Cómo ayudar a los empleados a gestionar mejor el riesgo de sus inversiones

La actual depresión del mercado de valores y el desastre de Enron del pasado año han provocado que se preste una mayor atención a los riesgos a los que están expuestos los empleados con las acciones, en particular con los planes 401(k) que ellos mismo gestionan, los cuales están desplazando a los tradicionales planes de pensiones de prestaciones definidas.

 

Mientras muchos trabajadores siguen considerando las acciones de su empresa y el mercado de valores como el camino para lograr a largo plazo seguridad en su jubilación, esa idea fue precisamente puesta en duda en abril en la conferencia Risk Transfers and Retirement Income Security (Trasferencia de riesgos y seguridad en los ingresos para la jubilación) patrocinada por el Pension Research Council (Comité de investigaciones sobre pensiones) de Wharton y The Financial Institutions Center (Centro de instituciones financieras).

 

El sector inversor tiene un fuerte sesgo hacia el mercado de valores, dijo Zvi Bodie, profesor de Finanzas de Boston University School of Management, el cual ha estado investigando sobre páginas web de planificación de jubilaciones y pone en duda la idea generalizada de que una cartera de valores diversificada es la mejor inversión a largo plazo.

 

Según Bodie, protegerse del paso del tiempo con renta fija o con seguros, en lugar de tener diversificación de acciones, es la mejor manera de gestionar el riesgo. “La diversificación funciona en un momento puntual” afirmaba Bodie, “pero no reduce el riesgo con el paso del tiempo. No existe nada parecido a la diversificación temporal”.

Bodie manifestó estar molesto al encontrar que apenas había mención alguna en los sistemas de planificación financiera que estudió sobre los U.S. Treasury Inflation-Protected Securities, TIPS (Valores del Tesoro de EE.UU. protegidos frente a la Inflación), introducidos en 1997. Con estos bonos los inversores obtienen un rendimiento del 3,4% durante los próximos 30 años y protegido de la inflación, pero afirmó que no se habían producido compras masivas de estos bonos.

 

“En estos momentos, y tras el caso Enron y similares, se habla mucho en círculos políticos del Congreso sobre como aprovechar todas las posibilidades para reducir riesgos de las que dispone”, dijo. La falta de atención prestada a los bonos protegidos de la inflación “me parece un fallo increíble de política pública”.

 

Jeremy Siegel, profesor de Finanzas de Wharton y autor de Stocks for the long Run (Acciones para el largo plazo), afirmaba que las acciones son una mejor inversión durante periodos de tiempo largos en comparación con un escenario de paseos aleatorios. “Lo que encontré en mis análisis” explicaba, “es que en comparación con un escenario de paseos aleatorios las acciones se vuelven más seguras a largo plazo. Pero eso no quiere decir que se vuelvan completamente seguras”.

 

Según Siegel, el nivel de tolerancia de un individuo cualquiera al riesgo está relacionado con su salario. Si una persona es joven normalmente trabaja durante más tiempo para compensar las inversiones en acciones que vayan mal. Siegel sugirió que los responsables de los programas de jubilación preguntasen directamente a los trabajadores: “Si en el plan incluimos acciones y éstas van mal, ¿estarías dispuesto a retrasar tu jubilación y seguir trabajando duro? Si responden afirmativamente habrá más acciones”. No obstante, Siegel cuestionaba que la gente realmente pudiese responder a esa pregunta. “A menudo dices una cosa pero cuando llega el momento, 10 o 20 años después, podrías haber cambiado de opinión”.

 

Siegel también destacó que el orden temporal en el que se producen los rendimientos puede determinar si un inversor tiene suficiente dinero para retirarse. Examinó el caso de un individuo cualquiera con una esperanza de vida de 20 años tras su jubilación. Incluso si las acciones obtuviesen mejores resultados que los bonos en el 95% de los 20 años, si es precisamente al comienzo de la jubilación cuando se producen los malos resultados, el inversor podría quedarse sin dinero.

 

A Siegel también le gustan los bonos del tesoro ajustados con la inflación, los cuales parece estar ganando popularidad. Los bonos nominales -aquellos con valores nominales fijos-, “no están libres de riesgos”, señalaba añadiendo que en 1994, cuando realizó la mayor parte de los análisis para su libro, los bonos del tesoro ajustados con la inflación todavía no existían. Durante 30 años el riesgo real del rendimiento de los bonos nominales estándar era tan grande o más que el riesgo de una cartera diversificada estándar”, explicaba.

