Nuevas formas de retener y retribuir a los empleados (no estamos hablando de las stock options)

El acalorado debate sobre si las empresas tecnológicas deberían contabilizar como un gasto las stock options (opciones de compra sobre acciones) ha desembocado en una clásica respuesta de Silicon Valley: una disposición a pensar de una manera diferente.

Un puñado de empresas tecnológicas está tomando direcciones alternativas a la hora de dar incentivos a los empleados para quedarse en la empresa y obtener buenos resultados. Por ejemplo, la empresa de software Siebel Systems ha sustituido las stock options por la concesión de acciones y dinero en metálico. La empresa de chips Nvidia también ha adoptado este sistema.  Y el supermercado online gigante Amazon va a empezar a contabilizar las stock options a partir del próximo año.

Cada vez más y más empresas tecnológicas van a estar considerando otras alternativas a las opciones sobre acciones. Los críticos sostienen que las stock options no son ni la única ni la mejor manera de ofrecer una zanahoria a los empleados, y además cada vez está más cerca el momento político para llevar a cabo la reforma de las normas contables para las opciones. Por ejemplo, este mes la agencia de estándares contables de EE.UU. propuso la publicación trimestral y anual del coste de las stock options a partir del próximo diciembre. Si debido a las stock options los informes financieros de las empresas van a verse perjudicados, aquellos planes de incentivos que desde siempre han tenido la consideración de gastos contables pueden parecer más atractivos. “Aquellas empresas que contabilicen las opciones empezarán a conceder menos”, afirma Dan Ryterband, director jefe de la consultora en retribuciones a ejecutivos Frederic W. Cook & Co.“El motivo por el que se utilizaban las opciones de compra con tal libertad es que eran gratis”.

Una stock option le da a una persona la posibilidad de comprar acciones a un precio acordado o precio strike, el cual es normalmente el precio de la acción el día en el que es emitida. Cuando se conceden a los empleados es habitual que las opciones se hagan efectivas, esto es, pasen a ser propiedad del beneficiario, de una manera gradual a lo largo del periodo de tiempo en que permanece en la empresa. Al contrario que con las actuales concesiones directas de acciones u otras fórmulas de compensación, las stock options no tienen por qué ser contabilizadas como un gasto en la cuenta de pérdidas y ganancias de la empresa. Así, una empresa puede simplemente incluir en sus cuentas anuales una nota a pie de página con el análisis de cómo su contabilización afectaría los resultados.

Debido a que efectivamente las opciones de compra son gratis, éstas han sido particularmente atractivas para los negocios de nueva creación sin mucha liquidez. También se adaptan perfectamente a la filosofía de las empresas tecnológicas de participación de los empleados en la propiedad de las empresas. Es más, una gran variedad de empresas ha concedido acciones a los directivos como herramienta para armonizar los intereses de los directivos con los de los accionistas.

Expertos en finanzas han discutido largo y tendido sobre si contabilizar o no las opciones de compra como un gasto en las cuentas de la empresa.  Pero ese relativamente tranquilo debate se ha convertido en una tormenta pública el pasado año a la luz de los escándalos contables de empresas como Enron, Worldcom, y Global Crossing. Los detractores han acusado a las opciones de haber promovido el fraude y la avaricia.

En un contexto más general, las demandas de una mayor transparencia en los libros contables de las empresas incluyen la idea de contabilizar como un gasto las stock options. El profesor de Contabilidad David Larcker cree que tal petición ya se viene reclamando hace tiempo. En los años 90 formó parte de un grupo de trabajo en que se discutía este tema para la Financial Accounting Standards Board, comité que fija las pautas sobre cómo deben las empresas presentar sus resultados financieros. Su opinión acerca del tratamiento que se debía dar a las stock options no logró imponerse, pero aún así no ha cambiado de opinión.  “Claramente se trata de una transferencia de activos. Es obvio que es un gasto” explica. “Estás transfiriendo valor desde la empresa hacia el empleado”.

