Lecciones de la OPV de Google

Después de más de tres meses de papeleo con la Securities and Exchange Commission (equivalente a la Comisión Nacional del Mercado de Valores), meteduras de pata, cambios en el precio y suficientes enredos legales como para confundir a cualquier abogado, la oferta pública inicial de Google ya forma parte del pasado.

 

A primera vista, expertos de Wharton y otras entidades afirman que la OPV de Google parece ser todo un éxito, pero señalan que es demasiado pronto para emitir un veredicto. Después de todo, Google conseguía captar 1.670 miles de millones de dólares saliendo a bolsa a 85 dólares por acción, una cifra bastante inferior al precio objetivo inicialmente fijado de 135 dólares por acción -ó 3.600 miles de millones de dólares-. Además, Google captaba ese capital en gran medida burlándose del típico método de Wall Street para salir a bolsa, y optaba por emplear la llamada subasta holandesa, que en teoría depositaría las acciones directamente en las manos de los inversores y recortaría las comisiones de la banca de inversión.

 

“Aún no está muy claro si la OPV fue o no un éxito”, dice el profesor de Gestión de Wharton Raffi Amit. “El hecho de que Google realizase una subasta holandesa es una buena noticia. La empresa se las arregló para que la salida a bolsa siguiera a flote a pesar de haberse cancelado las dos semanas anteriores 10 acuerdos. Google supo gestionar una OPV en un mercado tecnológico débil.”

 

El profesor de Marketing de Wharton Peter Fader está de acuerdo, pero sólo hasta cierto punto. En su opinión, el modo en que los inversores individuales seguían la pista de Google, como si se tratase de cachorros abandonados, el día de su bautizo en bolsa es una señal de que algunos simplemente nunca aprenderán. Pero si no son capaces de acordarse de las lecciones del boom de las puntocom, tal vez puedan aprender algo de las consecuencias. He aquí algunas lecciones que se pueden extraer de la OPV de Google.

 

Una subasta holandesa no es fácil

Amit es un defensor de las subastas holandesas, donde los inversores proponen un precio inicial antes de que la empresa salga a bolsa. Los beneficios son evidentes. En teoría, se establece un precio justo de mercado y la empresa consigue más dinero. En una OPV tradicional se fijan precios bajos para asegurar un gran volumen de intercambios el primer día para los bancos de inversiones y sus clientes.

 

Google afirmaba en su declaración de intenciones que quería hacer que el proceso de su OPV fuese más democrático. “Muchas empresas que han salido a bolsa han sufrido una excesiva especulación, precios iniciales bajos los primeros días de cotización y volatilidad en los precios, hechos que perjudican tanto a las empresas como a sus inversores en el largo plazo”, dicen los documentos de Google. “Nosotros creemos que nuestra OPV en forma de subasta minimizará estos problemas, aunque no existe garantía alguna de que así sea”.

 

El problema era que inicialmente Google asustó a los inversores individuales proponiendo una banda de precios cuyo máximo era 135 dólares. “El objetivo era conseguir diferentes tipos de accionistas que no diesen al traste con la OPV”, dice Amit. “En cambio, espantó a los inversores minoristas y en el primer día en bolsa atrajo sobre todo a compradores institucionales. La mayoría de los inversores individuales no podían permitirse comprar 100 acciones“. Además, los compradores institucionales no hacían uso del sistema de subasta. Asusta a los inversores minoristas con un precio objetivo alto, y enfada a Wall Street y obtendrás como resultado una subasta por debajo de la banda inicial de precios. “La subasta no tenía el precio que vaciaba el mercado”, dice Amit, refiriéndose al incremento del 15% del primer día. Si la subasta hubiese sido un éxito total, no se habrían obtenido beneficios el primer día.