 

En opinión de Siegel ahora las primas por invertir en acciones son del 2-3%. Con rendimientos de los bonos tras impuestos alrededor del 3,5%, Siegel estimó que el rendimiento real de las acciones en un 5-6% o más. “No se parece en absoluto a la situación de la que hemos disfrutado en el pasado, pero es bastante positiva aunque mucha gente no lo crea”.

 

Según Siegel, la prima es menor porque los ratios precio-beneficios son mayores y se merecen continuar altos debido a las mejoras en eficiencia y en tecnología. Así, no está de acuerdo con algunas predicciones sobre el mercado que hablan de un descenso de dichos ratios hasta aproximadamente un valor de 14. “Tengo la impresión de que las acciones deberían obtener más o menos un 5%”.

 

El debate sobre los empleados con acciones de la propia empresa para la que trabajan como parte de sus planes 401(k) fue la línea conductora de todo el análisis de riesgos del profesor de Finanzas de Wharton Krishna Ramaswamy, el cual señaló como son las empresas de determinado tamaño las que realizan aportaciones a los planes de contribuciones definidas en forma de acciones de la empresa. Ramaswamy citó diversas investigaciones que muestran que sólo el 3% de los planes ofrecen acciones de la empresa, pero también que el 42% de todos los trabajadores con planes de pensiones y el 59% de todos los planes de contribuciones definidas están incluidos dentro de dicha categoría. “Así pues, de hecho trata de un tema realmente importante”.

 

Alguna de las distorsiones -afirmaba Ramaswamy-, se deben a los empleados, que voluntariamente deciden adquirir más acciones de la empresa para su cartera de jubilación. Esto entra de lleno en temas de comportamiento en finanzas, incluyendo temas de los endosos o de extrapolación de resultados del pasado.

En opinión de Ramaswamy, algunos planes simplemente hacen que sea más fácil para los empleados elegir acciones de la empresa para sus fondos de contribuciones definidas. Por ejemplo, mostró un complicado formulario para un plan de contribuciones definidas que daba la opción al principio de elegir acciones de la empresa seguida de la siguiente frase: “Si ha escrito 100%, pare y vaya al final del formulario! Ya ha acabado!”. En palabras de Ramaswamy: “Parece ser que se perjudican a ellos mismos. Los empleados están incrementando sus aportaciones dinerarias constantemente en forma de acciones de la empresa”.

 

Ramaswamy señaló que según sus análisis, la eficiencia de los empleados con un 30% de sus fondos de contribución definida en forma de acciones de la empresa es en comparación con el índice S&P 500 del 64%. Con un 50% en acciones dela propia empresa la eficiencia se desploma a un 39%.

 

Sin embargo los planes de beneficios definidos restringen las acciones de la empresa a no más del 10%. Con dicho porcentaje la eficiencia en un escenario de riesgo medio se sitúa alrededor del 90%. Las investigaciones de Ramaswamy no tienen en cuenta la diversificación de la totalidad de los fondos individuales, únicamente la proporción de acciones de la empresa.

 

A continuación Ramaswamy intentó evaluar todos estos costes de ineficiencia en dólares, utilizando para ello un método de intercambio de opciones a lo largo del tiempo. Encontró que para un periodo de un año, comprar seguros contra los riesgos asociados con las acciones de la empresa versus el índice costaría 178 dólares por cada 1.000 dólares, el 17,8%. Para un periodo de 3 años la cifra subiría a 303 dólares, o el 30,3%.

 

“A la gente le debería asustar pensar que para asegurar 1.000 dólares con otros 1.000 dólares en el índice S&P tienen que renunciar al 17%”, explicaba. “Eso es pagar de más por algo que no se necesita”.

 

Stephen P. Utkus, uno de los directores de The Vanguard Group, grupo que lidera el equipo de investigación en el departamento de educación de la empresa, afirmaba que el trabajo de Ramaswamy podría incidir en que los inversores se centrasen en el riesgo de volatilidad, no en la posibilidad de apreciación de determinadas acciones. “Se aleja a la gente de temas de rentabilidad y se les introduce en temas menos pasionales: la volatilidad”.

 

En los comentarios de los medios de comunicación “siempre parece hacerse el siguiente supuesto; que una acción de 1 dólar vale 1 dólar en metálico”, añadía Utkus. “Desde luego los académicos no se lo creen, pero el resto del mundo sí”.

En el debate sobre las limitaciones de incluir acciones de la empresa en los fondos de contribuciones definidas, Utkus señaló como muchos asumen que las empresas simplemente reducirán sus propias aportaciones, dejando a los empleados en una situación aún peor. “La respuesta desde el ámbito académico es que no necesariamente: Un dólar en acciones vale mucho menos, dependiendo de la volatilidad de las acciones, que el dinero en efectivo”.