Sin embargo, las empresas tecnológicas tienen una opinión diferente: contabilizar las opciones de compra como un gasto es por sí mismo algo engañoso, ya que generan dinero en metálico para las empresas. Esto se debe a que cuando los empleados ejercen las opciones, pagan a la empresa el precio strike de la opción. Otro problema es el cuantificar el actual valor de las opciones. Una opción con un precio strike de 5 dólares podría valer 50 si la cotización de las acciones de la empresa suben hasta los 55 dólares, pero carecería de valor si el valor de mercado cayera hasta los 4 dólares. E independientemente de las variaciones en las cotizaciones, una opción de compra no significa nada si el propietario no la ejerce antes de su fecha de vencimiento, a menudo 10 años después de la fecha de emisión.

Las empresas ya disponen de un enfoque estándar para calcular el valor de las opciones. El método, llamado Black-Scholes, tiene en cuenta factores como el precio de la acción, el precio strike, la fecha de vencimiento y la volatilidad de los dividendos. Pero el método, sugiere el profesor de Contabilidad de Wharton John Core, es imperfecto. “Hacerse una idea aproximada de lo que cuestan es increíblemente difícil” señala.

El modelo Black-Scholes tiende a inflar de manera significativa el valor de las opciones, añade Howard High, portavoz de Intel. “No se puede valorar de una manera efectiva”. Ryterband, director jefe de Cook & Co, comenta como rutinariamente las empresas toman decisiones basadas en su propio juicio cuando han de valorar la depreciación de edificios a efectos contables. Para conseguir valoraciones más acertadas Ryterband sugiere crear opciones de compra con vencimiento a los dos o tres años en lugar de diez.

Desde el punto de vista de Ryterband, las empresas tecnológicas y no tecnológicas van a tener que cambiar muy pronto sus prácticas contables con respecto a las opciones, tanto si quieren como si no. “La bola de nieve está rodando rápidamente montaña abajo” afirma. “Este es un buen momento a favor de la contabilización como un gasto de las opciones”.

A principios de este año los senadores Carl Levin (Demócrata, Michigan) y John McCain (Republicano, Arizona) promovieron un proyecto de ley para obligar a las empresas a contabilizar como un gasto las stock options.  Para McCain, no tener que contabilizar las opciones era mortificante ya que las empresas podían sin embargo deducir impuestos por ellas. Aunque el proyecto haya sufrido un bloqueo, el movimiento a favor de la contabilización de las opciones ha encontrado apoyo adicional entre los inversores institucionales y comités de estándares contables. TIAA-CREF, instituto proveedor de pensiones y servicios financieros, así como el Counsil of Institutional Investors (Consejo de Inversores Institucionales) han reclamado ambos la contabilización de las opciones.

El Financial Accounting Standards Board (Comité de estándares de contabilidad financiera), con base en Estados Unidos, denominó a la contabilización como un gasto de las stock options el método “preferible”, y a principios de octubre propuso que todas las empresas deberían hacer público trimestral y anualmente el coste de las opciones de compra concedidas a sus empleados.  El comité no fue partidario de obligar a las empresas a hacer públicos estos datos a través de sus cuentas de resultados. Pero la propuesta incluía que las empresas que no contabilizasen las opciones en su cuenta de pérdidas y ganancias facilitasen sin embargo un cuadro en el que muestren los efectos de tal contabilización sobre los resultados. También se incluía asesoramiento para aquellas empresas dispuestas a contabilizar las opciones en sus cuentas.

La política de transparencia implicaría la presentación de estos datos en los informes anuales y trimestrales posteriores al 15 de diciembre de este año. El periodo de comentarios respecto a la propuesta termina el 4 de noviembre, y el comité pretende formalizar un cambio en sus pautas contables para finales de año.

Es más, el International Accounting Standards Board, el cual está diseñando un conjunto de estándares contables globales, ha propuesto que las retribuciones basadas en opciones sean tratadas como un gasto en la cuenta de resultados.

Tal vez contribuya también a esta circunstancia favorable a la transparencia el hecho que empresas líderes estadounidenses como General Motors y Coca-Cola hayan manifestado que empezarán a contabilizar las opciones como un gasto.

Sin embargo, para las empresas tecnológicas el impacto de incluir como un gasto las stock options será mayor.  Un estudio de Merrill Lynch sobre los efectos de su contabilización llegó a la conclusión de que el sector tecnológico sufriría una caída de aproximadamente del 70% en los beneficios proforma de 2002, mientras el índice S&P 500 podría registrar una caída de los beneficios por acción de tan sólo un 10%. Para Merrill Lynch, los gigantes tecnológicos Hewlett-Packard e Intel verán como sus beneficios previstos para 2002 disminuirán un 32% y un 21% respectivamente.

