Europa se vende, e India compra

Han corrido ríos de tinta sobre las muchas posibilidades que ofrecen los países emergentes y sobre el futuro papel que desempeñarán en la economía mundial. Sin embargo, los primeros espadas de India están siendo los pioneros a la hora de conquistar Europa, que, sobre todo desde el lado más conservador, está empezando a ver alarmada cómo sus empresas se venden, ya no sólo a países que, como España, solían ser objeto de compra, sino a otros que necesitan nuevos mercados para seguir creciendo, como es el caso de India. Aunque China empuja fuertemente en la misma dirección, todavía no ha alcanzado la notoriedad lograda en los últimos meses por empresarios como Lakshmi Mittal, que se hizo con el control del consorcio siderúrgico Arcelor, o de Ratan Tata, que está intentando comprar la firma de acero angloholandesa Corus. Aunque estos son los más conocidos, no son los únicos y en los próximos meses, nuevos rostros para los europeos pero muy famosos en su país, como Ani D. Ambani, presidente de Reliance, o Sunil Bharti Mittal, fundador de Bharti, empezarán a ocupar las mismas portadas que en su día ocupó el presidente de Santander, Emilio Botín, cuando compró el banco británico Abbey, o Amancio Ortega, fundador del grupo de moda Zara, que ha abierto filiales por todo el mundo.

 

El profesor del departamento de Economía de Esade, Sanjay Peters, recuerda que, además de estos nuevos protagonistas, en grandes multinacionales la presencia de ejecutivos indios es ya una realidad desde hace años, como es el caso de Arun Sarin o Sanjiv Ahuja, consejeros delegado de las compañías de telefonía móvil Vodafone y Orange, respectivamente. Aunque pocas, también hay directivas indias al frente de compañías occidentales. Tal vez, el caso más representativo sea el de Indra Nooyi, consejera delegada de Pepsico. Para Peters, “no sólo existe una presencia brutal de indios en empresas extranjeras, sino también en las universidades más prestigiosas del mundo, como Harvard (EEUU) o Cambridge (Reino Unido)”. En el mundo académico, cada vez hay más voces de nacionalidad india con gran prestigio, como es el caso, por ejemplo, del gurú del márketing internacional Das Narayandas, cuyas teorías sobre ventas han recorrido todo el globo, hasta convertirse en invitado imprescindible de los foros más prestigiosos sobre management.

 

¿Por qué se está produciendo ahora la internacionalización de las compañías indias? Aunque muchas de ellas llevan varios años presentes en los mercados estadounidenses, su presencia en Europa es mucho más reciente. En opinión de Juan Carlos Martínez Lázaro, profesor del Instituto de Empresa (IE), en Madrid, “se trata de empresas con un tamaño ya importante para el mercado indio y necesitan expandirse”, por lo que compran empresas que operen en mercados similares a los suyos, en los que ya tienen experiencia. “Normalmente, operan en sectores en el que el tamaño es importante –como el siderúrgico- y necesitan aprovechar economías de escala para ahorrar costes”, apunta Martínez Lázaro. Aunque reconoce que todavía extraña un poco que sean conglomerados indios quienes compren las empresas europeas, explica que éste es un paso lógico, y que lo mismo está empezando a ocurrir con las compañías chinas. El primer paso suele ser Estados Unidos “porque es más fácil operar allí”, tanto por aspectos legales como burocráticos, pero el siguiente paso es crecer por Europa, una tendencia que seguirá fortaleciéndose en los próximos años, asegura el profesor del IE.

 

Perfiles empresariales en Asia

Una de las grandes ventajas de los directivos indios frente a los chinos, por ejemplo, es la cultura anglosajona y la mayor apertura histórica de India al capital extranjero, según explica Pedro Moreno de los Ríos, socio de la firma especializada en la búsqueda de directivos Parangon Partners. El perfil de un directivo indio es tan internacional, que incluso “India está exportando directivos a China”. En el caso de las multinacionales, desde Parangon Partners explican que es muy importante la necesidad que éstas tienen de buscar socios locales para instalarse en un país. Cuando éstas se instalan en India, entran a formar parte de ésta nuevos ejecutivos que irán ascendiendo en la empresa, hasta llegar a la matriz, de ahí el carácter multicultural de este tipo de empresas, rompiendo con el estereotipo de que sólo los estadounidenses son los consejeros delegados de las grandes compañías mundiales.

 

De alguna forma, esta misma idea es compartida por John J. Grumbar, nuevo presidente de Egon Zhender International, compañía experta en la búsqueda de ejecutivos. En su opinión, existe un conglomerado importante de empresarios indios “con mucho talento” que necesitan ampliar sus retos y estudiar fuera. Cuando concluyen su formación, vuelven a India dispuestos a reunir inversiones para aprovechar todas las oportunidades y el potencial del país. A esto ayuda el idioma y la estructura empresarial de corte anglosajón, herencia de la época de dominio británico. Ésta es una de las principales diferencias con China, donde es muy difícil para un extranjero integrarse en las compañías locales por la dificultad del idioma y por una estructura más jerárquica y “demasiado paternalista”, asegura Grumbar. De hecho, hace 25 años en China, ni siquiera una compañía podía reclutar, por ley, empleados de otras empresas. Aunque esto ya no ocurre en la actualidad, la cultura empresarial china todavía difiere demasiado de la occidental, algo que, en este sentido, no ocurre con los empresarios indios.

