Simon Johnson habla sobre rescates del Gobierno

Seis años después de que se desencadenara la crisis financiera, los órganos reguladores bancarios aún se esfuerzan por saber cómo evitar una debacle semejante. El avance hasta ahora ha sido lento, pero sin solución definitiva, dice Simon Johnson, profesor del MIT y execonomista jefe del Fondo Monetario Internacional (FMI). Johnson conversó recientemente con Knowledge@Wharton sobre los rescates financieros y la situación actual de EEUU y de Europa después de las nuevas regulaciones bancarias en Europa y de la evolución de la ley Dodd Frank.

En la primera parte de la entrevista, Johnson comenta un estudio reciente que hizo en asociación con Todd A. Gormley, profesor de Finanzas de Wharton. Titulado “Por el fin de los ‘demasiado grandes para caer’: promesas del Gobierno frente a percepciones de los inversores” [Ending ‘Too Big to Fail’: Government Promises vs. Investor Perceptions], el estudio muestra que, a pesar de la posición declaradamente contraria de los gobiernos a los rescates financieros, los mercados, no obstante, creen que ellos no dejarán a las grandes empresas caer. Otros estudios recientes muestran que tal postura establece una garantía implícita en el Gobierno, lo que permite a megaempresas y, principalmente, megabancos, recaudar fondos de forma mucho más barata.

En la segunda parte de la entrevista, Johnson analiza las diferentes estrategias que los órganos reguladores adoptan en EEUU respecto a Europa, con Europa demostrando menos control sobre las actividades arriesgadas de los bancos. “En Europa, ellos aún están aturdidos por la crisis de la deuda soberana […] muy temerosos de hacer alguna cosa que desestabilice […] su recuperación. Como consecuencia de ello, los bancos consiguen, de cierta forma, dictar los términos a los órganos reguladores”.

Knowledge@Wharton: Estoy encantado de recibir de nuevo en Knowledge@Wharton a Simon Johnson, profesor del MIT, investigador senior del Instituto Petersen de Economía Internacional y miembro del panel de consultores económicos de la Oficina del Presupuesto del Congreso. Gracias por estar aquí con nosotros.

Simon Johnson: Gracias.

Knowledge@Wharton: Usted también es autor de por lo menos dos libros importantes. En uno de ellos, “13 banqueros” [13 bankers], analiza las causas de la crisis financiera y sus posibles soluciones. En el otro, “Casa Blanca en llamas” [White House burning], comenta la presente situación de la deuda federal.

Ha habido recientemente una especie de big bang en el sector de la regulación bancaria en Europa. También se publicaron estudios sobre el asunto que presentan variables respaldando las perspectivas que hace tiempo se cree que son verdaderas, y que ahora están recibiendo más apoyo.

Es autor de uno de esos estudios en asociación con Todd A. Gormley, profesor de Finanzas de Wharton. Se trata de “Por el fin de ‘demasiado grandes para caer: promesas del Gobierno frente a percepciones de los inversores“. El estudio analiza la idea según la cual los gobiernos, aunque digan que no auxiliarán a los bancos durante las crisis […], acaban por rescatarlos, por lo menos es lo que cree el mercado. ¿Esa es la clave de su estudio?

Johnson: Esa es la cuestión que nos interesa. Analizamos lo que se pasó en Corea y lo que sucedió durante la crisis coreana de 1997-1998 y también posteriormente. Examinamos los chaebol, los grandes grupos de empresas del país, la mayor parte de los cuáles no cuenta con un banco en sus filas. Son empresas muy poderosas como Samsung, Hyundai y, en la época, Daewoo. Nosotros las analizamos porque el Gobierno había dicho, y el Fondo Monetario Internacional animaba de forma entusiasta al Gobierno a decirlo: “No habrá rescate financiero. No habrá rescate para acreedores, ni para esos grandes chaebol”.