Los ejecutivos de las empresas tecnológicas advierten que si son obligados a contabilizar las opciones, no podrán ofrecer tantas a sus trabajadores. Por ejemplo, Intel concede opciones de compra a todos y cada uno de sus 83.000 empleados, acabando en manos de los directivos y gerentes tan sólo el 10% de las mismas. Intel ha manifestado que posiblemente reducirá su programa de incentivos basado en opciones si ha de incluirlas en sus cuentas como un gasto.  High, portavoz de la empresa, explicaba como entre los efectos de su contabilización se encuentran tanto el coste administrativo de determinar el valor de las opciones para tal volumen de empleados, como la imposibilidad de incrementar el capital al reducirse en ese caso el beneficio por acción.

Como alternativa a la razonable contabilización de las opciones, el vicepresidente ejecutivo de Intel Craig Barrett ha propuesto que las empresas contabilicen únicamente las stock options concedidas a los cinco ejecutivos de mayor rango. “De hecho, así se minimizarían los abusos en las altas esferas, pero seguiría siendo posible que las empresas distribuyesen opciones entre todos sus empleados sin tener que incurrir en gastos” explicaba Barrett.

Para el profesor Larcker de Wharton, el escenario que plantea Barrett no tiene ningún sentido, y lo compara a la contabilización como un gasto de los lápices utilizados por los ejecutivos, pero no de los lápices utilizados por el resto de empleados. Larcker también rechaza los temores a que disminuyan los beneficios por acción a raíz de la contabilización de las opciones. Los líderes empresariales deberían prestar menos importancia a los beneficios por acción y más a la mejora de la actividad del día a día de la empresa, esto es, de la liquidez. “Si debido a su contabilización reduces los incentivos basados en stock options, entonces es obvio que tienes problemas más graves” afirma.

No todas las empresas tecnológicas defienden la manera actual de contabilizar las stock options. Amazon rompió todos los esquemas cuando en julio anunció que a partir del próximo año contabilizaría toda retribución basada en acciones. De acuerdo con CNET News.com, el vicepresidente ejecutivo de Amazon Jeff Bezos ha declarado que su empresa continuará ofreciendo opciones de compra, pero también considerará otro tipo de retribuciones basadas en acciones incluyendo la concesión de acciones restringidas -acciones sujetas a determinadas condiciones, como por ejemplo sin posibilidad de venta durante cierto tiempo-, y opciones de compra con precios fijados según la media observada a lo largo de un tiempo de las cotizaciones de Amazon en lugar de en la cotización de un día determinado.

Bezos apuesta por la contabilización de las stock options pero con cierta flexibilidad. “Se abre la posibilidad de otras opciones de retribución” declaró a la CNET.

Puede que Amazon sea el único gigante tecnológico que voluntariamente se haya ofrecido a contabilizar las opciones de compra. Pero en los últimos meses otras empresas tecnológicas se están mostrando dispuestas a experimentar con otro tipo de incentivos.  Siebel Systems ideó una estrategia innovadora con las llamadas stock options “sumergidas”, esto es, opciones de compra cuyo precio strike supera al precio actual de la acción. Mientras que algunas empresas permiten a los empleados conseguir nuevas opciones de compra a precios inferiores, Siebel ofreció a sus empleados intercambiar sus opciones valoradas a un precio igual o superior a los 40 dólares por acciones ya existentes o, en algunos casos, por dinero en metálico.

Con las acciones de Siebel cotizando a menos de 6 dólares, los empleados se mostraron ansiosos por firmar el trato. Un 88% de las opciones de compra de Siebel fueron intercambiadas antes de la fecha límite del 30 de septiembre. Siebel desembolsará unos 4.469.000 dólares en metálico, y concederá unos 5,3 millones de acciones valoradas en unos 16.893.000 dólares. Aunque las nuevas acciones estarán totalmente protegidas, Siebel impuso restricciones acerca del periodo de tiempo que tendría que transcurrir antes de poder vender la mitad de las mismas.

