¿Cuánto tarda un país en recuperarse de una catástrofe natural?

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México acaba de sufrir uno de los peores terremotos de su historia. Sólo unas semanas antes, los huracanes Harvey e Irma tuvieron efectos devastadores en diferentes países americanos. Las catástrofes naturales, además de poco previsibles, tienen un importante coste personal y material. Sin embargo, Eduardo Cavallo, economista del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y autor de una investigación sobre el impacto económico de estos desastres, titulada Catastrophic Natual Disasters and Economic Growth (Desastres catastróficos naturales y crecimiento económico), asegura que, a largo plazo, las posibilidades de recuperación de un país son altas, aunque depende de la magnitud del suceso.

A continuación, la entrevista con Cavallo.

Universia Knowledge@Wharton: ¿A corto plazo, cuál es el impacto económico de una catástrofe natural?

Eduardo Cavallo: Es necesario distinguir entre efectos directos y efectos indirectos de los desastres naturales. Los efectos directos incluyen los daños directos a la vida y las estructuras humanas. Los efectos indirectos se cuantifican en términos de la producción económica que se pierde tras un desastre, bien sea debido a la pérdida directa de activos productivos, o debido a que la reconstrucción priva de recursos a sus usuarios anteriores, o debido a que la desorganización de los procesos establecidos de producción y distribución provoca un uso menos eficiente de los recursos. Por ejemplo, si el desplome de un puente causa una costosa desviación de los cargamentos.

Las economías más desarrolladas acusan más los efectos directos materiales —tienen más y más valiosos activos físicos que perder en un desastre— y las economías en desarrollo acusan más los efectos directos en términos de mortalidad y poblaciones afectadas.

Los efectos indirectos tienden a ser más grandes en los países menos desarrollados, tanto porque son más vulnerables, como debido a que muchas de ellas se encontraban en una senda de crecimiento más empinada antes del desastre, por lo que experimentan una baja más pronunciada del crecimiento después del mismo.

U.K.@W.: ¿Y el impacto en el Producto Interior Bruto (PIB) nacional a largo plazo?

E.C.: La evidencia muestra que la mayoría de los países termina recuperándose de estos eventos. Hay muy pocos casos, como el del terremoto de 1978 en Irán o el de diciembre de 1972 en Nicaragua, que fustigaron a esos países con un crecimiento negativo durante el decenio siguiente al siniestro. Pero a esos eventos les siguieron revoluciones políticas radicales que cambiaron fundamentalmente sus sistemas económicos y políticos.

U.K.@W.: ¿Podría resumirnos las principales conclusiones de la investigación que llevó a cabo sobre la relación entre catástrofes naturales y crecimiento económico?

E.C.: Lo que surge del análisis es que los desastres naturales de mayor magnitud efectivamente tienen un efecto cuantificable sobre el crecimiento económico subsiguiente, y ese impacto es marcadamente negativo. Cuando un país sufre un desastre de gran magnitud, definido como uno de tal gravedad que se puede incluir en el 1% más alto de todos los desastres naturales del mundo, medidos en términos de muertes por millón de personas, el resultado probable no es sólo un crecimiento más lento, sino un crecimiento negativo durante los diez años siguientes. En promedio, cabe anticipar que su PIB per cápita disminuya a un nivel de 10% por debajo del que tenía cuando ocurrió el desastre. De no haber ocurrido el desastre, el crecimiento habría sido positivo y el PIB habría sido un 18% mayor, en promedio, al cabo de esos diez años. Por ende, los desastres de gran magnitud tienen un impacto negativo medio de 28 puntos porcentuales sobre el ingreso per cápita a lo largo de un período de diez años. Un resultado desalentador.

Sin embargo, el resultado es muy distinto en el caso de desastres menos catastróficos. Si se amplía la definición para incluir el 10% superior, en vez de sólo el 1% superior, de los desastres en todo el mundo, el efecto sobre el crecimiento económico desaparece completamente según las medidas estadísticas convencionales. Esto significa que es poco probable que un desastre de la escala del terremoto de Ciudad de México, por ejemplo, tenga algún impacto en el crecimiento del país al cabo de un plazo de 10 años; un hallazgo mucho más alentador.

Más aún, retomando los hallazgos correspondientes a los desastres más grandes, el estudio muestra que los efectos negativos estimados parecen ser producto de apenas dos de los cuatro desastres incluidos en la muestra: el terremoto de Nicaragua en diciembre de 1972 y el terremoto de Irán en 1978. Esos dos desastres fueron seguidos por descensos bruscos del PIB del país afectado. Si se excluyen de la muestra, se desvanecen los resultados estadísticos.

En resumen, la evidencia sugiere que a menos de que un desastre natural sea muy grande y seguido por una revolución política radical, es poco probable que tenga efectos duraderos sobre el crecimiento.

U.K.@W.: ¿Qué factores inciden en cómo los países se recuperan económicamente tras una catástrofe natural?

E.C.:  Hay varios factores que inciden sobre cómo un desastre natural afecta al país. Los países pequeños tienen una mayor vulnerabilidad a los impactos de un desastre natural. A Sri Lanka por ejemplo le resulta más difícil enfrentar las consecuencias de un ciclón que a India, ya que no puede movilizar recursos con rapidez desde zonas lejanas que no se vieron afectadas, o trasladar a otras zonas a personas desplazadas como lo puede hacer un país de mayores dimensiones.

