Crisis abierta en Merck por la polémica retirada de Vioxx del mercado

Michael Useem, profesor de Gestión y director del Center for Leadership and Change Management de Wharton, señala que una de las consignas clave en la gestión de crisis corporativas es: “No escondas nada, cuéntalo todo”.

Semanas después de que Merck retirase voluntariamente el Vioxx, su exitoso medicamento contra la artritis como consecuencia de un extenso estudio clínico que relacionaba el medicamento con ataques de corazón y apoplejías, aún no está muy claro si el gigante farmacéutico siguió dicha consigna. Profesores de Wharton analizan la respuesta de Merck ante la crisis y el impacto de la retirada del medicamento.

 

A medida que los titulares señalaron el 30 de septiembre como fecha de la retirada -y se empezó a especular sobre una posible demanda judicial, las responsabilidades de la empresa y las implicaciones financieras de haber tomado un medicamento que utilizan más de 20 millones de personas fuera del mercado-, la atención se volcó hacia las sospechas iniciales sobre el Vioxx, las advertencias de FDA sobre las posibles complicaciones cardiovasculares del medicamento y los propios esfuerzos de la compañía para informar al público de sus posibles riesgos desde que el Vioxx se introdujo en 1999.

 

“¿Qué sabían los ejecutivos de Merck y cuándo lo supieron?”, se pregunta el profesor de Finanzas de Wharton Andrew Metrick. “¿Han sido advertidos y conscientes de esto? ¿Hicieron todo lo posible para ocultar las malas noticias? Esos son los temas cruciales. Y esto se resolverá en los tribunales”.

 

La decisión de Merck de retirar inmediatamente el Vioxx se basaba en los nuevos datos obtenidos durante tres años gracias a una prueba a la que la compañía llamó “estudio clínico prospectivo, aleatorio y controlado por el efecto placebo”, cuyo objetivo era evaluar la eficacia del Vioxx en la prevención de la recurrencia de pólipos colorrectales en los pacientes con historial de haberlos sufrido. Durante las pruebas, Merck también recogió resultados cardiovasculares de los 2.600 pacientes que participaron; la mitad tomaron 25 miligramos de Vioxx al día, y la otra mitad tomaron un placebo. Después de 18 meses, los pacientes que tomaron Vioxx mostraron un incremento del riesgo de sufrir ataques de corazón y apoplejías. En los primeros 18 meses no se observó que el riesgo aumentase –informaba la compañía-, señalando que estos resultados “eran similares a los resultados de los dos estudios con control del efecto placebo descritos en la ficha técnica actual del Vioxx”.

 

En opinión de Robert E. Mittelstaedt, decano de la W.P. Carey School of Business de la Universidad de Arizona y antiguo vicedecano del centro de educación de ejecutivos de Wharton, “uno de los factores clave en las compañías que tienen éxito en la gestión de crisis en comparación con las que no lo tienen” es que comprenden que “posiblemente la información que tengan que presentar no sea de su agrado … Merck podía haber intentado racionalizar los datos de un modo diferente para que el resultado fuese otro, pero la compañía prefirió asumirlo y tomar cartas en el asunto”, dice Mittelstaedt, autor de un nuevo libro sobre gestión de crisis titulado Will Your Next Mistake Be Fatal? Avoiding the Chain of Mistakes That Can Destroy your Organization (¿Su próximo error será fatal? Cómo evitar una cadena de errores que puede destruir su organización). “Y esa es precisamente la diferencia. La diferencia es el punto de partida”.

 

Se izan las banderas rojas

Para muchos, el tema clave tal vez sea definir ese “punto de partida”, el momento en el que se izaron las banderas rojas para el Vioxx. Incluso desde que la FDA aprobó por primera vez el uso del Vioxx en los casos de artritis y el alivio del dolor hace cinco años, los investigadores habían advertido que los pacientes que toman un tipo de medicamentos clasificados como COX-2 antiinflamatorios, o los inhibidores COX-2 –Vioxx se encontraría en este segundo caso–, tenían un mayor riesgo de sufrir ataques de corazón y apoplejías. Un estudio publicado en la prensa y dirigido por el director del Departamento de Farmacología de la Universidad de Pennsylvania, Garret A. Fitzgerald, fue el primero en advertir que los inhibidores COX-2 parecían suprimir las defensas del cuerpo contra los coágulos de sangre, aumentando la posibilidad de sufrir ataques de corazón y apoplejías.

