Bristol-Myers Squibb: un ejemplo de la enferma industria farmacéutica

Durante años la industria farmacéutica fue una de las más poderosas y rentables de Estados Unidos, sin embargo ahora ha empezado a mostrar fisuras a medida que sus lucrativos canales de venta de medicamentos se están secando y las empresas y el gobierno se niegan a pagar los precios protegidos por las patentes.

Pero ninguna de las principales empresas farmacéuticas estadounidenses parece estar enfrentándose a más problemas que Bristol- Myers Squibb. Con ventas por valor de 20 billones de dólares el pasado año y 46.000 empleados, la empresa había conseguido hace tiempo obtener resultados consolidados y una poderosa franquicia en el rentable mercado de productos contra el cáncer. Ahora está envuelta por completo en el fracaso de ImClone Systems, la protección de medicamentos clave -incluido Taxol, producto contra el cáncer- conseguida gracias a las patentes ha desaparecido y la empresa está siendo objeto de una investigación contable por parte de la Securities and Exchange Commission (SEC).

Las acciones de Bristol-Myers Squibb han perdido la mitad de su valor desde marzo y muchos analistas de la industria consideran que otras compañías tienen como objetivo absorber la empresa.  “Estaba previsto que su canal de venta de medicamentos se agotara antes que el de otras empresas, por lo que para poder mantenerse a la altura de las demás –y esta es sólo una de las interpretaciones-, tuvo que depositar su confianza en otros ámbitos para estimular los ingresos”, explica Mark Pauly, profesor de sistemas sanitarios de Wharton.

Bristol-Myers está sufriendo muchos de los problemas de otras empresas de la industria, solo que de una forma más extrema y pronunciada” añade  Patricia Danzon, también profesora de Sistemas sanitarios. Estos problemas –comenta-, incluyen el vencimiento de las principales patentes, el fracaso de su propio canal interno y juicios archivados en los que se acusa a Bristol-Myers y otros fabricantes de impedir la competencia.

Según Danzon, un asunto muy importante para todas las empresas farmacéuticas es la posibilidad de que el Congreso decida subvencionar los medicamentos, lo cual podría ayudar a las empresas a aumentar el volumen de ventas pero también podría hacer caer los beneficios si dicha medida se acompaña de un control de precios. “Eso, unido a los aspectos contables de Bristol-Myers, ha desembocado en unos desafortunados contratiempos específicos para toda una industria”.

Las nuevas tecnologías condujeron a una explosión de patentes farmacéuticas a principios de los 90 pero en opinión de Robert Field, profesor asociado de Sistemas sanitarios, con esa tecnología ya se ha conseguido todo lo que se podía lograr. Se espera que la nueva oleada de innovaciones en la industria tenga lugar en forma de avances de tecnología genética. Pero ésto tendrá lugar en un futuro lejano y quizás llegue demasiado tarde para Bristol-Myers. “Creo que una parte de sus problemas se debe a las tendencias económicas y de la estructura tecnológica a las que las empresas están sujetas” apunta Field.

Michael Krensavage, analista farmacéutico de Raymond James, relaciona el comienzo de la caída de Bristol-Myers con el hecho de que no se validase su anunciado medicamento Vanlev para la hipertensión. En el 2000 se denegó la solicitud de aprobación legal de Vanlev después de que se señalasen ciertos posibles efectos secundarios.

Más tarde, en marzo de 2002, la empresa anunciaba que controles adicionales reflejaban que Vanlev no era más eficiente que otros tratamientos que ya estaban en el mercado. “Con la aprobación de este medicamento se podría haber salvado todo el tema de expiración de patentes, pero al ser rechazado la empresa se debilitó. El problema de ImClone reflejaba su grado de desesperación“ comenta Krensavage.

En septiembre de 2001 Bristol-Myers Squibb acordó pagar dos billones de dólares a ImClone para desarrollar conjuntamente un nuevo producto contra el cáncer denominado Erbitux. En el acuerdo se establecía que Bristol-Myers pagaría un billón de dólares para adquirir el 20% del capital de ImClone a setenta dólares la acción. El resto se abonaría en función de los logros y beneficios que se fueran obteniendo con el medicamento.