Pero los inversores aparentemente no creyeron la amenaza. Dijeron: “No, ustedes no van a permitir el colapso de Samsung”. Samsung era vista por los inversores como una empresa demasiado grande para caer simplemente porque era demasiado grande. Creo que esa es la lección fundamental para los bancos de todo el mundo. Si los bancos fueran realmente muy grandes, y si las consecuencias de su colapso fueren catastróficas, no se permitirá que se vengan abajo. Por lo tanto, ahora pueden tomar prestado a intereses más baratos.

Knowledge@Wharton: ¿De qué forma su estudio mostró que eso estaba sucediendo no sólo en Corea, sino en la mayoría de los países?

Johnson: Estamos interesados en ese fenómeno de “demasiado grande para caer”, y que ha ocupado la atención de las personas a causa de la crisis financiera. En EEUU, por ejemplo, nos enfocamos en los grandes holdings. Pero creo que se trata de un fenómeno muy generalizado en todo el mundo, donde hay algunas empresas muy grandes de diferentes tipos en diferentes lugares y que, implícitamente, cuentan con el apoyo del Gobierno.

Ese apoyo implícito significa que ellas pueden contratar préstamos más baratos, aún cuando todo está bien, porque existe una garantía del Gobierno incluida en ello. Y, en una crisis, se puede observar efectivamente quién tiene acceso a financiación y cómo la financiación llega a esas empresas. Los inversores estaban ansiosos por prestar a las empresas que consideraban más grandes y seguras —entre ellas Samsung y Hyundai y, durante algún tiempo, Daewoo—, aunque esta última haya caído de hecho, lo que es un giro interesante en toda esa historia.

Knowledge@Wharton: Hay un paralelismo interesante a ese respeto, el segundo estudio publicado a finales de marzo por el FMI. Allí la institución analiza hasta qué punto valía la pena aquella garantía implícita del Gobierno, pero no declarada. Así, aunque el Gobierno niegue que vaya a interferir, los mercados creen que habrá interferencia, por eso fijan los precios de sus valores, títulos y otras cosas confiados por esa creencia. El estudio del FMI constató que, en 2012, la subvención implícita dada a los bancos globales y sistemáticamente importantes llegaba a US$ 70.000 millones en EEUU y a US$ 300.000 millones en la zona del euro. Esos subsidios tienen diferentes formas. A veces, es una inyección directa; otras veces, es una garantía de préstamo, además de otras formas. Un trabajo reciente señala que, gracias al subsidio del Gobierno, los bancos sistemáticamente importantes pueden contratar capital por valores entre medio punto porcentual y un punto porcentual a menos que los bancos de pequeño tamaño o incluso grandes bancos regionales, lo que es una enorme ventaja competitiva para los megabancos y una desventaja para los demás.

Johnson: El estudio del FMI es un estudio muy bueno basado en un estudio anterior de Kenichi Ueda para la institución. Pero ésta es la primera vez que ellos lo incluyen en una perspectiva institucional más amplia y, de cierto modo, oficial. Numerosos académicos ya intentaron medir eso. Personas de la industria dijeron: “No, no, eso no existe. No hay nada que buscar aquí. Sigan avanzando”.

La perspectiva académica se confirma, creo yo, y se expande según lo que ha hecho el FMI. Ellos analizaron tres metodologías diferentes y constataron, por así decirlo, que el nivel de garantía implícita era exactamente aquella que usted mencionó, siendo el mecanismo primario el siguiente: si soy considerado “demasiado grande para caer” por el mercado — [es decir], usted cree que si yo fuera a caer el Gobierno intervendrá ayudándome y ayudando a mis acreedores en un momento en que no está sucediendo nada malo en el mundo—, me prestará a tasas más baratas, tal vez en torno a 100 puntos básicos, un punto porcentual. Hay una elevación oculta implícita en la calidad de mi crédito en virtud de la garantía implícita del Gobierno.

Tal vez lo considere obvio. Sin embargo, es importante que venga del sector oficial. En breve, tendremos un informe de la Oficina de Prestación de Cuentas del Gobierno […] Creo que el consejo de presidentes de la Fed tendrá posiblemente un informe propio. Una o más Fed regionales podrían tener un informe específico. Los profesionales de la Fed se sienten obligados a hacer estudios cuidadosos y a producir algunos números. Esas cifras van entonces a nutrir el proceso político y serán parte importante del proceso.

