¿Quo Vadis Pemex en Repsol?

La alianza sellada entre la petrolera estatal mexicana Pemex y la constructora española Sacyr Vallehermoso por hacerse con el control de Repsol, una de las mayores petroleras privadas del mundo y la mayor energética en Latinoamérica,ha sufrido un serio revés con la destitución de Luis del Rivero como presidente del grupo de infraestructuras. Sin este apoyo, la estrategia que ha seguido la azteca en los últimos tiempos queda en el aire y, sobre todo, lleva a plantearse una pregunta: ¿Quo vadis Pemex? Expertos consultados por Universia-Knowledge@Wharton arrojan luz sobre esta cuestión.

Un interrogante que surgió hace dos meses, cuando Pemex elevó del 4,8% a casi el 10% su participación en la petrolera española y selló un pacto de accionistas con Sacyr, propietaria de otro 20% de Repsol, para ir de la mano en el Consejo de Administración y en la Junta de Accionistas del grupo energético.

El acuerdo cayó como una bomba y avivó todavía más el fuego que desde hace cinco años enfrenta al presidente de Repsol, Antonio Brufau, con su primer accionista, Sacyr. O mejor dicho, con el hasta el pasado jueves, 20 de octubre, presidente de la constructora, Luis del Rivero, porque ha sido precisamente su alianza con Pemex la que ha llevado a parte de los accionistas de Sacyr a destituir a Del Rivero.

Su caída pone en jaque la jugada de Pemex, ya que el golpe de efecto dado por la petrolera mexicana al aliarse con Sacyr queda ahora en el aire y bajo la amenaza de ver cómo el nuevo núcleo de poder de la constructora rompe tal pacto o, al menos, lo modifica sustancialmente.

Sobre todo, porque tanto Demetrio Carceller como Juan Abelló, los nuevos hombres fuertes de Sacyr, se posicionaron en contra de utilizarlo como Caballo de Troya en Repsol para hacerse con todo el control de la petrolera.

Ellos prefieren optar por la vía pacífica. Quizás porque, como señala el catedrático de Organización de Empresas en la Universidad de Oviedo Esteban García Canal,“no es normal que el pez chico se coma al grande”. Y eso es lo que parece que puede terminar ocurriendo con el giro de 180 grados dado en el seno de Sacyr.

Un socio desahuciado

Las diferencias entre Abelló y Carceller con Del Rivero por cómo estaba gestionando la participación del 20% que la constructora tiene en Repsol vienen de lejos. En el epicentro de la batalla están los problemas financieros de Sacyr Vallehermoso y los serios problemas que tiene para devolver el crédito de cerca de 5.000 millones que tiene por haber comprado dicha participación y que necesita refinanciar antes de que termine el año.

Mientras Del Rivero siempre ha defendido mantener la participación intacta y exigir a Repsol elevar el dividendo para poder pagar así su crédito, aunque ello exigiera la venta de activos de la petrolera, el nuevo núcleo duro se ha mostrado más favorable a desprenderse de una parte de las acciones que posee en la petrolera para así aligerar sus problemas financieros.

Si Abelló y Carceller llevan ahora a cabo un movimiento de este tipo, podrían echar por tierra la posición de control que había conseguido Pemex al aliarse con Sacyr, ya que la unión de las dos compañías les confería el poder sobre el 29,9% del capital de la petrolera, frente al 12,8% que controla la institución financiera catalana CaixaBank.

La caída en desgracia de Del Rivero y inclina el reparto de poderes hacia al bando opuesto a Pemex, que ve ahora temblar la inversión de 1.400 millones de euros (unos 1.600 millones de dólares) que hizo el pasado verano para reforzar su peso en Repsol y pasar del 4,8% a casi el 10%. Esta inversión, además, ya fue muy cuestionada en México, cuando el 20 de octubre en una comparecencia ante diputados del país, el primer ejecutivo de Pemex, Juan José Suárez Coppel tuvo que explicar, entre otras cosas, cómo Pemex hace compras e inversiones en el extranjero cuando la petrolera presenta retrasos en inversiones y obras en territorio mexicano.

¿Qué persigue Pemex en Repsol?

Desde que anunció su alianza con Sacyr, esta pregunta ha hecho correr ríos de tinta. ¿Qué persigue Pemex en Repsol? Unos documento internos de la compañía a los que tuvo acceso el diario español El País a finales de septiembre indicaban que la mexicana quería hacerse con el control de la española a un precio irrisorio, sobre todo, si se compara con la multimillonaria inversión que tendría que haber llevado a cabo para alcanzar una posición semejante en cualquier petrolera de la importancia de Repsol.

En concreto, la azteca cifraba entre "10.000 y 30.000 millones de dólares” el desembolso que debería hacer si quisiera “ejercer influencia suficiente para incidir en decisiones estratégicas de una empresa petrolera comparable” a Repsol. Suma y sigue, porque esta alianza permitía a Pemex acceder a la tecnología del grupo español, sobre todo en todo lo relacionado con la exploración en aguas profundas, e incluso dirigir los flujos de suministro de crudo hacia sus propias refinerías.

