El impacto mundial del precio del petróleo

El precio del petróleo West Texas (referencia en EEUU) marcó un máximo histórico a principios de abril, alcanzando los 58 dólares por barril, lo que alarmó a los economistas y a los analistas del mercado financiero.

 

¿Estamos ante otro gran shock del petróleo? Y dada la enorme demanda de China y otras economías en rápido crecimiento, ¿es posible que el oro negro vuelva a precios más cómodos situándose en la franja de 30 a 40 dólares? Knowledge@Wharton, China-Knowledge@Wharton y Universia-Knowledge@Wharton han entrevistado a expertos de Estados Unidos, China, España y Brasil acerca de sus perspectivas sobre el impacto de los altos precios del petróleo en la economía mundial.

 

El amor por los coches tragones

Las previsiones sobre los precios abarcan un amplio espectro de posibilidades, y la mayoría de los analistas coinciden en que el futuro es especialmente sombrío. El Fondo Monetario Internacional dijo recientemente que espera que los precios del petróleo suban en torno a un 23% durante 2005, y después bajen cerca de un 6% en 2006. Después de alcanzar un máximo histórico el 4 de abril, el precio del petróleo bajó hasta cerca de los 50 dólares a mediados de mes.

 

En medio de la volatilidad e incertidumbre, dos cosas parecen muy claras: la existencia de fuerzas de mercado actuando para prevenir una dramática caída de los precios, aunque la situación no es tan crítica como el récord de precios alcanzado parece indicar. “Los aumentos de precios no son buenos para la economía”, dice el profesor de Finanzas de Wharton Marshall E. Blume. “A principios de los 70, experimentamos incrementos sustanciales en los precios del petróleo debido al embargo árabe. En ése caso, los precios fueron controlados, lo cual realmente afectó a nuestra economía”. Mientras que el alza de los precios del petróleo daña prácticamente a todos los consumidores e industrias, sus efectos son especialmente dolorosos para los que necesitan grandes cantidades de combustible, como los camioneros, aerolíneas y fabricantes de plásticos, añadió Blume. “Piensa en los automóviles. La gente se lo pensará dos veces a la hora de comprar un vehículo que consuma mucho combustible, y nuestra economía está pensada para producir vehículos de este tipo”.

 

A pesar de todo, según Jeremy Siegel, profesor de Finanzas de Wharton, el reciente récord de precios no es tan malo como parece. “La razón principal es que tenemos que ser mucho más eficientes desde el punto de vista energético”. Hoy en día, dice, se necesita menos de la mitad de volumen de combustible necesario en la década de los 70 para producir el equivalente a un dólar de producto interior bruto. Además de eso, la economía norteamericana está más diversificada que hace tres décadas; actualmente hay menos dependencia del consumo de energía y más de la industria de servicios, que usa menos energía por dólar de producción.

 

Además, las recientes alzas registradas por los precios del petróleo, aunque se traten de un récord en términos monetarios, están muy lejos de los precios de los 70 ajustados a la inflación. Para igualar esos récords, los precios deberían alcanzar los 90 dólares, dijo Siegel. “No estamos ni cerca de eso todavía. Ahora bien, un barril de petróleo a 90 dólares… Eso sí llamaría la atención de la gente”.  El público no se quedó indiferente cuando un analista del banco de inversión Goldman Sachs dijo recientemente que los precios podrían llegar a 105 dólares en 2007; aunque, en su opinión, el nivel de 50 dólares era más probable en el próximo año. Sin embargo, algunos analistas sugieren que los precios se situarán por debajo de los 40 dólares otra vez. Nadie lo sabe.

 

Siegel y Blume dicen que no hay muchas razones para pensar que el precio del petróleo pueda bajar rápidamente. La oferta de petróleo, por ejemplo, no va a incrementarse dramáticamente a corto plazo. Los precios más elevados pueden incentivar la exploración y hacer rentable la extracción de petróleo en aquellos yacimientos conocidos donde es difícil y caro hacerlo, pero muchas reservas conocidas ya están produciendo cerca de su capacidad total. “La posibilidad de aumentar la producción de pozos tradicionales en volúmenes significativos ya está empezando a generar restricciones”, señala Siegel. Las reservas no tradicionales, como los grandes campos de Canadá, exigirán billones de dólares de inversión durante muchos años para empezar a producir volúmenes significativos.

