De la periferia a la prosperidad: La ciudad de Salvador y la Copa del Mundo de 2014

Repercusión económica estimada: R$ 183.200 millones (US$ 107.000 millones); creación de nuevos empleos: 710.000; impacto sobre el turismo: R$ 9.400 millones (US$ 5.500 millones). Éstas son algunas de las impresionantes estimaciones que se publican en las primeras páginas de los periódicos de Brasil acerca del impulso fabuloso que la Copa del Mundo de 2014 dará a la economía del país.

Desafortunadamente, la literatura sobre el tema dice que los grandes eventos deportivos, como la Copa del Mundo, no tienen la repercusión sobre la economía que se les suele atribuir. Las estimaciones generalmente pecan de lo siguiente: (1) no toman en cuenta que muchos consumidores domésticos disponen de un presupuesto fijo para el ocio; (2) no disponen de información suficiente sobre los patrones de actividades económicas de los residentes del país que no participarán en el evento e (3) ignoran el hecho de que los turistas tradicionales evitan puntos turísticos populares. Además, según se ha comprobado en otros grandes eventos, las enormes inversiones necesarias para llevar a cabo de forma exitosa un evento no siempre traen consigo los retornos económicos esperados o el aumento inmediato del turismo.

Las Copas del Mundo de la FIFA (Fédération Internationale Football Association) de Corea del Sur y de Japón, en 2002, y de Alemania, en 2006, contribuyen a reforzar la falacia de que los grandes eventos son grandes impulsores de la economía. Corea del Sur se gastó aproximadamente US$ 2.000 millones para construir diez nuevos estadios. Pero esa extraordinaria inversión en infraestructura apenas tuvo repercusión en el turismo de la región. El número de visitantes fue exactamente el mismo durante los veranos de 2001 y 2002: aproximadamente 460.000. Alemania experimentó una inconsistencia similar en cuanto al impacto económico inmediato cuando el país albergó la Copa del Mundo en 2006.

A pesar de los retornos económicos poco significativos, los partidos de la Copa del Mundo en Corea del Sur y en Alemania fueron considerados un gran éxito. ¿Frente a eso, habría otros beneficios, posiblemente menos tangibles, para el país anfitrión de esos eventos? Si los hay, ¿ayudan a explicar por qué las ciudades y los países, sobre todo en el mundo en desarrollo, quieren acogerlos? La decisión de Brasil de albergar la próxima Copa del Mundo puede ofrecer respuestas interesantes a esa pregunta. El análisis del posible impacto de la Copa en una de las ciudades anfitrionas es aún más interesante, ya que permite examinar con más detenimiento otros posibles beneficios como, por ejemplo, las mejorías a gran escala de la infraestructura, algo imposible desde el punto de vista político si la situación fuera otra. Se trata de una oportunidad única para que el país y la ciudad promuevan su marca en el escenario internacional.

Pistoletazo de salida para la Copa del Mundo en Brasil

En 2007, la FIFA escogió a Brasil para albergar la Copa del Mundo de 2014. La decisión está en línea con la estrategia seguida por la FIFA de llevar el evento a diferentes continentes y dar la oportunidad a las economías emergentes de organizarlo. Por lo tanto, la elección no fue ninguna sorpresa: un país suramericano no alberga la Copa desde 1978; además, el rendimiento económico y político reciente de Brasil continúa suscitando la admiración en todo el mundo. Según dijo en una entrevista reciente Ronaldo Helal, profesor de Sociología de la Universidad Estatal de Río de Janeiro y autor de "Pases y dificultades: fútbol y cultura de masas en Brasil": "El país disfruta de estabilidad económica desde hace 16 años; la democracia está consolidada desde hace 20 años y, además, ha resistido bien la crisis económica que afectó a la mayor parte de los países desarrollados en los últimos años".

Hoy en día, Brasil es la octava economía del mundo y la mayor de América Latina y la previsión de crecimiento del PIB brasileño en 2010 es del 7,8%. A diferencia de lo que sucedió en la mayor parte de los países, la crisis de 2008 tuvo un impacto prácticamente imperceptible sobre la economía brasileña, que registró un crecimiento de un 0,2% en 2009.

Salvador, fundada en 1549 y capital de Brasil hasta 1763, es una de las 12 ciudades escogidas para acoger la competición (las otras son Belo Horizonte, Brasilia, Cuiabá, Curitiba, Fortaleza, Manaus, Natal, Porto Alegre, Recife, Río de Janeiro y São Paulo). La ciudad es una referencia cultural en el país y su centro histórico de estilo colonial, el Pelourinho, fue declarado por la UNESCO patrimonio histórico de la humanidad en 1985. Salvador tiene una población de 2,9 millones de habitantes y es la tercera mayor ciudad del país, aunque considerablemente menor que São Paulo (10,9 millones) y Río de Janeiro (6,1 millones). Salvador representa cerca del 1% del PIB nacional y está en 11º lugar en el ranking económico nacional. Pero debido al elevado nivel de desigualdad local, el PIB per cápita de la ciudad ocupa la 23ª posición en el ranking nacional con R$ 9.240 (US$ 5.400). La ciudad de São Paulo tiene el mayor PIB per cápita del país: R$ 29.394 (US$ 17.200).