Pero en diciembre Food and Drug Administration, FDA (el equivalente al Ministerio de sanidad y consumo) rechazó también la solicitud de ImClone para aprobar Erbitux y poder ser comercializado. Las acciones de ImClone cotizan ahora por debajo de los diez dólares y su anterior vicepresidente ejecutivo, Samuel Waksal, ha sido arrestado en junio con cargos de conspiración, perjurio y uso de información privilegiada. Las autoridades están investigando si Waksal le facilitó cierta información a su amiga Martha Stewart -también con participaciones de la compañía-, para que vendiese acciones justo antes de la resolución de FDA en diciembre. A raíz de estos hechos Bristol-Myers ha modificado el acuerdo y puesto a uno de sus ejecutivos como encargado para seguir de cerca todo el proceso de la normalización de Erbitux, pero la empresa ya ha registrado 875 millones de dólares en pérdidas.

Sean Nicholson, profesor de Sistemas sanitarios de Wharton, afirma que Bristol-Myers ha sido la empresa farmacéutica más activa en el desarrollo de medicamentos que inicialmente habían sido descubiertos por otras empresas. Esta práctica, conocida como ‘in-licensing’, es una estrategia muy común entre las empresas farmacéuticas que tratan de hacer frente a sus débiles canales para la venta de medicamentos.

Según Nicholson los datos de FDA sobre medicamentos aprobados entre 1996 y 1999 muestran que el 53% de los 43 productos de Bristol-Myers aprobados habían sido desarrollados por otras empresas, pero sin embargo era Bristol-Myers la poseedora de la patente. La empresa Aventis era la segunda empresa -con el 34%- en importancia que mostraba este mismo comportamiento.”Supuestamente existían más probabilidades de que Bristol-Myers se encontrase en la situación de ImClone dada la cuantía de in-licensing que están realizando.”, comenta Nicholson. “Bristol-Myers ha estado realizando este tipo de operaciones desde mucho antes y de forma más intensa que las demás empresas”.

La primera gran decisión que tomó Peter Dolan, vicepresidente ejecutivo de Bristol-Myers Squibb que sucedió a Charles A. Heimbold, Jr. como consejero en septiembre, fue la adquisición de ImClone.  Heimbold es ahora embajador de Estados Unidos en Suecia.

Ciertamente el mandato de Dolan ha sido turbulento. En abril anunció que durante el pasado año la empresa había ofrecido incentivos a aquellos mayoristas que incrementasen las ventas a corto plazo, y que por ello habría fuertes caídas de ingresos este año. Los analistas de la industria estiman que los mayoristas adquirieron excedentes de inventario por valor de un billón de dólares.

Bristol-Myers sostiene que esta práctica, conocida como ‘channel stuffing’, no viola ninguna norma contable. No obstante, el vicepresidente de operaciones de la empresa farmacéutica y el vicepresidente financiero abandonaron la empresa. Dolan predijo que los beneficios el próximo año podrían caer un 47%, incluyéndose en estas previsiones la reducción de inventario.

Pauly explica que lo que Bristol-Myers hizo es parecido a lo que hacen las empresas automovilísticas ofreciendo financiación al 0% para promover las ventas, pero sin embargo ésta práctica parece impropia cuando se realiza en el sector sanitario. “En la sanidad la gente es más confiada. A la hora de comprar un coche todo el mundo es escéptico, cosa que no ocurre cuando adquieren un medicamento, o un medicamento en stock, ya que todo el mundo supone que está legalizado” dice Pauly. Los inversores –añade-, también pueden ser menos desconfiados con las empresas relacionadas con la sanidad por deferencia con la ciencia y la tradición investigadora.

Además de sus problemas en Wall Street, Bristol-Myers se enfrenta a problemas internos con algunos de sus productos más vendidos cuyas patentes han expirado. Cuando un medicamento pierde la protección de la patente y se enfrenta a la competencia, normalmente las ventas caen hasta un 80%.