 

En la época en la que el Vioxx se aprobó, Merck advirtió a los pacientes con problemas de corazón de estas posibles complicaciones. Cuando la FDA aprobó el Vioxx para el tratamiento de la artritis reumatoide en 2002, un nuevo prospecto de advertencia señalaba que el Vioxx estaba asociado con una mayor tasa de ataques al corazón en comparación con inhibidores COX-2 como Celebrex o Bextra. En agosto de 2004, el mismo año que la FDA aprobaba el Vioxx para aliviar el dolor de cabeza y en niños mayores de 2 años de edad, un estudio elaborado por la FDA y Kaiser anunciaba que los pacientes que tomaban elevadas dosis de Vioxx tenían el triple de posibilidades de tener problemas de corazón que los no consumidores del Vioxx. Mencionando la falta de pruebas clínicas controladas, Merck mostró su profundo desacuerdo con los resultados de dicho estudio. Sin embargo, en menos de un mes Merck había retirado el Vioxx del mercado, alegando que los estudios hechos por la propia compañía revelaban la existencia de datos preocupantes.

 

“Desde un punto de vista ético, todo radica en el motivo por el que lo hicieron”, afirma Thomas Donaldson, profesor de Derecho y Ética. “A menudo aparece oculto a los ojos de la opinión pública. En otras palabras, siempre es muy difícil desentrañar las verdaderas intenciones”.

 

Thomas W. Dunfee, profesor de Responsabilidad Social en Wharton, está de acuerdo. “Simplemente retrocediendo y observando sus acciones, parece ser que en Merck no se sabía muy bien qué hacer. No hace mucho tiempo que salió apoyando el producto. No hay duda de que se produjeron algunos debates sobre el tema dentro de la empresa. Desde una perspectiva más amplia”, añade Dunfee, una manera de evaluar este debate consistiría en cuestionarse su relación con el largo proceso de aprobación del medicamento por parte de la FDA y la existencia de más estudios una vez que el medicamento había sido aprobado.

 

Metrick considera muy meritorio que Merck llevase a cabo un estudio que, a pesar de haber sido diseñado para investigar su eficacia en casos de cáncer de colon, también registró los datos sobre sus efectos cardiovasculares. El hecho de que estos estudios se realizasen “a la luz del día y no en secreto” contribuye a que el caso del Vioxx no se meta en el mismo saco de otros escándalos corporativos, dice. “No creo que en todo esto haya nada escandaloso. Estos temas no se desconocían. Algunas personas importantes habían dicho que el Vioxx tenía ciertos problemas. La información no se mantuvo a puertas cerradas. El estudio de Merck no estaba diseñado para estudiar temas cardiacos, pero sin embargo recogió dichos datos. Si realmente no quieres que el tema se convierta en un problema, harías lo mínimo al respecto. Y la compañía no hizo eso. Diseñó un estudio para ver si el Vioxx protegía contra los pólipos pero al mismo tiempo observó los problemas cardiacos. La compañía estaba prestando atención al tema”.

 

Compara esta respuesta con el caso de Firestone, añade Metrick refiriéndose a la masiva retirada de neumáticos Firestone en 2000. “En este caso Firestone conocía algunos de los problemas de sus neumáticos, y lo mantuvo en secreto. Hasta que los problemas no se hicieron evidentes la compañía no anunció la retirada de los neumáticos”. En el caso de Merck, “no hay atisbo alguno de fraude. La compañía no dificultó las investigaciones. Sin lugar a dudas su comportamiento fue ejemplar. Cuando su propio personal dijo que había un problema, la compañía retiró el medicamento del mercado. El debate del que debemos ocuparnos en los próximos años es: ¿debería haber tratado la empresa el problema con más determinación desde el principio? ¿Deberían haber diseñado otro tipo de estudio?

 

Una crisis financiera

En opinión del vicedecano y profesor de Marketing de Wharton David C. Schmittlein, la crisis generada alrededor de Merck no está necesariamente relacionada con la ética corporativa. Las ventas del Vioxx alcanzaron los 2.500 millones de dólares tan sólo el año pasado, y Schmittlein cree que Merck está haciendo frente a “una crisis financiera: pérdida de ingresos, pérdida de confianza en los nuevos productos, pérdida de la capacidad de la compañía para desarrollar productos. La línea de productos de Merck ya no se percibe tan fuerte como hace algunos años”, afirma añadiendo que la patente de otro popular producto de Merck, el medicamento reductor de colesterol Zocar, expira en 2006. “Pero cualquiera que crea que se trata de una crisis de confianza de los consumidores se equivoca. Es una crisis de confianza financiera. Los inversores, socios empresariales, proveedores, directiva y empleados, ¿seguirán siendo fieles a la empresa?”.

