El Real atraco de Royal Ahold

Por lo que parece, Europa no es inmune al tipo de escándalos contables a gran escala que hasta hace poco eran símbolo de la codicia de las corporaciones estadounidenses. Un caso de fraude contable al estilo Enron ha sacudido recientemente a Royal Ahold, la empresa holandesa minorista y distribuidora de productos de alimentación, que se convirtió en el tercer grupo mundial de alimentación mediante una agresiva, y por lo que se ve destinada al fracaso, estrategia de adquisiciones.

 

Ahold sorprendió a los inversores cuando el 24 de febrero de 2003 anunció que había inflado sus ingresos en al menos 500 millones de dólares en 2001 y 2002, lo que propició una caída del 60% del precio de sus acciones y la dimisión de su director ejecutivo y de su director financiero.

 

La empresa holandesa –de 115 años de antigüedad-, posee 9.000 establecimientos en 27 países que atienden a 40.000 clientes a la semana. El año pasado sus ingresos fueron de 60.900 millones de dólares, el 59% de los cuales procedían de Estados Unidos, donde la empresa posee las cadenas de supermercados Giant y Stop&Shop.

 

Siguiendo un patrón excesivamente familiar para los inversores estadounidenses, el anuncio de Ahold se produjo tras las promesas de crecimiento del 15%, un objetivo que al final resultó inalcanzable. “Esta clase de presiones, asociadas al sector inversor estadounidense, ahora tienen lugar en todo el mundo”, dice Peter Cappelli, profesor de gestión de Wharton y director de su Center for Human Resources.

 

Los problemas de Ahold podrían también tener un importante efecto sobre la incipiente movilización de accionistas que se está produciendo en Europa, señala Cappelli añadiendo que “cuando la gente empieza a introducirse en el negocio de la inversión le preocupa saber si el proceso está amañado, [en cuyo caso] el pequeño inversor no puede ganar”. La situación de Royal Ahold viene a corroborar dicha percepción “porque parece ser que desde dentro se sabía lo que estaba ocurriendo”.

 

William S. Cody, director general de Jay H. Baker retailing initiative (Iniciativa de venta al por menor Jay H. Baker) en Wharton, cree que el crecimiento de Ahold estuvo alimentado por un proceso descontrolado de adquisiciones. “Durante los últimos 10 años la empresa se embarcó en una gran aventura de adquisiciones en Europa y Estados Unidos. Su principal estrategia fue dejar que las operaciones locales funcionasen por sí mismas y utilizar las adquisiciones como motor de crecimiento. Luego Ahold trató de diversificarse, de salir del sector de productos de alimentación e introducirse en el negocio de los servicios de comidas, y ahí fue cuando la empresa empezó a tener dificultades”.

 

La raíz de los actuales problemas de Ahold se encuentra en Estados Unidos, en su división U.S. Foodservice, el segundo mayorista del país suministrador de restaurantes y comedores y cafeterías de instituciones públicas. Fue en este ámbito donde representantes de la empresa descubrieron irregularidades contables relacionadas con ciertos pagos –conocidos como descuentos promocionales-, que algunos fabricantes de productos de alimentación hacían a la división. Estos pagos fueron supuestamente contabilizados por encima de su valor y, en algunos casos, sin contar con el permiso de los fabricantes.

 

También han sido cuestionadas las prácticas empresariales de Ahold en Argentina, Uruguay y Suecia, y la empresa está siendo investigada por el Departamento de Justicia de Estados Unidos, la Securities and Exchange Commission (Comisión del mercado de valores) y por instituciones reguladoras en Holanda. “Éste es un asunto muy gordo”, dice Oscar Poos, analista del Bank Oyens & van Eeghen en Amsterdam. “Han pasado demasiadas cosas en Estados Unidos, pero éste es el primer fraude a gran escala que se ha visto a este lado del océano”.

 

Incluso si la raíz del problema está en EEUU, el hecho es que se ha extendido directamente hasta Amsterdam, añade Poos. “En la sede central en Holanda deberían haber sido conscientes de lo que pasaba, y el hecho de que tanto el director financiero como el director ejecutivo hayan dimitido significa que quizá los exámenes y controles no fueran tan buenos como tendrían que haber sido”.

 

Poos predice que el daño podría fácilmente superar los 500 millones de dólares, en parte debido a la permisividad de los programas, ya que normalmente es posible incrementar en un 5-10% las ventas. El año pasado las ventas de U.S. Foodservice ascendieron a 18.000 millones de dólares, lo cual indica que posiblemente habría una desviación de unos 1.000 millones de dólares.