 

No obstante, Utkus manifestaba no estar completamente convencido de la fiabilidad del método de intercambio de opciones aplicado a períodos largos, tal y como es el caso de las inversiones para tu jubilación. “Puede que sea válido para el corto plazo, pero me preocupa cualquier modelo teórico donde no haya mercados activos para opciones de 25 años”, añadía. “Si tuviese que cubrir esa opción querría un mercado activo y líquido que ya exista en la actualidad”. 

 

Utkus habló sobre lo que él denomina “Hurricane Andrew Problem” (Problema de Huracán Andrés), el cual parece presentarse cuando te expones a riesgos aleatorios. En la costa dorada de Florida, en los años 50 se produjeron muchos huracanes; durante los 70 hubo pocos -o ninguno-, que causasen daños. En consecuencia, explicaba, “la probabilidad de que se produjese un huracán siguió descendiendo hasta que finalmente ocurrió”.

 

En diciembre de 2000 “los agentes del mercado habrían estado muy contentos por haber creado en Enron los planes 401(k), con seguros de muy bajo coste. Un año después probablemente no”.

 

Se preguntó a los participantes en la sesión acerca del doble impacto sobre los empleados, como fue el caso de Enron: por un lado pierden el valor de las acciones de la empresa y por otro pierden su empleo. Ramaswamy afirmó que se estaba exagerando un poco sobre el problema, ya los trabajadores de Enron despedidos siguen siendo muy valiosos. “El capital humano no muere porque Enron haya muerto”, añadió.

 

Bodie comentó que el mayor riesgo no es necesariamente específico para la empresa. “El caso Enron ha desenterrado el tema de la falta de diversificación al invertir en acciones de tu propia empresa. Pero supongamos que eres un agente de bolsa o alguien cuyos ingresos futuros dependen de los servicios financieros. Tus ingresos futuros se parecen en cierto modo a las inversiones en el mercado de valores. Ya tienes muchas inversiones en el mercado de valores. ¿De verdad quieres que tu fondo de pensiones de contribuciones definidas también descanse sobre el mercado de valores?”.

 

Utkus dijo que cuando se redactó el Employee Retirement Income Security Act (ERISA) (Acta de seguridad de ingresos para la jubilación de los empleados) en 1974, en el Congreso se debatió –pero finalmente se rechazó-, la idea de establecer límites a la asignación de activos en los planes de contribuciones definidas. “Ahora, veinte años después, con los planes 401(k) lo que tenemos es altos niveles de concentración y un interesante dilema político”, añadió.

 

Michael S. Gordon -abogado que ejerce en Washington D.C. y que participó en la redacción del borrador de la ley ERISA-, afirmó que el debate actual ignora la situación política en la que ERISA fue redactada. Gordon explicó que había una propuesta para introducir un límite del 10% en los planes de contribuciones definidas, pero fue rechazada porque el mayor y más conocido plan con participación en beneficios pertenecía a Sears Roebuck & Co. Sin límite alguno en la asignación de activos la empresa fue capaz de jubilar a sus empleados con ingresos cuatro veces superiores a sus salarios. “Desde el punto de vista político era imposible conseguir la aprobación”, afirmaba añadiendo que “hoy en día tenemos una discrepancia similar. Tenemos gente que cree ciegamente, casi de una forma religiosa, en las acciones de su empresa”.

 

El actual debate sobre invertir en acciones de la propia empresa como parte de los planes de contribución definida es comparable a otros mecanismos de inversión que desplazaron el riesgo corporativo hacia los empleados, incluidos los Employee Stock Ownership Plans (Planes de empleados propietarios de acciones). 

Utkus dijo que durante los últimos 40 años las familias habían ido adquiriendo voluntariamente más responsabilidades en la gestión de sus activos financieros y también con un mayor grado de sofisticación.

 

Sin embargo, Bodie manifestó estar preocupado por la capacidad de gestión de los individuos. “Ahora nos encontramos en una situación muy extraña en la que los gobiernos y otras instituciones se han retirado de su participación activa en diversos aspectos de la economía”. Bodie sugirió que el gobierno debería jugar un papel más relevante para ayudar a que la gente sepa enfrentarse a la complejidad de gestionar el riesgo de sus carteras de jubilación.

 

“¿Qué sabe la gente de la calle sobre todos estos temas?” se cuestionó. “Sería como pedir a la gente que supiese de cirugía para que se operasen a sí mismos y así solucionar el problema del incremento de los costes de los servicios médicos. En mi opinión es una locura”.

 

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