Hedge funds: Cómo evitar críticas y su regulación

Los managers de los fondos de alto riesgo (hedge funds) gestionan 1,9 billones en activos. Sin embargo, nadie sabe a ciencia cierta en qué invierten ó cual es el valor real de dichos activos. El motivo es evidente: al no estar regulados, no es necesario publicar información financiera detallada de los mismos, algo obligatorio en el caso de las empresas que cotizan en bolsa. Además, estos misteriosos productos tienen asociadas unas increíbles comisiones. Los gestores de los fondos de alto riesgo normalmente se quedan con el 2% de los activos invertidos y el 20% de los beneficios generados, algo que en el argot financiero se conoce como “regla dos-veinte”.

Si, tal y como comentaba el profesor de Derecho y Ética Empresarial de Wharton Thomas Donaldson durante una conferencia sobre la ética de los fondos de alto riesgo, a esta falta de transparencia le sumas unos potenciales rendimientos financieros elevados, a nadie le debería extrañar que su gestión adoleciese de ciertas carencias éticas. “Debemos recordar que algunos son activos de muy difícil valoración, como las obligaciones de deuda colateral (CDO) o los credit-default swaps (CDS). Si estás cultivando setas en una sala oscura, es posible que te sientas tentado a pintar un panorama más alentador”.

Durante la primera semana de noviembre, las ventas de fondos de alto riesgo contribuyeron en gran medida a la caída de las bolsas. Destacados fondos de alto riesgo se enfrentan a un doble golpe: tanto inversores como prestamistas les reclaman dinero, lo cual les está obligando a vender acciones. No obstante, los gestores de estos fondos también están reteniendo unos 400.000 millones de dólares preparándose para lo peor.

Donaldson define los fondos de alto riesgo como “empresas financieras en manos privadas que captan dinero de grandes inversores –incluyendo personas individuales, fondos de pensiones o beneficencias-, con el objeto de incrementar el valor de la inversión”. La definición es amplia, explicaba Donaldson, porque los fondos de alto riesgo están sujetos a muy pocos límites. “El propio término fondos de alto riesgo es amplio; cubre una desconcertante cantidad de estrategias financieras”, escribía en el artículo en el que estaba basada su conferencia. “Pueden hacer cualquier cosa con tal de alcanzar sus fines. Pueden comprar a largo. Pueden vender a corto. Pueden especular con divisas”.

El éxito de los hedge funds depende precisamente de ese velo de secretismo, afirmaba Donaldson. “Los fondos de alto riesgo sistemáticamente deniegan proporcionar información a sus propios inversores y a los gobiernos para proteger su ventaja competitiva”. No están obligados a presentar informes al SEC (Securities and Exchange Commission), aunque algunos lo hacen de forma voluntaria. No obstante, la mayoría de esos informes con carácter voluntario no son más que una forma de hacer saber a los reguladores que el fondo sigue operativo.

Los inversores no sólo desconocen lo que el manager hará con su dinero, sino que además no pueden abandonarlo tan fácilmente. Los hedge funds normalmente imponen periodos de compromiso, esto es, los inversores deben comprometer su dinero durante cierto tiempo. Esto permite a los managers invertir en activos menos líquidos sin preocuparse de que el cliente reclame su dinero antes de que dichos activos hayan madurado. Según Donaldson, la mayoría de los fondos imponen periodos de compromiso de uno o dos años.

Sin embargo, no existe ningún compromiso temporal para los fondos de los fondos, los cuales captan activos para invertir en varios fondos al mismo tiempo. Los fondos de los fondos suelen captar dinero de pequeños inversores que no cumplen los requisitos mínimos impuestos por los hedge funds individuales. Cuando finaliza el periodo de compromiso de un fondo de alto riesgo, los inversores que quieren recuperar su dinero a menudo tan sólo pueden retirar una parte del mismo. Muchos hedge funds incluyen provisiones con los porcentajes que un cliente puede retirar. Por ejemplo, es bastante habitual que una provisión dicte que si se retira más del 20%, los inversores no pueden sacar más dinero. El objetivo de estas provisiones es evitar las salidas masivas de un fondo, algo que le podría llevar a su desaparición al obligarle a vender activos a precios de saldo para poder hacer frente a las devoluciones de capital.

Perder 57.000 millones de dólares en comisiones

Los fondos de alto riesgo operan en el ámbito privado, pero a menudo afectan al ámbito público. Muchos observadores del mercado creen que los managers de los hedge funds –nerviosos ante la idea de quedarse con determinado activo durante la noche-, han vendido acciones en cantidades tan elevadas que han causado las repetidas caídas del índice Dow Jones justo antes del cierre de la bolsa. “Posiblemente explique la volatilidad. Las pistolas están apuntándoles”, decía Donaldson.