 

Al otro lado de la ecuación, añade, es poco probable que la demanda caiga. “Sabemos que los americanos aman los coches grandes”.

 

El factor chino

Mientras tanto, el mercado mundial tiene que hacer frente a un importante asunto: China. “Países como China aumentarán la demanda de petróleo”, dice Blume. “Esto añadirá presión al precio”. En opinión de Siegel, China, “es impresionante. El país consume mucho (petróleo)… y dispone de miles de millones de dólares para comprarlo”. Los salarios son tan bajos que las industrias chinas pueden obtener beneficios incluso si los precios del petróleo siguen aumentando, así que es muy poco probable que la demanda de petróleo se estabilice. “No veo nada que pueda frenar su crecimiento económico porque, a fin de cuentas, ¿dónde están los cuellos de botella?”

 

China está trasladando millones de trabajadores de empresas estatales ineficientes a empresas privadas extremadamente dinámicas, según Siegel. El inmenso superávit de mano de obra mantendrá los salarios bajos, y China todavía tiene que explotar los grandes mercados potenciales de Europa. El país puede explotar “recursos de mano de obra ilimitados y dólares para formación de capital y compra de materias primas para la producción de bienes para el resto del mundo”, dice Siegel. “No veo nada que pueda impedirlo”.

 

Con la limitación de la oferta de petróleo acompañada del crecimiento de la demanda mundial, es posible que la economía de EEUU se vea afectada, al menos a corto plazo, predice Siegel. Los altos precios del petróleo están entre los factores claves que han llevado a la mayoría de los economistas a rebajar sus predicciones de crecimiento de la economía norteamericana para lo que queda de 2005. “Los aumentos de precios no son bienvenidos”, añadió Blume. “Sectores deficientes reducirán el ritmo de crecimiento de la economía y del empleo…Todavía podremos seguir creciendo, pero no tan rápido”.

 

La mayoría de los economistas piensan que la economía americana creció a un sólido ritmo anual de 4,5 a 5% en el primer trimestre, pero la mayoría coincide en que ese porcentaje será de 3,5% para lo que queda de año, señala Siegel, añadiendo que depende en gran medida en la sicología del consumidor- y su disposición a seguir gastando. “Creo que los economistas se han sorprendido de lo poco que el petróleo ha ralentizado la economía hasta ahora. Sólo ahora estamos asistiendo a algún tipo de reacción por parte del consumidor…Es posible que hayamos llegado a una situación que, de aquí en adelante, puede empezar a tener efectos nocivos sobre la economía”.

 

Un factor clave puede ser el precio de la gasolina el próximo verano, que muchos expertos esperan alcance nuevas máximos, según Blume. Las refinerías americanas ya están produciendo el máximo posible de gasolina y otros productos derivados del petróleo. “Simplemente, no se han construido nuevas refinerías ni las antiguas se han modernizado debido a impedimentos medioambientales y regulatorios”, dice. Así que incluso si hubiera un aumento de la oferta, la oferta de productos derivados del petróleo probablemente no crecería de forma sustancial. Así que, los precios de la gasolina y otros productos refinados podrían muy bien mantenerse altos. Los altos precios del petróleo estimulan la inflación, haciendo que la Reserva Federal (Fed o banco central americano) suba los tipos de interés; esto, a su vez, puede encarecer las transacciones hechas con tarjetas de crédito, los préstamos para adquisición de automóviles y el valor de las hipotecas.

 

Todas estas cosas provocan ondas que acaban repercutiendo en los mercados financieros.

 

El aumento de la inflación tiende a perjudicar el precio de los bonos, además de frenar el crecimiento económico, lo cual puede ayudar a mantener los tipos de interés bajos- algo bueno para los bonos, señala Siegel. “Cuando el precio del petróleo sube, los bonos suben, porque el crecimiento se desacelera”. Pero no es lo mismo para las acciones. “Los altos precios de petróleo son inequívocamente negativos para los mercados de valores”. Un precio del petróleo más alto aumenta los costes de producción y deja a los clientes con menos dinero para gastar. Ambos factores minan los beneficios empresariales, que son fundamentales para la determinación del precio de las acciones.

 

Sin embargo, señala Siegel, los precios del petróleo bajaron algo después de alcanzar máximos a principios de abril. No está claro que el petróleo sea más caro al final del año de lo que es ahora. “Soy optimista. Siempre hay amenazas. Si el petróleo puede mantenerse a este nivel, o bajar de él, creo que podemos tener un buen crecimiento este año”.