Bristol-Myers no ha lanzado ningún medicamento de los que podríamos denominar ‘bomba’, esto es, con ventas de más de un billón de dólares en una sola década. Tanto su medicamento Taxol para el cáncer, BuSpar para la ansiedad y Glucophage para la diabetes han perdido recientemente la protección que les proporcionaban sus patentes. El próximo año Plavix, un tratamiento de choque con 1,3 billones de dólares en ventas el pasado año, también estará en la misma situación.

Además de los juicios iniciados por 29 abogados contra la empresa y otros productores farmacéuticos por presuntamente haber dificultado la competencia, la Federal Trade Commission de EE.UU. está a su vez investigando sobre comportamientos contra la competencia en la industria.

Se dice que Bristol-Myers Squibb está considerando diversas estrategias que podrían incluir desde la venta de la propia empresa, su fusión con otra similar, hasta la adquisición de otra más pequeña y prometedora para reforzar su débil canal de ventas de medicamentos. Krensavage cree que es poco probable que Bristol-Myers sea la empresa compradora: “No puede con lo que ahora tiene encima. Creo que tendrá que fusionarse para sobrevivir a sus problemas … En la industria farmacéutica la desesperación conduce a las fusiones y en estos momentos hay mucha desesperación”. Mientras tanto Pfizer, un posible comprador, ha anunciado su plan de fusión con Pharmacia a través de un acuerdo de 60 billones de dólares.

Es más, tal y como explica Nicholson, la reciente caída de los medicamentos en existencias hará aún más difícil la posibilidad de una fusión, ya que los posibles compradores disponen de menos activos para utilizar como moneda de cambio, y añade que no está claro que las fusiones sean la receta adecuada para los fabricantes de medicamentos con problemas. “Por algún motivo Wall Street piensa que no es posible reducir los costes a no ser que te fusiones, pero parece ser que muchas de las cosas que se podrían realizar gracias a una fusión también pueden lograrse sin ella”.

Incluso tras haber asistido al acuerdo de fusión de Pfizer con Pharmacia, Danzon sugiere que las fusiones ya no se consideran soluciones garantizadas para las empresas de la industria, la cual continúa muy fragmentada. “Los buenos tiempos para las fusiones parecen haber finalizado. Lo que la gente ha descubierto es que esencialmente te garantizan un par de años de mejores resultados”.

Con las fusiones, y gracias a la eliminación de personal duplicado, se disfruta durante unos pocos años de una reducción de costes pero -añade Danzon-, sólo se trata de una mejora en el corto plazo. “Tras esos años lo que queda es la complicada misión de gestionar unas increíblemente ingobernables y monstruosas empresas”. En el caso de Bristol-Myers además existen numerosas obligaciones que hacen que una fusión sea aún menos probable. “Es difícil ver a la empresa como un atractivo socio para llevar a cabo una fusión”.

La falta de un socio evidente con el que fusionarse puede proporcionar a la empresa algún tiempo. “Podrían decir: simplemente esperemos seis meses o un año y toda esta ansiedad desaparecerá por sí misma” explica Nicholson, quien además señala que algunos analistas creen que en el largo plazo los canales de ventas de medicamentos de BristolMyers son relativamente fuertes. “No se trata de un caso en el que no se disponga absolutamente de nada”.

Para Pauly existe una pequeña posibilidad de bancarrota: “Ciertas partes de la empresa todavía tienen un valor considerable. Esas partes pueden pasar en el futuro a formar parte de otros proyectos”.

Mientras tanto -comenta Field-, los problemas de Bristol-Myers y de toda la sanidad están desanimando tanto a los inversores como a la sociedad en general. “Hasta hace seis meses o un año, aquellos pertenecientes a la industria sanitaria podían señalar a las empresas farmacéuticas como uno de los sectores a los que las cosas todavía les iban bien. Si estas empresas van a tener que enfrentarse a dificultades económicas entonces nadie del ámbito sanitario se va a salvar. Esto significa que habrá menos inversión en el sector sanitario y menos recursos para dedicar a investigación. Existirán importantes implicaciones para nuestro sistema sanitario y en última instancia para nuestra salud.” 

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