¿se considera “buena”? Si prestas ayuda en una ocasión, ¿se considera que la prestarás siempre? ¿Es el auxilio de hecho acumulativo? El alcance de las ayudas ¿será bueno para el negocio? En caso afirmativo, ¿esta imagen pública tendrá alguna influencia sobre los accionistas, de modo que consideren que prestar ayuda es una “obligación” de la empresa?

Otras preguntas se referían a la preponderancia de las oportunidades de prestar auxilio –desde las víctimas del VIH/SIDA hasta las del Tsunami pasando por los niños que se ahogan–, y a cómo deciden las empresas quién recibe la ayuda. “¿Cómo eliges entre todas las víctimas?”, preguntaba uno de los participantes. “Si el dinero (que se destina a las víctimas del Tsunami) fuese al África Sub-sahariana, se salvarían literalmente muchas vidas. Hablamos de miles y miles de vidas simplemente empleando esos recursos”. Esta cuestión a su vez daba inicio a un debate sobre la definición de “urgente” y “necesario”, y sobre si dicho términos importan respecto al cuándo, cómo y dónde se destina la ayuda internacional.

Y por último se plantearon preguntas sobre la naturaleza del auxilio. “La obligación de prestar ayuda, ¿ha llegado a tal extremo que es relevante la dificultad que entraña la misma?”, preguntaba un participante. “Digamos que para ti existe ese moderado esfuerzo o sacrificio. Pero si hay sacrificio, ¿la obligación de ayudar es mayor?” ¿Cuándo deja de estar la empresa “obligada a prestar auxilio?”. “¿Debería tenerse en cuenta la naturaleza de la empresa? Uno de los objetivos de las empresas farmacéuticas es ayudar a la gente. El sector en el que opera la empresa, ¿influye en su respuesta ante peticiones de ayuda? ¿Supone alguna diferencia?”.

Para debatir todas estas cuestiones, el grupo retomaba el caso ilustrativo del rescate del niño que se está ahogando, y añadía ciertas características para reflejar diferentes situaciones: La obligación de proporcionar asistencia, ¿cambia si el rescatador es el director de la empresa, está de camino hacia una importante reunión, y la empresa va a sufrir graves consecuencias si se la pierde? O supongamos el caso de un taxista: ¿Tiene la obligación moral de parar para ayudar a alguien que lo necesite aunque en realidad él no sea propietario del taxi y trabaje para otra persona? ¿La obligación de auxilio también alcanza al propietario del taxi o sólo afecta al taxista?

Un participante concluía con la siguiente afirmación: “No estoy seguro de que todos estemos de acuerdo sobre si se tiene o no la obligación de prestar auxilio; una cosa es hablar de los accionistas y otra de los directivos que están actuando como agentes de los accionistas. Creo que nos estamos volviendo locos para deducir cuales son las obligaciones de los directivos”.

Equidad: India e Ikea

Hsieh también consideraba los casos de peticiones de auxilio en situaciones en los que no hay necesariamente rescate. Así, citaba el caso de la proporción de educación en el “cinturón de alfombras” de la India, proyecto que cuenta con el apoyo de Ikea, empresa que adquiere alfombras en la región. En colaboración con UNICEF, Ikea ha creado más de 100 “escuelas puente” para que los niños puedan acceder al sistema educativo básico.

A continuación Hsieh explicaba el “principio del beneficio mínimamente equitativo” de la siguiente manera: “En un intercambio, si alguna de las partes -pero no todas- se sitúa por encima de un umbral mínimo de bienestar y privilegios, estaría mal que aquellas partes muy por encima de dicho umbral no ayuden a las demás a acercarse al mismo”. Si la carencia de educación básica provoca que una parte se sitúe por debajo del umbral mínimo, sostenía Hsieh, entonces la asistencia prestada por Ikea podría argumentarse haciendo referencia a este principio de equidad y justicia. En el contexto de un intercambio, añadía, “atender las peticiones de ayuda no tiene por qué debilitar necesariamente el objetivo de toda empresa con ánimo de lucro. El reto no consiste en decidir si resulta o no admisible prestar ayuda, sino en determinar si todas las partes implicadas están por encima del umbral mínimo, y en caso de que no sea así, qué se puede hacer para que las más desfavorecidas se  acerquen a dicho umbral respetando los límites del intercambio comercial”.

Debido a la escasez de tiempo disponible para las conclusiones antes de que el seminario finalizase, Hsieh sugería algunas consideraciones prácticas y teóricas:

  • Para las empresas, hacer más transparente la necesidad potencial de involucrarse en tareas de prestación de ayuda y especificar los recursos disponibles para asistencia antes de ofrecerla.
  • Abandonar la idea de equilibrar las necesidades; hay que pensar en términos de priorizarlas.
  • Incluir las responsabilidades de gestión dentro de un marco más amplio de responsabilidades morales.

La alusión de Hsieh a un “marco más amplio” –tal vez el futuro debate sobre el tema de la asistencia de las multinacionales– ya lo había adelantado en una conferencia pronunciada el pasado otoño. Tras señalar que en la actualidad son más de 1.500 las empresas que participan en el proyecto Global Compact, Hsieh explicaba que “en general, a la hora de tomar decisiones empresariales, todo negocio siempre presta atención a los principales grupos interesados, y muchas se involucran en diversas actividades filantrópicas y programas de responsabilidad social corporativa. 

“No creo que haya necesariamente que alentar a las empresas a involucrase más en la prestación de asistencia. Lo que intento transmitir es la necesidad de encontrar un modo de proceder ante la prestación de ayuda que permita decidir cuando es o no apropiado responder a determinada petición, y siempre y cuando se respete el objetivo fundamental de la empresa”, explica Hiesh.

“Las empresas tendrán que seguir tomando decisiones relativas a las ayudas, ya que las circunstancias cambian constantemente y se seguirán recibiendo peticiones. Así pues, es necesario establecer unos criterios a partir de los cuales las empresas puedan decidir si es o no apropiado atender determinada petición. “El objetivo en estos momentos”, explicaba, es “proporcionar ciertas ideas clave para elaborar dichos criterios”.

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