Una Europa incierta, desigual e imprevisible en 2015

El “enfermo de Europa” podría ser toda Europa. Desde la Gran Recesión de 2008-2009, el crecimiento ha sido, en su mayor parte, lento y doloroso, y el peligro de un estancamiento prolongado es una posibilidad bastante real. El euro ha caído a su valor más bajo en nueve años. Como Europa representa un 25% del comercio mundial, su recuperación es fundamental para la salud de la economía mundial. El pronóstico para 2015 es desalentador: sólo ligeramente mejor que en 2014.

“Francamente, es muy difícil ser optimista respecto a Europa. Los problemas son numerosos”, dice Mauro Guillén, profesor de Gestión y director del Instituto Lauder de Wharton. El continente se enfrenta a una “desaceleración de la economía alemana. El sur no está funcionando como debería y existen dificultades persistentes vinculadas al desempleo elevado y lo altos impuestos”, añade Guillén.

A menos que haya un cambio decisivo en las políticas estructurales, fiscales y monetarias, Europa seguirá moviéndose a ritmo lento en 2015, según informa la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). “Europa está en el centro de la debilidad de la economía global”, dice Catherine L. Mann, economista jefe de la OCDE. La institución prevé que el crecimiento en la zona euro será de sólo un 1,4% en 2015. Se trata de una mejoría en comparación con el porcentaje del 0,7% registrado en 2014, pero está muy por debajo de lo que Europa debería alcanzar.

El año pasado, la tasa de crecimiento económica mundial fue del 3,1%. Mann destaca que la tasa mundial continúa por debajo de la media del 4% alcanzada entre 1995 y 2007. Ella explica que las dimensiones explosivas “de las economías emergentes en rápido crecimiento deberían hacer que el PIB mundial se expandiera de forma más rápida —y no más despacio— que en el pasado. La inversión y el comercio en todo el mundo aún no están a pleno ritmo”.

Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo (BCE), anunció que se está preparando para cambiar de rumbo con el objetivo de resucitar la recuperación económica de la zona euro, hoy en día “frágil y desigual”, posiblemente con medidas de quantitative easing o expansión monetaria cuantitativa [inyectar dinero al mercado de manera agresiva para activar la economía], una estrategia que Europa había evitado anteriormente. Desde el último semestre de 2014, el BCE “ha adoptado una serie de medidas para estimular los préstamos bancarios. La verdadera dificultad consiste en saber hasta dónde podrá llegar el BCE y cuál sería el grado de eficacia de las medidas tomadas”, dice Joao F. Gomes, profesor de Finanzas de Wharton.

Como varios países redujeron de forma drástica su déficit al mismo tiempo, el crecimiento se vio interrumpido y el ajuste fue increíblemente doloroso. Es un “callejón sin salida”, observa Olivier Chatain, profesor de Estrategias y Políticas Empresariales de la escuela de negocios HEC, de París, e investigador senior del Instituto Mack de Gestión de Innovación de Wharton [Mack Institute of Innovation Management].

“La inflación baja y deflación están convirtiéndose en un problema serio”, observa Chatain. La tasa de inflación quedó “muy por debajo de la meta del 2% del Banco Central Europeo hace mucho tiempo, lo que hace la consolidación de la deuda mucho más difícil”. La inflación ha quedado situada de forma peligrosamente baja, oscilando en un 0,3%. España y Grecia están efectivamente en situación de deflación, una tendencia que puede extenderse al resto del continente.

El desempleo en Europa, con excepción de Reino Unido, está en los dos dígitos y no hay previsión de que se reduzca hasta 2016. Según Mann, “no ha habido recuperación del gasto del consumidor y de la inversión, dejando a Europa con una tasa elevada de desempleo e ingresos fiscales frágiles”. El lado positivo, según Chatain, es que la “tasa de actividad de adultos en condiciones de trabajar es, en realidad, mucho mejor ahora —tan buena como en EEUU— que en la década de 1990”.

Pero, en Europa, países con personalidades muy diferentes están contribuyendo a que tenga lugar un esfuerzo de recuperación inestable que está afectando a todo el continente.

El drama de Grecia

Uno de los principales países que está marcando el paso en Europa en 2015 es Grecia, uno de los países más duramente golpeados por la crisis. La OCDE prevé que el desempleo en Grecia continuará oscilando en torno a un 25% hasta 2016, incluso después de la previsión del FMI de que la tasa de desempleo en el país no sobrepasaría un 15% cuando los programas de ayuda financiera se introdujeron por primera vez en mayo de 2010. La renta de las familias cayó un 30% y la deuda pública superó en más del 175% el PIB griego. Gobiernos como el de Grecia gestionaron grandes déficits y sobrevivieron de préstamos del mundo externo, observa Gomes.