El fabricante de chips para gráficos Nvidia ha tomado un camino parecido. A finales de septiembre anunció que los empleados con opciones cuyo precio fijado fuese igual o superior a los 27 dólares podrían canjearlas por acciones totalmente protegidas. Por cada opción de compra Nvidia concedería 3,20 dólares en acciones de la empresa, que a principios de octubre estaban cotizando a unos 8,15 dólares.

Nvidia espera unos gastos de 66 millones de dólares para el tercer trimestre como consecuencia de su oferta de intercambio. Los vicepresidentes ejecutivos, vicepresidentes financieros y directivos están excluidos de este trato.

Las actividades de Siebel y Nvidia se pueden enmarcar dentro del nuevo enfoque sobre la utilización de las stock options. Un reciente artículo en el New Yorker se mostraba a favor de que desapareciesen por completo, mientras mencionaba una cita del antiguo presidente de la Reserva Federal Paul Volcker: “Son tales los abusos y tentaciones asociados que es casi imposible contenerse”. 

Incluso aunque las opciones no incitasen a los directivos a cometer fraude presentan algunas desventajas. Ryterband dice que los vicepresidentes ejecutivos que dispongan de una considerable carpeta de stock options posiblemente se preocupen más por los resultados de la empresa trimestre a trimestre -con el consiguiente impacto en el precio de las acciones-, que por la estrategia a largo plazo. Es más –argumenta-, las retribuciones basadas en opciones pueden erosionar la riqueza de los accionistas, hacer que se deje de premiar a los empleados según su productividad y no ofrecer beneficios.

Ryterband sugiere que otros sistemas de incentivos pueden ser más efectivos. Entre estos se podría encontrar la simple retribución dineraria según el grado de cumplimiento de los objetivos de explotación, como pueden ser los objetivos relacionados con ingresos, el flujo de caja o la cuota de mercado. Entre otras de sus ideas se encuentran las opciones protegidas en función de los resultados, la concesión de acciones basadas en resultados y las acciones restringidas y protegidas durante un largo periodo de tiempo pero cuya “liberación” puede acelerarse dependiendo del comportamiento del trabajador.

Larcker menciona la posibilidad de que existan opciones de compra con precios especiales, donde los empleados podrían conseguir más opciones con precios strike superiores y por tanto hubiese un mayor incentivo para conseguir que las acciones alcancen ese precio. También apunta la posibilidad de que existan opciones de compra con precios variables, las cuales se conocen como opciones indiciadas.  Estas opciones con precios variables tendrían un precio strike fijo que aumenta o disminuye dependiendo de la marcha general del mercado. Así, se retribuiría a los empleados por conseguir mejores resultados que el mercado.

El profesor Core de Wharton afirma que las alternativas a las stock options tradicionales no son necesariamente una panacea. Por ejemplo, sugiere que al indiciar las opciones se pueden proporcionar incentivos “perversos” para que los directivos se comporten de una manera excesivamente arriesgada. Core no observa ninguna razón fundamental para no contabilizar como un gasto las opciones de compra. Pero no se muestra particularmente entusiasta a la hora de introducir una ley adicional en la economía estadounidense, ya que posiblemente incrementará los costes de hacer negocios, especialmente para empresas de nueva creación y tecnológicas. Para Core, los inversores inteligentes disponen ya de mucha información acerca del impacto de las stock options y pueden solucionar por sí mismos todo problema de abuso de la figura de las opciones.  “Si ves que alguien está haciendo algo mal, bien lo solucionas o bien vendes tus acciones y te vas a otra parte” dice.

Por otro lado, Larcker cree que la legislación que obliga a las empresas a contabilizar sus opciones va a ser una realidad. En cualquier caso –añade-, lo que está claro es que se prestará una mayor atención a los temas sobre la contabilización de las stock options, especialmente por parte de los comités de compensación de las empresas. “En el fondo todos percibíamos que se estaba haciendo uso de las opciones de una manera muy agresiva. Al menos ahora todo se examinará con más detalle”.

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"Nuevas formas de retener y retribuir a los empleados (no estamos hablando de las stock options)." Universia Knowledge@Wharton. The Wharton School, University of Pennsylvania, [17 enero, 2003]. Web. [13 June, 2021] <https://www.knowledgeatwharton.com.es/article/nuevas-formas-de-retener-y-retribuir-a-los-empleados-no-estamos-hablando-de-las-stock-options/>

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