 

Martínez Lázaro, del IE, explica que las grandes empresas indias que están pujando por las compañías europeas ya llevan bastante tiempo operando en Occidente, por lo que “se adaptan perfectamente a las reglas de juego de aquí”, además de que han tenido que cumplir con la misma normativa y códigos de buen gobierno para cotizar en bolsa que sus competidores. Sin embargo, este experto también reconoce que “la forma de hacer negocios en India es distinta” cuando los trámites se realizan allí. Por ejemplo, señala que los empresarios indios fomentan una cultura basada en la confianza, mientras que en Europa los negocios son más impersonales. “El contrato aquí es la ley, mientras que en India la palabra y la empatía tienen, a veces, más importancia que un contrato”, apunta.

 

Para el profesor de Evade, Sanjay Peters, las cosas en India han cambiado mucho en las últimas dos décadas y también el perfil del empresario local. En su opinión, existen dos tendencias: las familias con una larga tradición industrial y una nueva generación de emprendedores que pujan por hacerse un hueco a base de esfuerzo y tenacidad. Por un lado, Peters señala en India existen varias empresas industriales de carácter familiar “que son anteriores, incluso, a la colonización” británica. Sin embargo, es necesario destacar que el calificativo familiar no tiene nada que ver con un concepto de pequeña empresa gestionada por varios parientes. Nada más lejos de la realidad, ya que estas compañías forman auténticos gigantes empresariales que, en muchos casos, están considerados como los grupos industriales más grandes del país. Éste es el caso de Tata Group, Mahindra & Mahindra, Birla Group o Reliance. En muchos de estos casos, explica, Sanjay Peters, el porcentaje que posee los miembros de la familia se ha diluido tanto que sólo son inversores minoritarios, aunque con mucho peso e influencia dentro de la compañía, que está “totalmente profesionalizada”, desde el punto de vista corporativo.

 

Por otra parte, en los últimas dos décadas ha aparecido un nuevo grupo de empresarios en India, según explica el profesor de Esade. “Son empresas que no han contado con el apoyo del Gobierno”, mientras que el otro grupo estaba formado por un grupo de elite que recibía el apoyo gubernamental. En su opinión, estos empresarios son emprendedores que han sabido aprovechar las oportunidades de un “país que ha dejado de ser agrícola” para dar un importante impulso al sector servicios. Peters no puede evitar asegurar que, mientras que en Occidente sólo hay un Bill Gates, asegura que en India están surgiendo muchas historias similares. Tal vez, la más parecida sea la del fundador de Infosys, compañía considerada como la homóloga de Microsoft en India. Si Gates empezó en un garaje montando ordenadores, Narayana Murthy vendió todas sus pertenencias, incluso las joyas de su mujer, para poder fundar un sueño que hoy compite con el gigante de la informática.

 

Sanjay Peters asegura que existe toda una nueva generación de empresarios jóvenes cuyos nombres están empezando a sonar alto y claro en el panorama internacional o lo harán en los próximos años. En su opinión, “lo que tienen de especial es que han logrado crear grandes empresas gracias a su propio sudor” y no a ayudas externas ni a grandes patrimonios familiares. Muchos han estudiado en universidades indias, otros han salido al extranjero y han vuelto, algunos han cursado un MBA en alguna prestigiosa escuela de negocios. Lo que sí tienen en común es que están dispuestos a aprovechar todas las oportunidades que India les ofrece para que sus empresas crezcan, independientemente del negocio. Ranbaxy, Dr. Reddys Lab, Satyam o Júpiter Capital serán algunos de los nombres que empezarán a aparecer en las portadas de la prensa de todo el mundo en los próximos meses, según apunta el profesor de Esade.

 

La moda de la diversificación

Uno de las cosas que más puede sorprender a los empresarios europeos o americanos es saber a qué se dedican estas empresas, tanto las tradicionales como los nuevos grupos. Aunque parezca curioso, es difícil catalogar a estos holdings en un único sector. Por ejemplo, Tata Group posee plantas siderúrgicas, pero también una división de motor. Esto podría ser más o menos normal si no fuese porque la misma compañía posee también TCS (Tata Consulting Group), la firma de consultoría más grande de Asia. El grupo Reliance, uno de los de mayor capitalización en India, posee desde un negocio de telecomunicaciones hasta empresas que se dedican a la distribución de electricidad. Bharty Tele-Ventures posee una de las principales compañías de telefonía móvil en India, pero también ha llegado a un acuerdo con la cadena estadounidense de distribución Wal-Mart para abrir una cadena de supermercados por todo el país.