Los países en desarrollo de menor tamaño también suelen tener economías menos diversificadas. En general, no tienen sectores que puedan hacer frente a la situación o incluso expandirse para compensar la menor actividad de los sectores que se han visto afectados o devastados. Eso sucede especialmente en países que dependen de la agricultura, que tienen pocas opciones cuando el café, el cacao y otras plantaciones se ven afectadas.

Otro factor que se ha demostrado que tiene incidencia es el grado de desigualdad económica: las sociedades más desiguales invierten menos recursos en prevención, quizá porque carecen de la cohesión social que se necesita para actuar en pro del bien general, ya sea como causa o como efecto de la desigualdad.

U.K.@W.: En qué aspectos debe centrarse principalmente una región o país a la hora de recuperarse de un evento como estos. ¿Cuáles son las prioridades?

E.C.:  Los países que mejor se recuperan de desastres naturales son los que más pueden ayudarse a sí mismos. Es fundamental prepararse para minimizar los impactos negativos. Esto significa no solo, por ejemplo, tener mejores malecones y sistemas de alerta anticipada. También significa imponer una mejor zonificación, para que el desarrollo urbano descontrolado y los proyectos agrícolas no acaben con los manglares que fijan la tierra y evitan que las lluvias traigan aparejados derrumbes de laderas. Significa tener mejores sistemas de alcantarillado y drenaje de aguas pluviales, entre otras defensas vitales.

Pero para que un país se prepare debe tener la capacidad de planificar a largo plazo. También debe tener una buena gestión macroeconómica, de modo que pueda ahorrar los recursos que necesita para contratar esos seguros, construir obras de infraestructura resistentes a los embates y, una vez que ocurre un desastre, poder reconstruir lo que se haya perdido.

Por ejemplo, en Chile, una mejor gestión económica permitió tomar medidas de previsión. El país impuso una serie de códigos de construcción estrictos y efectivos, y descentralizó su sistema de socorristas. Y cuando en febrero de 2010 hubo un fuerte terremoto de 8,8 en la escala de Richter y un maremoto, el país estaba preparado. El desastre causó más de 500 muertes y produjo pérdidas materiales superiores a 30.000 millones de dólares, o casi 19% del PIB. Pero gracias a que Chile había ahorrado y se había preparado, consiguió recuperarse relativamente rápido sin necesidad de recurrir a la ayuda externa, mientras que Haití, que había sufrido un terremoto equiparable en términos de destrucción seis semanas antes, todavía sufre sus consecuencias.

U.K.@W.: ¿Cómo se financia la reconstrucción?

E.C.: La asistencia internacional puede ser una ayuda pero rara vez es significativa en cubrir los costos de un desastre natural. En un análisis de 98 casos de catástrofes naturales entre enero de 1970 y junio de 2008, hubo un aumento medio de 18% en Ayuda Oficial al Desarrollo (ODA, por sus siglas en inglés) a países afectados en comparación con los dos años previos. Eso representó sólo el 0,25% del PIB de esos países y el 3% de los daños económicos estimados. Además, parte de esa ayuda ya había sido otorgada; simplemente fue reasignada a asistencia humanitaria desde otros sectores a los que se había asignado previamente.

Por lo tanto, la reconstrucción en su mayoría se termina financiando por los propios países afectados a través de distintas modalidades. Lamentablemente, los seguros no juegan un rol muy significativo aún. Según un estudio que hicimos en el BID, la abrumadora mayoría de los gobiernos carecen de seguros macro contra desastres naturales simplemente porque los costos de ese tipo de seguros en un mercado incipiente superan los beneficios.

Existen, sin embargo, algunos avances prometedores. Los bonos de catástrofes (o cat) son un instrumento financiero comerciable que distribuye el riesgo a través de los mercados globales de capital. Estos bonos suelen ser emitidos por gobiernos o empresas de reaseguros —las aseguradoras de las aseguradoras— y respaldados por letras del Tesoro de Estados Unidos. Aunque suelen pagar una pequeña fracción de los daños, pueden brindar importantes beneficios en caso de que se produzcan las peores catástrofes.

En 2006, México se convirtió en un pionero en América Latina al emitir un bono de catástrofe de 160 millones de dólares para cubrir los daños de un potencial terremoto. Pero para la mayoría de los países, asegurarse contra catástrofes es extremadamente costoso. Los bonos de catástrofe cuestan hasta cuatro veces o más que lo que el país promedio está dispuesto a pagar para obtener las ganancias de bienestar de nuestro modelo. Eso se debe principalmente al desafío sumamente complejo de hacer cálculos sobre un evento que se produce una vez por siglo y sus costos relacionados. Una empresa de seguros para vehículos puede usar datos de miles de accidentes para calcular con un buen grado de precisión el riesgo de un choque en el que hace falta reemplazar el parachoques. Pero aún ninguna empresa puede predecir con precisión la probabilidad de un terremoto muy poco frecuente pero devastador que se cobra la vida de miles de personas y deja miles de millones de dólares en daños. Pero aquí el sector público podría jugar un rol clave. Los gobiernos y las instituciones multilaterales podrían subsidiar la investigación necesaria y ayudar a expandir el mercado.

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