Diferencias entre el caso Parmalat y los escándalos de Estados Unidos

Cuando el escándalo de Parmalat salió a la luz a mediados de diciembre, rápidamente fue apodado “el Enron de Europa”, sugiriendo que los fraudes multimillonarios no son después de todo un fenómeno predominantemente americano. ¿Es el caso de Parmalat, empresa italiana de productos lácteos con sede en Parma y que emplea 36.000 personas en 29 países, realmente análogo a los escándalos corporativos estadounidenses de los últimos tres años?

 

Como todavía hay datos del caso Parmalat que están saliendo a la luz, no está claro cuál es el grado de similitud con los casos estadounidenses, pero ciertamente a primera vista existen parecidos, dice Robert E. Mittelstaedt Jr., vicedecano de Wharton y director del programa de educación ejecutiva. “En cierto modo no se trata más que de un síntoma de los tiempos que vivimos; estamos hablando de gente muy ambiciosa que cuando lograron su objetivo quisieron crear cosas que no existían. No es muy diferente de lo que ocurrió en otras empresas como Enron”.

 

Parmalat, Enron y otras empresas estadounidenses como Tyco y WorldCom, todas ellas básicamente han estado manipulando las cifras para que la empresa pareciese gozar de un mejor estado de salud. En todos estos casos han surgido preguntas sobre el comportamiento de los contables, auditores y miembros del consejo de administración, los cuales podrían haber conocido, deberían haber sabido, o en el fondo desconocían, que había algo que estaba mal.

 

Hoy en día “las grandes empresas parecen estar dispuestas a meterse en líos espantosos con tal de disparar la cotización de sus acciones o mantener su cuota de mercado”, dice Thomas Donaldson, profesor de derecho de Wharton. Este no era el caso hace 20 o 30 años, ni en Estados Unidos ni en el resto del mundo, añade. El caso Parmalat demuestra que el problema no se localiza únicamente en Estados Unidos, sino que es el resultado de una serie de actitudes que están “incrustadas en la mentalidad contemporánea” de muchos ejecutivos corporativos de todo el mundo.

 

Aún así, señala Donaldson, el caso Parmalat presenta algunas características únicas. Aunque podría ser comparado en magnitud al caso Enron si tomamos como referencia ciertos datos, “el modo en el que se ha llevado a cabo es muy diferente … [el caso Parmalat] es más bien un fraude común, pero realizado a gran escala”. Por ejemplo, un factor clave del caso Parmalat fue la falsificación de una carta en la que se afirmaba que la empresa de productos lácteos tenía 4.900 millones de dólares depositados en el Bank of America.

 

Telefonistas como consejeros delegados

El desplome de Parmalat comenzó en noviembre cuando sus auditores empezaron a hacer preguntas sobre unos beneficios de 135 millones de dólares procedentes de productos financieros derivados. Tras encontrarse más evidencias de registros contables falsos, el director ejecutivo y fundador de la empresa Calisto Tanzi dimitía el 15 de diciembre. Cuatro días más tarde la empresa descubría la carta falsa del Bank of America. El 23 de diciembre investigadores italianos afirmaban que la empresa había utilizado docenas de empresas offshore (constituidas en paraísos fiscales) para registrar activos no existentes y así contrarrestar los 11.000 millones de dólares de pasivo; es más, añadían que Parmalat podía haber estado falsificando sus libros contables desde hace 15 años.

 

Parmalat se declaraba en bancarrota al día siguiente. El 27 de diciembre la policía detenía a Tanzi. Días más tarde también se detenía a otros siete ejecutivos. El 29 de diciembre la Securities and Exchange Commission (SEC) de Estados Unidos presentaba una denuncia judicial contra Parmalat, acusándola de haber utilizado informes financieros falsos para conseguir que los inversores estadounidenses comprasen más de 1.500 millones de dólares en acciones.

 

Los investigadores creen que se podrían haber evadido más de 10.000 millones de la empresa. Así, se está investigando cuál ha sido el papel, si es que ha tenido alguno, de los auditores de la empresa, las filiales italiana de Grant Thornton y Deloitt&Touche, y de los bancos extranjeros, incluyendo Citibank y Deutsche Bank, que ayudaron a Parmalat en sus negocios. Una de las alegaciones más estrafalarias: que un telefonista de Parmalat fue citado como consejero delegado de más de 25 filiales utilizadas para maquillar los problemas financieros de la empresa.

 

En un principio parece ser que las maniobras contables estaban diseñadas para mantener la empresa a flote tras haber perdido fortunas en Latinoamérica, y no para enriquecer directamente a Tanzi y su familia, aunque obviamente éstos tuviesen un interés financiero en que la empresa sobreviviese. En este sentido, el caso parecía ser diferente a muchos de los casos estadounidenses como Tyco y Enron, donde el objetivo del presidente parecía ser conseguir el enriquecimiento de un puñado de directivos de la empresa. La mayoría de las cuentas muestran que la familia Tanzi vivía un estilo de vida relativamente modesto dada su riqueza. Esto es algo que no se podría afirmar de los directivos estadounidenses acusados, como el consejero delegado de Tyco L. Dennis Kozlowski, que se trasladaba en jet y era un fanático de las fiestas.