Después de un drama tenso en que el Parlamento no ha conseguido elegir un presidente en tres votaciones, los griegos acudirán a las urnas este año, el día 25 de enero. Lo que está en juego es la manera en que el país cumplirá con el régimen actual de austeridad. “La idea detrás de las políticas de austeridad es promover el crecimiento sostenible, un proceso, sin embargo, largo y doloroso. Los próximos seis años, como mínimo, serán muy dolorosos”, explica Guillén. El partido griego de la oposición, Syriza, está ganando impulso rápidamente y hace campaña a favor de una plataforma de renegociación de las directrices presupuestarias impuestas por la “troika”, es decir, la Comisión Europea, el BCE y el FMI. “Grecia ha mejorado, pero las elecciones son complicadas y un motivo de preocupación más”, dice Gomes.

Cuando la deuda de países como Grecia y España comenzaron a perder el control al principio de la recesión global, hubo especulaciones de que la zona euro podría desbaratarse. Draghi se comprometió a impedir que los países miembros suspendieran pagos. Sin embargo, comienzan a surgir nuevamente rumores de que Grecia podría dejar la zona euro.

En la situación actual, Chatain dice que la “principal cuestión subyacente es que el nivel actual de deuda es demasiado alto y todavía tiene que haber nuevas reestructuraciones. Queda por saber si eso tendrá lugar en el ámbito de la zona euro o fuera de él, si en breve o más adelante. Si Syriza llega al poder, quiere que la reestructuración se produzca dentro de la zona euro”. Pero otros países, como Alemania, tal vez no estén dispuestos a permitir la reestructuración y pueden muy bien acordar la salida de Grecia de la zona euro”, añade Chatain. Fue preciso que el portavoz de la canciller alemana Angela Merkel calmara los ánimos recientemente después de que se extendieran rumores acerca de la posición de las autoridades del país que ahora consideran la salida de Grecia de la zona euro como un riesgo gestionable. El portavoz dijo que la posición de Merkel continúa siendo de apoyo a la estabilización de la zona euro sin la salida de ningún miembro. Pero continúan siendo cada vez más fuertes las especulaciones de que Merkel habría cambiado de idea y de que ya no veía la salida de Grecia de la zona euro (llamada Grexit) como un golpe catastrófico para el sistema.

Aunque las turbulencias financieras en Grecia no estén, de momento, provocando terremotos gigantescos en los mercados europeos, existe el temor de que las repercusiones políticas de eso puedan sacudir a otros países de la UE y poner en peligro la posibilidad de una reactivación griega exigida por la zona euro.

“Creo que el verdadero problema es el alcance del contagio político”, observa Franklin Allen, profesor de Finanzas de Wharton y director ejecutivo del Centro Brevan Howard del Imperial College de Londres. “Si Syriza vence y consigue renegociar, eso hará que los partidos de otros países sigan por el mismo camino. Si, por el contrario, él fracasa y decide dejar el euro recurriendo al impago, la forma en que se haga será crucial para marcar el camino a los demás países en el futuro. Si todo sale bien, otros países tal vez hagan lo mismo. Si su desempeño fuera malo en términos relativos, otros países, obviamente, evitarán ese camino”.

Rusia en la encrucijada

La Federación Rusa llevó el caos a los mercados europeos con el conflicto en Ucrania, y los precios del petróleo cayeron fuertemente en una espiral descendiente. Inversores y consumidores están nerviosos por la posibilidad de que Rusia no consiga salir de la recesión. Desde que las sanciones en Europa y en EEUU entraron en vigor a principios de agosto, el rublo se ha depreciado el 25%. Como uno de los mayores importadores del petróleo ruso e importante socio comercial, Europa se ha visto muy afectada por las decisiones rusas. “Una Rusia inestable puede desestabilizar Europa, ya que se trata de un gran proveedor de energía para los países europeos. Las confrontaciones y sanciones generan incertidumbre y aprensión en los mercados”, observa Guillén.

Nadie sabe exactamente cómo quedará la situación en 2015. El presidente Vladimir Putin tal vez insista en sus posiciones contrarias a lo que esperan Europa y EEUU, o puede que tome algunas medidas para estabilizar la economía rusa, lo que, por su parte, ayudará a las empresas a sentirse con más confianza para invertir en Europa. “Es muy difícil prever lo que sucederá con Putin. Mi opinión personal es que él no cederá a las sanciones e intensificará las acciones en Ucrania y en otros lugares para ampliar la influencia rusa”, dice Allen.

