Lecciones de fútbol para la empresa de un ex futbolista profesional

El fútbol es un juego que desata pasiones y es precisamente en este deporte en donde el éxito y el fracaso se miden en función del trabajo en equipo. Al igual que ocurre en el mundo de la empresa, no se puede entender el fútbol sin la colaboración de cada uno de los jugadores. Enrique, "Quique", Wolff, ex jugador profesional de fútbol desde 1965 a 1981, en equipos como El Real Madrid o la selección Argentina, entre otros, comenta con Universia Knowledge@Wharton los detalles de su libro Trabajar en equipo es un golazo (editado por Empresa Activa). En esta obra, ofrece su experiencia personal para ofrecer lecciones de fútbol en la gestión y dirección de equipos que podrían aplicarse al mundo de la empresa.

Universia Knowledge@Wharton: ¿Qué similitudes existen entre el fútbol y la empresa? ¿Se trata sólo de una cuestión de valores que giran en torno al trabajo en equipo o ambos mundos son más parecidos en su funcionamiento de lo que parecen?

Quique Wolff: La primera similitud es que tanto en cualquier empresa como en cualquier equipo de fútbol, si no se trabaja en equipo no se pueden lograr los objetivos.

En el mundo del fútbol se trazan los caminos para tratar de lograr esos objetivos, que dependiendo de la potencia del equipo, serán completamente diferentes. Unos pelearán por ser los campeones;  otros, por permanecer en la división; y otros tratarán de conseguir algún buen lugar para poder jugar alguna Copa Internacional.

Para eso, el trabajo se concentrará en elegir bien a los jugadores para hacer la tarea encomendada por el entrenador; tratar de que escuchen, que estén muy atentos a lo que se les dice para poder entender mejor lo que se pretende de cada uno de ellos; recalcarles todos los logros que hemos conseguido, es decir, remarcar lo que tenemos y que esa búsqueda no nos lleve a olvidarnos de lo que ya hemos conseguido, ya que en eso que hemos logrado es en donde nos apoyaremos para dar el salto en la búsqueda del objetivo final.

Además, hay que alimentarles los sueños, dejando que cada uno vuele a la altura que considere y quiera, y no cortarles sólo por el hecho de creer que dichos sueños son inalcanzables. No hay sueños inalcanzables, todo puede lograrse y, si no es así, se forjarán otros. Soñar es gratis y cuando termina un sueño, simplemente, comienza otro, pero el equipo no puede dejar de soñar.

Por último, hay que conseguir que cada integrante del equipo crea en sí mismo, en sus condiciones, en sus posibilidades, que no se dé por vencido antes de intentarlo, ya que eso será fundamental para lograr lo planeado.

Estas simples situaciones tienen el mismo camino en la empresa.  Ahí también se elige,  se escucha,  se demuestra lo que se tiene, lo conseguido y cada uno sueña con lo que va a venir, sobre todo si los empleados creen en ellos mismos, en sus posibilidades y en que pueden hacerlo.

UK@W.: ¿Qué lecciones aplicables al mundo corporativo se pueden aprender del fútbol a la hora de seleccionar o formar un equipo para que tenga éxito?

Q.W.: El éxito no puede conseguirse de antemano. No hay una ley que diga que con los mejores jugadores se gana o se consigue el objetivo.

En eso no hay diferencias con el mundo corporativo, ya que en las empresas también se corren riesgos de este tipo. Contratar a los candidatos más competentes para los mejores puestos no garantiza la consecución del éxito deseado. El éxito es consecuencia del trabajo en equipo, del esfuerzo colectivo, de las buenas estrategias, del convencimiento general de que siguiendo el camino trazado se puede llegar a lo más alto. Pero nunca al comienzo del proceso, se puede garantizar el éxito.

UK@W.: A lo largo de su dilatada carrera profesional en el mundo del deporte de elite, ¿qué ejemplo utilizaría para ilustrar cómo se gestiona un equipo con el fin de lograr un buen resultado?

Q.W.: En cada uno de los equipos en los que tuve la posibilidad de jugar se planteaba siempre, al comenzar el trabajo, qué lugar pretendíamos alcanzar. Sin duda uno de los desafíos más importantes se produjo al llegar al Real Madrid.

Primero, porque se encargaron de mostrarme cómo era el club y, lo hicieron de una forma muy simple, pero al mismo tiempo comprometedora para mis ambiciones. El día que llegué al equipo para firmar el contrato, me llevaron a la sala de trofeos (ahora hay un museo) que tenía unos 150 metros de largo, por unos 15 metros de ancho; ahí estaba la mesa de reuniones del presidente del club, en aquel momento Santiago Bernabéu, con todos los integrantes de la junta directiva, rodeados de 8.000 trofeos, colocados algunos en mesas y otros, muy grandes, en el suelo. Recuerdo que al entrar era algo impresionante.

Y en esa imponente estancia me dijeron: “Ésta es la historia del club al que vienes a jugar”. Era algo de mucha responsabilidad, de mucho peso, algo fuerte que sin duda me sirvió para darme cuenta de que podía, que estaba preparado para enfrentarme a ese desafío.