 

“También soy modestamente optimista sobre el aumento del precio de las acciones (en 2005). Puedo ver un incremento del 5 al 10% en el mercado de valores”.

 

El punto de vista de China

De acuerdo con Lu Wei, especialista en economía del Centro de Investigación del Consejo Estatal de China, el aumento de los precios del petróleo estimulará el ahorro energético, afectando el consumo de energía doméstica en China y modificando las estructuras de su industria y los productos fabricados en el país.

 

Respecto a la oferta y la demanda, es muy probable que los precios internacionales del petróleo puedan sostenerse porque hay suficientes reservas petrolíferas en el mundo para satisfacer la demanda, dijo Lu. Aunque el aumento repentino de la demanda en la región, a corto plazo, podría culminar con un aumento de precios, los precios mundiales pueden acabar estabilizándose en un nivel determinado.

 

Tampoco el aumento de los precios del petróleo tendrá demasiado impacto en la economía china, principalmente porque la estructura energética de China es diferente de la de EEUU, señala Lu. China, por ejemplo, no es excesivamente dependiente del petróleo: el carbón supone más del 65% del consumo energético de China. Además, el país es un gran productor de petróleo, cerca del 65% de su gasolina es producida internamente. Mientras tanto, un aumento de los precios del petróleo podría obligar a China a diversificar sus fuentes de energía e incrementar el uso de energía alternativa. El país introdujo recientemente un proyecto de ley sobre energía renovable con el objetivo de fomentar su uso. China, además, está cambiando su estructura de energía eléctrica y está empezando a desarrollar la producción de energía nuclear.

 

Chen Hwai, director del Centro de Investigaciones Políticas del ministerio de construcción chino, dice que los cambios observados en el mercado son la razón principal detrás de la actual crisis del petróleo. La depreciación del dólar ha empujado al alza los precios del petróleo- que, en parte, toman el dólar como referencia. La oferta y la demanda mundial de petróleo está equilibrada, declara Chen, añadiendo que no hay crisis de escasez. Rusia todavía tiene petróleo para vender, mientras que la demanda de China no es lo suficientemente fuerte como para afectar el equilibrio entre la oferta y demanda en todo el mundo.

 

Para Chen, no es acertado culpar del aumento de los precios del petróleo a la demanda de países en desarrollo como China. Los precios son consecuencia de diversos factores, incluyendo la situación en Irak, la situación de las exportaciones de petróleo rusas y las relaciones entre EEUU y Europa.

 

Dong Hsiu-Chen, profesor de la Universidad del Petróleo en Pequín, añade que un dólar más bajo juega un papel importante en el aumento del precio de la gasolina. Y aunque el precio nominal de la gasolina está a punto de alcanzar un máximo histórico, no tendrá el mismo impacto sobre la economía mundial que tuvieron las crisis de los 70 y los 80, señaló. Tampoco observa ninguna señal de que los mayores precios del petróleo puedan hacer caer la economía mundial.

 

Pero debido a que China, India y otros países se están desarrollando agresivamente, su progreso económico se verá, de alguna manera, afectado por los altos precios del petróleo, explica Dong. Los precios del petróleo de China están ligados al mercado internacional. En China, el petróleo se consume como una fuente de combustible, y sus derivados se utilizan como componentes químicos en muchos procesos de fabricación. El alza de los precios del petróleo se reflejará en todos los costes relativos a los productos químicos derivados del petróleo. Por tanto, el aumento de  precios provocará, en última instancia, presiones inflacionistas en China.

 

Por otro lado, unos precios de petróleo más altos alentarán la transformación del modelo económico de China, dedicándose más a las industrias ligeras en lugar de las industrias pesadas dependientes del petróleo.

 

La actual tasa de demanda de petróleo con relación al PIB es demasiado alta, según Dong. Por cada incremento del 1% del PIB, la demanda de petróleo aumenta un 0,65%. En su opinión, China debe transformar su economía, acelerar cambios en su estructura de demanda de energía, y desarrollar nuevas energías alternativas como el carbón licuado, el gas natural y la gasolina de etanol. Dong no cree que los precios del petróleo se incrementen tanto como predicen los analistas de Goldman Sachs, hasta alcanzar un increíble precio de 105 dólares por barril. La actual dependencia del petróleo de los países occidentales es menos intensa de lo que solía ser, y mientras tanto, muchas regiones del mundo pueden descubrir nuevas reservas de petróleo. China también está explorando sus vastos dominios, y también sus regiones costeras, en busca de yacimientos petrolíferos. “No soy pesimista acerca de los precios del petróleo porque aunque la demanda mundial está aumentando progresivamente, la capacidad de oferta también está aumentando gradualmente”, dice Dong.