 

Sin embargo, en la segunda mitad de enero aparecieron informes en los que se afirmaba que la familia Tanzi se había beneficiado directamente gracias a algunas actividades ilegales. Los investigadores afirmaban que el antiguo vicepresidente financiero de la empresa había declarado que Tetra Pak, el proveedor sueco de envases para Parmalat, había pagado millones a la familia Tanzi en concepto de “comisiones”. Y los fiscales declaraban que Tanzi admitía haber transferido unos 620 millones de dólares desde las cuentas de Parmalat a las empresas de viajes de la familia.

 

Al igual que en los casos estadounidenses, en el caso Parmalat han surgido preguntas sobre cómo la empresa pudo haber manipulado sus cifras durante tanto tiempo sin haber obtenido ayuda del exterior. Al menos los auditores, dice Mittelstaedt, deberían haber hablado con el Bank of America para verificar la existencia de esos 4.900 millones de dólares de Parmalat.

 

Los investigadores están estudiando si el Bank of America ha estado de modo alguno involucrado en las falsas declaraciones, a pesar de que el banco niega tales acusaciones. No se puede esperar que el banco esté constantemente buscando alrededor del mundo si alguien está utilizando su nombre en falso, señala Mittelstaedt, añadiendo que sin embargo las empresas que suscribieron los bonos de Parmalat y las ofertas de acciones deberían haber investigado en cierta profundidad para cerciorarse de que la empresa pudiese respaldar sus informes financieros.

 

Negocios al estilo italiano

Aunque Parmalat demuestra que los embustes financieros también pueden ocurrir en Europa, Peter Cappelli, director del Center for Human Resources de Wharton, cree que “es más difícil fuera de Estados Unidos”. En los 90, la legislación federal de Estados Unidos limitaba las deducciones fiscales de las corporaciones al primer millón de dólares obtenido por los ejecutivos, lo cual originó que empezasen a cobrar mayor importancia formas alternativas de retribución como las stock options (opciones sobre acciones). Al caducar normalmente a los 10 años, las opciones son un gran incentivo para que los ejecutivos hagan que la cotización de las acciones se dispare a corto plazo, y algunas empresas emplearon trucos contables para conseguirlo, explica Cappelli.

 

A medida que los paquetes retributivos se volvieron más complejos, añade Cappelli, las empresas empezaron a depender en mayor medida de asesores especializados en retribuciones, los cuales tienden a pensar que están trabajando para el consejero delegado y que por tanto necesitan conseguirle mayores ingresos para que la relación perdure. En Estados Unidos es aceptable que los ejecutivos consigan cada vez mayores retribuciones además de otros beneficios. “No se trata de algo muy habitual en Europa”, dice Cappelli. “Creo que en el fondo estas normas sociales son las que mantienen [las cosas] a raya”.

 

En general, las empresas europeas no han seguido el modelo estadounidense. Los ejecutivos europeos no reciben salarios tan elevados y no tienen el mismo tipo de incentivos para lograr buenos resultados en el corto plazo a costa de la salud de la empresa a largo plazo.

 

Sin embargo, Donalson señala que la cultura empresarial que existe en Italia hace que, en cierto modo, la probabilidad de que haya escándalos sea mayor que en otros países europeos. “Sería mucho más difícil que el caso Parmalat hubiese tenido lugar en Alemania, Suecia o el Reino Unido. A nadie pasa desapercibido que esas redes prácticamente familiares de amistad mezclada con negocios pueden funcionar, pero también pueden ser un desastre”. Italia, continúa Donaldson, “tiene muchos puntos fuertes, pero también tiene muchas debilidades, desde la influencia de la Mafia hasta la tendencia a mantener inocentes relaciones entre la gente del gobierno y de la industria”.

 

En cierto sentido, el escándalo de Parmalat refleja los efectos de la globalización y el creciente uso a nivel mundial de exóticos productos financieros derivados para cubrir riesgos como las fluctuaciones de la divisa. Parmalat tenía unas 200 filiales, empresas subsidiarias y otras relaciones opacas, del mismo modo que Enron tenía un colchón de “entidades con cometido especial” que utilizaba para ocultar deudas.

 

Tras el caso Parmalat, la Unión Europea ha anunciado planes para endurecer las normas contables. Uno de los cambios propuestos consistiría en la designación de un único auditor para asumir toda la responsabilidad de los informes financieros presentados por las empresas, que es una práctica existente en Estados Unidos. Los investigadores creen que al haber dos auditores, en Parmalat quedaron algunos huecos por cubrir y fue más sencillo utilizar ciertas maniobras contables.

 

También hay una propuesta para crear agencias de auditoría supervisoras en cada uno de los 15 estados miembros, similares al comité supervisor creado en Estados Unidos tras el caso Enron.

 

Donaldson sugiere que mientras se estén llevando a cabo reformas en las normas, es muy importante la actividad de supervisión y conseguir que éstas se cumplan, ya que “la gente inteligente siempre es capaz de encontrar un modo inteligente para evitar el cumplimiento de las normas. Al final, no hay ningún substituto de la gente con conciencia que hace lo que sabe que es correcto… Siempre he creído que ser un manager es una actividad profesional. Para que sea una verdadera profesión, no debe tener ningún componente basado en la búsqueda de los propios intereses, sino en la calidad del entorno en el que todos nosotros nos desenvolvemos”.

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