¿Cuál es el futuro de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos?

Cuando el Gobierno Obama volvió a establecer las relaciones diplomáticas con Cuba en diciembre de 2014, muchos expertos predijeron que llegaría una avalancha de dinero nuevo a la isla, lo que mejoraría su economía y cultura política. Casi dos años y medio después, las relaciones comerciales entre EEUU y Cuba continúan languideciendo, y varios decretos presidenciales de Donald Trump pronto podrían devolvernos a los días en que la fuerte oposición al restablecimiento de los lazos con Cuba era el norma en Washington. ¿Cuál es el futuro de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos ahora que la luna de miel iniciada con Obama ha llegado a su fin? ¿Qué aspectos, si es que hay alguno, de la campaña de apertura de la administración Obama tienen más posibilidades de sobrevivir?

Por un lado, durante la campaña presidencial, “Trump habló decididamente de repudiar lo que Obama había firmado con Cuba”, señala Stephen Kobrin, profesor emérito de Gestión de Wharton. “Es evidente que de un solo plumazo, puede eliminar gran parte del proceso de liberalización ocurrido durante la administración Obama”, que entró en vigor por medio de decretos y no por medio de una sanción del Congreso. Por otro lado, “Cuba no es precisamente un lugar donde sea fácil enriquecerse”, dice Kobrin. “No hubo una fiebre del oro a Cuba en busca de negocios. En la actualidad, el interés no es muy grande”. En cuanto al acercamiento espectacular con Cuba engendrado por el presidente Obama, Kobrin añade: “Fue un evento histórico que parece haber sido efímero”.

Gustavo Arnavat, abogado cubano-americano, asesor principal del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, dice que “no se han hecho una gran cantidad de negocios”, tal y como se esperaba, “se ha perdido esa oportunidad”. “Esto es malo por varias razones. En primer lugar, las empresas estadounidenses salieron perdiendo. Creo que el pueblo cubano y el Gobierno cubano han perdido la oportunidad de tener excelentes productos y servicios de Estados Unidos”. Añade que ahora ─en el momento en que el Gobierno Trump está revaluando su política hacia Cuba─ en lugar de tener 100 empresas estadounidenses que defienden la liberalización del comercio a través de sus representantes en el Congreso, diciendo: “Tenemos estos negocios ahora con Cuba”, hoy en día, son sólo alrededor de 25 o 30. (Nota del editor: Arnavat, que recientemente regresó de Cuba, trató este tema en el Congreso Latinoamericano de Wharton 2017).

La incertidumbre y la decepción

“El impacto de la victoria de Donald Trump se puede definir con una sola palabra: ‘incertidumbre'”, dice John Kavulich, presidente del Consejo Económico y Comercial Estados Unidos-Cuba, en Nueva York. “Esta incertidumbre afecta negativamente a los intereses de las empresas estadounidenses en Cuba”.

En ambos países, la decepción fue alimentada por la falta de comprensión de la posible repercusión que tendría el restablecimiento de las relaciones. Charles Shapiro, presidente del Consejo Empresarial Mundial, en Atlanta, dice que “las empresas estadounidenses pensaron que llegarían a Cuba y verían billetes de cien dólares flotando en la calle. Al igual que los estadounidenses pensaban que Cuba iba a cambiar rápidamente después de diciembre de 2014, los cubanos también pensaban que su nivel de vida iba a cambiar de inmediato […] que la vida mejoraría. Ambas predicciones fueron erróneas. La vida real es más complicada”.

Muchos estadounidenses pensaban que el Gobierno cubano liberaría a los presos políticos pronto y haría reformas políticas. Como esto no sucedió, los críticos dijeron que EEUU estaba haciendo todo tipo de concesiones, mientras que los cubanos no habían hecho nada para abrir su economía. Kavulich dice: “Básicamente, se creó una narrativa totalmente negativa”.

Aunque existe una creciente incertidumbre acerca de las medidas que Trump podría tomar para frenar los esfuerzos de la administración Obama, “el Gobierno cubano no está poniendo de su parte para aliviar cualquier incertidumbre”, dice Kavulich. “Podría permitir que más empresas estadounidenses tuvieran presencia en Cuba, que más empresas se involucraran directamente con el sector independiente con licencia en el país. El Gobierno no está permitiendo que esto suceda”. Arnavat añade: “Si nos fijamos en los planes de Cuba para el desarrollo económico, la inversión extranjera directa de las empresas estadounidenses simplemente no es su prioridad” en este momento por varias razones, inclusive debido a la oposición al embargo.