 

Precios del petróleo en la Eurozona

Al ser preguntado sobre lo que piensa sobre la actual crisis del petróleo, Juan Antonio Maroto Acín, profesor de la Universidad Complutense de Madrid, dice que la situación “es seria, porque tanto la demanda como la oferta están mostrando una gran rigidez para acomodarse a las señales emitidas por los precios. Desde el lado de la oferta, además, no existe en la crisis actual una causa convencional que la explique, como en shocks anteriores, en que se justificó por la escasez o por la reducción de los aprovisionamientos. En tanto que desde la demanda tampoco se aprecia la reducción significativa que cabría esperar en los países desarrollados por la elevación de los precios. Con la de que la causa tantas veces utilizada de la mayor demanda de China está perdiendo fuerza, ante la caída en 2005 de sus importaciones de petróleo. El panorama se agrava, además, por la creciente especulación de los precios del crudo en el mercado de futuros”.  

 

Maroto Acín también señala que es difícil evaluar el impacto del aumento del precio del petróleo en la economía europea, dado el nivel actual de demanda, “ya que no sólo se deben al mayor nivel de precios alcanzado, que ha crecido más del 32% en promedio, en dólares, durante 2004, sino a las oscilaciones bruscas que se siguen produciendo en el corto plazo, que hacen inviable cualquier planteamiento sensato de expectativas por parte de las empresas. Si se tiene en cuenta, además, la débil recuperación actual de la economía del euro, es de suponer que la actividad se vea afectada en los próximos meses. Lo que incidirá, a su vez, en las menores exportaciones españolas que ya se están verificando hacia Europa, nuestro principal destino exportador.

 

En cuanto a las empresas, añade, “es evidente el incremento de la factura por consumos intermedios y la pérdida de competitividad que ello acarreará con su traslación a los precios finales. Al tiempo, la paulatina mayor eficiencia energética que habían alcanzado nuestras empresas durante los años 80, se ha ido perdiendo otra vez desde 1990, y actualmente dependen del petróleo en mayor medida que en los restantes países de la zona euro (salvo Grecia, Portugal e Irlanda)… La demanda de petróleo, además, se ha disparado en España tanto en el sector del transporte como en los consumos de los hogares (incluidos los automóviles), y ello motivará tanto demandas de colectivos profesionales concretos (transportistas, agricultores, taxistas) para subvencionar sus consumos o subir sus tarifas como presiones salariales generalizadas para cubrir la pérdida de poder adquisitivo derivada de la mayor factura energética de los hogares”.  

 

Además, está “el riesgo añadido de su repercusión a medio plazo sobre los tipos de interés, cuyo bajo nivel actual está justificando tanto la mejora de los resultados de las empresas españolas como su elevado endeudamiento. De ser ése el caso, la actividad económica se resentirá, pero también el ahorro de las economías familiares, fuertemente endeudadas y con facturas financieras (hipotecas) sólo asumibles con el actual nivel de los tipos”.

 

Los esfuerzos de los Gobiernos para contener el aumento de los precios del petróleo no están siendo “nada efectivos”, salvo que los Gobiernos están “empezando a darse cuenta del problema y a valorar cómo pueden controlar la especulación financiera”, añadió. Mientras tanto, “la necesaria reactivación de la demanda se basa demasiado en el consumo privado, que no tiene visos de cambiar de pautas de consumo de productos petrolíferos… Otras actuaciones serían más efectivas para Europa, como la apreciación de la moneda china y otras asiáticas, ancladas artificialmente al dólar, que nos trasladan la financiación del déficit de los EE.UU. y están hundiendo sectores completos como el textil. Y, desde luego, la situación acabará pasando factura a la ayuda europea al desarrollo, máxime si se pretende realizar con una tasa sobre el queroseno, que acabaría perjudicando al transporte aéreo y al turismo”.