Pero todavía hay más. Según El País, en dicho documento, Pemex aseguraba que la actividad de refino podía lograr el "suministro de crudos que produce Repsol en Ecuador (napo y Oriente) para la refinería de Salina Cruz [en México], para mejora de rendimientos" o "intercambios de barriles de crudo [tipo] Maya destinados a las nuevas unidades de coquización [proceso de refinación] en España por barriles de residuales rusos”, e, incluso, "optimizar la dieta de las refinerías para balancear la oferta de crudo mexicano, capitalizando la fórmula de precio de Repsol".

El logro de cualquiera de estos objetivos sólo es posible con un mayor poder en el Consejo de Administración, ya que es ahí donde se deciden los destinos de la petrolera española. En esta línea, Joaquín Garralda, experto en Dirección Estratégica de IE Business School, asegura que “lo que interesa a Pemex es influir más en el máximo órgano de administración. Su guerra no está en elevar el dividendo, como le ocurre a Sacyr, sino en conseguir más influencia. Al aliarse con la constructora, consigue tal volumen del capital de la empresa que es más difícil hacer que se queden callados”.

De hecho, la primera ofensiva que lanzaron Pemex y Sacyr tras sellar su alianza fue pedir más consejeros y diluir la influencia del actual presidente ejecutivo, Antonio Brufau, creando la figura de un consejero delegado. Sin embargo, la cúpula de Repsol vetó sus ansias y, en cambio, abrió la puerta a poder bloquear a la mexicana con la inclusión, dentro del Reglamento del Consejo, de normativas contra los conflictos de interés que podrían surgir con compañías competidoras. Un dardo directo a la diana de Pemex.

Durante tres décadas, la mexicana ha sido un accionista apacible en Repsol, con una participación que siempre se vio inofensiva y con carácter financiero. Esta larga tradición podría haber hecho que se viera lógico, en algún momento, que las dos empresas hubieran estrechados lazos. Sin embargo, la forma en que ha terminado ocurriendo ha hecho saltar por los aires la vieja amistad.

“A la hora de analizar los objetivos de Pemex en su alianza con Sacyr se juntan dos problemas: uno de expansión internacional, que hace perfectamente entendible el interés de la mexicana, ya que una estrategia dirigida a crecer internacionalmente con la española es comprensible; y otro de gobierno corporativo, ya que es el primer accionista de Repsol el que se alía con Pemex, no Repsol quien se alía con Pemex”, explica García-Canal, respecto a la doble dimensión de este conflicto.

De hecho, la cúpula de Repsol se ha acogido a los principios del gobierno corporativo para frenar a Pemex. Un objetivo que ahora, tras la derrota de Del Rivero en Sacyr, se torna todavía más sencillo y que echa por tierra no sólo el poder que la mexicana aspiraba a conseguir en Repsol, sino la influencia que a través de ella podía alcanzar en toda América Latina.

Objetivo: más poder en América Latina

La envidiable posición de Repsol en América Latina, sobre todo en Brasil, es un activo que cualquier otra petrolera del mundo puede desear. Y Pemex no es una excepción. Al contrario, incluso podría tener más interés que otros grupos ya que le permite romper las fronteras entre el norte y el sur América para ejercer un mayor poder en varios países del subcontinente.

Al menos, eso defiende el profesor Garralda quien, a la hora de analizar los objetivos últimos de la azteca en su alianza con Sacyr no duda en asegurar que se trata de una clara estrategia geopolítica. “Es una jugada de influir en el negocio petrolífero internacional y Repsol le ofrece mucho poder en países como Argentina, Bolivia, Argentina y Brasil”, afirma.

“El 85%-90% de los derechos petrolíferos a nivel mundial están en manos de países, y son sus Gobiernos quienes dan los derechos de explotación a las petroleras. Al aliarse con Sacyr, Pemex busca utilizar Repsol para tener poder político en la región y utilizarlo en defensa de sus propios intereses”, añade el profesor Garralda.

Una última ventana

Aunque la salida de Del Rivero sea un auténtico jarro de agua fría para los intereses de Pemex, la mexicana todavía tiene una ventana de oportunidad para mantener a flote su alianza con Sacyr. Y ésta podría pasar por comprar a la petrolera parte de su participación en Repsol.

De hecho, Antonio Brufau ofreció a Juan José Suárez Coppel tal posibilidad el pasado verano, según afirma el diario de información económica Expansión. Un movimiento en esta línea permitiría enterrar el hacha de guerra con la azteca y reconvertir su traición en un gesto de amistad.

Además, permitiría al nuevo núcleo duro de Sacyr cumplir su objetivo de reducir deuda. Por el momento, el nuevo presidente de la constructora, Manuel Manrique, ya se ha sentado con su homólogo en Repsol para debatir las bases de la nueva relación entre las dos compañías. En juego está el destino de una de las petroleras más importantes del mundo.

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"¿Quo Vadis Pemex en Repsol?." Universia Knowledge@Wharton. The Wharton School, University of Pennsylvania, [02 noviembre, 2011]. Web. [05 July, 2020] <https://www.knowledgeatwharton.com.es/article/quo-vadis-pemex-en-repsol/>

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