El peso de los hedge funds ha aumentado, así como sus detractores, que creen que sus managers pagan impuestos demasiado bajos. Efectivamente, los incrementos de capital se gravan al 15%, y como la mayor parte de su renta está en forma de capital, los managers no se ven obligados a pagar el 35%, que es el tipo impositivo correspondiente al impuesto sobre la renta. Asimismo, las extraordinarias cantidades de dinero que estos managers han ganado han servido, en opinión de Donaldson, para que la indignación de la gente aumente. Stephen Schwarzman, presidente de Blackstone Group, una firma de capital-riesgo cuyos ejecutivos pagan impuestos de modo similar a los managers de los hedge funds, ganó en 2007 dos veces el salario combinado de los cinco top executives de Wall Street. “Las secretarias de los fondos de alto riesgo normalmente soportan mayores tipos impositivos que los managers”, explicaba Donaldson. “No está mal estar en éste negocio”. (El motivo es que las secretarias pagan el impuesto sobre la renta, cuyo tipo inicial es del 10%, sube al 25% para aquellos que ganan más de 32.550 dólares y al 35% para niveles de renta superior).

Estudios muestran que la mayoría de los managers de los hedge funds no tienen su dinero depositado en sus fondos de alto riesgo, lo cual no hace más que avivar la cuestión de si merecen las enormes cantidades que ganan y disfrutar de impuestos tan bajos. El debate sobre los impuestos es tan intenso que, cuando Donaldson sugirió en la cadena CNBC que el tratamiento fiscal no era justa, los productores del show lo tildaron de persona “en contra de la prosperidad”.

Los críticos también sostienen que los hedge funds “embaucan a los inversores con afirmaciones falsas o engañosas”, explica Donaldson, sobre todo en relación con los resultados. Los managers de los fondos de alto riesgo atraen a los posibles inversores prometiéndoles rendimientos increíbles, pero diversas investigaciones sugieren que, en conjunto, los hedge funds no obtienen mejores resultados que otro tipo de inversiones. Tal y como explica Donaldson, son pocos los inversores que conocen dichas investigaciones, pero sin embargo se les bombardea con historias de managers que vuelven a casa con cientos de millones de dólares cuando aciertan con sus inversiones. Incluso cuando un fondo de alto riesgo pierde dinero el manager sigue quedándose con el 2% de los activos invertidos, más o menos el doble de las comisiones de los fondos de inversión. En una reciente carta a los accionistas de Berkshire Hathaway, el inversor Warren Buffet calificaba de “grotescas” las comisiones de los hedge funds, y advertía a los accionistas que no esperasen altos rendimientos. Tal vez muchos inversores no sean conscientes de la merma que causan las comisiones sobre los rendimientos. Un estudio mostraba que si Buffet hubiese cobrado las mismas comisiones que aplican los managers de hedge funds durante el tiempo en que fue presidente de Berkshire Hathaways, sus honorarios habrían ascendido a 57.000 millones de dólares, reduciendo el rendimiento de los inversores en un 90%.

Algunas personas del público asistente a la conferencia de Donaldson cuestionaron el uso del término “embaucar”. En concreto, una le preguntó si era una palabra justa cuando los inversores de los hedge funds no parecen estar interesados en saber cómo gana dinero el manager. Otra persona preguntó si era necesario preocuparse de los riesgos asumidos por los inversores en hedge funds, los cuales normalmente son lo suficientemente ricos como para soportar grandes pérdidas. Y alguien señaló que incluso las empresas que cotizan en bolsa y que están obligadas a informar sobre el valor de sus carteras a menudo son incapaces o no desean hacerlo, tal y como demuestran las recientes quiebras de Lehman Brothers y Bearn Stearns.

Ante dichas sugerencias, Donaldson dijo que iba a reconsiderar cambiar la palabra “embaucar” por algo como “inducir a error”. Asimismo explicaba que a él tampoco le preocupaba “que un billonario perdiesen dinero”. Pero las actividades de estos fondos pueden acabar teniendo efectos sobre toda la economía. “Presuntamente los hedge funds agravan las crisis sociales y causan daños sociales significativos”, sugería Donaldson. Muchos estadounidenses de renta media están expuestos a los hedge funds a través de sus fondos de pensiones, los cuales invierten en fondos de alto riesgo. Los bancos también dejan dinero a los fondos de inversión, lo cual puede introducir más riesgo en el sistema financiero. “Ahora se comenta que los bancos, además de obligaciones de deuda colateral y credit default swaps, también podrían tener en sus libros hedge funds sobre los que no saben nada”.