Knowledge@Wharton: A medida que esos estudios van armándose y llegan a conclusiones semejantes —supongo que sea eso lo que usted está sugiriendo—, la realidad va siendo cada más objetiva y se vuelve más difícil que los bancos la nieguen de forma plausible, juzgándola, supongo, un poco exagerada.

Johnson: En mi opinión, que estoy articulando desde hace cinco años, es que hay claramente un problema del tipo “demasiado grande para caer”. En realidad, el libro que cuenta la historia de lo que sucedió en septiembre de 2008, escrito por Andrew Ross Sorkin, tiene por título “Demasiado grande para caer” por un motivo. Posteriormente, está claro, hubo algunas reformas financieras, tuvimos la reforma Dodd Frank aprobada en 2010. Creo que eso llevó las cosas en la dirección correcta, pero no creo que haya puesto fin al problema.

Formo parte del comité de consultoría sistemática de la Sociedad Federal de Seguro de Depósito. Analizamos los detalles de los planes para que la ocurrencia de fallos sea lo menor probable, y qué hacer con los megabancos cuando entran en colapso. Decir que ese proceso está en marcha es una manera elegante de describirlo, porque nadie sabe a ciencia cierta si no habría enormes pérdidas para los acreedores en caso de que uno de esos grandes bancos cayese. Habría una presión para que el Gobierno interviniera para proteger a los acreedores y evitar todo tipo de efecto colateral dentro y fuera del país.

Knowledge@Wharton: Recientemente, el Parlamento Europeo aprobó numerosas legislaciones bancarias […] El objetivo es poner fin al rescate financiero a los bancos financiado por el contribuyente. Están llamando Super Martes al día en que una cantidad de leyes fue aprobada, como si fuera una especie de big bang de la regulación bancaria.

Un ejemplo de eso […] es la garantía de que las primeras personas a quiénes se recurrirá en caso de suspensión de pagos de un banco serán los accionistas y los obligacionistas, y no el contribuyente. En situaciones de emergencia, existe la tendencia de no crear pánico con la devaluación de las acciones, etc.

Otra cosa importante que me gustaría que comentara es la intención de esa legislación de crear una unión bancaria en toda Europa. ¿Sería esa la panacea que los críticos están buscando?

Johnson: En primer lugar, me alegra saber que hay un intento de poner en marcha ese tipo de plan. Creo realmente que una unión bancaria tiene sentido. Es preciso que se tome en cuenta de qué manera eso se integraría en las cuentas fiscales. ¿Quién está detrás de los bancos que están operando a nivel de unión, cuyas pérdidas acabarán siendo pagadas por el contribuyente si todo lo demás sale mal?

Knowledge@Wharton: Me parece que se creó un fondo en euros de 60.000 millones. No sé si ese montante llega a ser suficiente, pero tal vez usted pueda explicar donde encaja en todo esto.

Johnson: Es una cuantía pequeña. La cuestión principal consiste en saber, obviamente, en qué medida los alemanes están dispuestos a pagar por los […] errores de los demás, o por los errores de los demás incentivados por los bancos alemanes en el momento en que concedieran una ronda más de préstamos temerarios. Ese tipo de cosas, creo yo, continúa en gran medida sin solución.

Respecto a la cuestión principal, la del rescate financiero, ¿vamos a penalizar a acreedores y accionistas en lugar de rescatarlos? En otras palabras, ¿en el caso del accionista, su stock de acciones será eliminado? ¿Y el acreedor, recibe en acciones lo que prestó y experimenta una caída del valor del derecho que tiene sobre la empresa?

Creo que están expresando sentimientos lógicos. El problema, sin embargo, es de compromiso confiable, de promesas confiables. Eso fue lo que analizamos en el caso coreano. Fue lo que salió mal en EEUU en el otoño de 2008. Esa es mi reserva respecto a la estructura actual de EEUU.