 

Para explotar todos estos negocios, los nuevos emprendedores tienen que buscar fuentes de financiación y una de ellas es el capital extranjero. “Son conscientes de que hay mercados sin explotar y quieren aprovecharlos, pero sin que el cien por cien de los beneficios se los lleven los extranjeros”, explica Sanjay Perters, que añade que “se aseguran así de que India no se vende al extranjero”. Aun así, afirma que el país tiene sus puertas abiertas, pero mantiene un control y participa en su desarrollo. “Mientras que India quiere crear empresas y marcas propias, China deja el paso libre a las compañías extranjeras”, matiza el profesor de Esade.

 

Ratan Tata

Uno de los ejemplos de empresario indio por antonomasia es Ratan Tata, heredero del imperio que fundó su antepasado Jamsetji Tata en la segunda mitad del siglo XIX. Actualmente, Tata Group está formado por cerca de ochenta empresas. Cuando Ratan Tata heredó de su tío el holding en 1991, éste estaba formado por más de trescientas compañías, que la familia controlaba a través de fideicomisos que no les otorgaba, en la mayoría de los casos, una participación superior al cinco por ciento en algunas de ellas. Sin embargo, el nuevo heredero decidió reorganizar el grupo y aumentar su participación e influencia. Para ello, renunció a muchas compañías, como las textiles, y apostó por otras, como el sector del automóvil. De esta forma, el holding siguió creciendo hasta convertirse en el mayor conglomerado empresarial del país. Cuando India se le quedó pequeño, Ratan Tata decidió dar el gran salto y compró la firma británica Tetley Tea en el año 2000 por 435 millones de dólares, operación que fue calificada por algunos expertos como la primera gran adquisición extranjera por parte de una empresa India.

 

Ratan es ahora famoso no sólo por intentar comprar la compañía siderúrgica angloholandesa Corus, sino también por apostar por la fabricación de coches económicos a través de Tata Motors. Este carácter emprendedor, en el que algunos ven destellos de locura, no es otra cosa que la herencia familiar de los Tata. El fundador de la saga, Jamsetji, se decidió a construir el Taj Mahal Hotel de Bombay en 1904 porque no le dejaron entrar en un hotel de la ciudad por ser indio. Entonces, levantó el primer edificio de la ciudad que utilizaba electricidad y fue el primer hotel con ventiladores americanos, ascensores alemanes, baños turcos y mayordomos ingleses, entre otras muchas novedades de la época. Sólo convirtió la adversidad en una oportunidad. (Nota del Editor: El hotel sigue siendo muy conocido en Bombay- y fue el lugar elegido para la presentación de la nueva edición de Knowledge@Wharton en India el mes pasado) 

 

Reliance

El grupo Reliance ha sido considerado como el gran rival indio de Tata Group, ya que es uno de los grupos privados con mayor capitalización bursátil del país. Sin embargo, los problemas sucesorios hicieron mella en esta compañía. Dhirubhai H. Ambani (1932-2002) no sólo es el fundador de este gigante de las telecomunicaciones, sino que está considerado como uno de los padres del mercado de capitales de India, ya que abrió las puertas de la bolsa del país a otros inversores que no pertenecían a la elite que allí estaba representada. El grupo extendió en 2002 alrededor de 60.000 kilómetros de fibra óptica por todo el Estado para extender la era digital en un país en el que las infraestructuras sigue siendo el gran reto de futuro. Ambani inició la compañía con 300 dólares y ahora tiene más de 25 millones de clientes. Además de las comunicaciones, el grupo ha diversificado hacia otros negocios, como los servicios financieros, la distribución eléctrica o los recursos naturales.

 

Bharti

Bajo la marca Airtel, Bharti tiene más de 28 millones de clientes de telefonía móvil. Además de desarrollar software para telecomunicaciones, ha diversificado hacia otros negocios, como la exportación de productos agrícolas frescos a los mercados europeos y americanos de la mano de Rothschild Group. También está presente en el sector seguros de la mano de AXA y junto a Wal-Mart creará supermercados por todo el país. Su capitalización asciende a 25.000 millones de dólares y emplea a más de 30.000 personas. La historia de su fundador es una de estas tantas que empiezan a darse en India, la de un emprendedor que se ha forjado a sí mismo a base de tenacidad y visión de futuro. El presidente y fundador de la compañía, Sunil Bharti Mittal, que no tiene nada que ver con el magnate del acero Lakshmi Mittal, estudió en la Punjab University y luego en Harvard. En 1976, fundó la compañía cuando sólo tenía 18 años y 1.500 dólares que le prestó su padre. En aquella época, para establecer cualquier relación comercial, era necesario conseguir una licencia gubernamental, por lo que Bharti Mittal se dedicó a importar generadores portátiles eléctricos. Después, se incorporó a Siemens, donde estuvo trabajando hasta que, en 1992, aprovechó la liberalización del sector de las telecomunicaciones en India y compró dos licencias para móviles y una para red fija de telefonía. Desde entonces, la evolución de la compañía no ha visto límites y si quisiera expandirse por Europa, su única opción sería hacerlo a través de adquisiciones puntuales, ya que, de momento, en los países europeos no existen licencias libres de telefonía.

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