Lo mismo debe pasar en las empresas a la hora de contratar puestos directivos de alto nivel. Es necesario conocer las reacciones de los candidatos de acuerdo al estatus de la empresa y hacerles saber, de alguna manera, que tienen que estar preparados para hacer cosas importantes y pelear por los objetivos más grandes.

UK@W.: A la hora de gestionar un equipo de futbolistas profesionales, uno de los problemas más frecuentes con los que se encuentra un entrenador es la gestión del ego y el choque entre estrellas deportivas y mediáticas. ¿Alguna sugerencia?

Q.W.: No puedo ponerme en la piel del entrenador porque no lo he sido, pero creo que me hubiera gustado estar en algún equipo que se decidiera por comprar muy buenos jugadores. Preferiría luchar en esa puja deportiva, de calidad, de fama o de ego, pero pensando que esos jugadores son los que pueden resolverme cualquier tipo de problemas.

Recuerdo que, en una de mis escapadas para buscar temas para mi programa de ESPN, “Simplemente Fútbol", recalé en el Real Madrid, que en ese momento reunía a los galácticos:Beckham, Zidane, Ronaldo, Figo, Raúl, Roberto Carlos, Casillas,… Conversando con alguno de ellos encontré soluciones. Por ejemplo, Zinedine Zidane me dijo que si bien ya era un problema en sí mismo cuando las cosas no iban bien, decirle a algún jugador del equipo que se había equivocado era todavía peor, ya que todos eran estrellas muy importantes y no sabía cómo se lo iban a tomar. Sin embargo, para formar un equipo no había más remedio que hablar de frente y ser sinceros. También me acuerdo, que recalcó algo inteligente. Me dijo: “El mayor problema es cuando el entrenador cree que sabe más que los jugadores”.

Por otro lado, Ronaldo también me comentó que por encima de todo había que situar la amistad y el objetivo que se habían planteado como equipo, ya que en el terreno de juego, al menos, tenían que ser un grupo de amigos que juega  unido para lograr lo mejor para todos, es decir, la victoria.

Yo  hubiera preferido luchar contra egos o fama, ya que la calidad de cada jugador podría solucionar mis carencias de entrenador y no nos olvidemos que los jugadores siempre serán lo más importante. No he visto a ningún entrenador meter un gol o salvarlo en la línea.

En la empresa sucede algo parecido. El director de la empresa podrá ser el más inteligente y serio del mundo, pero si no tiene empleados capaces, es muy difícil que consiga el objetivo final.

UK@W.: ¿Cómo se motiva a profesionales donde el sueldo ya no es un aliciente, como ocurre en el caso de profesionales del fútbol?

Q.W.:El caso de los profesionales del fútbol es bastante simple, ya que es verdad que ganan un sueldo importante, pero, como ocurre en cualquier empresa, no se lo regalan. Si se les paga esa cantidad de dinero es porque los jugadores lo valen o porque generan un rápido regreso de esos capitales. Por ejemplo, Cristiano Ronaldo le costó al Real Madrid 90 millones de euros. Bien, una camiseta del Real Madrid cuesta más o menos 90 euros cada una; si hacemos un cálculo fácil, con un millón de camisetas se paga el pase del jugador. ¡Usted sabe cuántas camisetas de Cristiano Ronaldo se han vendido desde su llegada al club en todo el mundo¡

Es cierto que los futbolistas ganan mucho dinero, pero la motivación en el mundo del fútbol, para ellos, es la gloria: buscar objetivos, ganar campeonatos, copas del mundo o conseguir trofeos inalcanzables. Ése es el objetivo que los mueve.

Esta pregunta también podría trasladarse a la gente que suele salir en la revista Forbes, ¿por qué siguen acumulando dinero? y ¿para qué? La respuesta seguramente será por estar en ese lugar tan codiciado por los demás, ya que no creo que necesiten ganar más.

UK@W.: ¿Qué es más importante para los miembros de un equipo, los mensajes de apoyo del entrenador/jefe o los de un líder natural que surge dentro del propio equipo, como un compañero o capitán? ¿Juegan papeles diferentes?

Q.W.: Creer en el entrenador es muy importante, pero no hay que olvidar que de una plantilla de 25 o 30 jugadores, juegan 11 y eso genera algunos malestares con el técnico.

Es importante que ese entrenador sea un gran líder, serio, capaz y sincero, ya que a la hora de elegir debe preocuparse mucho más por los que no juegan que por los que saldrán al campo. Los que juegan nunca preguntan por qué, mientras que los jugadores que no juegan necesitan una explicación que no les haga bajar la guardia.

Pero, al mismo tiempo, son muy importantes los líderes del vestuario, esas grandes figuras que son los primeros en llegar y los últimos en irse, aquellos que predican con el ejemplo a pesar de ser grandes figuras o titulares en cada partido.

Siempre es necesario tener varios líderes y que esos líderes no compitan entre ellos, sino que sumen sus capacidades, ya que eso harámás fuertes sus decisiones.

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