No sólo son los estadounidenses los que no están invirtiendo en Cuba actualmente, dice Shapiro. “Los chinos no están invirtiendo en el país”, ni los brasileños ni los europeos. “Eso es porque se puede ganar más dinero invirtiendo en Singapur, en Atlanta o Georgia” o en muchos otros lugares debido al actual sistema imperante en Cuba. Él dice: “La impresión que se tiene es que el Gobierno cubano no entiende que la inversión extranjera directa es una competición, que el inversor tiene que decidir dónde obtener el mejor retorno para su dinero. No hay nadie por ahí que quiera poner dinero en Cuba de manera que no le permita obtener un retorno competitivo de su inversión. Ese es el problema”.

En la industria de viajes, explica Kavulich, “las compañías aéreas en su exuberancia y entusiasmo para lograr el mayor número posible de rutas, superaron con creces lo que la realidad prometía. Todas las aerolíneas pidieron un número mucho mayor de asientos de los que serían capaces de llenar. Se solicitaron tres millones de asientos aproximadamente, cuando el acuerdo con los cubanos era alrededor de 1,2 millones. Desde el principio la situación fue de desequilibrio, pero las aerolíneas estaban tratando de hacerse con el mayor número de rutas que pudiesen”.

Mientras las compañías de hoteles internacionales firmaban contratos de construcción, los vuelos a Cuba se disparaban un 34% entre 2015 y 2016. Las tarifas de los hoteles se dispararon entre 100% y 400%, habitaciones que antes costaban US$ 150 la noche costaban ahora US$ 650, de acuerdo con la agencia de viajes Insight Cuba, de New York. American Airlines, JetBlue, Spirit y otras compañías comenzaron a operar vuelos a diez ciudades, incluyendo aeropuertos que no habían dado la bienvenida a aerolíneas de Estados Unidos en décadas. Sin embargo, la novedad ya ha pasado y las tarifas de los hoteles han vuelto a la normalidad. Las líneas aéreas que sobreestimaron la demanda de vuelos a Cuba están ahora cortando las rutas y usando aeronaves más pequeñas.

Dos factores principales han cambiado desde la importante restauración de las relaciones diplomáticas durante la administración Obama, dijo Mauro Guillén, profesor de Gestión de Wharton. “El primero fue un cambio de Gobierno en EEUU. El segundo fue la declaración de Raúl Castro de que debería dejar el poder en unos pocos años. Hay una lucha por el poder actualmente en Cuba entre los tradicionalistas y los que, como Raúl, creen que debería haber un cambio en el país que proporcionase una mayor libertad. Ambos factores están dificultando que las cosas sigan en esa dirección”.

Guillén añade: “Trump ni siquiera acaba de completar 100 días en el Gobierno. Tendremos que esperar para ver lo que está por venir. No es que la gente haya perdido el interés en Cuba, el problema es que hay muchas cosas sucediendo que requieren la atención” de los grupos de presión y de los responsables de las políticas de EEUU.

Viajes: “una mala telenovela” 

La primera declaración de Trump sobre los cambios en la política estadounidense llegará pronto, pero nadie sabe con certeza qué esperar. El Gobierno de Trump “no va a desperdiciar la mayoría que tiene en la Cámara, el Senado y el Tribunal Supremo. Esta mayoría no se quedará de brazos cruzados. Está esperando el momento en que el presidente y la gente a su alrededor actúen”, dijo David Lewis, presidente de Manchester Trade, una empresa de servicios de consultoría de Washington. “Creo que no van a dejar las cosas como están”. Esto no significa necesariamente que Trump cancele todos los cambios políticos realizados por Obama, añadió.

Según Kavulich, “si se deciden mejorar las normas de viaje ─lo que parece probable─ esto podría poner fin a los viajes de carácter personal al país, que se han convertido en un medio muy recurrente entre los estadounidenses de visitar Cuba”, a pesar de la prohibición oficial al turismo. “Un cambio realizado por el Gobierno de Obama fue permitir a la gente viajar a Cuba por su cuenta. No hay necesidad de ir con un grupo, sólo se necesita una certificación personal, dada por el individuo, de que el viaje corresponde a una de las categorías permitidas por el Gobierno. Es el sistema basado en el honor elevado a la enésima potencia”.