 

Como ya hemos dicho, los problemas contables de Ahold están relacionados con la manera en que la empresa contabilizó los anticipos promocionales de sus fabricantes. Cody señala que desde hace tiempo los fabricantes de productos de alimentación ofrecen a las empresas minoristas pagos por obtener los mejores espacios en sus expositores o en sus folletos publicitarios. En teoría esta es una práctica empresarial legítima que ayuda a los fabricantes a prestar apoyo a un producto que creen que funcionará.  “Es parte del juego. Se trata básicamente de una mentalidad tipo quien quiera jugar tiene que pagar. Es algo que existe en el sector desde hace muchos años”.

 

Pero últimamente los minoristas han pasado a depender demasiado de los programas de promoción. “Se ha llegado a un punto en el que las cadenas de supermercados y grandes superficies se marcan objetivos acerca de cuánto han de recaudar de sus distribuidores”, dice Cody. “Muchas empresas minoristas lo consideran un modo de complementar su cifra de resultados”. Como los márgenes de venta al por menor de productos de alimentación son tan bajos –normalmente el 2-4%- los ingresos por promociones pueden tener un impacto significativo, añade.

 

Channel-Stuffing

Ahold no es la única empresa de productos de alimentación que se enfrenta a un mayor escrutinio debido a la manera de contabilizar los descuentos por promociones de sus suministradores. En noviembre Fleming Cos. -la mayor empresa del país de venta al por mayor de productos de alimentación- informó que la Securities Exchange Commission (SEC) había iniciado una investigación informal sobre sus prácticas comerciales con los distribuidores. El mayorista de Mineapolis Nash Finch aplazó la publicación de su informe sobre resultados del tercer trimestre y afirmó que la SEC estaba llevando a cabo una investigación formal sobre el tratamiento dado por la empresa a los descuentos por promociones.

 

El Emerging Issues Task Force (Grupo especial de asuntos emergentes) del Financial Accounting Standards Board, FASB (Consejo de Normas de Contabilidad Financiera) ha estado estudiando durante más de un año la manera de contabilizar estos anticipos por promociones. En enero este grupo especial alcanzó un consenso según el cual “el efectivo que un cliente reciba de un distribuidor se presume una reducción del precio de los productos o servicios de dicho distribuidor, y por tanto debería ser tratado como una reducción del coste de las ventas”.

 

Algunas empresas minoristas han intentado contabilizar estos pagos como ingresos que directamente van a la cifra final de resultados, según Cody. En Ahold la situación parece ser una violación clara de normas contables más importantes que las que regulan los detalles de la contabilización de desembolsos por promociones. “Se contabilizaron sin tener de hecho todavía el dinero. Se basaron en sus proyecciones de ventas… Al no producirse esas ventas empezaron los problemas”.

 

El profesor de marketing Stephen J. Hoch explica que contabilizar los descuentos por promociones “tan pronto” es la cara menos conocida de una táctica empleada por los fabricantes y denominada channel-stuffing. Para cumplir con sus objetivos de ventas, los fabricantes envían una cantidad excesiva de productos a los minoristas sabiendo que permanecerán durante algún tiempo en inventario, desplazando futuras ventas. “Ésta es la versión de los minoristas sobre lo que ha estado ocurriendo con los fabricantes durante estos últimos años”, dijo citando los problemas en Gillette, Campbell Soup y Bristol-Myers.

 

Según Hoch, en cada sector se hacen malabarismos trimestrales para cumplir con objetivos financieros. “Es una práctica común, pero no es una práctica sostenible, ya que a la larga acaba por atraparte. Quizá pensaron que como todo el mundo lo hace no había nada malo en ello. Se van a dar cuenta de que estaban equivocados”.

 

La presión en Ahold para recurrir a trucos contables -añade-, procede de defectos en su estrategia de expansión, la cual consistió en comprar supermercados regionales y conseguir economías de escala y ahorros mediante la consolidación de las operaciones back-office y de compra. Otras cadenas de supermercados intentaron hacer lo mismo, tomando como modelo el éxito de la expansión de las cadenas de establecimientos farmacéuticos. Sin embargo -señala Hoch-, los establecimientos de alimentación son más complicados que los farmacéuticos y dependen en mayor medida de los suministradores regionales y del marketing.

 

Ahold comenzó su aventura de adquisiciones en 1976 cuando adquirió un supermercado español y la cadena Bi-Lo en el sur de Estados Unidos. En 1996 compró Stop&Shop por 2.900 millones de dólares y docenas de cadenas en Latinoamérica, Europa y Asia. En 1999 intentó comprar Pathmark Stores, pero la operación fue bloqueada por la Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos. Así, Ahold dirigió su atención hacia los servicios de comidas para seguir creciendo, adquiriendo U.S. Foodservice por 3.600 millones de dólares en 2000”.