Puede decir lo que quiera: “No, no, en caso de crisis, la reestructuración tiene que ser interna, y no con recursos públicos”. Pero, cuando hay una crisis, y parece sistemática y extendida por toda Europa, se cree que se esparce por todo el mundo. Si teme las consecuencias para la deuda del Gobierno, para la economía real, las presiones para que se proteja a los acreedores de un modo o de otro son enormes. Hay muchas maneras por las cuáles un Gobierno moderno puede procurar algún tipo de ayuda externa sin llamarla necesariamente por ese nombre. Creo que estamos siguiendo en esa dirección, y creo que es hacia donde los europeos están yendo también.

Knowledge@Wharton: ¿Cuál sería entonces la eficacia de esa legislación? ¿Podría darle una nota o cuantificar de alguna manera su buen o mal resultado?

Johnson: Hoy en día no doy más notas a países. Hacía eso en la época en que estaba en el FMI, pero ahora sólo doy nota a EEUU, mi país. El principal temor que tengo respecto a Europa tiene que ver con el respeto al estado de ánimo de los reguladores. En EEUU, observamos un cambio en el sentido de aumentar las exigencias para mayores volúmenes de capital. Ahora, hasta cierto punto es posible crear leyes para el capital, pero es realmente muy difícil poner ciertas cosas por escrito en la ley. Tiene mucho más que ver con la implementación regulatoria. Nosotros cambiamos […] y ahora enfatizamos más el coeficiente de apalancamiento, comparando las acciones con los activos totales sin ajustes para cualquier tipo de ponderación de riesgo posible.

En EEUU, será preciso que los grandes holdings bancarios, en el ámbito de la controladora, tengan por lo menos un 5% de las acciones. Ellas aún pueden tener un 95% de la deuda, lo que es mucho. Se puede erradicar fácilmente ese volumen de acciones en el mundo moderno, pero esa sería una medida demasiado extrema.

Los europeos han evitado seguir en esa dirección. El acuerdo de Basilea III tiene un coeficiente de apalancamiento: un 3% de acciones y un 97% de deuda. Es preciso ponerlo en práctica, pero ellos evitan hacerlo. Creo que esa falta de entusiasmo regulatorio sea motivada, lógicamente, por la crisis fiscal, por la lentitud de la economía y por el hecho de que sus grandes riesgos, aunque un poco menores que los riesgos que enfrentan nuestros grandes bancos, son mayores respecto a su PIB que los riesgos que enfrentan nuestros bancos. Por lo tanto, se trata de un grupo de economías muy dependiente de los bancos y que no quiere ver el barco zozobrar. No quieren incomodar a los bancos. Los bancos dicen: “No hagan ninguna reforma, porque no daremos ningún préstamo”. Los europeos están en cierto modo estancados en eso.

Cómo citar a Universia Knowledge@Wharton

Close


Para uso personal:

Por favor, utilice las siguientes citas para las referencias de uso personal:

MLA

"Simon Johnson habla sobre rescates del Gobierno." Universia Knowledge@Wharton. The Wharton School, University of Pennsylvania, [05 agosto, 2014]. Web. [19 April, 2019] <https://www.knowledgeatwharton.com.es/article/simon-johnson-habla-sobre-rescates-del-gobierno/>

APA

Simon Johnson habla sobre rescates del Gobierno. Universia Knowledge@Wharton (2014, agosto 05). Retrieved from https://www.knowledgeatwharton.com.es/article/simon-johnson-habla-sobre-rescates-del-gobierno/

Chicago

"Simon Johnson habla sobre rescates del Gobierno" Universia Knowledge@Wharton, [agosto 05, 2014].
Accessed [April 19, 2019]. [https://www.knowledgeatwharton.com.es/article/simon-johnson-habla-sobre-rescates-del-gobierno/]


Para fines educativos/empresariales, utilice:

Por favor, póngase en contacto con nosotros para utilizar con otros propósitos artículos, podcast o videos a través de nuestro formulario de contacto para licencia de uso de contenido .

 

Join The Discussion

No Comments So Far