 

Después de la decisión de Merck de retirar el Vioxx del mercado, su cotización cayó en un sólo día de 45,07 dólares el 30 de septiembre a 33 dólares, y desde entonces se ha mantenido en ese precio. El periódico The Wall Street Journal ya recogía las especulaciones de los analistas sobre los pagos por responsabilidades que la demanda judicial del Vioxx podía suponer para la compañía, del orden de 10.000 millones de dólares, aunque otros analistas predecían una cifra mucho menor. Casi todos parecen estar de acuerdo en que los temas legales de responsabilidad del Vioxx probablemente no alcanzarán las dimensiones de otros pleitos relacionados con el fracaso de la combinación de medicamentos dietéticos, conocida como fen-phen, que fue origen de 100.000 pleitos contra Wyeth y generó pagos hasta la fecha por valor de 16.000 millones de dólares.

 

Patricia M. Danzon, profesora de Gestión de Sistemas Sanitarios, Seguros y Riesgos de Wharton, señala que cuando se refiere a responsabilidades, “los medicamentos son diferentes a otros productos, ya que son regulados por la FDA y las compañías tan sólo pueden comercializar medicamentos que se hayan aprobado y por tanto se consideren seguros y efectivos. Hasta cierto punto, las compañías farmacéuticas deberían estar inmunizadas frente a responsabilidades porque es una agencia del gobierno la que ha certificado los datos y los conocimientos disponibles. Cuando la gente toma medicamentos hay ciertos riesgos, pero los beneficios probados superan a los riesgos. Sin embargo, lo que ocurra en los tribunales “nadie lo puede saber”.

 

El respetable historial de Merck a la hora de tener en cuenta seriamente los intereses de sus clientes en temas de salud debería obrar en su favor durante los tiempos de crisis, sugiere Schmittlein. “Si observas la decisión de Merck, contrasta significativamente con lo que hicieron empresas que comercializaban medicamentos sustitutivos de hormonas, empresas que han mantenido sus productos en el mercado y que están dispuestas a defenderlos incluso después de hallar evidencias de que aumenta el riesgo de sufrir ataques de corazón. Así pues, Merck ha adoptado claramente una actitud conservadora. Y puesto que la gente suele ser muy crítica con respecto al modo en que las compañías gestionan las crisis, Merck al menos ha manifestado históricamente su buena voluntad ante pacientes, farmacéuticos y médicos. Si crees que está en juego la marca de la compañía, tan sólo es en el caso de los inversores”.

 

Donaldson señala como Merck se convirtió prácticamente “en una celebridad gracias a la creación y distribución gratuita de Mectizan, un medicamento que cura un tipo de ceguera que se manifiesta en las partes más pobres del mundo”. La cultura corporativa de Merck “efectivamente siempre ha enfatizado que la compañía antepone la salud de los clientes, y si hacemos esto ganaremos dinero. Si alguna vez damos prioridad a ganar dinero, entonces perderemos nuestro negocio”, dice Donaldson. “Puedes cuestionar hasta qué punto Merck practica esta filosofía, pero ésta no se manifiesta sólo de vez en cuando. Se manifiesta repetidamente y de manera consistente”.

 

De hecho, después de retirar el Vioxx del mercado, la página web de la compañía publicaba un comunicado de prensa en el que se anunciaba la decisión de la compañía, destacando una cita del consejero delegado Raymond V.Gilmartin: “Hemos decidido llevar a cabo esta acción porque creemos que es la que mejor satisface los intereses de los pacientes”. Otros cuatro artículos de la página web buscaban posicionar claramente al gigante farmacéutico como una compañía capaz de capear la crisis y mantener la lealtad y confianza de sus consumidores: el artículo “Estudios clínicos” (explicando la posición de Merck sobre los estudios clínicos), “Retirada voluntaria del Vioxx” (con información para los residentes de Estados Unidos), “Nuestros valores y normas” (la base de nuestro éxito son nuestros valores y normas), y “Prácticas empresariales éticas” (nuestra creencia de que conceder importancia a la ética beneficia a nuestros negocios).

 

Algunos se preguntan si Merck pasará a formar parte de un debate político de mayor envergadura sobre si las compañías farmacéuticas están ganando demasiado dinero, cobrando demasiado por lo que produce o “no publicando los resultados que le son desfavorables”, explica Donaldson. “El caso Merck está situado en el centro de un huracán, pero la tormenta está repleta de otras nubes grises a punto de estallar. Debido a todas esas fuertes corrientes de intereses que están dando vueltas alrededor de la decisión sobre el Vioxx, en mi opinión durante algún tiempo va a ser muy difícil averiguar qué es lo que ocurrió exactamente”.

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"Crisis abierta en Merck por la polémica retirada de Vioxx del mercado." Universia Knowledge@Wharton. The Wharton School, University of Pennsylvania, [03 noviembre, 2004]. Web. [23 January, 2018] <http://www.knowledgeatwharton.com.es/article/crisis-abierta-en-merck-por-la-polemica-retirada-de-vioxx-del-mercado/>

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