Por ejemplo, cuando el fondo de alto riesgo Long Term Capital Management quebró en 1999, la Reserva Federal se vio obligada a poner en marcha un programa de salvación multimillonario para evitar la amenaza de colapso económico. La fusión en el verano de 2007 de dos hedge funds de Bear Stearns también contribuyó a propagar el pánico financiero. Pero fue mucho más tarde cuando se desveló que los fondos estaban al borde del desastre. Según Donaldson, el economista y columnista de New York Times Paul Krugman informaba que los fondos de Bear Stearns “habían pedido prestado mucho dinero e invertido en procesos en valores con garantía hipotecaria cuestionables… y más del 60% de su valor neto estaba vinculado a valores exóticos cuyo valor era estimado por el equipo del propio manager”. En abril de 2008, el gobierno federal salvó a la empresa Bear Stearns justo unos días antes de que su director ejecutivo hubiese manifestado su confianza en la salud financiera de la empresa. Al presidente de la Reserva Federal Ben Bernanke le preocupaba que la compleja red de relaciones entre bancos y hedge funds pudiese nublar el juicio y capacidad de ambas partes para evaluar adecuadamente los riesgos.

Un “contrato microsocial”

Una legislación que reduzca la opacidad de los hedge funds podría parecer la solución obvia, pero Donaldson cree que no funcionaría por dos motivos a los que se refiere como “regulación recalcitrante”. En primer lugar, la regulación suele acabar con la innovación. En el caso de los hedge funds, el efecto negativo podría ser tan fuerte que acaba con la mayoría de los incentivos para gestionarlos. Cuando se hacen públicas las estrategias de inversión, otros las copian y se reduce o incluso elimina la posibilidad de conseguir grandes ganancias. “En mi opinión, la gente inteligente puede crear estrategias novedosas y eso es algo que se debería proteger. Es un bien social”. De igual modo, la mayoría de las sociedades han cesado en su idea de regular las actividades artísticas porque ahoga la creatividad. “Los gobiernos de la era soviética que intentaron hacerlo pagaron un precio muy alto en forma de deterioro de la calidad artística”, afirmaba Donaldson.

El segundo motivo: la supervisión y control de la información, necesarios para obligar a los hedge funds a incrementar su transparencia, sería demasiado caro e imposible de llevar a cabo de forma efectiva. El gobierno necesitaría información, no sólo de los hedge funds sino también de los principales participantes en el mercado. Una vez que el gobierno dispusiese de los datos, ¿cómo podría evaluar los riesgos de liquidez de manera rápida y precisa? La mayoría de las sociedades han abandonado la idea de intentar regular el comportamiento sexual por motivos similares, explicaba. “No soy un loco de derechas, pero no quiero prohibir decisiones capitalistas consentidas entre adultos”. Muchos comportamientos económicos, como el soborno, también son difíciles de perseguir porque se pueden disimular fácilmente. El dinero puede esconderse en sobres. El soborno puede tomar la forma de puesto de trabajo para un familiar.

Esto no significa que Donaldson crea que los riesgos relacionados con la transparencia de los hedge funds sean irresolubles. Donaldson propone una solución a la que denomina “contrato microsocial”, un clásico en estudios de economía industrial. En su artículo explica como Nike y otras empresas del sector trabajaron con grupos sin ánimo de lucro y gobiernos de los países huéspedes para crear códigos de conducta que mejoraron el trato dado a los trabajadores de los suministradores en países como China. Otro ejemplo: la autoridad reguladora del sector financiero (Financial Industry Regulatory Authority) supervisa firmas de valores y no es un ente gubernamental, sino que está compuesto por miembros del sector. Los hedge funds podrían, por ejemplo, estar dispuestos a desvelar el nivel de apalancamiento que tienen. “Los sectores han sido proclives a diseñar acuerdos cooperativos que incrementen el valor de su sector, clientes y consumidores”.

A algunas empresas financieras les podría preocupar que si debaten dichos cambios con los competidores, el gobierno podría acusarles de violar la legislación antimonopolio. El gobierno por su parte podría disipar toda duda asegurando a las empresas que dichos debates no derivarán en acciones contra ellas, señalaba Donaldson añadiendo que, como incentivo para dialogar, los hedge funds deberían darse cuenta de que, en caso de no haber debate, se acabará aprobando una legislación de corte restrictivo.

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