El principal sector económico de Salvador es el turismo. Actualmente, la ciudad es el segundo destino turístico más solicitado en Brasil después de Río de Janeiro. Según el gobierno local, las actividades comerciales y de servicios representan un 75% de la economía del municipio, mientras que las actividades industriales representan el 25%. El puerto de Salvador, situado en la Bahía de Todos los Santos, es el mayor de la región nordeste del país.

Albergar la Copa del Mundo no es una iniciativa fácil, sobre todo en un país en desarrollo como Brasil. En preparación para la Copa, todas las ciudades donde tendrán lugar los partidos necesitan estar bien estructuradas en tres áreas: estadios, aeropuerto y transporte y alojamiento para los turistas. Salvador recibirá financiación e inversiones de aproximadamente R$ 1.240 millones (US$ 730 millones), de los cuáles cerca de R$ 1.000 millones (US$ 588 millones) procederá del gobierno federal —aproximadamente un 6% de la inversión total planeada por el Gobierno para los preparativos de la Copa. El resto lo completará el Estado de Bahia. Para los analistas, se trata de una ganancia neta enorme para la ciudad y una oportunidad significativa de mejora de la infraestructura local.

Estadio de la Fuente Nueva

La FIFA exige que los países tengan estadios tengan una capacidad de público de 40.000 a 60.000 personas sentadas según las normas específicas, cualquiera que sea su localización y posibles planes de uso de largo plazo. Desafortunadamente, el estadio de la Fuente Nueva, en Salvador, no está dentro de los patrones exigidos, por eso se están haciendo grandes reformas en estos momentos. Adriana Dantas, del departamento responsable de los proyectos de la Copa del Mundo en el BNDES (Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social), dice que "la demolición y la reconstrucción del estadio de la Fuente Nueva costará R$ 714 millones (US$ 417 millones), de los cuáles R$ 400 millones (US$ 234 millones) procederán de la financiación del BNDES". El nuevo estadio tendrá capacidad para aproximadamente 50.000 personas, sector de prensa para 1.600 periodistas y una área VIP para 2.500 invitados.

Una de las principales cosas que se debe tomar en cuenta a la hora de construir un nuevo estadio es la posibilidad de maximizar el uso del local después de haber concluido el evento, observa Derrick Heggans, director-gerente del Proyecto de Negocios Deportivos de Wharton. Esa es precisamente una de las preocupaciones que siempre se asocian a la organización de grandes eventos, como es el caso de la Copa del Mundo. Las ciudades se quedan con estadios que no se usan regularmente y acaban convirtiéndose en "elefantes blancos". Aunque haya dos equipos de fútbol importantes en la capital de Bahia (SC Bahia y Vitória FC), los analistas temen que el estadio de la Fuente Nueva se convierta en uno de esos "elefantes blancos", ya que poca gente está en condiciones de comprar regularmente entradas para eventos deportivos. Según una investigación hecha por SINAENCO (National Association of Architectural and Consulting Engineering Companies), "el mayor desafío de Salvador, en la Copa de 2014, consistirá en equilibrar la sostenibilidad del nuevo estadio con la creciente desigualdad social en la ciudad. La región metropolitana de Salvador tiene el mayor nivel de desigualdad del país".

A pesar de eso, y de la imposibilidad de la mayor parte de la población de comprar regularmente entradas para los partidos de fútbol, cuyo precio tendría que ser R$ 30,00 (US$ 18) para que las reformas fueran económicamente factibles —el surgimiento de una nueva clase media en el país, la llamada Clase C, podrá cambiar esa ecuación a medio y a largo plazo.

Puntos fuertes de Salvador: aeropuerto y alojamiento

Los mayores desafíos para las ciudades generalmente están fuera del campo de juego. Las ciudades anfitrionas necesitan estar preparadas para recibir un número importante de visitantes y disponer de todas las instalaciones necesarias para un evento de ámbito mundial como es la Copa del Mundo. Los meses de junio y julio de 2014, cuando la Copa esté jugándose, Brasil espera recibir aproximadamente 600.000 turistas extranjeros y 3,1 millones de turistas locales, según información del ministerio brasileño del Deporte.

Como destino turístico importante que es, Salvador ya cuenta con un aeropuerto por donde pasan seis millones de personas todos los años (cerca de un 80% de viajantes domésticos y un 20% extranjeros), señal de que la ciudad puede hacer frente a un tráfico de unos 300.000 pasajeros que llegarán para los juegos de 2014. Dantas destaca que "según Murilo Barboza, presidente de Infraero (empresa brasileña de infraestructura aeroportuaria), el Aeropuerto Internacional de Salvador ya está preparado para recibir la demanda adicional de pasajeros durante la Copa del Mundo de 2014".

De igual modo, el número de alojamientos en los hoteles ya es prácticamente el requerido. Las 24.000 camas actualmente disponibles en Salvador tendrán que ampliarse hasta 30.000 en los próximos cuatro años.