 

“Había un potencial enorme”, explica Hoch. “Parecía que Ahold era uno de los mayores minoristas del mundo, y todo parecía prometer que la empresa podía llegar y dar una patada en cualquier trasero. Sin embargo lo que hizo fue prácticamente explotar cualquier cuota de mercado que tuviera”.

 

A excepción de la adquisición en 1998 de Giant en la zona de Washington D.C., Ahold se equivocó al comprar empresas minoristas secundarias en mercados de crecimiento lento, en especial en el noreste del país, añade Hoch. Luego, para compensar sus problemas operativos, Ahold –al igual que otros minoristas-, centró su atención sobre los descuentos promocionales como una potencial fuente de beneficios. “Eso tan sólo es una distracción temporal. Si continúas tratando de ganar dinero vendiendo espacios en los expositores, vas a verte comprometido con la clase de decisiones que tomes”.

 

Irónicamente -dice-, gran parte de la estrategia de adquisiciones de Ahold -y de otras empresas minoristas-, fue impulsada por el miedo a la competencia de Wal-Mart Stores, que se ha convertido en la empresa minorista de productos de alimentación más grande del mundo mediante un programa de crecimiento interno, no de adquisiciones.

 

La caja de Pandora de los escándalos

Aunque en Europa ha habido varios escándalos contables de menor repercusión, los problemas en Ahold llegan en un momento en que las instituciones reguladoras están trabajando con sus equivalentes estadounidenses para armonizar las prácticas contables para el año 2005, señala Cody. “Creo es posible que haya más escándalos en Europa. Cuanto más investigues más encontrarás. Cuando en 2005 Europa adopte las normas internacionales de contabilidad probablemente se destapen nuevas cajas de Pandora.”

 

Cody dice que los temas contables no pueden atribuirse a la confusión sobre las diferentes prácticas contables en EEUU y en Europa. “La mayoría de los suministradores son globales. Si uno de tus suministradores es Procter & Gamble, vas a tener acuerdos en cualquier lugar del mundo”.

 

En opinión de Enitan Adebonojo -analista del Center for Financial Research and Analysis de Rockville (Maryland), no está muy claro si fueron las nuevas leyes estadounidenses que obligan a los auditores a certificar sus informes lo que propició que Ahold hiciera pública su situación. Así, sugiere que posiblemente haya salido a la luz más bien como resultado del grupo especial del FASB.

 

Los problemas en Ahold -sugiere-, harán que en Europa se fomenten auditorías más agresivas. “Hasta este momento estos temas se veían como un problema estadounidense”. Ahora que claramente no es tan sólo un problema en EEUU “creo que posiblemente los auditores despertarán y prestarán más atención a las auditorías”.

 

La presión para mostrar crecimientos anuales de los beneficios del 15% existe a ambos lados del Atlántico, añadía. “Allá donde una empresa sostenga que va a ganar un 15% más cada año habrá que revisar cómo está consiguiendo dicho objetivo. Si el mercado no acompaña, la gente sucumbe a la presión y comienza a inventarse las cifras… Normalmente todo empieza con algo pequeño –aquí y allá-, y luego se convierte en una bola de nieve que escapa de tu control”.

 

Por ahora Ahold sigue a flote con una línea de crédito de 3.350 millones de dólares, la cual ha servido para acallar especulaciones acerca de la liquidación de la empresa. “Lo más probable es que Ahold liquide algunas partes de la empresa”, dice Cody, añadiendo que la mayor cadena de supermercados minoristas de Estados Unidos, Albertsons and Safeway, puede que esté interesada en los establecimientos que Ahold tiene en el noreste.

 

“Ahold aún podría sobrevivir con un tamaño menor, en especial en Europa”, sugiere. “Pero la empresa tendría que tratar de vender operaciones en EE.UU., ya que necesita liquidez”. La francesa Carrefour, segunda empresa mundial de venta al por menor, ha mostrado interés en algunas partes de Ahold, pero no en toda la cadena.

 

Por ahora Ahold se encuentra a merced de un grupo de bancos, entre los que se encuentran ABN AMRO, Goldman Sachs, ING y JP Morgan. “La mayoría de las operaciones de venta al por menor de Ahold con mejores resultados en EE.UU. y Holanda –las joyas de la corona-, están en manos de los bancos”, dice Poos. “Todavía es una empresa rentable. No sería una buena jugada por parte de los bancos simplemente liquidar la totalidad de la empresa”. Pero nunca se sabe, añade. En nuestros días, “la mayoría de los bancos tienen problemas por sí mismos”.

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