En un reportaje reciente de The New York Times, funcionarios de la Unión Europea dijeron que las sanciones “pueden suponer un obstáculo aún mayor para las perspectivas de crecimiento de Europa”. Alemania, Polonia y otros países vecinos están expuestos a Rusia. Si la economía rusa entra en colapso, el crecimiento en Europa, muy lento, no conseguirá amortiguar el impacto sin que haya consecuencias, evalúa Gomes.

¿Desaceleración de una fortaleza?

En un extremo del abanico, la poderosa Alemania aún es el motor que impulsa la Unión Europea, aunque su tasa actual de crecimiento, del 1%, esté lejos de conseguir dinamizar al resto del continente. Alemania también ha puesto obstáculos significativos a sus socios europeos, al mismo tiempo que presenta el mayor superávit comercial del mundo. “Necesitamos reequilibrar el comercio y el flujo financiero en la UE. Para eso, es preciso que la inflación sea más elevada en los países exportadores”, dice Chatain.

Además, el país no está invirtiendo mucho en infraestructuras. Aunque Alemania sea la única economía en cuyas promesas confían los inversores, el Gobierno alemán tampoco “está dispuesto a conceder el mismo volumen de estímulos concedido por la Fed. Él pretende ser más conservador”, añade Guillén. En Francia, los ingresos fueron menores de lo esperado, principalmente porque la inflación fue de casi cero, en lugar de un 1%, tal y como se preveía, dice Chatain. Las reformas para la desregulación de pequeños sectores de la economía están, efectivamente, en marcha, pero no tan deprisa como al BCE le gustaría, de manera que Francia pueda alcanzar su meta de déficit presupuestario del 3%, añade Chatain. El año que viene, la OCDE prevé un crecimiento en Francia del 0,8%, mejor que el porcentaje del 0,4% registrado en 2014.

Mientras, en España, Italia y Portugal, las tasas impositivas continúan siendo muy altas, lo que desincentiva a las personas a vivir en esos países, y mucho menos a trabajar, observa Gomes. Por si no fuera suficiente con eso, las debilidades geopolíticas perjudican la recuperación económica. Aunque España no deba salirse de los raíles manteniendo una tasa de crecimiento del 2%, el país se enfrenta a disturbios políticos debido a la cuestión de la separación de Cataluña. La tasa de desempleo en España, del 24%, debería disminuir a medida que las exportaciones se recuperen en 2015, según datos de la OCDE. Portugal tendrá unas elecciones con la presión de las facciones de extrema derecha que quieren cerrar las fronteras y restringir la inmigración. Esos acontecimientos afectarán la recuperación económica a largo plazo en Europa, dice Gomes. “Europa tiene serios problemas demográficos. Es importante incentivar el crecimiento de la población y a la actual generación para que trabaje un poco más”.

En ese sentido, un buen ejemplo es Reino Unido, una de las economías con un crecimiento más rápido en el Grupo de los Siete (Canadá, Francia, Alemania, Italia, Japón, Reino Unido y EEUU). Su fuerte recuperación debería continuar en 2015. La tasa de desempleo ha estado cayendo de forma persistente y debería llegar a un 5,6% en 2015, según la OCDE. El gasto del consumidor y la inversión ayudaron a impulsar la economía. Pero en las elecciones de mayo próximo, el partido Laboral (Tory) actualmente en el poder, tendrá que enfrentar la presión de los partidos de extrema derecha. Reino Unido corre el riesgo de entrar en declive si el resto de Europa, su mayor socio comercial, no comienza a dar señales de que vaya a resucitar.

Resoluciones de Año Nuevo

La perspectiva económica para Europa parece peligrosamente similar a la de 2014. Las empresas tal vez tengan todavía algún temor a la hora de invertir. “Hay muchas cosas con que lidiar en 2015”: turbulencias políticas, desempleo elevado, inflación baja y desafíos políticos, dice Gomes. El escenario geopolítico está planteando ciertas dudas y Rusia es el comodín. Habrá elecciones importantes para puestos de liderazgo en Grecia, Portugal y Reino Unido, lo que puede complicar la situación. Las facciones de extrema derecha están aumentando su influencia en muchos países, jugando con los nervios de los ciudadanos cansados de ver a su gobierno sometiéndose a los deseos de los legisladores de Europa central. La situación económica y política de Europa está dejando poco margen de maniobra para los tropiezos, lo que reduce las esperanzas de una fuerte recuperación en 2015. Guillén añade: “Europa se enfrenta a enormes problemas, y es muy difícil ser optimista”.

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