 

Fader cree que la OPV de Google prueba que el sistema de subasta puede funcionar a gran escala, pero tiene dudas de que este tipo de OPV se convierta en la norma. El motivo básico es que la mayoría de las empresas no tiene la suficiente influencia como para obligar a los bancos de inversión a hacer una subasta holandesa. Mientras, el hecho de que en la subasta de Google no se hubiese fijado un precio adecuado significa que todavía seguirá existiendo gente que desconfíe. “Realmente creo que la subasta holandesa es un modo perfecto de salir a bolsa porque es más transparente”, dice Fader. “Pero no creo que vaya a convertirse en un método popular.”

 

La exhuberancia persiste

La buena prensa y alabanzas lanzadas a Google por haber gestionado su OPV muestran que los inversores aún pueden entusiasmarse con nuevas acciones, del mismo modo que lo hicieron durante el boom de las puntocom. Esto es algo que molesta a Fader. “En general, soy escéptico ante las OPVs”, dice Fader. “El ego y la esperanza de ganar dinero rápidamente constituyen la esencia de estas nuevas acciones.”

 

Para Fader, es evidente que muchos inversores simplemente compraron acciones de Google para obtener el título de la acción. Estos inversores quieren estar presentes en las grandes OPVs; este deseo es uno de los motivos por los que adquirir una acción incluso a pesar de la probabilidad de que, tras las subidas de los primeros días, la cotización finalmente caiga. Según los artículos de prensa, algunos inversores que compraron acciones de Google nunca habían comprado acciones individuales antes. “No deberías desear adquirir una acción como regalo”, dice Fader. “El proceso de la OPV hace que salga lo peor de todo proceso de adquisición de acciones. Es especulación. No importa cuál sea el precio final de las acciones de Google, ya que no tiene nada que ver con el valor de la empresa”.

 

No obstante, alrededor de Google había mucho entusiasmo. Por ejemplo, Jeffries, una firma de Wall Street que no tiene una relación directa conocida con Google, empezaba a hacer un seguimiento de la empresa tan sólo un día después de su OPV. Normalmente, las empresas que suscriben las acciones son las primeras que no pueden hacer los seguimientos. En un informe el analista de Jeffries, Youssef H. Squali, afirmaba que, en base a sus estimaciones y posición relativa frente a Yahoo y eBay, las acciones de Google valían unos 115 dólares. Según Squali, el punto fuerte de Google es que tiene una red de páginas web que suministran tráfico y beneficios. “En el segundo trimestre se ha producido un enorme crecimiento (y por tanto valor) de la red de Google – no de las páginas web propiedad de Google-, y ahora tiene aproximadamente el 50% de todos los clicks de pago derivadas de otras páginas web”. 

Sencillez ante todo

A Amit no le importa leer documentos de la SEC. Y la solicitud de Google es una lectura interesante durante algunas páginas, hasta que la empresa empieza a complicar excesivamente las cosas. Muchos de los documentos de Google describen la estructura accionarial de la empresa, con acciones tipo A y acciones tipo B. Las acciones tipo B se pusieron a la venta en la OPV, pero las acciones tipo A, que se quedaron en el seno de la empresa, tenían asociados más derechos de voto. “Fue extremadamente complicado,” dice Amit. “Es evidente que los propietarios no querían perder el control.”

 

Y luego estaban las páginas explicando el proceso de subasta y el funcionamiento de la empresa. En el texto se podían leer cosas como, “proporcionamos a nuestros empleados muchos beneficios poco habituales, como comidas gratuitas, médicos y lavadoras. Tenemos cuidado en considerar las ventajas a largo plazo para la empresa que se derivan de estos beneficios”. Independientemente de las explicaciones proporcionada, se van a producir muchos cambios en el futuro, en especial de acciones que podrán venderse un tiempo después de la OPV de Google. Los analistas dicen que posiblemente esas acciones que queden liberadas pondrán presión sobre las acciones en las próximas semanas.