Lewis dice que los cambios realizados en el sector de los viajes “quedarán como están ─ no porque el Gobierno Trump piense que sea bueno, sino porque tratar de revertir la capacidad de viajar a Cuba podría convertirse en una enorme pantano, un torbellino, como una mala telenovela que nunca termina. Sería preciso iniciar una pelea con las monjas que van a Cuba, con los jóvenes estudiantes universitarios que van allí con las ONG. Sería una locura sin fin que podría empantanar la limitada capacidad del personal gubernamental responsable de este asunto”.

Sin embargo, para presionar al Gobierno cubano para que liberalice la economía, el Gobierno Trump podría hacer la vida más difícil a las personas que visitan Cuba de diversas maneras. Kavulich dice que puede tratar de hacer que sea difícil viajar al país para los estadounidenses que no cumplan con los requisitos oficiales, que les impiden visitar el país como turistas, mediante la exigencia de tener que someterlos a varias inspecciones en la aduana. En general, el Gobierno Trump “puede hacer mucho sin que parezca un castigo simplemente mediante la aplicación de las normas vigentes”.

El Gobierno Trump puede también “decidir que no se concederán más licencias a cualquier empresa que quiera interactuar con los militares cubanos, que controlan el sector hotelero del país”, añadió Kavulich. “Si actúan con carácter retroactivo, esto significa que el Sheraton de La Habana, el primer hotel que opera bajo una marca estadounidense desde la revolución de 1959, tendrá que cerrar; los cruceros de Estados Unidos no podrán atracar en los puertos; y las líneas aéreas no podrán aterrizar sus aviones en los aeropuertos porque los militares cubanos los controlan todos”.

“Con Trump, todo son conjeturas”, dice Kobrin. “Nunca se sabe lo que es real y lo que no lo es. Pero no es un visceral anticomunista. No forma parte del viejo establishment republicano de la Guerra Fría. Trump no parece tener ningún problema en lidiar con Hungría, por ejemplo, y sus problemas con China tienen más que ver con lo que él cree que es “American first” y los intereses americanos, y no con el sistema político chino”. Además de eso, “la oposición a la reanudación de las relaciones con Cuba viene especialmente del Congreso y de los cubano-americanos del Congreso, que están preocupados por el sistema político”.

Razones para el optimismo

Originalmente, la expectativa era que el Gobierno emitiera un anuncio sobre Cuba a principios de febrero y, después, marzo. “Parece que el anuncio permanece rehén de los acontecimientos que suceden todos los días”, dijo Kobrin. “Puede ser que la decisión llegue por Twitter en respuesta a algo que el Gobierno cubano haga y todavía no sabemos lo que es”.

En general, dice Kobrin, “siempre he pensado que cuando llegue la liberalización, Cuba será sólo otra isla bajo el sol. Hay algunas ventajas en su sistema médico, la educación, etc., de la población, pero el país tendrá que competir con otras islas del Caribe una vez pasada la novedad. Cuba no es un lugar lógico para invertir fuertemente en fabricación u otra industria, excepto quizás en proyectos en el área de salud”.

Shapiro es más optimista. “El sector privado en Cuba es cada vez mayor. Los cubanos llaman a los trabajadores autónomos cuentapropistas, es decir, personas que trabajan por cuenta propia. Se están convirtiendo en el mayor porcentaje de la fuerza de trabajo. Mucha gente en Cuba trabaja para el Gobierno, pero también hacen otras cosas. No pueden subsistir con los salarios pagados por el Gobierno […] Todo el mundo en Cuba trabaja duro”. El acceso a Internet se disparó, añade, y ya hay hot spots wifi en los parques de todo el país. “Mucha gente los utiliza, y son propiedad del Gobierno. A diferencia de China, se puede acceder al New York Times en Cuba y, lo que es más importante, a El País, de España”.

“Sigo manteniendo un relativo optimismo y esperanza”, dijo Guillén. “Por lo menos, se creó un marco para la relación básica […] Ahora hay cruceros que pasan por la Habana, hay vuelos regulares y ha habido una cierta expansión de los tipos de comercio permitidos. Tomemos el tiempo para asimilar esta primera ronda de reformas. Después, el Gobierno Trump tendrá una mejor idea de lo que quiere hacer”.

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