 

Respecto a las previsiones del futuro, Maroto Acín dice que “para ser creíbles, deberían basarse en un consenso entre todas las partes implicadas que dista mucho de producirse. Los países productores planean incrementar la oferta en los próximos meses, pero dudan hacerlo ante las continuas oscilaciones en los precios, derivadas más de la especulación financiera que de las señales de la demanda. Los países desarrollados e importadores netos de crudo se plantean ya escenarios que llegan hasta los 80 o incluso los 120 dólares por barril, que reducirían espectacularmente el crecimiento y aumentarían no menos espectacularmente la inflación. Y el caso es que el FMI ya ha estimado que un precio de 52 dólares por barril reducirá el crecimiento mundial hasta en un 0’5% en 2005”.

 

El futuro del petróleo en América Latina

Edmar Luiz Fagundes de Almeida, profesor del Instituto de Economía de la Universidad Federal de Rio de Janeiro y miembro del Grupo de Economía de Energía de la institución, argumenta que la crisis del petróleo por ahora, “no es una situación muy preocupante. Este alza de precios todavía es compatible con la evolución del poder adquisitivo de los consumidores y sus impactos aún no son muy serios sobre los costos de las empresas. El petróleo ya está en una cota por encima de los 30 a 40 dólares por barril desde hace más de dos años y la economía mundial ha continuado creciendo. 

 

Sin embargo, añade De Almeida, esto cambiará “si hay algún tipo de inestabilidad política más grave en el Oriente Próximo. La guerra de Irak no tuvo un impacto significativo sobre la oferta mundial de petróleo. El país ya estaba prácticamente alejado del mercado de petróleo. Con todo, la situación contribuyó mucho al alza de precios. Además de eso, si hubiera algún problema en los países productores como Venezuela, Arabia Saudita y Rusia, entonces sí, tendríamos una crisis seria en el mercado mundial de petróleo y escasez de oferta. Por ahora, la situación aún está bajo control.

 

Lo que importa a las economías de América Latina, añade, es “si los EE.UU. tuvieran que hacer un ajuste de sus cuentas externas a través del aumento de las tasas de interés causando un encarecimiento del capital.  En realidad, nuestra región es una gran importadora de capital, depende de este “insumo”. No somos dependientes de petróleo, somos dependientes de dólares.  Por tanto, en la medida en que el precio del petróleo aumente, esto tiene un impacto nocivo sobre el potencial de crecimiento económico de nuestra región.

 

Actualmente, dijo De Almeida, “existe un mayor interés por parte de los Gobiernos en el desarrollo de alternativas energéticas, o sea una mayor preocupación con la cuestión de asegurarse el abastecimiento energético…Esta preocupación ha tenido como resultado un mayor incentivo al uso de energías alternativas, una mayor inversión en investigación y desarrollo en esta área. Dicho esto, De Almeida no cree que los Gobiernos hayan tenido demasiado éxito con estas iniciativas. “Lo que realmente va a determinar una inflexión del lado de la demanda y, eventualmente, la sustitución de una forma más agresiva de los derivados del petróleo, es el precio del petróleo. Si el precio continúa en los niveles actuales, estas políticas van a ser marginales en términos de resultados”.

 

Respecto a si los altos precios de la energía contribuirán al riesgo inflacionario, “ya existe un aumento de costes en la economía mundial, especialmente debido a los países desarrollados. Pero, De Almeida dice que “por ahora, este aumento no es muy preocupante. Los tipos de interés no han experimentado una gran variación a causa de la inflación ni en Europa ni en Estados Unidos ni en Japón.  En el caso de EE.UU., el ajuste de las tasas está dándose en función del déficit externo provocando un ajuste marginal en la tasa de interés.  Por ahora, estos precios del petróleo no han tenido impactos muy importantes sobre la inflación. Esto sí puede convertirse en un problema en la medida en que el precio se sitúe en niveles mucho más elevados que los actuales”.

 

El aspecto positivo del aumento de los precios de la energía es que “por lo menos, nuestra región tiene un alto potencial de producción de petróleo: en Venezuela y Brasil, señala De Almeida. Los inversores están más interesados en América Latina. Aumenta el atractivo de nuestra región en las áreas de petróleo y gas. Por otro lado, aumenta el potencial económico de las energías alternativas. Ahora el alcohol está empezando a ganar espacio de nuevo y también existe el biodiesel. En el caso de Brasil, se observa una expansión muy fuerte del gas para uso vehicular. Todo esto trae como resultado una mayor competitividad de las energías frente al precio elevado del petróleo”.

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