 

La solicitud incluía una larga carta al estilo Warren Buffet subrayando por qué Google es especial, lo cual contribuía a la extensión en número de páginas del documento. “Empleaba un inglés sencillo, pero era demasiada larga”, dice Amit.

 

Las OPV pueden dañar la marca

Antes de salir a bolsa, el atractivo de Google era que tenía una estupenda tecnología de búsqueda, una buena historia y la apariencia de estar por encima de toda lucha codiciosa. “La marca Google no necesita presentación”, dice Squali. “El nombre, el cual se ha convertido en verbo, es el destino número uno de las búsquedas online, y uno de las mejores páginas de todo Internet”. ¿Cuánto durará esta opinión? En cuanto se desvelaron al mundo con todo detalle los negocios de Google, y se hizo evidente que muchos de los empleados se convertirían en millonarios –por no mencionar los que ya lo son, dado que desde el primer día en bolsa se les permitió vender sus acciones–, la imagen de la empresa está algo dañada, sostiene Fader.

 

Squali añade que en breve habrá muchas más acciones en el mercado a medida que los empleados vendan las suyas. Según Google, puede que se hayan llegado a vender 4,6 millones de acciones en los 15 días de la OPV, 39,1 millones de acciones más tras 90 días y un total de 260 millones de acciones 180 días después de haber fijado el precio de salida. “Los propietarios de Google no podían haber conseguido nada mejor saliendo a bolsa”, dice Fader. “Cuando hay una OPV, la gente se pregunta si en el fondo no estarás vendiendo la empresa. Es imposible evitarlo”.

 

Algo que no ayudó fue que los dos fundadores de Google – Larry Page y Sergey Brin – se convirtiesen en billonarios incluso después de haber reducido el precio de salida. Normalmente tales beneficios no hubiesen importado demasiado. Pero Google pretende ser diferente. En la declaración de intenciones de su informe se puede leer uno de los mandamientos de Google: “No hacer el mal”.

 

Se busca: gerente experimentado

Cualquiera que lea en profundidad la documentación presentada por Google podrá deducir que la empresa está en el punto de mira. Microsoft y Yahoo están acercando posiciones. Aún no se sabe cómo Google va a hacer frente a la competencia, pero el modo en que se ha gestionado la OPV hace surgir ciertas cuestiones sobre la directiva de la empresa.

 

La OPV casi es abortada por una entrevista mantenida con la revista Playboy antes de fijar el precio de las acciones. Previamente Google revelaba haber emitido por equivocación acciones y tuvo que ofrecerse a recomprarlas. Y luego estuvo el acuerdo para zanjar con Yahoo, propietaria del buscador rival Overture, una disputa relacionada con una patente. Overture, pionera en vincular las palabras buscadas con publicidad, demandó a Google por emplear el algoritmo patentado que ofrece anuncios contextualizados. Google emitía acciones para ajustar las cuentas con Yahoo.

 

Además, Google no proporcionó a los inversores institucionales muchas previsiones sobre su crecimiento y beneficios futuros. Squali dice que es probable que las acciones de Google puedan ser volátiles debido a su falta de dirección financiera. Amit señala que los ejecutivos de Google han resultado ser “algo ingenuos”.

 

Todos estos acontecimientos previos a la OPV sorprendieron a mucha gente, en especial dado el ataque de la competencia al que Google tendrá que hacer frente. Wall Street ha visto demasiadas empresas que prometían ser la próxima Microsoft como para preocuparse. “Aunque las tasas de crecimiento y rentabilidad de Google son superiores, vemos varios riesgos en su valoración, lo cual podría significar que de hecho las acciones estén cotizando a un precio inferior al de empresas similares”, dice Marianne Wolk analista del Grupo Financiero Susquehanna. La OPV de Google puede venirse abajo por confiar en los fundadores y el equipo de dirección que designaron. “El éxito o fracaso final depende de la directiva”, dice Fader. “Tienes que depositar una gran confianza en su capacidad para crear y ejecutar.”

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