Sanadas esas pequeñas dificultades, Salvador parece estar bien preparada para atender al gran número de turistas que visitarán la ciudad durante la Copa del Mundo. ¿Pero qué será de los turistas que ya estarán en la ciudad cuando tenga lugar el evento? ¿Se sentirán agobiados por la aglomeración de gente?

La temporada alta de turismo en Salvador va de diciembre a marzo y el punto álgido es el Carnaval, que generalmente cae en febrero. Ya que la Copa del Mundo comienza en junio —uno de los peores meses para el turismo en la ciudad— no debería haber problema de aglomeración. Al contrario, Salvador considera ésta una oportunidad única para aumentar el número de visitantes durante la temporada baja reforzando, al mismo tiempo, el atractivo que tiene la ciudad para los turistas tradicionales a través de las reformas puestas en marcha gracias al capital aportado por el gobierno y los inversores.

Pero aunque la capital de Bahia esté en una situación cómoda en lo que concierne a su aeropuerto y a los alojamientos disponibles, las condiciones del transporte urbano no son satisfactorias. Esa es la principal necesidad local en la actual etapa de preparativos para la Copa del Mundo. La gestión exitosa de ese punto débil puede beneficiar enormemente a la ciudad a largo plazo. Es necesario que las autoridades locales mejoren el transporte público añadiendo más capacidad al sistema para evitar los atascos en las horas punta. Hay diversos proyectos en curso a un coste estimado de R$ 1,300 millones (US$ 760 millones) como, por ejemplo, la ampliación de la línea 1 del metro, cuya capacidad diaria se aumentará hasta 250.000 pasajeros; mejorías en la línea 2, que conectará el aeropuerto con la zona de los hoteles y el centro de la ciudad; además de la integración de los diferentes sistemas de transporte público (proyecto Transalvador). Además, el proyecto BRT, con autobuses rápidos, conectará la zona norte de la ciudad al aeropuerto y está presupuestado en R$ 567 millones (US$ 332 millones).

Más allá del mito económico: imagen e infraestructura

Brasil, un país en rápido desarrollo y con los recursos necesarios para acoger la Copa del Mundo, tal vez esté en una situación única en lo que se refiere a los beneficios que se podrán obtener de un evento de estas dimensiones. El análisis presentado aquí defiende la idea de que la Copa del Mundo debe ser interpretada no como un elemento que sirva de estímulo directo de la economía, sino tal vez más como una de las mejores oportunidades para que el país mejore su infraestructura interna. La Copa del Mundo de 2014 ofrece al país —y a las ciudades, especialmente Salvador— la oportunidad única de mejorar su sistema de transporte más que ninguna otra cosa. Ante la actual situación de desarrollo del país y de su grado de crecimiento en el transcurso de las dos últimas décadas, las mejorías introducidas en ese sector permitirán al país mostrar al mundo que pertenece, sin lugar a dudas, al grupo selecto de países desarrollados.

Tal y como dijo en una entrevista reciente João Alberto Viol, presidente de SINAENCO: "Nuestra implicación con la Copa de 2014 está directamente relacionada con el deseo que tenemos de mostrar la importancia de ese evento para el desarrollo de la infraestructura brasileña y con eso —a partir de 2015— dar mayor visibilidad al turismo internacional colocando a Brasil un paso por delante y más cerca de integrarse totalmente al mundo de los países desarrollados".

Wolfgang Maenning, al evaluar la Copa de Alemania en 2006, dijo que a pesar del éxito económico limitado del evento, "lo que realmente marcó la diferencia fueron otros efectos medibles como, por ejemplo, el impacto de la novedad de los estadios, la mejora de la imagen del país y el efecto de bienestar para la población". Debido a la Copa, "la percepción de Alemania mejoró en otros países. La antigua imagen que Alemania tenía en el exterior de país insensible y frío […] de gente no muy calurosa, poco hospitalaria, de un país de poca belleza, cultura y diversión cambió para mejor con la Copa del Mundo".

Willi Lemke, consejero especial del secretario general de la ONU de Deportes para el Desarrollo y la Paz, dijo en una entrevista reciente sobre la Copa del Mundo de 2010 en África: "La imagen siempre ha sido un problema para África, y cada vez que los medios de comunicación informan de forma prioritaria sobre los escándalos y otros problemas, eso sirve sólo para aumentar aún más el círculo vicioso. Era de suma importancia para África que, por lo menos una vez, las personas hablaran de cosas positivas acerca del continente. Sudáfrica tuvo la oportunidad perfecta para mostrar al mundo su belleza, su mundo animal, su cultura, diversidad y una población alegre". En 2014, Brasil tendrá una oportunidad semejante.

Como dice Helal: "La Copa del Mundo será un momento simbólico para Brasil. Al igual que en 1950, cuando el país albergó por última vez la Copa, Brasil quiere mostrar al mundo su enorme capacidad de crecimiento y su papel de 'gran nación'. La diferencia respecto a 1950 es que el país está pasando por un momento muy especial en su historia. El pueblo brasileño se movilizará para el evento".

Este artículo fue escrito por Veronica de la Cerda, Mariana Fernandes, David Huebner, Carmen Madanes y Jordi Suarez, de la clase Lauder de 2012

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